RECORD: Molina, Juan Ignacio. 1788-95. Compendio de la historia geografica natural y civil del Reyno de Chile. 2 vols. Madrid: Antonio de Sancha. Volume 2.

REVISION HISTORY: Transcribed (single key) by AEL Data 01.2014. RN1

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COMPENDIO

DE LA HISTORIA CIVIL

DEL REYNO DE CHILE,

ESCRITO EN ITALIANO

POR EL ABATE DON JUAN
IGNACIO MOLINA.

PARTE SEGUNDA,

TRADUCIDA AL ESPAÑOL,
Y AUMENTADA CON VARIAS NOTAS

POR DON NICOLAS DE LA CRUZ
Y BAHAMONDE
.

EN MADRID
EN LA IMPRENIA DE SANCHA.
AÑO DE MDCCXCV.

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"Tros, Rutulusve fuat, nullo discrimine habebo."
VIRG. ÆN. lib. 10.

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EL EDITOR.

Luego que llegó á mis manos, el año de 87, un exemplar de los dos tomos del Compendio de la Historia Natural y Civil de Chile, con el qual, por un efecto de su bondad, me quiso favorecer el autor, entré en el pensamiento de traducirla á nuestro idioma, estimulado del deseo de hacer este corto obsequio á la patria. Pero aun no habia dado el primer paso, quando tuve noticia que una mano inteligente se habia tomado este trabajo: efectivamente el año siguiente de 88 nos dió con mucho acierto el primer tomo de la Historia Natural. Por esta razon suspendí toda diligencia en la materia, bien persuadido de que así quedaría mejor desempeñada mi idea. Sin embargo, habiendose retardado hasta ahora la impresion del segundo tomo de la Historia Civil, me dediqué á su tra-

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duccion, que es la que presento al público. Para poderla practicar con mas conocimiento, pedí á Chile los mejores manuscritos, y habiendolos obtenido en tiempo, he conseguido, mediante ellos, hacer una confrontacion exâcta de los pasages históricos, ritos, y costumbres de los araucanos, con el original, reconociendo en todo la veracidad de los hechos, y la juiciosa crítica del autor. He añadido algunas notas porque me han parecido oportunas, estas son señaladas por letras, como las del original por números. Tambien he dispuesto grabar dos planos, el uno de las fortalezas levantadas en las fronteras de Arauco, y el otro topografico de las mismas fronteras; ademas he hecho imprimir tres Estados, dos militares de la tropa veterana, y milicias regladas, y uno de las misiones, para la mejor inteligencia de la historia. Por último, deseando conservar la memoria de nuestro autor, he mandado sacar su retrato en Bolonia, que es el que se manifiesta en la obra.

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PREFACION DEL AUTOR.

Justamente hace quatro años que yo prometí dar sin tardanza al público el presente Compendio de la Historia Civil de Chile en continuacion del primer tomo, ya dado á luz, sobre la Historia Natural del mismo pais. Las promesas humanas son por su naturaleza condicionales. Quando yo tomé aquel empeño, no dudaba poder tener en breve todo lo necesario para efectuarlo. El primer tomo manuscrito de la Historia de Chile del Señor Abate Olivares, que tengo en mi poder, y otras relaciones impresas, me proveian los materiales necesarios para conducir mi obra hasta el año de 1655. El segundo tomo del dicho autor, que debia suministrarme el resto hasta nuestros tiempos, se hallaba en el Perú, pero me lisonjeaba poderlo tener dentro del mismo año.

Esta esperanza quedó enteramente desvanecida. El volumen tan deseado aun no ha venido á mis manos; de suerte que me he visto obligado á procurar por otra par-

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te las noticias que pensaba sacar de él, las quales por este motivo no deben ser de tanta importancia. Las guerras solo nos pueden suministrar materia digna de la historia en aquel pais. De estas, en estos últimos tiempos solo se cuentan dos, esto es, una en el año 1722, y la otra en 1767. Muchos de mis compatriótas, que viven aquí en Italia, se acuerdan todavia de los principales sucesos de ellas, mediante cuya ayuda puedo dar una suficiente relacion.

En la exposicion de los hechos yo no considero los autores sino baxo la razon general de hombres, prescindiendo que ellos sean de esta, ó de qualquiera otra nacion. El único mérito que apetezco, es el de ser imparcial. Ninguna cosa afirmo que yo no la haya encontrado escrita entre los autores que me han precedido, ó que no la haya adquirido de personas dignas de fé. Porque las reflexîones podian ponerme en compromiso, ó hacerme comparecer mas inclinado á una parte que á otra, he creido conveniente omitirlas, y limitarme á una simple narracion.

Yo habia tambien pensado delinear un nuevo mapa general de Chile, pero

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no he podido obtener otros documentos que un bellísimo mapa impreso, de aquella parte que habitan los Araucanos, cuyo autor ha querido esconderse baxo el nombre de Poncho Chileno. Como este puede ser de grande utilidad para la inteligencia de mi Historia, lo he hecho extender de nuevo, y añadirlo á este Compendio. En quanto á lo demas se puede consultar el mapa del Anónimo escritor de Chile, anexo al Compendio de la Historia Natural, el qual es el mas exâcto de quantos hasta ahora aparecen de aquel reyno.

El que se encuentra en el Atlante del Señor Zatta, está muy lejos de ser perfecto. A mas de las alteraciones de los nombres topograficos, y varias otras inadvertencias de menor nota, le falta la vasta provincia de Copiapó, con los verdaderos confines de Chile, que se hacen retroceder demasiado al sur. Las ciudades de Mendoza, y San Juan, dependientes del Vireynato de Buenos Ayres, y separadas por medio de la cordillera de Chile, se encierran allí. La nacion de los Pehuenches que habita los valles de la misma montaña, entre los grados 34 y 37 de lat. es puesta en los gr. 39, donde por lo

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contrario debian colocarse los Puelches, los quales vienen á estar situados tres gr. distante de aquella montaña hácia Levante. Los Aucaes, que son lo mismo que los Araucanos, se ponen al oriente de los Andes, quando ellos habitan lo largo del mar Pacifico entre los rios Biobio y Valdivia, &c.

Las investigaciones sobre las lenguas de las naciones salvages, ocupan al presente la atencion de muchos filósofos. Por esto he creido conveniente dar al fin de esta obra una idea de la habla Chilena, la qual por su estructura y armonía, merece ser conocida. Se encuentran muchas gramáticas impresas y manuscritas de este idioma, pero yo me he servido especialmente de la del Señor Febrès, impresa en Lima, capital del Perú, el año 1765, la qual por el método y por la claridad, es digna de particular recomendacion. He añadido un Catalogo de los escritores de las cosas de Chile, el qual puede ser útil á aquellos que quieran darnos una historia completa.

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INDICE

DE LOS CAPITULOS.

LIBRO PRIMERO.

Pag.
CAPITULO I. Origen, fisonomia, y lengua de los Chilenos. 1
CAPITUL. II. Conquistas de los Peruanos en Chile. 8
CAPIT. III. Estado de los Chilenos antes del arribo de los Españoles, agricultura y alimentos. 12
CAPIT. IV. Establecimientos, gobierno y artes. 18
CAPITUL. V. Primera expedicion de los Españoles á Chile. 28
CAPIT. VI. Los Españoles vuelven á Chile baxo Pedro Valdivia: fundacion de Santiago capital del reyno: varios enouentros contra los naturales del pais: conjuracion descubierta de los soldados contra el General. 35

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CAPIT. VII. Los Copiapinos deshacen un cuerpo de Españoles: extratagema afortunada de los Quillotanos: Valdivia recibe varios socorros del Perú, y funda la ciudad de Coquimbo, la qual es destruida por los nacionales: los Promaucaes abrazan el partido de los Españoles: fundacion de la ciudad de la Concepcion. 43

LIBRO SEGUNDO.

CAPITULO I. Situacion, caracter, vestido y habitaciones de los Araucanos. 52
CAPITUL. II. Division del estado Araucano: constitucion politica: leyes civiles. 59
CAPIT. III. Sistema militar, armas, y manera de hacer la guerra. 67
CAPIT. IV. Division del botin: sacrificio despues de la guerra: congresos de paz. 78
CAPITUL. V. Sistema de religion y funerales. 84

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CAPIT. VI. Division del tiempo: nociones astronomicas: medidas. 94
CAPIT. VII. Retórica, poesía, medicina y comercio. 100
CAPIT. VIII. Arrogancia de los Araucanos: caridad recíproca entre ellos: manera de saludarse: nombres propios. 110
CAPIT. IX. Matrimonios y ocupaciones domésticas. 114
CAPITUL. X. Alimentos, música y otros divertimientos. 120

LIBRO TERCERO.

CAPITULO I. Los Araucanos conducidos primeramente por Aillavilu, y despues por Lincoyan, atacan a los Españoles: Valdivia hace correrias en su estado, y funda en el las ciudades Imperial, Villarica, Valdivia y Angol, con algunas otras plazas. 128
CAPITUL. II. Caupolican, creado Toqui, expugna las plazas de

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Arauco y de Tucapel: el exército Español es enteramente deshecho, y Valdivia muerto. 138
CAPIT. III. Los Españoles abandonan á Puren, Angol y Villarica: Caupolican sitia á la Imperial y Valdivia: Lautaro deshace el exército Español en Mariguenu, y destruye la Concepcion. 149
CAPIT. IV. Villagran hace levantar el sitio de la Imperial y de Valdivia: las viruelas se introducen entre los Araucanos: Lautaro vuelve á destruir la Concepcion, que habia sido reedificada: se encamina contra Santiago, y es muerto. 157
CAPITUL. V. Don Garcia de Mendoza arriba á Chile con un refuerzo de tropas: sus expediciones contra Caupolican. 169
CAPIT. VI. Don Garcia hace ahorcar de ce Ulmenes: funda la ciu-

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dad de Cañete: Caupolican intenta sorprehenderla, y es deshecho enteramente. 179
CAPIT. VII. Viage de Don Garcia al archipielago de Chiloe: fundacion de Osorno: Caupolican es preso, y empalado. 185
CAPIT. VIII. Victoria de Caupolican II: asedio de la Imperial: batalla de Quipeo fatal á los Araucanos: Caupolican se mata él mismo: findel Gobierno de Don Garcia. 192

LIBRO QUARTO.

CAPITULO I. El Toqui Antiguenu vuelve á empezar la guerra: sus sucesos contra el Gobernador Francisco Villagran: ruina de Cañete: asedio de Arauco y de la Concepcion: batalla de Biobio. 201
CAPITUL. II. Eleccion del Toqui Paillataru: gobierno de Rodri-

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go de Quiroga: conquista del archipielago de Chiloe: descripcion de sus habitantes. 210
CAPIT. III. Establecimiento de la Real Audiencia: gobierno de D. Melchor Bravo de Saravia: operaciones militares de Paillataru, y de Paynenancu su sucesor: supresion de la Audiencia: segundo gobierno de Quiroga: fundacion de Chillan: noticia de los Pehuenches. 216
CAPIT. IV. Gobierno del Marques de Villa-hermosa: sus sucesos contra Painenancu: prision y muerte de este General: empresas del Toqui Cayancura, y de suhijo Nangoniel: desembarco de los Ingleses en Chile: operaciones del Toqui Cadeguala. 228
CAPITUL. V. El Toqui Guanoalca se apodera de los fuertes de Puren, de la Trinidad, y del Espiritu Santo: em-

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presas de la belicosa muger Janequeo: batallas de Mariguenu, y de Tueapel. 230
CAPIT. VI. El Toqui Paillamacu mata al Gobernador Loyola, y destruye todos los establecimientos Españoles en el estado Araucano. 248
CAPIT. VII. Segundo gobierno poco feliz de Garcia Ramon: restablecimiento de la Audiencia Real: negociaciones infructuosas de paz. 259
CAPIT. VIII. Atrevidas empresas de los Toquis Lientur, y Putapichion. 269
CAPIT. IX. Continuacion de la guerra: nueva expedicion de los Holandeses contra Chile: se concluye la paz con los Araucanos: su corta duracion: empresas del Toqui Clentaru: série de los Gobernadores Españoles hasta el año 1720. 281
CAPITUL. X. Breve noticia de las guerras de los Toquis, Vilumilla, y Curiñancu: Go-

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bernadores hasta el presente año 1787. 293
CAPIT. XI. Estado presente de Chile. 303
IDEA de la lengua Chilena. 332
INDICE de algunos verbos Chilenos. 361
CATALOGO de los escritores de las cosas de Chile. 377

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COMPENDIO

DE LA HISTORIA CIVIL

DEL REYNO DE CHILE.

LIBRO PRIMERO.

CAPITULO I.

ORIGEN, FISONOMIA, Y LENGUA
de los Chilenos.

El orígen de los primeros habitantes de Chile se halla envuelto en densas tinieblas lo mismo que el de los demas Americanos. No hay allí monumento que pueda en modo alguno esclarecer una investigacion tan interesante. El uso de escribir, aquel arte maravilloso que nos hace presentes los siglos mas remotos, era enteramente desconocido, quando penetraron los Européos. La tradicion, que podria suplir á este defecto, se encuentra de tal modo obscura y vacilante entre aquellos nacionales, que no se puede deducir ninguna luz para satisfacer una razonable curiosidad.

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Muchos de ellos se tienen por originarios del mismo pais, mientras los otros se creen de estírpe forastera, señalando por habitacion primitiva de sus progenitores ya el Septentrion, ya el Occidente.

La comun opinion quiere que la poblacion de la América se hiciese por el Nordeste de la Asia, supuesta la facil comunicacion nuevamente descubierta de aquella parte entre el uno y el otro continente. Pero no es tan extravagante como podria parecer á primera vista la opinion adoptada por aquellos Chilenos, que se dicen oriundos de los lugares occidentales. Despues de los descubrimientos hechos por los Ingleses en la mar del Sur, se sabe que entre la América y la Asia Austral hay una cadena de infinitas islas, que son quizá los residuos de alguna gran tierra que por aquella parte aproxîmaba los dos continentes, y que podrian haber facilitado el pasage de este emisferio á las opuestas regiones Americanas. Por lo qual seria muy posible que mientras la América Septentrional se poblaba por el Norueste, la Meridional hubiese recibido sus habitantes de las provincias Australes del Asia. Las naciones establecidas en esta porcion del Nuevo-mundo son generalmente de un carácter dulce, que se acerca mas á el de los Asiaticos meridionales, que á la ferocidad de los Tártaros septentrionales. Las lenguas allí,

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aun son suaves y abundantes de vocales, como las de la India Oriental. La influencia del clima verdaderamente puede modificar los lenguages, pero jamas llegará á desfigurar del todo su primogénita estructura.

Los Chilenos llaman á los primeros hombres, de los quales descienden, Peñi Epatun, que quiere decir, los hermanos Epatun; pero á excepcion del nombre, no saben otra cosa de la Historia de estos hermanos sus Patriarcas. Los llaman tambien Glyche, esto es, hombres primitivos, ó del principio, y en sus congregaciones los invocan juntos con sus divinidades, entonando en alta voz: Pom, pum, pum, mari, mari, epunamun. Amimalguen, Peñi Epatum, &c. Los tres primeros vocablos son al presente de incierta significacion, y podrian tomarse por una suerte de interjeccion, si la voz puon con que los Chinos nombran al primer hombre creado, ó salvado de las aguas, no nos induxese á sospechar que podrian tener una nocion ánaloga. Los Lamas, ó Sacerdotes del Thibet, pronuncian tambien freqüentemente en sus rosarios las tres sílabas hom, ha, hum, ó om, am, um, como dicen los habitantes del Indostan, las quales en cierta manera corresponden á los Chilenos arriba dichos.

Parece que en los primeros tiempos no se hubiese establecido en Chile mas que una so-

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la nacion; todas las Tribus indigenas que habitan allí, aunque independientes las unas de las otras, hablan el mismo lenguage, y tienen la misma fisonomía. Los que habitan en las llanuras son de buena estatura, pero los que se crian en los valles de la cordillera, sobrepasan en la mayor parte la estatura comun. Quizá el ayre mas sutíl y puro que se respira allí, ó el continuo exercicio de subir y baxar por aquellos fragosos peñascos, comunica mayor vigor á sus corporaturas. Los aspectos de los unos y de los otros son regulares, y nunca han tenido la loca fantasia, seguida de otros salvages, así del nuevo como del viejo continente, de querer corregir la naturaleza poniendose disformes los semblantes, para hacerse mas bellos, ó mas formidables. Esto supuesto, Mr. de Buffon fué mal informado quando escribió en su Tratado del Hombre, que los Chilenos usan alargarse las orejas.

Aunque su encarnadura sea de un color obscuro inclinado al roxo, como el de los otros Americanos, este obscuro todavia es de una tinta mas clara, y facilmente se cambia en blanco. Entre ellos hay una tribu establecida en la provincia de Boroa, cuyos individuos son blancos y rubios sin ser mixtos. Esta variedad, que puede derivar de qualquiera influencia del clima que ellos habitan, ó de la mayor cultura que allí se observa, pues en

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ninguna otra cosa difieren de los demas Chilenos, es atribuida por los escritores españoles á los prisioneros de su nacion confinantes en aquella provincia, durante la infeliz guerra del siglo XVI. Pero así como los prisioneros Españoles fueron igualmente dispersos entre todas las demas provincias de los vencedores Araucanos, donde no se ven blancos, así parece que esta opinion sea poco fundada. A mas de esto, los primeros Españoles que pasaron allí, siendo todos de las Provincias meridionales de España, en las quales son raros los rubios, no podian dexar una posteridad tan diferente.

Siempre que se reflexîone la armoniosa estructura y riqueza de la lengua propia de este pais, parece que la nacion Chilena haya sido en otro tiempo mas culta de lo que es al presente, ó á lo menos que ella sea un residuo de algun gran pueblo ilustrado, el qual debió caer por alguna de aquellas revoluciones físicas, ó morales, á las quales está tambien sujeto nuestro globo. La perfeccion de las lenguas sigue constantemente la de la civilizacion; ni se puede comprehender cómo una nacion siempre salvage, que jamas ha sido limada ni por las sabias leyes, ni por el comercio, ni por las artes, pueda hablar un idioma culto, expresivo, y abundante. La copia de las palabras de un lenguage, presupone un

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número correspondiente de ideas claras en el complexô de los individuos que las hablan, las quales en un pueblo rústico son, y deben ser necesariamente muy limitadas.

La lengua de Chile es de tal modo copiosa, que á juicio de todos aquellos que la han poseido con alguna perfeccion, se necesitaria mas de un grueso volumen para hacer de ella un completo diccionario, pues que á mas de las voces radicales, que son muchísimas, el uso de las composiciones es allí tan freqüente, que en cierta manera puede decirse que en esto consista la esencia de aquella lengua. Cada verbo, ó por derivacion ó por union, se hace raiz de otros inumerables verbos y nombres, así adjetivos como substantivos, los quales reproducen otros secundarios, modificandose en cien maneras diferentes.

No hay en ella parte alguna de la oracion de la qual no pueda formarse un verbo peculiar con solo añadirle en el fin una n. Tambien de las particulas mas simples derivan varios verbos propios, que comunican una gran precision y fuerza al discurso. Pero lo que verdaderamente sorprehende en esta lengua es, que no se encuentra en ella nombre alguno ni verbo anomalo. Todo en ella es reglado, por decirlo así, con un mecanismo geometrico, donde se distingue un gran artificio con una suma simplicidad, y una relacion tan ordena-

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da y constante entre los preceptos gramaticales, que dependiendo siempre los subsiguientes de los antecedentes, su teórica se hace facil, y se puede aprender cómodamente en pocos dias.

Esta suma analogía ó regularidad, podria dar á primera vista una idea poco favorable de la extension del genio de aquellos que formaron ó cultivaron este idioma, porque las lenguas primitivas fueron, como es notorio, muy regulares en sus principios, esto es quando eran rústicas. Pero se forma un concepto muy diverso á la hora que se hace atencion al complexô de ideas que deberian concurrir para establecer en ella la construccion, y para modificar los vocablos en tantas maneras diferentes, sin el embarazo de los preceptos particulares.

A mas de esta ventaja, qualquiera que sea, la misma lengua abunda tambien de sílabas dulces y sonoras: por esta causa su melodia es muy graciosa y variada; y seria de mayor agrado á los oidos, si la letra u se usase con menos freqüencia, defecto de que no se hace gran caso, excepto en la lengua latina, la qual ha sido en esto felizmente enmendada de sus hijas, y en particular de su primogénita la italiana, que ha procurado apartar, singularmente en las finales, el tétrico sonido que deriva de ella.

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La lengua Chilena es diferente de todas las otras lenguas que se hablan en América, no menos por las voces que por la estructura. No obstante se encuentran de diez y ocho á veinte palabras del idioma Peruano, las quales, respecto la inmediacion de ambos Reynos, no es de admirar que se hayan introducido en ella. Pero lo que puede parecer singular es, que se encuentren en esta lengua vocablos, que parecen de orígen griego, ó latino del mismo significado, los quales para satisfacer la curiosidad de los etimologistas apuntaré en el compendio de la misma habla, que se encontrará al fin de este volumen, aunque yo no vea mas que una mera accidentalidad.

CAPITULO II.

CONQUISTA DE LOS PERUANOS
en Chile
.

Los Chilenos empiezan á hacer figura en la historia despues de la mitad del siglo XV de nuestra era. Los hechos anteriores á ésta época permanecen sepultados en la obscuridad de los tiempos por falta de monumentos. Las primeras noticias que tenemos de ellos, las han suministrado los anales del Perú, cuyos habitantes, como mas civiles, fueron mas solícitos

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en conservar la memoria de los sucesos notables.

Los Peruanos cerca de este tiempo habian ya dilatado su Imperio desde el Equador hasta el trópico de Capricornio. El reyno de Chile, que principia desde aquella parte, era una adquisicion demasiado importante para escaparse de las ambiciosas miras de aquellos conquistadores. Este pais, que se extiende á lo largo del pacifico Océano por el espacio de 1260 millas, goza de un clima delicioso y saludable. La vasta montaña de la cordillera que lo circuye hácia Levante, derrama en él un gran número de copiosos rios, los quales promueven su fecundidad natural. El terreno montuoso hácia el mar, y llano hácia los Andes, es adaptable á toda suerte de produciones, y abunda de minerales de oro, de plata, y de otros útiles metales.

La poblacion, favorecida de la amenidad del pais, era en esta época, segun lo que se puede conjeturar, bastante numerosa. Los habitantes se dividian en quince Tribus ó Pueblos independientes entre ellos, pero sujetos á algunos Xefes, que se llamaban Ulmenes. Estos pueblos, principiando á numerarlos desde el Septentrion al Mediodia, se nombraban Copiapinos, Coquinbanos, Quillotanos, Mapochinos, Promancaes, Cures, Cauques, Pencones, Araucanos, Cuncos, Chilotes, Chiqui-

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llanos, Pehuenches, Puelches, y Guilliches.

El Inca Yupanqui, que segun mi cómputo, reynaba en el Perú hácia el año de 1450, informado de estas ventajosas qualidades de Chile resolvió tentar su conquista. Con esta mira, se dirigió con un poderoso exército á las fronteras de este reyno. Pero ó fuese por temor de exponer su persona, ó por estar mas en disposicion de suministrar los socorros necesarios á la execucion de su designio, se encerró con su Corte en la provincia limitrofe de Atacama, y confió la empresa á Sinquiruca, Príncipe de la sangre real.

Este General, precedido, segun la plausible costumbre de los Peruanos, de varios Embaxadores, y seguido de un grueso cuerpo de tropas, subyugó mas con la persuasion que con la fuerza á los Copiapinos, Coquinbanos, Quillotanos, y Mapochinos. Despues pasado el rio Rapel, fué á atacar los Promaucaes, que no habian querido rendirse á las insinuaeiones de sus Embaxadores. Este Pueblo, cuyo nombre significa en lenguage Chileno baylarines libres, ó gente dedicada al bayle, habitaba el delicioso pais, que yace entre el susodicho rio Rapel, y el de Maule, donde se distinguia entre todos los nacionales por su genio inclinado á todo género de divertimientos. Sin embargo los placeres no le habian afeminado el ánimo. El hizo, frente con heroy-

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co valor al exército Peruano, y lo deshizo enteramente en una batalla que duró, segun el Historiador Garcilaso, tres dias consecutivos, por los freqüentes socorros de gente que llegaban á ambos partidos.

El Inca, informado del infausto suceso de sus armas, y del insuperable valor de aquellos habitantes, ordenó que el rio Rapel sirviese en adelante de límite á sus estados por aquella parte. Garcilaso dice que el rio Maule, pero no es verosimil que el pueblo vencedor quedase comprehendido dentro de los terminos del vencido. Efectivamente, no lejos del rio Cachapoal, el qual junto con el Tinguiririca forman el Rapel, se ven hasta ahora sobre una colina cortada perpendicular los residuos de una fortaleza de estructura Peruana, que sin duda cubria por aquella parte las fronteras del Imperio contra los ataques de los indómitos Promaucaes.

Así Chile permaneció desde entonces hasta despues dividido en dos partes, la una libre, y la otra sujeta á una dominacion extrangera. Los pueblos que con tanta facilidad se habian rendido á las persuasiones de los Peruanos, quedaron sujetos á pagar en oro un tributo anual que jamas habian conocido. Pero los conquistadores, ó no se atrevieron, ó no pudieron introducir en las provincias subyugadas su forma de gobierno. Los Chilenos so-

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metidos, no menos que los libres, conservaron hasta el arribo de los Européos sus costumbres, las quales no eran tan rústicas como algunos se imaginan.

CAPITULO III.

ESTADO DE LOS CHILENOS

antes del arribo de los Españoles,
agricultura y alimentos.

Los hombres en los progresos que hacen para adelantarse hácia la perfeccion de la vida civil, pasan succesivamente por quatro grandes estados ó periodos. De cazadores se hacen pastores, despues agricultores, y finalmente comerciantes, época que forma el hombre verdaderamente civil. Los Chilenos quando fueron conocidos la primera vez de los Españoles, se encontraban en el tercer periodo: ellos no eran ya cazadores, sino agricultores. El Doctor Robertson, pues, generalizó demasiado sus ideas quando los colocó en el Rol de Cazadores, profesion que ellos quizá no abrazaron, sino en los primeros tiempos de su establecimiento en Chile. Cansados bien presto del fatigoso exercicio de la caza, que en aquel pais no es muy abundante, y teniendo pocos animales domesticados, se dedicaron temprano á

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cultivar aquellas plantas nutritivas, que la necesidad ó las circunstancias les habia hecho conocer. Así la necesidad, y no la eleccion fué la que les obligó á pasar rapidamente al tercer periodo de la vida social.

Estas plantas, las quales hemos ya descripto en el Compendio de la Historia Natural, fueron el maiz, el magu, especie de centeno, el guegen, y la tuca, de cebada, la quinoa, los frixoles de diferentes clases, las papas, el oxalis tuberosa, la calabaza comun, y la amarilla, el pimiento de Guinea, el madi, planta oleosa, y la gran fresa Chilena. A estas provisiones no despreciables añadieron el pequeño conejo, el chilihueque, ó sea el camello Araucano, que les suministraba buena carne para comer, y lana para vestir; y si la tradicion merece ser atendida, tenian tambien el puerco y la gallina. El dominio de ellos sobre la creacion animal no se habia extendido á mas, aunque hubieran podido domesticar del mismo modo el guanaco, animal utilísim , el pudu, especie de cabra silvestre, y varias suertes de páxaros, de los quales abunda su pais.

No obstante con estos productos, encontrados por su mediocre industria, se sustentaban comodamente, y aun con alguna abundancia, atendidas las pocas necesidades que entonces podian tener. Por este motivo los pri-

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merós Españoles, que penetraron allí, baxo la conducta de Almagro, encontraron en los primeros valles de aquel reyno viveres en gran copia para restablecerse de la hambre padecida durante su imprudente marcha hasta Chile, por los desiertos confines de la parte del Perú.

Asegurada de este modo la subsistencio, de la qual deriva la poblacion, ellos se propagaban felizmente, como apuntamos arriba, baxo aquel benigno clima. Por lo qual no parece que hayan exâgerado mucho los primeros Escritores, quando dixeron haber encontrado aquellas campañas llenas de gente. Lo cierto es que en todo aquel reyno no se hablaba mas que una lengua, lo que prueba que aquellas Tribus comunicaban muy bien entre sí, y no eran aisladas, ni divididas por vastos desiertos, ni por grandes laganas ni bosques, los quales, al contrario de lo que se refiere de muchas otras partes de la América, se encontraron allí de cortísima extension, como son al presente.

Parece que la agricultura hubiese hecho ya algun progreso notable en esta nacion, porque encontramos las susodichas especies de plantas alimentarias esparcidas en muchas variedades, todas señaladas con nombres peculiares, lo que no puede provenir sino de una larga y variada cultura. Se ven tambien en varias partes del reyno canales conducidos cn in-

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teligencia, de los quales aquellos naturales se servian para regar sus campos. Entre estos merece particular atencion, por su subsistencia y direccion, el canal que costea por el espacio de muchas millas, las asperas faldas de los montes vecinos á la capital, y que baña la tierra situada al Septentrion de la misma. Conocian tambien el uso de estercolar las tierras, que ellos llamaban vunaltu, aunque se prevaliesen poco del en atencion á la gran fecundidad natural del terrano. Faltos de animales robustos para labrar la tierra, la movian con una azada de leño duro, empujandola con el pecho dentro del terreno; pero siendo esta una operacion demasiado larga y fatigosa, es de admirar como no buscasen otra manera mas expedíta, y menos trabajosa. Se encuentra al presente entre ellos una especie simplísima de arado, dicho chetague, el qual consiste en un madero curvo hácia una de sus extremidades, donde tiene introducida la reja de la misma materia, con su esteva para gobernarlo. No se sabe si este rustico arado, que parece el modelo de los primeros arados del mundo, sea una invencion antigua de su industria, ó lo hayan aprendido de los Españoles. Su mima simplicidad nos hace dudarlo. El Almirante Spilberg observó que los habitantes de la Mocha, Isla situada en el mar Araucano, donde los Españoles no se habian establecido,

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se servian de este arado, tirado de dos chilihueques, para cultivar sus campos, y los hermanos Bry, que refieren este hecho, añaden que los Chilenos con la ayuda de aquellos animales labraban sus terrenos, antes que recibiesen los bueyes de la Europa. De qualquiera modo que esto sea, lo cierto es que aquella especie de camello era empleada, antes de esta época, para bestia de carga; y el tránsito de cargar á arrastrar no es muy dificil. Basta que el hombre conozca una vez la utilidad que pueda sacarse de qualquiera cosa, para que de grado en grado trate de aplicarla á otros objetos que le sean ventajosos.

Es opinion generalmente adoptada, que los primeros hombres comiesen los granos crudos luego que empezaron á servirse de ellos para su alimento. Pero esta comida, saliendoles insipida y dificil de masticarse, tomaron el partido de tostarla, ó de cocerla, machacando facilmente entre las manos el grano tostado, tuvieron la idea de la harina, y luego por grados vinieron á hacer la poleada, las tortitas, y despues el pan. A la época de que tratamos ya no comian los Chilenos los granos crudos; los cocian en ollas aparentes, ó los tostaban en la arena caldeada, operacion que los pone nos viscosos, y mas ligeros. Pero no contentos de aderezarlos de este modo, que fue siempre el uso mas commun entre las naciones

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acabadas de salir de la vida selvatica, llegaron á hacer dos suertes de harina, esto es, la tostada, á la qual dieron el nombre de murque, y la cruda, que llamaron rugo. Con la primera hacian poleadas, y cierta bebida que usan tambien por almuerzo, en lugar de chocolate. Con la segunda se preparaban las tortitas, y aun el pan, dicho entre ellos couque, el qual cocian en hoyos excavados en forma de hornos, en las faldas de los montes, ó en los barrancos de los rios, un gran número de los quales se conserva hasta ahora en todo aquel pais.

Se admira tambien como ellos llegasen á inventar una especie de cedazo nombrado chiñigue, para separar del salvado, que llaman amchi, la flor de la harina, dicha achiul. Pero lo que puede paracer mas singular es, que hiciesen uso tambien de la levadura; porque á tal descubrimiento no se puede llegar sino insensiblemente, mediante el raciocinio, ó la observacion: si es que un feliz accidente no haya concurrido á ello, como es muy probable que sucediese quando se empezó á emplearla en el uso del pan.

No solo los granos señalados, pero aun las simientes de varios árboles susceptibles de fermentacion, les suministraban nueve á diez suertes de licores embriagantes, que hacian fermentar, y conservaban en vasos de tierra, como acostumbraban los Griegos y los Roma-

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nos. Este refinamiento de economía doméstica, si acaso no es una verdadera necesidad, parece connatural al hombre en qualquiera estado que se encuentre, pero especialmente quando se reduce á vivir en compañia con sus semejantes. El hallazgo de licores fermentados sigue inmediatamente al de los alimentos. Así es de creer, que el uso de tales bebidas sea muy antiguo entre las tribus Chilenas; tanto mas, quanto el pais suministra en abundancia materiales para hacerlas.

CAPITULO IV.

ESTABLECIMIENTOS, GOBIERNO

y artes.

La agricultura es el manantial principal de la sociedad, y de las artes. Apenas una familia vagante, ó por genio ó por necesidad, comienza á cultivar un terreno, quando se fixa en él por natural inclinacion; y no haciendo mas caso de la vida errante y solitaria, busca la compañia de sus semejantes, cuyos reciprocos socorros al momento empieza á creerlos necesarios para su bien estar. Los Chilenos, abrazado el estado de vida sedentaria, indispensable á una nacion agrícola, se congregaron en familias, mas ó menos numerosas, en los territorios adaptables á sus profesiones, forman-

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do en ellos, ya lugares grandes que llamaban cara, nombre que al presente dan á las ciudades Españolas, y ya pequeños, que nombraban lov. Pero estas accidentales congregaciones no tenian la forma de las presentes poblaciones Européas; pues que por la mayor parte no consistian sino en chozas, aquí y allí dispersas, á la vista las unas de las otras, precisamente del modo que eran los establecimientos Alemanes hasta el siglo de Carlo Magno. Permanecen aun algunos de estos lugares en varias partes del Chile Español (1), entre los quales los mas considerables son Lampa en la provincia de Santiago, y Lora en la de Maule.

Así como ninguna union civil puede subsistir sin alguna forma de gobierno, así en cada lugar ó aldea mandaba un Xefe dicho Ulmen, el qual en ciertas cosas estaba sujeto al supremo Comandante de la tribu, que tenia el mismo nombre. Todos estos Príncipes se sucedian el uno al otro por linea hereditaria, lo que prueba la antigüedad de estas juntas políticas. Entre las demas naciones bárbaras, la fuerza, la destreza eh la caza, ó el valor en las armas, proporcionaron primitivamente la autoridad, y luego el dominio de aquellos que allí comandaban. Pero aquí al contrario, parece que las riquezas hayan sido

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(1) Quiero decir la parte habitada de los Españoles.

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las que hayan ensalzado las familias dominantes á la clase que ocupaban; porque la voz ulmen, si es que esta nocion no es translaticia, significa tambien hombre rico.

Se debe, pues, suponer, que la autoridad de estos Xefes fuese muy limitada, esto es, solamente directiva, y no coactiva, como ha sido la de todos los Comandantes de las naciones bárbaras; quando por otra parte el despotismo, favorecido de las propicias circunstancias, no hubiese trastornado las ideas de absoluta libertad, que son innatas, por decirlo así, en los salvages, como ha sucedido en quasi toda la Asia, y en una gran parte de la Africa. Por lo qual no es menester buscar quales fuesen las leyes de aquellas pequeñas sociedades; estas probablemente no se gobernaban sino por medio de los usos introducidos, ó por la necesidad, ó por la conveniencia.

El derecho de privativa propiedad, era plenamente establecido entre los Chilenos. Cada uno era dueño absoluto del campo que cultivaba, y de los productos de su industria, los quales podian transmitir á sus hijos por succesion hereditaria. De este principio fundamental comenzaron á brotar las primeras artes, que pedian las necesidades de la natural conformidad, no menos que aquellas de la constitucion política. Fabricaban sus casas de forma quadrilonga, con el techo cubierto de juncos,

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y con las paredes de madera, enlucides de arcilla, y tal qual vez de ladrillos, llamados entre ellos tica, uso que sin duda aprendieron de los Peruanos, entre quienes tienen el mismo nombre.

Con la lana de sus chilihueques formaban telas para vestirse. Para esto inventaron el huso, la rueca, y dos suertes de telares; el primero de los quales, dicho guregue, no es desemejante al comun Européo, sino que en lugar de peyne, se sirven de una costilla de ballena, ó de qualquier leño duro aplanado para oprimir la trama. El otro es casi vertical, de donde le viene el nombre úthalgue, del verbo uthalen, que significa estar en pie. Tienen en su lengua vocablos propios para indicar todas las partes que componen los susodichos telares, y las demas cosas conducentes á la labor de las lanas. Tenian entre sí una especie de aguja para coser sus vestidos, como se colige del verbo nuduven (coser); pero no sabemos de que materia fuese ella. El bordado, al qual dan el nombre de dúmican, no era tampoco desconocido entre ellos.

De estas artes de primera necesidad pasaron á algunas de aquellas que exîgen las necesidades secundarias de una sociedad. Con la excelente arcilla que se encuentra en su pais, hacian ollas, platos, ta, y ann vasos grandes para tener los lies fermentados. Todos es-

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tos vasos los cocian en ciertos hornos, ó mas bien en ciertos hoyos que hacian en las pendientes de las colinas. Habian tambien descubierto una suerte de barniz para sus vasijas, con una tierra mineral que llaman colo. Parece ciertamente que el arte de barnizar sea antiquísimo en Chile, porque excavando una mina de piedra en los montes de la provincia de Arauco, se encontró en el fondo de ella una urna de notable grandeza. No solamente se servian de la tierra para hacer semejantes labores, pero empleaban tambien los leños duros, y el marmol, de cuyas materias se encuentran allí algunos vasos pulidos con perfeccion. Con los mismos leños duros fabricaban peynes, que en su idioma se nombran runca. Extraian el oro, la plata, el cobre, el estaño, y el plomo de las entrañas de la tierra, y despues de haberlos purificado, se servian de estos metales para varias labores útiles y curiosas; pero en particular del cobre campanil, ó sea mineralizado, con el qual, por ser muy duro, hacian hachuelas, hachas, y otros instrumentos cortantes, aunque en poca cantidad, porque se encuentran raramente en los sepulcros, al contrario las hachuelas hechas con una especie de basalto colunario, son allí muy comunes. Causa maravilla que el fierro, universalmente creido incógnito en aquellos pueblos, tenga un nombre peculiar en el idioma Chileno. Este se llama pa-

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nilgue, y las armas que de él se fabrican chiuquel, á diferencia de las otras fabricadas con diversos materiales, que están comprehendidas baxo del nombre general nulin. El herrero se llama rúthave, del verbo ruthan, que significa labrar el fierro. De todo esto se podria conjeturar, que ellos no solo tuviesen noticia de este útil metal, pero que supiesen tambien hacer algun uso de él. Pero estos indicios, atendido el silencio sobre este punto de los primitivos Escritores de la América, serán siempre inconcluyentes, hasta que no se encuentren allí algunas piezas de fierro de incontrastable antigüedad.

Encontraron aun la manera de hacer salinas sobre la ribera de la mar, y extraer la sal fosil de varias montañas abundantes de tales mineras. De ahí es que distinguian estas dos especies de sales, llamando la primera chiadi, y á la otra lilcochiadi, esto es, sal de la agua de piedras. Teñian sus ropas de todos colores con el zumo de varias plantas, y tambien con las tierras minerales, y habian sabido hallar la polcura, piedra luminosa, y restringente, propia para fixar los colores. A falta del xabon, cuyo compuento no habia sido todavia imaginado por ellos, aunque cono la lexia, tuvieron la industria de hacer uso de la corteza del quillay, que suple allí perfectamente. De la semiba del madi, planta que si

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bra, sacaban un aceyte bueno para comer, y para quemar; pero nosotros no sabemos bien si hubiesen llegado á usarle para este segundo objeto.

En su lengua se encuentran vocablos para distinguir muchas especies de cestos, y de esteras, que ellos hacian con diversos vegetales. La planta nombrada ñocéhia, les suministraba hilos para hacer cuerdas, y redes de pescar, de las quales tenian tres ó quatro suertes. Usaban asimismo en la pesca las nasas, y los anzuelos: pero no hemos sabido con que materia los hiciesen. Los habitantes de las riberas se servian de piraguas de diversos tamaños, y de balsas de madera, ó de pieles de lobos marinos, reducidos en forma de odre, y llenos de ayre.

Aunque la caza no fuese su principal exercicio, ya por pasatiempo, ó por acrecentar sus provisiones, se aplicaban á tomar aquellos animales selvaticos que se encuentran en su pais, y especialmente los páxaros, que abundan por todas partes. Se valian para este efecto de la flecha, de la honda, del laque, que hemos otra vez descripto, y de varias industriosas especies de lazos, que en general nombran guaches. Es de observar que tomasen en los lagos y en los rios, los patos silvestres, con la misma estratagema con que los cogian los Chinos, esto es, cubriendose la cabeza con cala-

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bazas agujereadas, que á prevencion dexaban fluctuar sobre el agua, para acostumbrarlos poco á poco. Estas menudencias no deberian quizá mencionarse en la exposicion de las costumbres, é invenciones de un pueblo, que fuese conocido por algun mayor refinamiento en su cultura; pero en la historia de una nacion incógnita, islada, y considerada selvatica, estas noticias se hacen apreciables, y aun necesarias para formar concepto del estado de sus progresos en la vida social.

Con estos medios de subsistencia, bastantes para procurar su mayor comodidad en el vivir, los Chilenos habrian debido dar pasos acelerados hácia la perfeccion del estado civil. Pero las naciones por una cierta especie de inércia, propia de la condicion humana, permanecen por mucho tiempo estacionarias, aun quando las circunstancias pareciesen favorables á sus adelantamientos. El pasage de la barbarie á la vida civil, no es tan facil como á primera vista podria creerse. La historia de las naciones cultas nos demuestra la verdad de esta proposicion. Estaban ellos todavia aislados, no tenian aquellas mercantiles correspondiencias con los extrangeros, que son las solas guias del repulimiento de los pueblos. Las naciones vecinas eran mas rústicas que ellos, excepto los Peruanos; pero estos por su ambicion de dominar, eran mas bien evitados que bus-

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cados. Sin embargo aprendieron de ellos alguna cosa, durante el tiempo que fueron dueños de las provincias boreales del reyno. Así en esta época habian llegado á aquel estado medio entre lo salvage y lo civil, que llamamos barbarie. No obstante de esto, la variedad de tantas ocupaciones que multiplicaban los objetos en la atencion de ellos, crecia de grado en grado la esfera de sus ideas. Habian ya avanzado á inventar los números necesarios para exprimir qualquiera cantidad: mari entre ellos significa diez; pataca ciento; guaranca mil. Los Romanos tambien no tenian números simples de mayor valor. De facto, el cálculo se puede subir hasta donde se quiera con la combinacion de estas decenas capitales.

Para conservar la memoria de sus cuentas, se servian, como han hecho otras naciones, del pron, llamado por los Peruanos quippo; este es un mazo de hilo de diversos colores, con varios nudos. Los colores indican la cosa, de la qual se trata, y los nudos la cantidad. Esto es quanto hemos podido comprehender acerca del artificio del tal registro, en el qual algunos quisieran encontrar un equivalente del arte de escribir. Este arte admirable era absolutamente desconocido de los Chilenos; porque aunque se encuentre en su lengua el verbo chilean (escribir) este originalmente era un sinónimo de guirin, que sig-

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nifica pintar. Ignoramos, pues, qual fuese la habilidad de ellos en la pintura; si debemos conjeturarlo de algunas efigies de hombres que se ven esculpidos en ciertas piedras, deberiamos decir que eran del todo ignorantes de este arte, porque no se puede ver cosa ni mas boba, ni mas desproporcionadamente imaginada.

Eran mucho mayores, por no decir admirables, los progresos que habian hecho en la medicina, y en la astronomía; pero de estas como tambien de su religion, de la música y del arte militar, nos reservamos hablar para quando tratáremos de los Araucanos, que son los custodios fieles de todos los conocimientos y usos antiguos de los Chilenos. Por lo demas en su lengua se encuentran indicios de otras varias artes, que no nos atrevemos á exponer, porque no tenemos bastantes guias idóneas, para dirigirnos en una materia importante y equívoca al mismo tiempo. Los primeros Européos que llegaron á aquellos paises, pusieron sus miras en otros objetos menos interesantes, cuidahdo poco ó nada de aquellas cosas que suelen llamar la atencion de un genio observador al presentarse á una nacion desconocida. De ahí es que sus relaciones no nos suministran, por la mayor parte, sino ideas vagas y confusas, de las quales no podemos sacar otra cosa que conjeturas. Sea lo que fue-

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re, los Chilenos se mantuvieron poco tiempo en este estado de vida, hasta que una revolucion inesperada, los obligó en gran parte á recibir otras costumbres, y otros usos.

CAPITULO V.

PRIMERA EXPEDICION

de los Españoles á Chile.

Francisco Pizarro, y Diego Almagro, quitada la vida al Inca Atahualpa, habian sometido el Perú al dominio de España en el año 1533. Pizarro, que queria gozar sin rival de las vastas conquistas hechas á expensas de ambos, induxo á el compañero que emprendiera la expedicion de Chile, de cuya opulencia habia gran fama en todas aquellas partes. Almagro, esperando encontrar otro botin considerable, se puso en marcha hácia este reyno al fin del año 1535, con un exército compuesto de 570 Españoles, y 15000 Peruanos, baxo la conducta de Paullu, hermano del Inca Manco, Emperador precario del Perú, que habia succedido al infeliz Atahualpa.

1536.

Para ir por tierra desde este pais á Chile, no hay mas que dos caminos. El primero que costea el mar, es falto de agua, y de viveres. Si-

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guiendo el otro, es menester pasar la inmensa montaña de la cordillera por el espacio de I 20 millas. Almagro se encaminó por este último, no por otro motivo sino porque era mas corto. Su exército, despues de haber estado expuesto á infinitos trabajos y contrastes, con los salvages circunvecinos, llegó á la cordillera sin vituallas, y mal vestido, en el tiempo precisamente que comenzaba el invierno. La nieve en esta estacion cae allí quasi de continuo, y cubre las pocas veredas que se freqüentan en el verano. Sin embargo los soldados, animados del General, que no tenia alguna idea de un tránsito tan peligroso, se avanzaron con gran fatiga hasta la cima de aquellas rígidas cumbres. Pero sufocados aquí de un viento penetrante, perecieron 150 Españoles, y 10 Peruanos; los quales por estar habituados á los climas calidos de la Zona tórrida, padecieron mas los rigores del frio.

Los historiadores de esta infeliz expedicion, concuerdan en decir que de todo aquel exército no hubiera quedado ni siquiera uno con vida, si Almagro, adelantandose valerosamente con algunos caballos, no les hubiese enviado viveres, y otros socorros oportunos, que encontró en abundancia en Copiapó. Aquellos que por su mayor robustez pudieron resistir á la inclemencia de la estacion, se libertaron con este inesperado socorro de las nieves, y llega-

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ron finalmente á las llanuras de aquella provincia, que es la primera de Chile, á donde por respeto de los Peruanos, fueron bien acogidos y regalados de los habitantes.

El Inca Paullu, que conocia completamente el objeto del viage, creyó no poder mejor consolar sus afligidos huespedes, que con darles una idea de la importancia de su conquista. Con este intento obligó á los paisanos á entregarles todo el oro que poseian, y habiendo recogido quinientos mil ducados, los presentó á Almagro. Este quedó tan contento, que los distribuyó todos á sus soldados, á los quales perdonó tambien las inmensas sumas de dinero que les habia adelantado para los preparativos de la empresa. Persuadido, como lo era, de hacerse en breve dueño de todo el oro del pais, quiso con tal liberalidad conservarse entre sus tropas la reputacion de hombre generoso, que se habia adquirido en el Perú con la profusion de los tesoros de aquellos soberanos.

Durante el tiempo que se detuvo en Copiapó, vino á descubrir que el Ulmen entonces reynante, habia usurpado el dominio á su sobrino y pupilo, el qual por temor del tio andaba errante por los bosques. Mostrandose irritado contra esta injusticia, hizo arrestar al culpable, y llamado á su presencia el heredero legítimo, le restituyó el gobierno con uni-

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versal aplauso de los subditos, los quales en este hecho no eran capaces de discernir otra cosa que la reparacion de un agravio.

Los Españoles restablecidos de las pasadas incomodidades, mediante la generosa asistencia de los Copiapinos, y aumentados con muchos reclutas que Rodrigo Orgoñez habia conducido del Perú, se pusieron en viage hácia las provincias meridionales, llenos de bellísimas esperanzas, fomentadas por el alegre aspecto del pais, y por la numerosa poblacion que se veia en todas partes. Los nacionales se atropellaban al rededor de los caminos, asi para observarlos de cerca, como para presentarles algunas cosas que creian deberian ser gratas á una gente que parecia de un carácter superior al de los demas hombres.

Dos soldados entretanto, separados del resto del exército, se introduxeron hasta el Guasco, donde habiendo sido primero bien recibidos, fueron despues despedazados por aquellos habitantes, á causa quizá de algunas estorsiones de aquellas que suelen hacer las gentes de guerra quando no están á la vista de los Oficiales. Esta fué la primera sangre européa que se esparció en Chile, á donde luego se derramó tanta copia.

Almagro, prevenido de este contratiempo, que era muy capaz de destruir las grandiosas ideas que queria dar del poder de su gente,

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hizo conducir á Coquimbo, á donde se encaminaba, el Ulmen de aquella comarca, llamado Marcandeo, un hermano suyo, y veinte y siete de los principales habitantes, á todos los quales entregó á las llamas, junto con el usurpador de Copiapó, que conducia consigo en cadenas, sin querer escucharle, como dice Herrera, sus razones. Esta crueldad pareció á todos muy injusta y extraordinaria, pues entre aquellos aventureros no faltaban personas bastante sensibles para conocer los derechos de la humanidad. Así la mayor parte del exército desaprobó altamente el rigor de su General, cuyos negocios, desde entonces en adelante, caminaron de mal en peor.

1537.

Almagro cerca de este tiempo, recibió por medio de Juan de Rada, un buen número de reclutas, junto con las Patentes Reales, que lo creaban Gobernador de doscientas leguas de pais al mediodia del Gobierno concedido á Francisco Pizarro. Los amigos, pues, que habia dexado en el Perú, prevaliendose de esta ocasion, lo exhortaban con cartas privadas de volver atras, á fin de que fuese á tiempo de ponerse en posesion de la imperial Corte del Cuzco, que debia caer, segun se explicaban, dentro de los términos de su jurisdicion. No obstante de esto, engolosinado de la nueva conquista, prosiguió su viage, y pasado el fatal Cachapoal, se introduxo, á pesar de las re-

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presentaciones de los Peruanos, en el pais de los Promaucaes.

Este valeroso pueblo, aunque á la primera vista de los Españoles, de los caballos, y de las armas fulminantes de Europa, quedase como atónito, con todo eso volvió muy presto de la sorpresa, y sobre la orilla del Rio claro, hizo frente con intrepidez al nuevo enemigo. Almagro, burlandose del esfuerzo de ellos, puso en la primera linea á los Peruanos auxîliares, reforzados de muchos otros que Paullu habia hecho venir de los presidios, los quales, siendo presto desbaratados, se replegaron hácia la retaguardia. Los Españoles, que pensaban ser solamente expectadores de la batalla, se vieron obligados á sostener el furioso ímpetu de los enemigos, y adelantandose con sus caballos, atacaron vigorosamente la pelea, la qual duró hasta la noche, con gran pérdida de una y otra parte.

Aunque los Promaucaes hubiesen quedado muy maltratados, no perdieron todavia el ánimo, y resueltos de volver al ataque al amanecer, se acamparon á la vista del exército enemigo. Pero los Españoles, no obstante que se creyesen vencedores, segun las leyes militares de Europa, por haber quedado dueños del campo de batalla, pensaban diversamente. Acostumbrados á subyugar inmensas provincias, con poca ó ninguna resistencia, se

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habian disgustado de una empresa que no podian acertar sin gran fatiga y derramamiento de sangre, pues debian contrastar, para llevarla adelante, con un pueblo intrépido, é independiente, del qual no eran ya creidos inmortales. Así todos, de comun acuerdo, determinaron abandonar aquella expedicion; pero los pareceres fueron diversos en quanto á la manera de seguir la retirada, queriendo algunos volver en derechura al Perú, y otros formar una colonia en las provincias septentrionales, adonde habian sido bien recibidos.

1538.

Almagro, sobre cuyo ánimo hacian entonces impresion las cartas de sus amigos, se atuvo al primer parecer, y expuestos los peligros, á los quales quedaria sujeta una colonia en un pais tan belicoso, les persuadió á seguirle hasta el Cuzco, donde pensaba establecerse de grado, ó por fuerza. La funesta experiencia del primer viage le hizo tomar el camino del mar, por el qual retornó con poca pérdida de sus tropas. Despues, ocupada por sorpresa la antigua capital del Perú, precedidas varias negociaciones infructuosas, vino á las manos con el hermano de Pizarro, del qual fué vencido, procesado, y decapitado, como perturbador del público reposo. Su exército disperso, se reunió despues baxo la denominacion de soldados de Chile, y envolvió en nuevas turbulencias el ya demasiado agitado Perú. Es-

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te fué el exîto de la primera expedicion, emprendida contra los Chilenos, del mayor cuerpo de tropas Européas que se hubiesen juntado hasta entonces en aquellas partes. El deseo de adquirir riquezas, fué el que principalmente la promovió, y la poca esperanza de obtenerlas, la hizo quedar del todo inutilizada.

CAPITULO VI.

LOS ESPAÑOLES VUELVEN
á Chile baxo Pedro Valdivia: fundacion de
Santiago, Capital del Reyno: varios
encuentros con los naturales del pais: conjuracion
descubierta de los soldados contra
el General
.

1539.

Francisco Pizarro, habiendo quedado Xefe absoluto de las conquistas Españolas en la América Meridional, por la muerte de su competidor, no perdió de vista la invasion de Chile, que en todos tiempos podia serle de gran ventaja. Entre los aventureros llegados al Perú, habia dos Oficiales autorizados de la Corte, para tentar esta expedicion con título de Gobernadores. El primero, llamado Pedro Sanchez de Hoz, debia conquistar hasta el rio Maule; y el otro, dicho Camargo, estaba encargado del resto, hasta el archipielago de Chi-

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loe. Pizarro, rehusados baxo frivolos pretextos, los Reales nombramientos, prefirió para esta zelosa empresa á su Maestre de Campo Pedro Valdivia, Oficial prudente, activo, exercitado en las guerras de Italia, y lo que era mas importante, adicto á su partido, encargandole de conducir consigo, y de aventajar en el repartimiento de las tierras á Hoz, que quizá era mas de temer que Camargo.

1540.

Este Comandante, resuelto de establecer allí una colonia permanente, se puso en camino hácia aquella parte, con 200 Españoles, y muchos Peruanos auxîliares, baxo cuya escolta habia algunos Religiosos, varias mugeres, y un buen número de bestias européas, con las demas cosas necesarias á una reciente poblacion. El se dirigió por el mismo camino que habia elegido Almagro, pero advertido de la desgracia de su predecesor, no se atrevió á pasar la cordillera hasta mediado del verano. Entrado felizmente en Chile, encontró los habitantes septentrionales muy diversos de lo que los habia encontrado Almagro. Aquellos nacionales, informados del catastrofe del Perú, y libres de las atenciones que pro fesaban al Inca, no se creian ya obligados á respetar sus invasores. Así se dedicaron á atacarlos por todas partes, con mas valor que conducta. Incapaces, como bárbaros, de hacer causa comun, y acostumbrados ya desde largo

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tiempo al yugo de la servidumbre, los acometian por aduares ó tribus, á proporcion que se introducian, sin aquella imperturbable constancia que caracteriza el valor de la gente libre. Pero los Españoles corrieron, á pesar de aquellos mal combinados esfuerzos, las provincias de Copiapó, de Coquimbo, de Quillota, y de Milipilla; y llegaron, con mas incomodidad que descalabro, á la de Mapocho, ahora dicha de Santiago. Esta provincia, distante de los confines del Perú mas de 600 millas, es una de las mas fertiles y amenas del reyno. Su nombre significa tierra de mucha gente. Su poblacion, en fin, por lo que dicen los primeros historiadores de Chile, era en esta época numerosísima. Se halla situada á la falda de la gran cordillera de los Andes, y gira 140 millas. La bañan los rios Maypo, Colina, Lampa, y Mapocho, el qual la divide en dos partes quasi iguales, y despues de estar oculto baxo de tierra, por el espacio de cinco millas, vuelve á aparecer con mayor fuerza, y se descarga en Maypo. Los montes de Carén, que la terminan por el septentrion, abundan de venas de oro, y en la parte de la cordillera que la circuye á levante, se encuentran ricas minas de plata.

1541.

Valdivia, que habia procurado internarse quanto le fué posible en el pais, para hacer dificil á sus soldados el regreso al Perú, de-

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terminó establecerse en esta provincia; la qual, atendidas sus buenas qualidades, y su larga distancia, le pareció mas propia que todas las otras para hacerla centro de sus conquistas. Escogido con esta mira un lugar oportuno sobre la ribera siniestra del Mapocho, echó en él á 24 de Febrero los fundamentos de la capital del reyno, á la qual dió el nombre de Santiago, en honor de este Apostol; dividió el terreno en islas ó manzanas quadradas, cada area con 4096 toesas, asignando la quarta parte de ella á cada ciudadano, método que se ha seguido en la fundacion de todas las demas ciudades. Destinó en la plaza pública una de estas manzanas, para la Catedral, y el Obispado que pensaba fundar allí, y otra para el Gobierno. Formó el Cabildo al uso de España, de las personas mas calificadas del exército; y para cubrir la poblacion en caso de ataque, hizo construir una fortaleza sobre la colina llamada despues de Santa Lucía, que se eleva bastante dentro del recinto de la ciudad.

Muchos aplauden el discernimiento de Valdivia en haber elegido este sitio para establecer en él la capital de la colonia. Pero atendiendo á la necesidad de una ciudad primaria, hubiera sido mejor colocada quince millas mas al mediodia, sobre Maypo, rio copioso, que se comunica en derechura con el mar, y que puede hacerse facilmente navegable, aun de

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embarcaciones de mayor porte. Sin embargo esta ciudad cuenta al presente mas de quarenta mil habitantes, los quales se van mas y mas aumentando, por razon del gran comercio que atrae el luxo de sus ricos vecinos, y la silla del Gobierno.

Los naturales entre tanto, mirando con ceño el nuevo establecimiento, trataban juntamente, aunque tarde, de la manera de desalojar los intrusos habitadores. Valdivia, habiendo penetrado en tiempo el designio de ellos, hizo encerrar en la fortaleza las principales cabezas de la conjuracion, y temiendo que estos tuviesen alguna inteligencia secreta con los Promaucaes confinantes, se fué con sesenta caballos á espiarles los movimientos sobre el rio Cachapoal. Pero aquel intrépido pueblo no era tan político que pensase en coligarse con los vecinos, para substraerse él mismo, del peligro inminente.

Los Mapochinos, observada la partida del General, embistieron con furia increible la colonia aborrecida, quemaron las casas medio fabricadas, y asaltaron por todas partes la ciudadela, donde se habian refugiado los habitantes. Mientras que estos se defendian valerosamente, una muger llamada Ines Suarez, tomando con ánimo mas inhumano que varonil, un gran cuchillo, cortó la cabeza á los Régulos prisioneros, los quales, aunque estuvie-

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sen estrechamente atados, tentaban, como es natural, ponerse en libertad.

El asalto, empezado al amanecer, duró hasta la noche. Los acometedores, con una constancia digna de mejor éxîto, se succedian los unos á los otros. No obstante, Alonso Monroy, que comandaba en la fortaleza, encontró medio de enviar, entre el tumulto, un aviso á Valdivia, el qual retornando prontamente, encontró el foso cubierto de cadaveres, y los enemigos, á pesar del estrago recibido, preparados para volver á comenzar el combate. Por tanto, habiendose unido con los sitiadores, fué en batalla formada á desbaratar sus tropas, que se habian acampado sobre la ribera del rio Mapocho. Aquí se combatió largo tiempo con igual valor, pero con mucha menos ventaja de la parte de los naturales: las armas y la disciplina eran demasiado desproporcionadas. La mosqueteria y los caballos destruian con horrible carniceria sus filas, solamente armadas de arcos y de hondas. No obstante, obstinados contra la misma impotencia, se presentaban furiosos al exterminio, hasta que debilitados enteramente, y perdida la flor de su juventud, se dispersaron por aquellas campañas.

A pesar de esta derrota, y de otras no menos considerables que tuvieron consecutivamente, nunca cesaron, por el espacio de seis años; esto es, hasta su entera ruina, de tener sitiados

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á los Españoles, atacandolos en todas las ocasiones que podian, y privandolos de viveres de tal modo, que estos se vieron obligados á sustentarse de comidas inmundas, y del poco grano que cultivaban baxo el cañon de la plaza. Los fecundos campos vecinos habian quedado desiertos, é incultos, porque los habitantes, quemadas sus mieses, se habian retirado á las montañas.

1542.

Los Españoles, enfadados de un estado de vida tan diferente de aquel que buscaban, determinaron finalmente matar á su General, que creian demasiado obstinado en sus proyectos, y volverse al Perú, adonde esperaban gozar dias mas tranquílos. Valdivia, descubierta por fortuna la conjuracion, procuró primero conciliarse los indiferentes, ó los menos sediciosos, lo que le fué facil, porque era dotado de singular prudencia: luego, convocado el Cuerpo de Ciudad, se hizo nombrar Gobernador, porque hasta entonces solo tenia el título de General. Revestido de este carácter mas imponiente, aunque menos legítimo, castigó con el último suplicio á los promotores de la conspiracion. Pero previendo que este golpe de autoridad precaria. no podia tener un efecto durable, tomó el sabio partido de apartar de tan funestos pensamientos aquellos ánimos enfadados, seduciendolos con el prospecto de la felicidad que deseaban.

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Habia oido decir muchas veces á los Peruanos, que en el Valle de Quillota abundaban las minas de oro. El provecho que se habria podido sacar de ellas, le pareció el mas á proposito para contentar su gente. Así, sin embargo de las angustias en que se hallaba, dirigió allí un destacamento de tropas, con la incumbencia de atender á la excavacion de este precioso metal. La mina era de tal modo copiosa, que su producto sobrepasó todas sus esperanzas. Las desgracias presentes y pasadas fueron puestas en olvido. No hubo alguno que pensase ya en abandonar el pais. El Gobernador, naturalmente emprendedor, y animado de este feliz suceso, hizo construir en la embocadura del rio Chile, que atraviesa aquel valle, una fragata, para procurar mas facilmente los socorros del Perú, sin los quales comprehendia que no podria salir bien en sus vastos proyectos.

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CAPITULO VII.

LOS COPIAPINOS DESHACEN

un cuerpo de Españoles: estratagema
afortunada de los Quillotanos: Valdivia recibe
varios socorros del Perú, y funda la Ciudad
de Coquimbo, la qual es destruida por los
nacionales: los Promaucaes abrazan el
partido de los Españoles: fundacion de la
Ciudad de la Concepcion
.

1543.

Entre tanto, como la necesidad era urgente, determinó enviar al Perú, por tierra, los Capitanes Alonso Monroy, y Pedro Miranda, con otros seis compañeros, á los quales hizo llevar los estribos, las espuelas, y el freno, de oro macizo, con el fin de dar una prueba de la opulencia del pais, y de alentar á sus compatriotas para venir en su socorro. Estos mensageros, aunque escoltados de treinta hombres de á caballo, que debian acompañarlos hasta los confines de Chile, fueron sin embargo batidos y deshechos por cien flecheros del Copiapó, comandados por Coteo, Oficial del Ulmen de aquella provincia, que no se sabe si fuese aquel mismo que habia repuesto Almagro. De todo aquel número solo quedaron con vida los dos Oficiales Monroy, y Miranda,

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los quales, malamente heridos, fueron llevados á la presencia del Régulo.

Mientras se deliberaba sobre el genero de muerte que debian sufrir estos, como enemigos declarados del pais; la Ulmena, ó sea la muger del Príncipe, movida á compasion, intercedió con el marido por ellos, y obtenida la gracia, los desató con sus propias manos, los curó amablemente, y siguió tratandolos como si fuesen sus hermanos. Restablecidos que fueron de sus heridas, les suplicó, pues, que enseñasen á su hijo el arte de servirse de los caballos, algunos de los quales habian quedado vivos en su derrota. Los dos Españoles se ofrecieron gustosos á complacerla, esperando prevalerse de esta ocasion para ponerse en libertad. Pero habiendolo podido hacer sin ser ingratos á su bien hechora, supuesto que no estaban custodiados, se convinieron en tomar un expediente que no les escusa de esta nota.

Un dia que el joven Príncipe cavalgaba entre los dos, escoltado de sus flecheros, y precedido de un Ministro armado con una lanza, Monroy arrojandosele encima, lo echó por tierra con dos ó tres heridas mortales, que le dió con un puñal que llevaba oculto en la faltriquera. Al mismo tiempo Miranda, quitada la lanza al escudero, se hizo lejos entre las guardias aturdidas de un accidente tan improviso. Y como ambos estaban bien montados,

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dexaron facilmente atras á aquellos que los seguian, y internandose por los desiertos del Perú, llegaron al Cuzco, donde á la sazon se hallaba Vaca de Castro, que habia succedido en el Gobierno á Francisco Pizarro, muerto tragicamente por los Almagrinos.

Castro, informado de la crítica situacion en que se hallaba la conquista de Chile, despachó luego á Monroy, por tierra, con un buen número de reclutas, que tuvieron la fortuna de ocultar su marcha á los Copiapinos, y ordenó á Juan Bautista Pastene, noble Genoves, que conduxese por mar otro cuerpo mas considerable. Valdivia, recibidos casi al mismo tiempo estos dos refuerzos, comenzó á poner en execucion sus grandiosos designios. Deseoso, desde el principio de la conquista, de conocer las costas del reyno, encargó á Pastene que observase la positura de los puertos y lugares mas notables hasta el Estrecho Magallánico. Regresado que fué de esta importante expedicion, lo volvió á mandar al Perú en busca de nuevos subsidios, porque los nacionales, despues del hecho de Copiapó, se hacian cada dia mas atrevidos.

Los Quillotanos, entre otros, habian muerto poco antes á todos los soldados que cuidaban las minas, con un estratagema dificilísimo de evitarse. Uno de aquellos indios vecinos llevó al Comandante Gonzalo Rios una

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olla llena de oro, diciendo haber encontrado gran copia de ellas en un canton del pais. Ninguno habia allí que no quisiese ir en persona á participar del pretendido tesoro. Llegados tumultuariamente al lugar indicado, dieron en una emboscada, de la qual no pudieron escapar otros, que el imprudente comandante, y un negro, que se hallaban bien montados. La fragata, finalmente acabada, siguló la suerte de sus constructores, quedando incendiada junto con el arsenal.

1544.

Valdivia, luego que tuvo el aviso, ocurrió allí con sus tropas, y vengada, como pudo, la muerte de su gente, fabricó un fuerte para cubrir los mineros de todo insulto. Encontrandose despues reforzado con 300 hombres que le habia conducido del Perú Francisco Villagran, y Christoval Escobar, tuvo la advertencia de hacer lo que debia haber practicado en el principio; esto es, de establecer una colonia en los lugares septentrionales del reyno, con el fin de que sirviese de escala, ó de amparo á los convoyes que le venian por aquella parte. Con este objeto eligió una bella llanura en la desembocadura del rio Coquimbo, que forma un buen puerto, fundando una ciudad con el nombre de Serena, en memoria de su patria, nombre que no se conserva sino en los Tratados de Geografía, habiendo prevalecido el del pais; como ha sucedido á

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casi todos los otros establecimientos Européos de Chile.

1545.

Luego, pareciendole ya tiempo de promover la conquista, se introduxo en el pais de los Promaucaes. Los autores contemporaneos no hacen mencion de alguna batalla que haya habido en esta ocasion. Pero no es verisimil que los valerosos Promaucaes, que habian rechazado con tanta gloria los exércitos del Inca, y de Almagro, ahora dexasen violar su territorio sin hacer resistencia. Por tanto es bien de creer, que Valdivia, en las freqüentes correrias que hacia en sus confines, tuvo el arte de ganarlos á su partido con seducientes promesas, para prevalerse de ellos contra los demas Chilenos, como han hecho todos los conquistadores políticos, los quales se han servido de los bárbaros contra los bárbaros, para subyugarlos despues á todos. En efecto, las tropas Españolas se ven despues siempre reforzadas de los auxîliares Promaucaes; y de aquí nace quizá, el origen de la antipatia que los Araucanos tienen hasta ahora contra los residuos de este pueblo.

1546.

Sea lo que fuere, Valdivia, pasado el rapido Maule, corrió victorioso hasta el rio Itata. Aquí, habiendose acampado en un lugar dicho Quilacura, fué asaltado de noche por aquellos habitantes, los quales, habiendo muerto muchos de sus caballos, lo pusieron en gran

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peligro de ser enteramente derrotado. La pérdida debió ser considerable, porque depuesto el pensamiento de pasar adelante, se restituyó á Santiago. Viendo, pues, que no llegaban con los suspirados socorros del Perú; ni Pastene que habia ido por mar, ni Antonio Ulloa, que habia sido despachado por tierra, determinó pasar allá en persona, esperando, mediante su cordura y actividad, poder reclutar un cuerpo de tropas suficiente, para subyugar, de las provincias australes, las que se manifestaban mas belicosas.

1547.

Estando ya en punto de partir, arribó Pastene, pero sin gente, y con la nueva de las guerras civiles, que ardian entre los conquistadores del imperio de los Incas. No obstante, persuadido de poder sacar mayor partido de aquellas revoluciones, se hizo á la vela en la misma nave de Pastene, hácia aquella parte, llevando consigo una gran cantidad de oro. Llegado que fué al Perú, sirvió en calidad de Maestre de Campo, en la famosa batalla que decidió la suerte de Gonzalo Pizarro. El Presidente Gasca, que baxo los auspicios de Cárlos V habia obtenido la victoria, satisfecho del importante servicio que le habia hecho Valdivia, lo confirmó en el empleo de Gobernador, y proveyendole de abundantes municiones de guerra, lo volvió á enviar á Chile con dos naves cargadas de todos aquellos se-

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diciosos aventureros, de los quales queria limpiar su Gobierno.

1548.

En este intermedio, Pedro Hoz, que habia sido despojado, como hemos dicho, de la parte de la conquista que se le habia concedido por la Corte, y que imprudentemente se habia puesto en las manos de su rival, fué acusado de querer usurpar aquel Gobierno; y sea que la acusacion fuese fundada, ó que se buscase un pretexto para deshacerse de él, fué decapitado publicamente por órden de Francisco Villagran, que hacia las veces de Valdivia, con el qual quizá creyó congraciarse, libertandolo de un émulo peligroso, sino es que tambien tuviese instrucciones secretas sobre este negocio.

1549.

Los Copiapinos, ansiosos de vengar la muerte de su Príncipe, mataron en el mismo tiempo quarenta Españoles destacados de varias esquadras que del Perú pasaban á Chile; y los Coquimbanos, instigados de sus persuasiones, despedazaron á todos los habitadores de la colonia nuevamente fundada en sus tierras, destruyendola hasta los fundamentos. Francisco Aguirre, enviado allí en tiempo, los derrotó en varios encuentros, ya prosperos, ya adversos, y reedificó la ciudad destruida en mejor sitio; la qual se lisonjea de tenerlo por fundador, y de numerar entre sus mas distinguidos habitantes á sus descendientes.

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Despues de nueve años de contrastes, y de fatigas indecibles, Valdivia, creyendose ya bien establecido en aquella parte de Chile, que obedecia á los Peruanos, distribuyó todo el terreno entre sus soldados, asignando á cada uno, baxo el título de encomienda, una porcion considerable, con los habitadores anexos, segun el pernicioso sistema feudal de Europa. Lisonjeada en esta forma la inquieta ambicion de los compañeros, se puso de nuevo en marcha hácia las provincias australes, con un respetable cuerpo de tropas Españolas y Promaucaes.

1550.

Llegado, pues, sin particular obstáculo, despues de un viage de 240 millas, á la Bahia de Penco, ya observada por Pastene, fundó allí á 5 de Octubre, la tercera Ciudad, que quiso nominar la Concepcion (a), en un lugar ventajoso para el comercio, por razon de su buen puerto; pero baxo, y expuesto en tiem-

(a) Esta Ciudad se arruinó con los terremotos y salidas de la mar que padeció en 8 de Julio de 1730, y 24 de Mayo de 1751. Con este motivo se trasladaron sus habitantes, en 24 de Noviembre de 1764, al valle llamado Mocha, distante tres leguas de Penco, al sur, entre los rios Andalien y Biobio, donde fundaron la nueva Concepcion. El puerto se estableció en el centro que forma la ensenada, nombrado Talcaguano, dos leguas poco mas al poniente de la Mocha, cuya situacion, por lo baxo del terreno, no parece que está muy á cubierto de las inundaciones en caso de temblores. En Penco solo ha quedado una fortaleza.

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po de terremotos á las inundaciones del mar, lo que no podia preveer. La Bahia, que se extiende E. O. seis millas y nueve N. S. está defendida por la banda del Océano, por una deliciosa Isla llamada Quiriquina, la qual dexa al norte un solo ingreso de media legua para las naves de linea, siendo el otro del sur demasiado estrecho, y solo practicable de pequeños baxeles. El terreno, favorecido por un clima agradable, es abundante de madera de construccion, de minerales, de vinos generosos, y de todas las demas cosas necesarias á la vida, y las aguas producen gran copia de peces delicados.

Los pueblos adyacentes, observado el intento de los Españoles, de establecerse en aquel puesto importante, informaron de ello á los Araucanos, sus vecinos y aliados, los quales, previendo que aquella tempestad no tardaria mucho en descargar sobre sus tierras, resolvieron socorrer á sus amigos oprimidos, para poner en seguridad su propio pais. Mis lectores me permitirán entrar aqui en una digresion un poco larga, pero necesaria para darles á conocer el carácter, y costumbres de este belicoso pueblo, el qual habiendo hasta ahora hecho frente con increible valor al torrente de las conquistas españolas, suministra de aqui adelante todo el fondo de nuestra historia.

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LIBRO SEGUNDO.

CAPITULO I.

SITUACION, CARACTER, VESTIDO

y habitaciones de los Araucanos.

Los Araucanos habitan el bello espacio de pais situado por una parte en los rios Biobio, y Valdivia, y por otra entre el mar y la gran cordillera de los Andes, que es decir, entre los grados 36, 44, y 39, 50 de latitud austral. Toman el nombre de Araucanos de la provincia de Arauco, la qual, aunque sea la mas pequeña de su estado, ha dado, como la Holanda, el nombre á toda la nacion, ó porque fuese la primera á coligarse con las provincias vecinas, ó porque en otros tiempos que nosotros no alcanzamos, las haya sujetado á su dominio. Este pueblo, constantemente adicto á la independencia, ama con gusto ser llamado Aucá, esto es, franco, ó libre. Aquellos Españoles que de las guerras de los Paises-Baxos pasaban á militar á Chile, dieron á esta comarca, por analogía, el nombre de Flandes Araucana, ó el de estado indómito, y tuvieron consecutivamente la generosidad de celebrar con cinco ó seis Poemas, en una de sus

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colinas, las alabanzas de un pueblo, que por conservar la antigua libertad, ha esparcido con intrépido valor tanta sangre de sus compatriotas (1).

Los Araucanos, aunque no excedan la ordinaria estatura de la especie humana, son generalmente nerviosos, robustos, bien proporcionados, y de un aspecto enteramente soldadesco. Es muy raro encontrar entre ellos alguno disforme, ó torcido; no porque tengan la cruel costumbre Espartana, como quisieron inferir algunos, de sufocar los hijos defectuosos, sino porque dexan á la naturaleza misma el cuidado de formarlos, sin estorbarla en sus operaciones con los impedimentos importunos de las faxas, y de las cotillas. Su carnadura, á excepcion de los Boroanos, que hemos dicho son blancos y rubios, es de un moreno roxo, mas claro que el de los otros Americanos. Tienen la cara quasi redonda, los ojos algo pequeños, pero vivaces, y llenos de expresion, la nariz un poco chata, la boca bien hecha, los dientes iguales y blancos, las piernas musculosas, y bien formadas, y los pies pequeños y planos.

Son comunmente de poca barba, como los Tártaros, y en sus semblantes jamas se ve al-

(1) Hist. de los Establ. Européos en Amer. trad. del Inglés. vol. 1. part. 3. cap. 12. pag. 306.

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gun pelo, por la extrema atencion que tienen de arrancar aquel poco que allí asoma, estimando en poca policía el ser barbados, de ahí es, que por escarnio llaman barbudos á los Européos. La misma diligencia practican en lo que mira á las partes cubiertas del cuerpo, donde esta vegetacion natural es mas abundante. Sus cabezas estan bien proveidas de cabellos negros, pero un poco asperos, los quales se dexan crecer, y se los anudan al rededor. De estos cabellos hacen tanta estimacion, quanta es la adversion que tienen á la barba; el tusarlos seria la mayor afrenta que se les podia hacer. Las facciones de sus mugeres son, como requiere el bello sexô, mas delicadas, y se ven muchas de ellas bien parecidas, especialmente entre las Boroanas.

Dotados de una complexîon fortísima, y libres de las fatigosas ocupaciones, que perturban los pueblos cultos, no se sujetan sino tarde á las vicisitudes que trae consigo la vejez. Despues de la edad de sesenta, ó setenta años, empiezan á encanecer, y no se arrugan ni encalvecen hasta que son ya octagenarios. La vida de ellos es de ordinario mas larga que la de los Españoles, se encuentran no pocos que viven mas de cien años. Hasta la edad mas avanzada conservan sana la vista, la dentadura, y la memoria.

A la ventajosa constitucion de sus cuerpos

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corresponde la índole de sus ánimos. Son intrépidos, animosos, atrevidos, constantes en las fatigas de la guerra, pródigos de sus vidas quando se trata del bien de la patria, amantes excesivamente de la libertad, que estiman como un constitutivo esencial de la exîstencia de ellos; zelosos del propio honor, cuerdos hospitalários, fieles en los tratos, reconocidos á los beneficios, generosos y humanos con los vencidos. Pero tantas bellas qualidades quedan ofuscadas con los vicios inseparables del estado de vida semi-salvage que tienen hasta ahora, sin cultura y sin letras. Estos vicios son la embriaguez, la pereza, la presuncion, y la altanería con que desprecìan todas las otras naciones. Si las plausibles costumbres, y los inocentes conocimientos européos se ìntroduxesen entre ellos, se formaria bien presto un pueblo merecedor de la estimacion universal. Pero esta afortunada combinacion, permaneciendo el sistema presente, parece casi imposible.

Todas las naciones que se vieron obligadas, ó por influxo del clima, ó por la decencia, á cubrirse el cuerpo, usaron al principio de vestidos largos, porque eran mas faciles de hacerse. Los Araucanos al contrario, inclinados demasiado á la guerra, que creian el manantial de la verdadera gloria, quisieron vestirse de un hábito corto, como el mas á propósito para manejarse en los conflictos milita-

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res. Este hábito, texido todo de lana, como era el de los Griegos y Romanos, consiste en una camisa, un jubon, en un par de bragas estrechas y cortas, y en una capa en forma de escapulario, que tiene en el medio una abertura para introducir la cabeza; larga y ancha de modo que cubre las manos, y llega á las rodillas. Dicha capa se llama poncho, y es mucho mas cómodo que los tabardos Italicinos, porque dexa los brazos libres, y se puede doblar sobre la espalda quando se quiera: defiende mejor de la lluvia y del viento, y es mas apto para andar á caballo: por lo qual, no solo los Españoles de Chile, pero aun los del Perú y del Paraguay, lo usan comunmente.

La camisa, el jubon y las bragas, son siempre de color turquí, que es el color favorito de la nacion, como lo es entre los Tártaros el color roxo. Las personas de inferior condicion llevan tambien el poncho turquí, pero las gentes ricas ó acomodadas, lo llevan blanco, roxo, ó azul, con listas del ancho de un xeme, texidas con arte, de figuras, de flores, ó de animales, en el qual sobresalen todos los colores. El ribete está adornado con un bello fleco. Algunos de estos ponchos son labrados con tanta finura y gracia, que se venden en ciento y cincuenta pesos.

Los Araucanos no usan turbantes ni sombreros, pero llevan en la cabeza una faxa de

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lana bordada, á manera del diadema que usaban los antiguos Soberanos. Esta se la levantan ó alzan un poco, en señal de cortesia, al tiempo de saludar, y quando van á la guerra la adornan de varias vistosas plumas. Se ciñen tambien al rededor del cuerpo una faxa de lana, pero mas larga, é igualmente bien labrada. Las personas de conveniencias llevan botas, asimismo de lana de varios colores, y chinelas de cuero que llaman chelle. Lo restante del pueblo va siempre con los pies descalzos.

Las mugeres van vestidas con mucha modestia y simplicidad. El trage de ellas es todo de lana, y segun el genio de la nacion, de color turquí. Este consiste en una túnica, en una faxa, en una mantilla corta, llamada ichella, la qual se atan delante con una hebilla de plata. La túnica, denominada chiamal, es larga hasta los pies, sin mangas, atada sobre la espalda con dos hebillas ó broches asimismo de plata. Este vestido, autorizado por la costumbre, jamas se cambia; pero despues para satisfacer la propia codicia de parecer bien, se adornan con todas aquellas bagatelas que les sugiere el capricho ó la vanidad. Dividense el cabello en varias trenzas, que dexan caer con graciosa negligencia sobre la espalda. Se adornan la cabeza con ciertas falsas esmeraldas que llaman llianca, de las quales hacen mu-

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chísimo aprecio. Llevan collares y manillas de cuentas de vidrio, y zarzillos de plata en forma quadrada. Todos los dedos de sus manos están adornados de anillos, la mayor parte de plata. Se cree que mas de cien mil marcos de este metal, sean empleados en estos mugeriles adornos, pues ninguna, ni la mas pobre, dexa de llevarlos.

Hemos dado ya una idea de las habitaciones de los antiguos Chilenos. Los Araucanos, tenacísimos de sus patrióticas costumbres, como lo son todas las naciones no corrompidas del luxo, nada han cambiado de aquella manera de fabricar. Pero así como son quasi todos poligamos, así construyen sus casas proporcionadas en extension al número de las mugeres que pueden mantener. Los ornatos de estas casas presentan una viva imagen de aquellos que se usaban en el tiempo en que los Caciques de la Grecia iban con mil piraguas á asaltar al Rey de Troya. El luxo de comodidad, de magnificencia, y de bagatelas, es allí enteramente desconocido. Las solas necesidades naturales son consultadas en la eleccion de sus muebles.

Estas chozas no forman poblaciones regulares, pero sí lugares ó caserías, mas ó menos grandes, en las orillas de los rios, ó en las campañas que pueden regarse facilmente. Cada familia ama habitar en aquella parte de ter-

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reno que le fué transmitida por sus antepasados, donde exercitando la agricultura se procura la propia subsistencia. La índole de este pueblo altivo, en el qual predomina aun el genio selvatico, no sabria adaptarse á habitar dentro de ciudades muradas, las quales ellos miran como un signo de servidumbre.

CAPITULO II.

DIVISION DEL ESTADO

Araucano: constitucion política:
leyes civiles
.

La regularidad, pues, que no se encuentra en sus poblaciones, es observada con mucha inteligencia en la política distribucion de su estado. Ellos lo han dividido del septentrion al mediodia en quatro Butalmapus, ó sean Tetrarquías paralelas, y quasi iguales, á las quales dan el nombre de lauquen-mapu, esto es, pais marítimo; lelbun-mapu, pais llano; inapire-mapu, pais subandino; y pire-mapu pais andino, ó de los Andes. Cada Butalmapu se subdivide en cinco aillaregues, ó provincias; y cada aillaregue, en nueve regues, ó condados.

El pais marítimo comprehende las provincias de Arauco, Tucapel, Illicura, Boroa, y

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Nagtolten. El pais llano abraza las de Encol, Puren, Repocura, Maquegua, y Mariquina. El subandino contiene Marven, Colhue, Chacaico, Quecheregua, y Guanagua. En el pais andino finalmente se comprehenden todos los valles de la cordillera, puestos dentro de los límites ya dichos, los quales son habitados de los Puelches (a). Estos Montañeses, que antes formaban una tribu aliada de los Araucanos, ahora viven unidos á su gobierno, y tienen sus mismos Magistrados.

Esta division, que presupone ya un cierto grado de refinamiento en la política administracion, es anterior á la época del arribo de los Españoles, y sirve de base al gobierno civil de los Araucanos, el qual es aristocratico, como lo ha sido el de quasi todas las naciones barbaras. Tres órdenes de Representantes, subordinados los unos á los otros, forman esta

(a) En los artículos segundo y tercero del Parlamento de Lonquilmo, celebrado el año 1784, se trató expresamente de la demarcacion de cada Butalmapu, señalando sus distritos. Se declararon pertenecientes á este de la Cordillera, los Huilliches de Changolo, los de Goyoltue y Rucachoroy hácia el Austro, los Puelches y indios Pampas que caen á el Septentrion, desde Malalgue y fronteras de Mendoza, hasta el Mamilmapu, en las Pampas de Buenos Ayres, formando todos un cuerpo con los Puelches y Pehuenches de Maule, Chillan, y Antuco. De manera, que al presente, en caso de infraccion de los Tratados, se puede saber facilmente el Butalmapu que debe dar la satisfaccion.

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especie de República, esto es, los Toquis, los Apo-Ulmenes, y los Ulmenes, y todos ellos tienen sus respectivos vasallos. Los Toquis, que pueden llamarse Tetrarcas, porque son quatro, preceden á los Butalmapus. Se denominan Toquis del verbo toquin, que significa juzgar ó mandar, y son independientes entre ellos, bien que confederados para el bien comun. Los Apo-Ulmenes, ó sean Archi-Ulmenes, gobiernan las provincias baxo los respectivos Toquis: los Ulmenes, pues, que son los Prefectos de los Regues ó Condados, relevan á los Apo-Ulmenes. Esta dependencia, pero, no se extiende mas, que á las cosas de la guerra. Aunque los Ulmenes sean los ínfimos en la aristocracia Araucana, las dinastias superiores, generalmente hablando, son tambien comprehendidas baxo el mismo nombre, el qual equivale al de Cacique.

La insignia distintiva del Toqui, es una hacha de porfido, ó de marmol. Los Apo-Ulmenes, y los Ulmenes, llevan bastones con puño de plata, pero los primeros añaden por distincion, en el medio de sus bastones, un anillo del mismo metal. Todas estas dignidades son hereditarias en la linea masculina, y se obtienen por órden de primogenitura. He aquí los Duques, los Condes, y los Marqueses de la aristocracia militar del septentrion, establecidos desde tiempo inmemorial, baxo diferentes nom-

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bres, en un ángulo de la América Meridional.

Este gobierno, baxo la apariencia del sistema feudal, conserva tambien quasi todos sus defectos. Los Toquis no tienen mas que la sombra de la soberanía. La triple-potencia que la constituye, reside en el cuerpo entero de los Varones, los quales, tratandose de qualesquier negocio de importancia, lo deciden al uso de los pueblos originarios de la Germania, en una Dieta general, que se llama Butacoyag, ó Aucacoyag, esto es, el Gran Consejo, ó el Consejo de los Araucanos. Estos congresos se hacen de ordinario en algun espacioso prado, donde no se delibera sobre los negocios públicos, sino entre los placeres de la mesa.

El cuerpo de sus leyes, que se conserva por tradition, se denomina Admapu, que quiere decir, las costumbres del pais. Efectivamente estas leyes no son otra cosa que sus primeros usos, ó las tácitas convenciones que se han establecido entre ellos, como fueron en sus principios quasi todas las leyes de las demas naciones, y por conseqüencia tienen los vicios propios de tales constituciones, pues no siendo escritas, no pueden ser, ni bastante públicas, ni bien compendiosas.

Las mas claras entre las leyes políticas y fundamentales, son aquellas que regulan los distritos de cada potestad; la succesion en los Toquiatos, y en los Ulmenatos; la confedera-

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cion de las quatro Tetrarquías; la eleccion, y el poder de los Supremos Comandantes en tiempo de guerra, y el derecho de convocar las Dietas generales, que es privativo de los Toquis; las quales son todas dirigidas á la conservacion de la libertad, y de la establecida gerarquía. Segun estas leyes, dos, ó mas estados jamas pueden recaer baxo de una misma cabeza. Los vasallos, extinguida que sea la linea masculina en la familia dominante, recobran el derecho natural de elegir el propio Señor, en aquella familia que mas les agrada; pero antes de instalarlo deben presentarlo al Taqui del Butalmapu de ellos, el qual despues da aviso á sus colégas, á fin que el nuevo Régulo sea de todos reconocido y respetado en calidad de tal.

Los susodichos no estan como en el gobierno feudal, sujetos á la leva, ni á algun genero de servicio personal, sino es en tiempo de guerra. Tampoco son obligados á pagar tributo á sus Señores, los quales deben sustentarse de sus propios bienes. Bien que los respetan como á sus superiores, ó mas bien como á los primeros entre sus iguales; en lo demas se atienen á sus decisiones, y los escoltan quando van fuera del estado. Los señores, engolosinados con el dominio, quisieran ampliar su autoridad, y gobernar como absolutos dueños. Pero el pueblo, que no está aun en estado de

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sobrellevar el despotismo, huye de sus pretensiones, y los obliga á contenerse dentro de los límites prescriptos por la costumbre.

Las leyes civiles de una sociedad, cuyas costumbres son simples, y los intereses poco complicados, no pueden ser en gran número. Los Araucanos tienen muy pocas; estas todavia, atendido el estado de vida de ellos, serian suficientes, si fuesen mas respetadas y menos arbitrarias. El sistema especialmente de su criminal jurisprudencia, es muy imperfecto. Los delitos que se reputan dignos de pena capital, son la felonía, el homicidio voluntario, el adulterio, el hurto de cosa grave, y la hechicería. Sin embargo los homicidas pueden librarse del suplicio, por via de composicion con los parientes del muerto. Los padres de familia no estan sujetos á ninguna pena quando matan á sus hijos ó mugeres, porque por sus estatutos estan declarados dueños naturales de sus vidas. Los pretendidos hechiceros, que no exîsten sino en aquellos paises donde reyna la ignorancia, son primero atormentados con fuego, á fin de que descubran sus cómplices, y despues muertos á puñaladas.

Los otros atentados menores se castigan con la pena del talion, la qual entre ellos está muy en uso, baxo el nombre de thavlonco. La justicia se hace tumultuariamente, y sin alguna de aquellas previas formalidades, en la mayor

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parte inutiles, que se observan en los paises cultos. El reo encontrado culpable de delito capital, es luego destinado á muerte, al uso militar, sin haberlo hecho antes podrirse en las prisiones, las quales no están en uso en los dicasterios Araucanos. No obstante de esto, Cathicura, Toqui del Lavquen-mapu habia comenzado á introducirlas en su residencia de Tucapel, poco antes de nuestra partida de aquellos paises: pero ignoramos el éxîto de esta novedad, que ciertamente era mal mirada de sus subditos.

Los Ulmenes son los jueces legítimos de sus vasallos: la autoridad de ellos no es por esta razon menos precaria. El indomable orgullo de la nacion no sabe adaptarse facilmente á la sabia circunspeccion de la vindicta pública. Ella solo tiene ideas groseras y vagas sobre los principios de la union política. Así la potestad executiva, permaneciendo en la mayor parte sin efecto, la justicia distributiva es mal administrada, ó se abandona al capricho de los particulares. Las familias injuriadas se usurpan muy amenudo el derecho de perseguir á los agresores, ó á su parentela, y de hacerlos sufrir la pena. De este abuso provienen las denominaciones y distinciones tan usadas en su jurisprudencia de genguerin, gengúman, genlá, & c. las quales denotan los principales parientes del ofensor, del ofendido, ó del muer-

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to, que se creen autorizados por la naturaleza para sostener con la fuerza las razones de sus deudos.

Un sistema de proceder judiciario tan irregular, que parece incompatible con la exîstencia de qualquiera sociedad civil, viene á ser un manantial de continuos desórdenes enteramente opuestos al objeto primario de todo buen gobierno, que es la pública y privada seguridad. Quando las personas enemigas tienen un partido considerable, hacen reciprocamente correrias en sus respectivos terrenos, donde destruyen ó queman todo aquello que no pueden transportar consigo. Estas hostilidades privadas, que se asemejan mucho á las faides Germanicas, se llaman malocas, y son muy temibles quando se mezclan en ellas los Ulmenes, porque entonces se vuelven guerras civiles. Pero es menester confesar que de ordinario se hacen sin efusion de sangre, y se limitan á solos saqueos. El pueblo, á pesar de su innata fiereza, pocas veces permite el uso de las armas en las riñas particulares, las quales se deciden á puñadas, ó á palos.

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CAPITULO III.

SISTEMA MILITAR, ARMAS,

y manera de hacer la guerra.

El gobierno militar de los Araucanos, no solo es mas razonable y mejor sistemático que el civil, pero parece en cierto modo que supera la inteligencia de una nacion inculta. Tomado que se haya en el Gran Consejo la resolucion de hacer la guerra, se pasa luego á la eleccion del Generalísimo, el qual debe ser escogido entre los quatro Toquis, que son los Generales nátos, ó los Statuderes de la República. Si ninguno de ellos es estimado idóneo para el mando, depuesto á un lado todo particular respeto, se confiere el generalato al mas digno entre los Ulmenes, ó al mas meritorio entre los Oficiales ordinarios, con tal que tenga los requisitos necesarios para cubrir este importante cargo. Así Vilumilla, hombre de baxo origen, y Curiñancu, hijo segundo de un Ulmen de la provincia de Encol, comandaron con honor las tropas Araucanas contra los Españoles, el primero en la guerra de 1722, y el segundo en la que se terminó en 1773.

Hecha y aceptada la eleccion, el nuevo

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General toma en sí el título de Toqui, y empuña la hacha de piedra en señal de la suprema dignidad, la qual deponen los Toquis nátos, no siendoles licito llevarla durante el gobierno de este Dictador. Los mismos, sacrificando por el bien comun su natural ambicion, le prestan juramento de obediencia, y de fidelidad, juntos con los otros Ulmenes. El pueblo mismo, que en tiempo de paz se muestra melindroso á toda subordinacion, entonces se presta pronto y sumiso á la voluntad del militar Soberano, el qual sin el consentimiento de los primeros Oficiales de la armada, no tiene poder de condenar á ninguno á muerte: pero así como estos son electos por el mismo, así el mando de él se puede mirar como absoluto.

Desde el arribo de los Españoles en aquellas partes, hasta nuestros dias, se ha observado que todos los Toquis creados en tiempo de guerra, han sido originarios de las provincias de Arauco, de Tucapel, de Encol, y de Puren. No sabemos si esta parcialidad sea un efecto de la supersticion de ellos, ó tal vez alguna antigua convencion ó ley, la qual seria contraria á las instituciones de la sana política. Es cosa rara que todas las partes de un estado se conserven largo tiempo unidas quando no participan igualmente de las ventajas del gobierno. Por esta particularidad es digno de

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admirar que no haya acaecido allí algun cisma.

Entretanto del Consejo de Guerra se expiden ciertos enviados llamados Guerquenis, á las tribus confederadas, y aun á los Indios que residen entre los Españoles, para informar á los primeros de la inminente guerra, y para solicitar de los segundos que tomen el partido de sus compatriotas. Las credenciales de estos enviados son algunas pequeñas flechas liadas con un hilo roxo, simbolo de la sangre. Pero si hubiesen comenzado las hostilidades, unen á las flechas un dedo de un enemigo muerto. Esta expedicion, que llaman púlquitúm, esto es, correr la flecha, se hace con tal secreto y precaucion en el pais Español, que pocas veces se llega á descubrir.

El Toqui prescribe á los Tetrarcas el número de soldados que cada uno debe mandarle de su Uthampu. Estos tasan el contingente pedido á los Apo-Ulmenes del distrito de ellos, los quales despues lo reparten entre los respectivos Ulmenes. Cada Araucano nace soldado. Todos se presentan á porfia para ir á la guerra: de modo que las levas se hacen con suma facilidad. En poco tiempo se congrega todo el exército, que por lo ordinario es compuesto de cinco á seis mil hombres, sin los cuerpos de reserva que se tienen preparados para los casos fortuitos, ó para reemplazar los muertos.

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Luego el General nombra su Lugar-Teniente Toqui, con los otros Oficiales del Estado mayor, que deben comandar baxo de él, los quales reciprocamente crean á sus subalternos. Con este método, aunque no del todo plausible, se mantiene la armonía, y la subordinacion entre los respectivos Comandantes. El Vice-Toqui se toma casi siempre entre los Puelches, á fin de tener contenta esta valerosa tribu, que forma, como hemos dicho, la quarta parte del estado. Estos Montañeses nunca han dado motivo á los Araucanos de arrepentirse de su eleccion. Leviantu, Lugar-Teniente de Curiñancu, dió mucho que hacer á los Españoles en la última guerra.

El exército es compuesto de caballería y de infantería. La caballería jamas estuvo en uso entre ellos. Pero despues que vieron en las primeras batallas dadas á los Españoles la preponderante ventaja de los caballos, procuraron bien presto adiestrarse tambien ellos en el manejo de los mismos. Se hicieron de númerosas y buenas castas, por lo qual en breve tiempo criaron de manera, que cerca del año 1568, esto es, diez y siete años despues que hicieron frente por la primera vez al exercito Español, pudieron desfilar varios esquadrones en sus tropas. El Toqui Cadeguala fué el primero que en 1585 dió un órden estable á la caballería.

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La infantería, que ellos llaman namuntulinco, está repartida en regimientos, y en compañias. Los regimientos son compuestos de mil hombres, y las compañias de ciento. Así cada regimiento comprehende diez compañias. De la misma manera se divide la caballería, pero el número de caballos es variable. Todos estos cuerpos tienen sus banderas particulares, en las quales se ve señalada una estrella, que es el escudo de la nacion. Los soldados no estan vestidos con uniformidad, al uso presente européo, pero llevan baxo del vestido ordinario, corazas hechas de cuero endurecido con cierto adobo particular, del qual hacen tambien los yelmos y los escudos.

La caballería está armada de lanzas, y de espadas; la infanteria, de picas, ó de mazas guarnecidas de puntas de fierro. Antiguamente se servian tambien de hondas, y de flechas, en cuyo manejo eran diestrísimos, pero despues del arribo de los Españoles, las han abandonado quasi del todo, pues la experiencia les ha hecho conocer, que es mas acertado venir luego á las armas cortas, y mezclarse con los enemigos para impedirles el uso de las armas de fuego.

Estos valerosos guerreros no han sabido hasta ahora descubrir el arte de hacer la polvora. Parece, no obstante, que cuiden poco de ello, ó bien que aquellos Españoles, con

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los quales comercian algunas veces, no hayan querido enseñarles el modo de hacerla, si es que estos mismos lo saben. Se cree sin embargo, que en sus principios ellos hiciesen esfuerzos para indagar y poseer un secreto de tanta importancia, para saber el modo y manera de hacer la guerra en el dia. El terrible descubrimiento de la polvora, se sabe muy bien deberse atribuir antes al acaso, que á la industria del hombre. Con todo eso, algunos pretenden que esta composicion, destruidora de tantas vidas, exîstiese en la China mucho antes del pretendido descubrimiento européo. A este propósito se nos permitirá añadir aquí una anecdota, la qual aunque parezca fabulosa, está acreditada por la tradicion. La primera vez que los Araucanos vieron negros al servicio de los Españoles, creyeron que del extracto de sus cuerpos se hiciese la polvora. Luego, tomado uno de aquellos infelices, lo rayeron primero de la cabeza á los pies, despues con el fuego hicieron de su cuerpo un carbon, para ver si con él mismo, reducido en pequeños polvos, podian encontrar el deseado secreto: pero se desengañaron muy presto del falso resultado de sus principios químicos. Con la continuacion del tiempo, en las derrotas que dieron á los Españoles, se apoderaron alguna vez de la polvora de estos, y de sus escopetas, de las quales en las siguientes batallas su-

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pieron servirse con tanta destreza, que parecian de mucho tiempo exercitados en tal manejo: pero gastada la polvora volvieron de buena gana al uso de sus armas. Los Holandeses, quando se hicieron dueños del puerto de Valdivia, habian tentado de hacer alianza con ellos, prometiendo suministrarles polvora y cañones, pero como desconfian de todos los Européos, no quisieron admitirles sus ofertas.

Antes de hacer marchar el exército á la determinada expedicion, el General señala el término de tres dias para que se pueda de nuevo considerar mejor el negocio. Cada uno tiene la libertad de poder decir su sentimiento, si lo cree importante al buen éxîto de la empresa. Entre tanto él delibera en secreto con los Oficiales del Estado mayor, sobre el plano que ha de formarse, y sobre la manera de remediar los sucesos contrarios.

Sobre este pie, el exército se pone en marcha al son de sus tambores, precedido siempre de varios exploradores para evitar las sorpresas de los enemigos. La infantería camina tambien á caballo, pero quando ocurre venir á las manos, se desmonta prontamente, y forma su esquadron en sus respectivos cuerpos. Cada soldado debe conducir consigo, de su casa, no solo las armas, pero aun los viveres, como acostumbraban hacer los antiguos Romanos. Así como todos son obligados al ser-

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vicio militar, así no hay allí ninguno que deba contribuir á la subsistencia del exército.

La vitualla de cada soldado consiste en una bolsa de harina de trigo tostado, que disuelta en agua suministra á aquel individuo un alimento suficiente, hasta que llega á vivir á expensas del enemigo. De este modo las tropas, libres y desembarazadas del empacho de los bagages, se mueven con mas presteza, no pierden la ocasion de atacar con ventaja, ó de retirarse prontamente quando conviene. El sabio Rey de Prusia, y el Mariscal de Saxonia, hicieron tentativas para restablecer este antiguo método de proveer los exércitos, pero la tropa européa no se halla en estado de volver á la primitiva simplicidad.

Es increible la vigilancia de la milicia Araucana. Especialmente de noche toma las mas justas medidas para acamparse en los lugares ventajosos y seguros. Por todas partes se ponen centinelas; y quando se encuentra al frente del enemigo redobla las precauciones, y estrecha con fuertes trincheras los puestos ocupados. Cada soldado, de noche, para mostrarse mas vigilante, debe hacer fuego delante de su tienda. La multiplicidad de estos fuegos impone al enemigo, y presenta de lejos un golpe de vista extraño.

Ademas saben muy bien el arte de construir obras militares, y de prevenirse con pro-

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fundos fosos, los quales entretexen con ramas espinosas, esparciendo abrojos al rededor, que llaman copin, para reprimir el ímpetu de la caballería enemiga. En suma, no hay alguna estratagema de la qual no se sirvan á su tiempo y lugar. Por esta razon, escribiendo de los mismos el célebre Ercilla, que militó contra ellos en el principio de la conquista, se admira fuertemente de haber encontrado sus tropas exercitadas con una táctica tan fina, que como él dice, los mas famosos hombres de la tierra no aprendieron sino dificilmente y despues de un largo curso de guerras (1).

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(1) "Cosa es digna de ser considerada,
Y no pasar por ella facilmente,
Que gente tan ignota, y desviada
De la freqüencia, y trato de otra gente,
De innavegables golfos rodeada, Alcance lo que así dificilmente
Alcanzaron por curso de la guerra
los mas famosos hombres de la tierra.
Dexen de encarecer los escritores
A los que el arte militar hallaron,
Ni mas celebren ya á los inventores,
Que el duro acero, y el metal forjaron,
Pues los últimos Indios moradores
Del Araucano Estado, así alcanzaron
El órden de la guerra, y disciplina,
Que podemos tomar de ellos doctrina.
¿Quién les mostró á formar los esquadrones,
Representar en órden la batalla,
Levantar caballeros, y bastiones,
Hacer defensas, fosos, y murallas,
Trincheas, nuevos reparos, invenciones,
Y'quanto en uso militar se halla?
Que todo es un bastante, y claro indicio
Del valor de esta gente, y exercicio.
ERCILLA ARAUC. Part. II. Canto XXV.

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Quando es menester venir á un hecho de armas, dividen la caballería en dos alas, y colocan la infantería en el centro, compartida en varios batallones, cuyas filas son compuestas alternativamente de piqueros, y de mazeros, de manera que entre pica y pica se encuentra siempre una maza. El Vice-Toqui manda la ala derecha, y la izquierda un Oficial de merito. El Toqui, que corriendo por todas partes se hace presente á todos, los exhorta con un discurso poético á combatir valerosamente por la libertad. Pero ellos se muestran tan prontos, que los Oficiales tienen mucho mas que hacer para retener su ímpetu, que para conducirlos á la pelea: demasiado persuadidos, que el morir en guerra sea el mayor honor que pueda adquirirse un hombre en esta vida, dada la señal de la batalla, luego se avanzan desesperados, levantando gritos espantosos, y á pesar del estrago que hace en ellos la artillería, se esfuerzan para penetrar en el centro del exército enemigo. Saben muy bien que las primeras filas son sacrificadas á una muerte quasi cierta, y con todo eso á porfia se presentan para tener allí un puesto, ó para ser

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cabezas de fila. Apenas se ha desaparecido la primera, quando le sucede la segunda, y luego la tercera, hasta que llegan á romper la vanguardia contraria. Pero en medio de su furor saben mantenerse en órden, y hacer todas las evoluciones comandadas por los Oficiales. Los mas terribles entre ellos son los maceros, los quales, como otros tantos Hércules, destruyen con sus claveteadas clavas todo quanto se les pone delante (1).

(1) "Los naturales de Chile, los mas espirituosos, y los mas valerosos entre todos los Americanos, solos son exceptuados de esta observacion. Ellos combaten á sus enemigos en campaña abierta; sus tropas se avanzan, y atacan, no solamente con valor, sino con órden. Aunque los pueblos de la América septentrional hayan, por la mayor parte, cambiado sus arcos y sus flechas, por armas de fuego européas, ellos siguen siempre sus antiguas máxîmas de hacer la guerra, y nunca se apartan de su sistema particular; pero las operaciones de los pueblos de Chile, se parecen mucho á las de las naciones de la Europa, y de la Asia (a).
Robertson Hist. de la Amer. tom. 2. not. 52.

(a) Esta nota es la 74 en la edicion de Paris del año 1778.

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CAPITULO IV.

DIVISION DEL BOTIN:

sacrificio despues de la guerra: congresos
de paz
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Los despojos del campo se dividen entre aquellos que tienen la suerte de apoderarse de ellos. Pero quando hacen la presa en comun, entonces se distribuye entre todos en partes iguales, que llaman reg; de manera que en esta division ningun Oficial, ni aun el Toqui, viene á gozar de alguna preferencia. Los prisioneros de guerra, segun la costumbre de todos los pueblos semibárbaros, se hacen tavaichós, esto es, esclavos, hasta que son cangeados ó rescatados.

Ordena el Admapu, que uno de estos infelices sea sacrificado á las sombras de los soldados muertos en guerra. Sin embargo esta ley cruel, de la qual se encuentran vestigios en quasi todos los anales de las naciones, no ha sido puesta en práctica, sino una ó dos veces quando mas, en el espacio de cerca de doscientos años. Los Araucanos son sensibles á los impulsos de la clemencia, aunque lo contradigan ciertos escritores que no pusieron la debida atencion, los quales, despues de haber

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establecido por prindpio indubitable, que ellos nunca dan quartel á los enemigos, vienen despues á contradecirse, refiriendo el gran número de prisioneros Españoles, que se cambian, ó son rescatados, acabada la guerra. El sacrificio arriba dicho, llamado pruloncon (bayle de la cabeza) se hace de la manera siguiente.

Los Oficiales al rededor de los soldados forman un circulo, en el centro del qual se planta, en medio de quatro puñales, que representan los quatro Uthanmapus, la hacha distintiva del Toqui. El infeliz prisionero, conducido para su mayor afrenta, sobre un caballo sin orejas y sin cola, es colocado inmediato á la hacha, con la cara vuelta hácia el propio pais. Despues le ponen en las manos un manojo de palillos, y un leño agudo, con el qual le obligan á cavar un hoyo en la tierra, dentro del qual debe echar uno á uno aquellos palillos, mientras va profiriendo el nombre de los hombres mas valerosos de su nacion. Los soldados entretanto, con horribles gritos, van execrando la memoria de aquellos aborrecidos nombres. Se manda despues al prisionero volver á cubrir el hoyo, como si entendiesen sepultar allí dentro la gloria, y el valor de los nombrados enemigos.

Entonces el Toqui, ó qualquiera otro de sus esforzados campeones, á el qual concede d honor de esta bárbara execucion, le quebran-

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ta la cabeza con un golpe de maza. Dos Ministros luego le extraen el corazon palpitante, y lo presentan al General, éste le chupa un poco de sangre, y lo entrega á los Oficiales, para que hagan de mano en mano la misma ceremonia. Entretanto él va incensando con humo de tabaco que tiene en una pipa, los quatro puntos cardinales de la tierra. Los soldados hacen flautas con los huesos descarnados de aquel cadaver, y cortada la cabeza, la conducen al rededor, sobre una pica, entre las aclamaciones de los concurrentes, los quales, dando patadas en la tierra, entonan la horrenda cancion marcial, acompañada del sonido lúgubre de aquellas funestas flautas. Esta bárbara fiesta se termina con aplicar al cuerpo del despedazado prisionero la cabeza de un carnero, y con embriagarse á vista de un tan tétrico espectáculo. Si el craneo, no obstante los golpes de la maza, se conserva sin romperse, hacen de él una taza que llaman ralilonco, de la qual se sirven para beber en sus banquetes, como lo hacian los antiguos Escitas y Godos.

Terminada, pues, que sea la guerra entre las dos naciones, se hace luego un congreso, que los Españoles llaman Parlamento, y los Araucanos Huincacoyag. Por lo comun este se forma en una bella llanura que hay entre los rios Biobio y Duqueco, en los confines del

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uno y del otro estado. El Presidente Español, y el Toqui Araucano, se conducen allí con la escolta establecida en los artículos preliminares. Los quatro Uthanmapus envian ademas quatro Diputados, que son comunmente los mismos Tetrarcas, cuyo unánime consentimiento es esencial para el establecimiento, y la ratificaion de la paz. En el Parlamento que se hizo despues de la guerra de 1723, se encontraron 130 Ulmenes con su respectivo acompañamiento, que ascendia al número de 2000 hombres. Las dos naciones contratantes se alojan con distancia de dos millas la una de la otra.

Se da principio á las conferencias con muchos cumplimientos de ambas partes, y en señal de la reciproca futura amistad, juntan los bastones de los Ulmenes, y el del Presidente Español, todos en un atado, dexando éste enmedio de la Asamblea. Entonces un Orador Araucano, presentando primero un ramo de canela, que entre ellos es el simbolo de la paz, y puesta la mano izquierda sobre el manojo de los bastones, hace en lengua Chilena una arenga bien entendida, sobre los motivos que han ocasionado la guerra, y sobre los medios mas oportunos de conservar la buena armonía entre los dos pueblos. Luego pasa á exponer con mucha facundia y energía, los daños que trae consigo la guerra, y las ventajas que

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derivan de la paz, á la qual exhorta con una patética peroracion á los Xefes del uno y del otro partido. Un intérprete, prestado primero su juramento, va explicando punto por punto todo lo que va diciendo el Araucano. El Presidente Español responde con otro discurso adaptado á la materia, el qual es del mismo modo interpretado. Se establecen, pues, los artículos del tratado, que se ratifican con un sacrificio de varios chilihueques, ó camellos Chilenos, que los Araucanos hacen inmolar por el feliz suceso de la paz. El Presidente come en una misma mesa con el Toqui, y con los Ulmenes principales, á quienes hace en nombre del Soberano, los regalos acostumbrados(1).

(1) Los Araucanos son en sus comarcas los enemigos mas comunes, mas intrépidos, y mas irreconciliables de la España. Estos son los únicos pueblos del Nuevomundo que se hayan atrevido á batirse con los Européos en campaña abierta, y que hayan imaginado el uso de la honda, para despedir desde lejos la muerte á sus enemigos. Su osadía llega hasta atacar los puestos mejor fortificados. Como estos Americanos hacen la guerra sin impedimento, ellos no temen su duracion, y tienen por principio el jamas pedir la paz. Los Españoles tienen á bien hacer de ella las primeras aberturas. Quando estas son favorablemente recibidas, se tiene una conferencia. El Gobernador de Chile, y el General Indio, acompañados de los Capitanes mas distinguidos de los dos partidos, arreglan, en las delicias de la mesa, las condiciones del convenio. La frontera era otras veces el teatro de estas Asambleas. Las dos últimas han sido en la capital de la colonia. Tambien half obtenido salvages que ellos habrán enviado allí á establecerse, como Diputados encargados de conservar la armonía entre los dos pueblos. Raynal Hist. Fil. de las dos Ind. lib. 8. pag. 255. edic. de Ginebra.

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Este Parlamento se renueva todas las veces que arriba á Chile un nuevo President de España, sin poder dispensarse de hacerlo, porque procediendo de otra manera, los Araucanos se creerian menospreciados, y volverian á camenzar sin otro motivo la guerra. De ahí es, que en el Real Erario está destinada una suma considerable para los gastos nada indiferentes, que se necesitan hacer en semejantes ocasiones. Un enviado llamado Comisario de Naciones, va á los quatro Butalinapus, y convida en nombre del nuevo Presidente á los Toquis, y á los demas Ulmenes á hablars juntos, para darse reciprocamente á conocer, y para consolidar mejor la amistad establecida con los antecesores de él. En este Congreso convencional, se practícan quasi las mismas ceremonias que se hacen en las juntas instituidas para tratar de la pez. Los Ulmenes concurren á él, en mayor número, no menos para conocer personalmente al nuevo Xefe de los Españoles, que para deducir de su gravedad, y de su fisonomía, las disposiciones pacificas ó guerreras de su ánimo. La abertura de todos estos Parlamentos reclama un gran número de

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mercaderes, los quales hacen allí una especie de feria ventajosa á una y otra nacion.

CAPITULO V.

SISTEMA DE RELIGION

y funerales.

El sistema de religion de los Araucanos es simple, y acomadado á su manera libre de pensar y de vivir. Ellos reconocen un Ente supremo, autor de todas las cosas, á el qual dan el nombre de Pillan: esta voz deriva de púlli ó pilli (la alma) y denota el espíritu por excelencia. Lo llaman tambien Guenu-pillan, el espíritu del Cielo; Buta-gen, el gran Ser; Thalcave, el Tonante; Vilvemvoe, el Creador de todo; Vilpepilvoe, el Omnipotente; Mollgelu, el Eterno; Avnolu, el infinito, &c.

El gobierno universal de Pillan es modelado sobre la policía Araucana. El es el gran Toqui del mundo invisible, y como tal tiene sus Apo-Ulmenes, y sus Ulmenes, á los quales entrega la administracion de las cosas inferiores. Este modo de pensar es muy grosero; pero es menester confesar que no son solos los Araucanos los que quieren regular las cosas del cielo por las de la tierra.

A la primera clase de estos dioses subal-

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ternos pertenece el Epunamun, que es el Marte de ellos, ó sea el Dios de la guerra; el Meulen, Dios benéfico, y amante del genero humano; y el Guecubu, ente maligno y autor de todos los males, el qual no parece diverso de el Algue. De donde se ve, que el sistema de dos principios opuestos, impropiamente llamado maniqueismo, es muy extendido, ó por mejor decir, se encuentra establecido en casi todas las naciones bárbaras de ambos continentes, las quales no siendo capaces de investigar el origen del bien y del mal, han ocurrido á inventar dos agentes contrarios (como lo son los efectos) para salvar la aparente contradicion.

El Guecubu es el Mavari de los Orinocos, y el Abariman de los Persianos. El es, segun la comun opinion de los Araucanos, la razon suficiente de todas las desgracias que acaecen. Si un caballo se cansa, sucede porque el Guecubu se ha montado en sus ancas: si la tierra se mueve, el Guecubu le ha dado un empujon: ninguno se muere que no sea sufocado del Guecubu. Este ente dañoso en suma, tiene sobre las desgracias la misma influencia que tenian las qualidades ocultas de los Escolásticos sobre los efectos físicos; y si su potencia fuese real, él seria el agente mas laborioso que exîstiese en este valle de lagrimas.

Los Ulmenes de la gerarquia celeste Arau-

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cana, son los Genios, los quales presiden particularmente á las cosas creadas, y de acuerdo con el buen Meulen, procuran equilibrar la enorme prepotencia del Guecubu. Hay allí varones y hembras: estas permanecen siempre virgenes, porque la generacion no tiene lugar en el mundo intelectual. Los varones se nombran Gen, que quiere decir los señores, sino es que sean tambien los Gin de los Arabes. Las hembras, pues, las llaman Amei-malghen, esto es, las ninfas espirituales: las mismas hacen acerca de los hombres el oficio de Lari, ó de espíritus familiares. No hay algun Araucano que no se alabe de tener una á su servicio. Nien cai ñi Amchi-malghen: yo tengo aun mi ninfa, dicen, quando salen bien en qualquier negocio.

Promoviendo siempre mas aquellos nacionales la analogía entre su gobierno y el del cielo, sostienen, que asi como los Ulmenes terrestres no pueden someter á sus pueblos á alguna especie de agravio, así mucho menos deben hacerlo los celestes mirando á los mortales, supuesto que de nada necesitan. Reglados por este extraño principio, no les prestan ningun culto exterior. No tienen templos, ni idolos, ni sacerdotes, ni acostumbran ofrecer algun sacrificio, fuera del caso de qualquiera grave enfermedad, ó quando hacen la paz, como queda dicho: entonces sacrifican animales, y

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queman tabaco, que creen es el incienso mas grato á sus Numenes. Sin embargo los invocan en las necesidades urgentes, é imploran la asistencia de ellos, dirigiendose principalmente al Pillan y al Maulen. De esta irreligiosidad proviene la indiferencia con que miran la introduccion de el Christianismo, el qual es tolerado en todas las provincias que dominan. Los Misioneros eran respetados, bien acogidos, y tenian plena libertad de exercitar publicamente su ministerio, pero eran pocos los que se convertian.

Si los Araucanos se muestran poco cuidadosos de sus divinidades, son por otra parte muy supersticiosos en otros puntos de menor importancia. Encaprichados del acierto de los agoreros, miran con suma atencion las señales prosperas ó adversas que estos se han formado en su fantasia. Sus vanas observaciones se dirigen especialmente sobre los sueños, y sobre el canto y vuelo de las aves; estimados por casi todas las naciones como los intérpretes mas veridicos de los dioses. El intrepido Araucano, que hace frente con increible valor á la muerte en los combates, tiembla á la vista de un buho, ó de una lechuza. La pueril debilidad de ellos en este genero, pareceria incompatible con la fuerza de sus ánimos, si la historia de el espíritu humano no nos suministrase continuos exemplos de semejantes contradiciones.

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Consultan en todos sus negocios de conseqüencia á los adivinos, ó sean los charlatanes de lo por venir, que se llaman ya Lligua, ya Dugol (los hablantes) entre los quales algunos se venden por Genguenu, Genpuñu, Genpiru, &c. Es decir, por los dueños del cielo, de las epidemias, y de los gusanos, porque se jactan, como los Lamas del Tibet, de poder hacer llover, é impedir los tristes efectos de las enfermedades, y de los gusanos destruidores de los granos. Temen mucho á los Calcus, ó sean los pretendidos hechiceros, porque dicen que estos habitan de dia en las cavernas con sus discípulos, llamados Ivunches (hombres animales) y de noche transformandose en páxaros nocturnos, hacen correrias en el ayre, y disparan contra los enemigos sus flechas invisibles. Su credulidad se manifiesta particularmente en las serias relaciones que hacen de las apariciones de fantasmas, y de los duendes, acerca de los quales producen infinitas fábulas. Pero á decir verdad, en materia de supersticiones no hay algun pueblo sobre la tierra que tenga el derecho de reirse de los Araucanos. No obstante de esto hay entre ellos algunos filósofos nátos, que desprecian semejantes patrañas, y se burlan de la necedad de sus compatriotas.

Pero todos estan de acuerdo acerca de la inmortalidad del alma. Esta consolante verdad

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es radicada, y como innata en el espíritu de ellos. Confiesan que el hombre es compuesto de dos substancias esencialmente diversas, esto es, del cuerpo corruptible, que llaman anca, y de el alma, que denominan am, ó pulli, como hemos advertido antes, la qual dicen que es ancanolu, incorporea; y múgealu, eterna, ó que durará siempre. Esta distincion es tan cierta entre ellos, que muchas veces so sirven metaforicamente de la voz anca, para decir la parte, la mitad, ó el argumento de qualquiera cosa.

En quanto, pues, al destino que tendrán las almas despues de la separacion de los cuerpos, sus sistemas no son uniformes. Todos convienen en decir con los demas Americanos, que despues de muertos van de la otra parte del mar, hácia el occidente, á un cierto lugar llamado Gulcheman, esto es, la morada de los hombres tramontanos. Pero algunos creen que aquella estancia sea dividida en dos regiones; una llena de delicias para los buenos, y la otra falta de todas cosas, para los malos. Otros por lo contrario, son de opinion que todos los muertos gozarán allí indistintamente placeres eternos, pretendiendo que las acciones mundanas no tengan ningun influxo sobre el estado futuro.

Aunque conozcan la diferencia que hay entre el cuerpo y el alma, todavia sus ideas so-

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bre la espiritualidad de esta, no parecen muy limpias, como se deduce de las ceremonias que practícan en sus funerales. Luego que uno ha muerto, sus parientes y amigos, sentados sobre la desnuda tierra, al rededor del cadaver, lloran por un gran rato, y despues lo exponen, vestido de su mejor ropa, sobre un alto ataud, que llaman pillúay: así lo tienen toda la noche, la qual pasan parte llorando, y parte comiendo y bebiendo, en compañia de aquellos que han venido para consolarlos. Esta junta se llama curicahuin, esto es, el convite negro, porque este color es tambien entre ellos simbolo del luto.

El dia siguiente, y tal vez el segundo, ó el tercero despues de la muerte, llevan el cadaver procesionalmente al eltun, ó sea al cementerio de la familia, que por lo comun es situado en un bosque, ó sobre una colina. Dos jóvenes á caballo, corriendo á rienda suelta, preceden el acompañamiento. Los parientes principales llevan el ataud, el qual es rodeado de muchas mugeres que lloran al difunto á modo de las plañideras de los Romanos. Otra muger entre tanto, va esparciendo en el camino, detras de el féretro, rescoldo, para que el alma no pueda volver mas á la casa.

Llegados al lugar de la sepultura, ponen el cadaver sobre la superficie de la tierra, ocupando su circunferencia, segun el sexô; ó sus

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armas, ó los instrumentos mugeriles, con gran cantidad de víveres, y de vasos llenos de chicha, ó de vino, que segun su opinion, deben servirle para su tránsito á la eternidad. Entre ellos hay algunos que matan tambien un caballo, y lo entierran en la misma sepultura. Hecho esto, se despiden con mucho llanto del muerto, anunciandole un feliz viage, y despues lo vuelven á cubrir de tierra y de piedras, en forma piramidal, sobre la qual derraman chicha en abundancia. Es inutil referir la gran semejanza que se encuentra entre estos ritos funerales, y los que se practicaban por los antiguos pueblos del viejo continente.

Al instante que los parientes han abandonado al difunto, una vieja llamada tempulcague, viene, como ellos dicen, en forma de ballena, para llevarlo á los Campos Elisios, pero antes de arribar allí, debe pagar el pasage á otra pésima vieja, que está en cierto paso estrecho, la qual quita un ojo á los pasageros, quando no es puntualmente satisfecha. Esta fábula, como se vé, es muy semejante á la del viejo Caronte, no porque haya sido copiada la una de la otra, sino porque la mente humana, puesta en las mismas circunstancias, se forma las mismas ideas. Las almas, pues, separadas de los cuerpos, exercitan en la otra vida las mismas funciones que exercitaban en esta, solamente que allá no padecen ninguna fati-

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ga en la continuacion de ella. Los casados tienen allí las mismas mugeres, pero estas no paren, porque aquella feliz morada no puede ser habitada sino de los muertos. A mas de que para la generacion se requiere el cuerpo, pero aquella encantada region no sufre cuerpos terrestres; todo debe ser espiritual, ó análogo á el espíritu.

Así como, segun ellos dicen, las almas, á pesar de su nuevo estado de vida, no se despojan de sus primitivos afectos, así quando vuelven á pasar entre nosotros, lo que hacen muy amenudo, se baten furiosamente con las almas de sus enemigos, cada vez que las encuentran por el ayre, de cuyos combates tienen origen las tempestades, los truenos, y los rayos. No sucede algun temporal sobre los Andes, ó en el mar, que no se imaginen aquellos nacionales ver en la tormenta una formal batalla entre las almas de sus compatriotas, y las de los Españoles. Dicen que el ruido de las nubes es el pisar de los caballos; el retumbo de los truenos, el de los tambores; y el estruendo de los rayos, el estrepito de la artillería. Si la tempestad se dirixe hácia el territorio Español, afirman que sus espiritus ponen en fuga á los espiritus Españoles, y como triunfantes gritan: inavimën, inavimën, puen, laguvimën. Seguidles, seguidles, amigos, matadlos. Si sucede, pues, al contrario, se entristecen grande-

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mente, y consternados exclaman: ea yavulumën, puen namuntumën, ea esforzaos, amigos, deteneos.

Las teorías de ellos sobre el origen de las cosas creadas, son tan necias y ridiculas, que de referirlas no se podria sacar otro fruto que el de manifestar mucho mas la insuficiencia de la mente humana, quando está abandonada á sí misma. Se conserva entre ellos la memoria de un gran diluvio, en el qual dicen que no se salvaron sino pocas personas, sobre un alto monte dividido en tres puntas, llamado Thegtheg, esto es, el tonante, ó el centellante, que tenia la virtud de fluctuar sobre las aguas. De aquí se infiere que este diluvio no vino sino despues de alguna erupcion volcánica, acompañada de grandes terremotos, y verisimilmente es muy diverso del Noético. Efectivamente, siempre que la tierra se sacude con vigor, aquellos habitantes procuran refugiarse á los montes que tienen quasi la misma figura, y por conseqüencia, la misma propiedad de nadar; diciendo ser de temerse, que despues de un fuerte temblor salga el mar otra vez fuera, é inunde toda la tierra. En estas ocasiones llevan consigo muchos víveres, y platos de madera, para preservarse la cabeza del calor, en el caso que el Thegtheg, elevado por las aguas, subiese hasta el sol. Pero quando se les opone, que para este objeto serian mas acertados los platos

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de tierra, que son menos sujetos á quemarse, dan una respuesta que es tambien entre ellos muy comun, esto es, que sus antecesores lo hacian siempre así.

CAPITULO VI.

DIVISION DEL TIEMPO:
nociones astronómicas: medidas.

Los Araucanos dividen el tiempo en años, en estaciones, en meses, en dias, y en horas, como lo hacemos nosotros, pero con método muy diverso. El año de ellos, que es solar, principia á 22 de Diciembre, ó sea inmediatamente despues del Solsticio Estival. Por eso llaman á este Solsticio Thaumathipantu, que es decir, fin y cabo de año: asi denominan el de Junio Udantipantu, el dividor del año, porque lo divide en dos partes iguales. Estos dos puntos importantes saben determinarlos con bastante inteligencia, por medio de las sombras solsticiales. El año, pues, se llama tipantu, esto es, la partida, ó el giro del sol, porque este astro parte, ó parece partirse de su trópico, para hacer su revolucion anual. Se divide en doce meses, cada uno de treinta dias, como eran los de los Egypcios, y de los Persianos; por lo qual para completar el año Tró-

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picO se requieren cinco dias epagomeni de mas, los quales no me acuerdo donde los intercalan; pero es verosimil que estos sigan en el último mes, que en este caso tendria treinta y cinco dias. Estos meses se llaman en general cújen, ó lunas; porque en sus principios debieron regularlos enteramente por medio de las faces de la luna. Sus nombres propios, en quanto pueden referirse á los nuestros, son los siguientes, los quales se toman de las cosas mas notables que suceden, ó se hacen en cada mes.

Avun-cújen, Enero. Mes de la fruta.
Cogi-cújen, Febrero. m. de la cosecha.
Glor-cújen, Marzo. m. del maiz.
Rimu-cújen, Abril. m. 1 del rimu.
Inanrimu-cújen, Mayo. m. 2 de la flor rimu.
Thor-cújen, junio. m. 1 de la espuma.
Inanthor-cújen, Julio. m. 2 de la espuma.
Huin-cújen, Agosto. m. molesto.
Pillel-cújen, Septiembre. m. impostor.
Hueul-cújen, Octubre. m. 1 de nuevas ventas.
Inanhueul-cújen, Noviembre. m. 2 de nuevas ventas.
Huevun-cújen, Diciembre. m. de la fruta nueva.

Sus estaciones, que las computan de tres en tres meses, como en Europa, se llaman Peuggen, la Primavera; Ucan, el Estio; Gualug, el Otoño; y Puchem, el Invierno. Para uniformarse á la distribucion del año, dividen tam-

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bien el dia natural en doce partes, que llaman lliagantu, señalando seis al dia, y seis á la noche, como hacen los Chinos: los Japones, los Otahites, y otras naciones. Así cada lliagantu, ó sea la hora Araucana, corresponde á dos de las horas comunes. Las del dia las determinan por la elevacion del sol, y las de la noche, por la posicion de las estrellas; pero como no se sirven de instrumentos para este efecto, se sigue necesariamente, que semejantes divisiones, que deben ser desiguales, segun los diversos tiempos del año, lo sean tambien mucho mas, por la imperfecta manera de reglarlas. Las principian á numerar desde la media noche, como se practíca en quasi toda la Europa, y á cada una dan un nombre particular(1). En los negocios civiles cuentan indiferentemente, ya por dias, ya por noches, ó por auroras; de manera que lo mismo quiere decir faltan tres noches, ó tres auroras, que tres dias.

A las estrellas las denominan en general huaglen, y las dividen en varias constelaciones que llaman pal, ó ritho, cuyas constelaciones por lo comun, reciben sus nombres individua-

(1) Estos nombres, empezando desde media noche, son Puliuen, Ueún, Thipanantú, Maleu, Vutamaleu, Ragiantú, Culunantu, Gullantú, Conantú, Guvquenantú, Puni, Ragipun.

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les, del número de las estrellas notables que las componen. Así las Cabrillas se llaman Cajupal, esto es, la constelacion de seis; y la Cruz Antartica Meliritho, la constelacion de quatro; porque aquellas tienen seis estrellas muy claras, y esta quatro. La Vialactea se dice Rupúepeú (el camino de la fábula) por cierta historieta, que á la par de las otras naciones refieren en quanto á ella, la qual es reputada fabulosa por los Astrónomos del pais.

Saben tambien distinguir los planetas, á los quales dan el nombre de Gau, vocablo que deriva del verbo gaun (clavar) por cuyo motivo se puede inferir, que ellos han tenido en quanto á estos cuerpos, la misma opinion que tuvo ya el vulgo Romano, esto es, que en su ocaso se sumergiesen en el mar. No faltan entre ellos Fontenelles, que piensen que muchos de aquellos globos sean otras tantas tierras habitadas lo mismo que la nuestra: por eso llaman á los espacios celestes Guenu-mapu, los paises del cielo, y la luna Cúyen-mapu, el pais de la luna. Convienen, pues, con los Aristotélicos, en sostener que los cometas nombrados pot ellos Cheruvoe, provienen de las exhalaciones terrestres encendidas en las regiones superiores del ayre. Pero no por eso los creen siempre precursores de las desgracias, como los han creido quasi todos los pueblos de la tierra. Los eclipses solares se llaman Layantu, y los lu-

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nares Laycujen, que es decir, la muerte del sol, ó de la luna. Pero estas expresiones son metafóricas, como lo son las correspondientes de los latinos defectus solis, aut lunœ. Yo no sabré decir qual sea la opinion de ellos acerca de la causa de estos fenómenos. Pero estoy informado que no se toman mayor pena por estos, que por los otros efectos poco comunes de la naturaleza. En su lengua se encuentran varios vocablos destinados unicamente á los objetos astronómicos, como Thorën, el tardo nacimiento de las estrellas, y otros semejantes, los quales indican que sus conocimientos sobre estas materias, son asimismo mas da lo que se plensa. Mis investigaciones en quanto á sus costumbres, por las razones otra vez expuestas, no eran aun maduras quando partí de aquel pais. Así, pues, qualquiera observador mas feliz que yo, podrá encontrar allí un número considerable de materiales dignos de la pública curiosidad.

Las medidas lineales son rula, el palmo; duche, el xeme; namun, el pie; thecan, el paso; nevcu, el codo; y tupu, la legua; que corresponde á la legua marina, ó á la parasanga de los Persianos. Las distancias mayores las cuentan por auroras, que equivalen á las jornadas de Europa. Las medidas de los líquidos, y de los sólidos, son en menor número: el guampar, una media azumbre; el can,

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una quarterola; y el mencue, un cantaro; sirven para medir los primeros. Las medidas de los segundos son el chiaigue, que hace cerca de seis quarterolas; y el lliepu, que hace doble cantidad.

En lo que mira á las ciencias especulativas no tienen ninguna luz. Sus nociones geometricas, ó sus ideas sobre la propiedad de la extension, son groseras y limitadas, quales se pueden esperar de una nacion inculta. Sin embargo tienen voces propias para denominar las principales suertes de la cantidad, supongamos el punto, la linea, el ángulo, el triangulo, el quadro, el circulo, la esfera, el cubo, el cono, &c. Ademas de esto, la lengua de ellos, como se verá despues, es docil, y susceptible de toda especie de composiciones; por lo qual con facilidad se podrian formar las voces tecnicas necesarias para acomodar las ciencias á la Araucana, y para hacerlas comunicables á aquellos pueblos.

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CAPITULO VII.

RETORICA, POESIA, MEDICINA,
y comercio.

A pesar de la general ignorancia que reyna entre ellos, con todo cultivan con buen suceso la retórica, la poesía, y la medicina, á causa de que estas facultades se pueden adquirir con la práctica, y con las observaciones, pues hasta ahora no tienen libros, ni menos saben leer, ni escribir, ni procuran aprender; ó sea por la grande aversion que tienen á todas las cosas que ven practicarse por los Européos, ó mas bien porque están aun dominados del genio selvatico, despreciador de todo lo que no es patrio.

La retórica especialmente está entre ellos en gran estimacion, porque esta ciencia, como en la antigua Roma, conduce á los honores, y al manejo de los negocios. El primogénito de un Ulmen que no sepa arengar bien, es por esta sola razon excluido de la succesion paterna, á la qual es sobstituido uno de los menores, ó el mas próxîmo pariente que sea buen hablador. Con esta mira sus padres los acostumbran desde niños á hablar en público, y los conducen á sus juntas nacionales, en las quales

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los mejores oradores del pais hacen pompa de su eloqüencia.

De ahí deriva el cuidado que tienen generalmente todos de hablar bien la lengua patria, y de conservar en ella su puridad, mirando sobre todo á no dexar introducir ninguna palabra extrangera; en lo que son de tal modo zelosos, que quando un forastero se establece entre ellos, le obligan á abandonar el propio nombre, y á tomar otro del idioma Chileno. Los Misioneros mismos se veian obligados á conformarse á este singular estatuto si querian merecer la pública proteccion. Tenian mucho que sufrir de este demasiado purismo, porque mientras predicaban, los oyentes los interrumpian amenudo, y con importuna groseria, corregian luego todos los errores de la lengua, ó de la pronunciacion, que se les escapaba. Aunque muchos de ellos sepan perfectamente la lengua Española, así por la freqüente comunicacion que tienen con los Españoles confinantes, como porque, acostumbrados á hablar una lengua dulce, regular, y variada, se adaptan facilmente á la pronunciacion y sintaxis de los idiomas européos, como observó el Capitan Wallis en quanto á los Patagones, que son verdaderos y reales Chilenos(1); con todo eso,

(1) Quando les hablabamos en Inglés, repetian ellos despues de nosotros las mismas palabras, Como hubieramos podido hacerlo; y muy presto aprendieron de memoria estas: englishmen come on shore. Voy. par Hawkesw. tom. 2. cap. 1. pag. 19. edic. de Laus.

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jamas se ha dado el caso, que ninguno de ellos haya querido servirse del idioma Español en las asambleas, ó en los congresos que se tienen entre estos dos pueblos. Quieren mas bien sufrir la incomodidad de escuchar un tedioso intérprete, que degradar el nativo lenguage.

Las oraciones de sus retóricos se parecen á las de los Asiaticos, ó por mejor decir, á las de todos los oradores bárbaros. El estilo es sumamente figurado, alegórico, altanero, y adornado de frases, y de maneras de hablar, que solo usan de ordinario en semejantes composiciones; por lo qual llaman coyagtucan el estilo de las arengas parlamentarias. Las parabolas y las apologías entran en él muchas veces, y tal vez suministran todo el fondo del discurso. No obstante, estas oraciones contienen todas las partes esenciales que requiere la retórica artificiosa; lo que no debe causar maravilla, porque aquellos habitantes han aprendido el uso en la misma naturaleza, la qual conduxo á los Griegos á reducir en arte la eloqüencia. No faltan en ellas ni un exôrdio adaptado á la materia, ni una narracion clara, ni una confirmacion muy fundada, ni un epilogo afectuoso. Dividen comunmente las pro-

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posiciones en dos ó tres puntos, que llaman thoy, los quales especifican diciendo, epu thoygei tamën plavin, en dos puntos se divide esto que voy á decir. Distinguen en sus locuciones varias suertes de estilos, entre los quales estiman mucho el rachidugun, que equivale al estilo academico. Sus poetas se llaman Gempin, esto es, los dueños del decir. Este nombre expresivo conviene á ellos perfectamente, porque movidos de aquel impetuoso entusiasmo, que les suelen inspirar las pasiones no debilitadas con los refinamientos de la vida civil, no siguen otras reglas en las composiciones, que los impulsos de su imaginacion. Así la poesía de ellos, por lo ordinario, solo consiste en las imágenes fuertes y vivas, en las figuras osadas, en las alusiones y semejanzas freqüentes, en la novedad y fuerza de las espresiones, y en el arte de conmover y interesar al corazon humano, excitando su natural sensibilidad. Todo en ella es metafórico y animado, y las alegorias son, por decirlo así, el alma, ó la esencia. El entusiasmo desenfrenado es el carácter primario de toda la poesía de los salvages. Tales fueron las de Bardi entre los Celtas, y de Scaldi entre los Daneses. El pretendido editor de las composiciones de Ossian, estaba plenamente instruido del genio poético de las naciones bárbaras.

Las canciones de los Araucanos se dirigen

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especialmente sobre las acciones de sus heroes. Yo presentaria de buena gana á mis lectores alguna de tales composiciones, pero la dificultad de adquirirla, atendida la distancia del pais, no me permite satisfacer mis deseos. Sus versos se componen por lo mas de ocho, ó de once sílabas, metros que parecen los mas proporcionados al oido humano. Estos versos son los escogidos, pero de quando en quando introducen alguna rima colocada al arbitrio del poeta.

Los Araucanos tienen tres suertes de medicos, los Ampives, los Vileus, y los Machis. Los Ampives, que equivalen á los empiricos, son los mejores de todos. Estos se sirven en sus curas solo de simples. Son buenos herbolarios, y tienen buenas nociones del pulso, y de los demas señales diagnosticos. Los Vileus corresponden á los metódicos. Su principal sistema consiste en asegurar, que todos los males contagiosos provienen de los insectos, opinion ya seguida de muchos medicos en Europa. Por cuyo motivo á las epidemias dan en general el nombre de cutampiru, que es decir, enfermedades vermiculares, ó de gusanos.

Los Machis son medicos supersticiosos, quales se encuentran entre todos los pueblos salvages del uno y del otro continente. Sostienen que todos los males graves derivan de maleficios, y pretenden poder curarlos con me-

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dios sobrenaturales, por lo qual estos son llamados en los casos desesperados, esto es, quando los esfuerzos de los Ampives, ó de los Vileus son insuficientes. El método curativo de ellos se denomina Machitun, y consiste en las siguientes vanas operaciones, que se practícan siempre de noche.

Se ilumina con muchas luces el aposento del enfermo, y en un rincon de él se coloca, entre varias ramas de laurel, un grueso ramo de canela, del qual pende el tambor mágico: allí junto está un carnero preparado para el sacrificio. El Machi manda á las mugeres que se encuentran presentes entonar una lúgubre cancion al sonido de ciertos pequeños tambores que ellas tocan al mismo tiempo. El entre tanto inciensa, con humo de tabaco, tres veces la canela, el carnero, las cantarinas, y el enfermo. Hecho esto, mata el carnero, le saca el corazon, y chupandole la sangre, lo ensarta en el ramo de canela. Se acerca despues al enfermo, y con ciertos prestigios finge que le abre el vientre para observar donde está encerrado el veneno suministrado por los pretendidos malhechores. Tomado despues el tambor mágico, canta paseandose junto con las mugeres, y improvisamente, como un aturdido, se cae por tierra haciendo espantosos gestos, y horribles contorsiones del cuerpo, ya abriendo los ojos, ya cerrandolos, y hacien-

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do visages á manera de energúmeno.

Durante esta cómica convulsion, los parientes del enfermo le interrogan sobre el orígen, y sobre el éxîto del accidente, á cuyas preguntas, el fanático impostor responde como mas le tiene cuenta, ó nombrando por autores del mal aquellos de quienes quiere vengarse, ó dando una respuesta equívoca en quanto al suceso de sus mágicas operaciones. Así estos diabolicos charlatanes son muy amenudo la causa de horrendos homicidios, porque los parientes de los supuestos maleficiados, teniendo por cierta la imputacion, matan sin piedad á los inocentes calumniados, y alguna vez se enfurecen tambien contra la familia de aquellos desgraciados, quando ella no tiene fuerzas bastantes para oponerse á la violencia de ellos. Estos malvados por otra parte tienen la prevencion de no tocar á las familias poderosas. Los Machis, en suma, aunque no sean revestidos de la dignidad sacerdotal, como lo son los medicos de todos los demas salvages, se parecen mucho por sus imposturas á los Shamanis de Kamskadalia; á los Mokkisis del Africa; y á los Piachis de los Orinoqueses; cuyas patrañas describe acertadamente el Señor Abate Felipe Salvador Gilj, en su historia del Orinoco(1).

(1) Este autor, que yo estimo ciertamente, pero que jamas he pensado, como él se imagina, llamarlo respetable, creyendose ofendido de una proposicion mia, siniestramente interpretada, se ha tomado la molestia de dirigirse contra mí en varias partes de su IV tomo. Sus impugnaciones por otra parte hacen mi apología. Los principios sólidos satisfacen al entendimiento. Toda relacion no apoyada sobre este fundamento es inutil. Yo nunca he pretendido decir que todo se halle mejorado en América. Soy por carácter enemigo de comparaciones odiosas. Mi obra, leida sin prevencion, es un buen testimonio de ello. Nada de particular he dicho allí, que no lo haya confirmado con las autoridades de escritores imparciales, cuyas aserciones son para Chile mucho mas favorables que las mias. ¿Pero por qué el Señor Abate dexa á Ulloa, citado junto con los demas autores que han escrito de la fecundidad del trigo en Chile, de los quales se burla nominadamente? El motivo de tal silencio se puede encontrar en los prologomenos de su IV tomo. En otra obra mas general que pensamos dar á luz, diremos algunas otras cosas de su historia, no con ánimo de impugnarlo, del qual estamos muy lejos, sino porque así lo requerirá nuestro plano. Entretanto, pues, nos pregunta, si sea una expresion impropia, llamar América una parte principal de ella; le respondemos que en las proposiciones negativas, en las quales él se sirve amenudo de aquella voz general para denotar el Orinoco, es impropísima, como seria la de Europa, aplicada en semejantes proposiciones á qualquiera parte de ella. De modo que qualquiera que en vez de decir: las provincias septentrionales de Europa no producen vino, dixese: la Europa no produce vino: se explicaria, como es claro, muy impropiamente.

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Aunque los medicos de estas tres clases sigan sistemas efectivamente diferentes, sin embargo alguna vez se juntan para satisfacer las solicitudes, ó la vanidad de los parientes de los enfermos.

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Sus consultas, que se llaman Thauman, tienen el mismo éxîto que solian tener no pocas veces las de los Esculapios de Europa. Ademas hay otras dos suertes de profesores adictos á la medicina. Los primeros, que merecen en cierto modo el nombre de cirujanos, saben muy bien volver á poner en su lugar los huesos desconcertados, acomodar las fracturas, curar las heridas, las úlceras, &c. Se nombran Gutarve, son verdaderamente estimables, y hacen muy amenudo curas admirables. No sucede así con los segundos, llamados Cupove, del verbo cupon, anatomizar, los quales infatuados del Machismo, abren los cadáveres, para demostrar las entrañas, que dicen estan contagiadas del veneno mágico. No obstante de esto, á merced de este exercicio, poseen nociones no despreciables sobre la estructura del cuerpo humano, cuyas partes saben explicar con nombres particulares.

Antes del arribo de los Españoles, estaban ya en uso entre aquellos nacionales las sangrias, las ayudas, las calas, los vomitivos, los catárticos, y los diaforéticos. Todos estos remedios tienen vocablos peculiares en la lengua del pais. Extraen la sangre con la punta de un pedernal introducido en una varita, á la qual dan el golpe con el dedo indice apoyado sobre el pulgar. Este instrumento lo prefieren á la lanceta, porque lo creen menos ex-

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puesto á faltar. En lugar de xeringa, se sirven, como los habitantes de Kamschatska, de una vexiga, á la qual aplican un canuto. Los eméticos, los purgantes, y los sudoríficos, los toman casi todos del reyno vegetal.

No solamente las dichas profesiones están separadas entre ellos, sino aun la de los herreros, de los plateros, de los carpinteros, de los alfareros, &c. Pero todas estas artes se encuentran hasta ahora en su infancia. El comercio interno y externo es entre ellos muy limitado. Aun no se ha introducido el uso de la moneda. Todo suele hacerse por la via del cambio: este es reglado por una especie de tarifa convencional, segun la qual todas las cosas comerciables son apreciadas con el nombre de cullin, ó paga, como se usaba en los tiempos de Homero. Así un caballo, ó un freno, forma una paga; un buey, dos, &c. El comercio externo se hace con los Españoles, á los quales dan ponchos, y animales en cambio de vino, ó de las mercerias de Europa. Siempre ha sido aplaudida la buena fe de aquellos Pueblos en esta especie de contratos(1).

(1) El Español que quiere emprender este comercio, se dirige luego á las cabezas de familia. Quando ha obtenido el permiso necesario, corre por todas las habitaciones, y entrega indistintamente las mercaderías á todos aquellos que se presentan. Concluida su venta, anuncia su partida, y todos los compradores se apresuran para entregarle, en el primer lugar donde se ha de manifestar, los efectos que han convenido. Jamas ha habido exemplo de la menor infidelidad. Raynal Hist. Fil. lib. 8. pag. 317.

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CAPITULO VIII.

ARROGANCIA DE LOS ARAUCANOS:
caridad recíproca entre ellos: manera de
saludarse
: nombres propios.

Aunque los Araucanos hayan salido mucho tiempo hace del estado salvage, con todo conservan todavia en muchas cosas las preocupaciones y el carácter propio de aquel primitivo periodo de la vida humana. Desvanecidos de su valor, y de su libertad ilimitada, se creen los solos que merecen el nombre de hombres sobre la tierra. De ahí es, que ademas del título de aucá, ó libres, de que tanto se precian, se dan tambien por antonomásia, los nombres de che, ó sea gentes; de Reche, gente pura; y de huentu, hombres: esta palabra equivale al vir de los latinos, y así como de esta viene el vocablo virtus, así de aquella deriva huentugen, que significa lo mismo.

De esta necia arrogancia proviene el desprecio con que miran á todas las demas naciones.

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A los Españoles dieron en sus principios el sobrenombre de chiapi, esto es, soldados picaros, de donde quizá es derivada la denominacion de chiapeton, con que son nombrados en la América meridional. Despues los llamaron huinca: esta perversa denominacion, que con el uso y con el tiempo ha perdido su odiosidad, viene del verbo huincun, que significa asesinar. Las primeras guerras habidas con ellos, dieron quizá motivo á tales oprobriosos sobrenombres, de los quales se sirven hasta ahora para denotar un Español. Estimandose felices en su barbarie, llaman culme-huinca, ó miserables Españoles, á aquellos Indios que habitan en las colonias Españolas. A los demas Européos, Ingleses, Franceses, Italianos, &c. que ellos saben bien distinguir, dan el nombre de Muruche, cuya etimología deriva tal vez de la voz moro, que la plebe usaba indistintamente en España para denominar á todos los extrangeros. Entre ellos mismos se nombran peñi, que quiere decir hermanos. Así suelen tambien llamar á aquellos que nacen en el pais de padres forasteros.

Es singular la benevolencia con que comunmente se tratan aquellos nacionales. Para decir amico tienen seis ó siete voces en su lengua, las unas mas expresivas que las otras, entre las quales es canay la que corresponde al alter ego de los latinos. Las relaciones que

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resultan de las recíprocas situaciones, ó de los negocios comunes, son otros tantos títulos expresivos con vocablos particulars, para amarse con especialidad. Aquellos que tienen un mismo nombre, se llaman entre ellos lacu, y los que no convienen mas que en una parte del nombre, apellacu. Estas denominaciones inducen la obligacion de estimarse recíprocamente. Los parientes de consanguinidad se nombran en general monmague, y los de afinidad guillan. Su árbol genealógico es mas enredado que lo que comunmente se usa; todos los grados imaginables de parentela son en él individualizados con nombres particulares.

Del amor recíproco que reyna entre ellos, deriva el cuidado que tienen de socorrerse mutuamente en sus necesidades. No se vé en todo el estado algun mendígo, ó andrajoso. Aun los mas invalidos van decentemente vestidos.

La beneficencia no se limita á solos los compatriotas. Se extiende á la mas preveniente hospitalidad, comprehendiendo á todos los forasteros, de qualquiera nacion que sean: un viagero puede alvergarse en qualquier parte sin hacer gasto.

La salutacion comun, quando se encuentran, ó se hablan juntos, es marimari, y quando se despiden ventempi, ó venteni. Son un poco pesados en sus cumplimientos, porque de ordinario los hacen demasiado largos, com-

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placiendose en tales ocasiones, como en todas las demas, de ostentar su eloqüencia. La mano derecha es entre ellos, como en Europa, la parte mas honorifica, al inverso de lo que se practíca en quasi toda la Asia, donde la siniestra goza esta prerogativa. Son naturalmente codiciosos de las protestaciones de honor, y ninguna cosa sufren de mas mala gana que el desprecio, ó la falta de atencion. De ahí es, que quando un Español les habla con el sombrero en la cabeza, le dicen con la mayor indignacion: entuge tami curtisia, quitate el sombrero. Con los buenos modos se obtiene de ellos todo aquello que se quiere, y los beneficios recibidos dexan en sus ánimos una impresion indeleble. Los malos tratamientos al contrario, los exâsperan de manera, que para vengarse, se precipitan en los mayores excesos.

Los nombres de los Araucanos son compuestos del nombre propio, que suele ser un adjetivo, ó un numeral, y del apellido de la familia, el qual se pospone siempre al nombre propio, como se usa en Europa: por exemplo, cari-lemn, verde bosque; meli-antu, quatro soles. El primero denota un individuo de la familia de los lemus ó de los bosques, y el segundo de la de los antus, ó de los soles. No hay allí quasi algun objeto material, que no suministre un apellido noble. De donde vie-

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nen las familias de rios, de montes, de piedras, de leones, &c. Estas familias, que se llaman cúga, ó elpa, son mas ó menos respetadas, á proporcion del grado de ellas, ó de los heroes que han dado á la patria. El orígen de tales renombres es desconocido, pero ciertamente precede muchos siglos á la época de las conquistas Españolas.

CAPITULO IX.

MATRIMONIOS, Y OCUPACIONES
domésticas.

El Admapu permite á los Araucanos la poligamia. Por lo qual ellos toman por esposas á todas las mugeres que pueden dotar, ó mas bien comprar, supuesto que para casarse es menester que den á los padres de ellas una cierta cantidad de hacienda, como se ha practicado, y se practíca aun en la mayor parte del uno y del otro continente. Pero en el matrimonio evitan escrupulosamente los grados de inmediato parentesco. El celibato es afrentoso entre ellos. Los viejos celibes se nombran por escarnio vuchiapra, y las viejas cudepra, esto es, viejos vanos, inutiles, &c.

Las ceremonias del matrimonio son pocas, ó por mejor decir, no consisten en otra co-

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sa, que en el simple rapto, el qual, como entre los negros del Africa, es creido de ellos un prerequisito esencial de las bodas. El esposo, de acuerdo con el futuro suegro, se oculta, en compañia de varios amigos, cerca del lugar por donde sabe que debe pasar la esposa. Llegado que haya, es tomada por asalto, y puesta sobre las ancas del caballo del esposo, á el qual se ata estrechamente, á pesar de la resistencia que ella hace, y de sus gritos, que no tienen nada de serio. En esta forma es conducida con gran ruido á la casa del marido, donde se juntan los parientes de él, y reciben los regalos convenidos, despues de haber asistido al festin nupcial. Así los gastos de las bodas Araucanas no son indiferentes; de donde viene que solo los ricos pueden tener un buen número de mugeres. Los pobres se contentan de desposarse con una, ó dos, á lo mas, lo que pueden hacer muy bien, porque entre ellos nacen mas hembras que varones, como acaece en todos los paises donde está en uso la poligamia.

La primera muger que se llama Unendomo, es siempre respetada como la verdadera y legítima esposa, de todas las otras que se nombran Inandomo, ó mugeres secundarias. Ella preside á las labores domésticas, y regla lo interior de la casa. El marido, que tiene bastante que hacer para mantener en paz tantas mu-

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geres, entre las quales los zelos no estan ociosos, escoge cada dia, á la ahora de la cena, aquella que debe dormir con él, mandandole hacer la cama. Las otras duermen en la misma cámara, pero no le es licito á ninguna acercarse. A los forasteros, les dan alojamiento en cavaña totalmente separada del zeloso serrallo. Todas estas mugeres tienen sumo respeto al marido, á el qual dan comunmente el título de Buta, ó grande.

Ademas de las ocupaciones mugeriles, están ellas obligadas á aplicarse á muchas de aquellas que en los paises cultos son reservadas á los hombres, supuesto que, segun la máxîma establecida entre todas las naciones bárbaras, el sexô debil ha nacido para la labor, y el fuerte para la guerra, y para el mando. Cada una debe todos los dias presentar á su marido un plato aderezado, hecho por ella en su cocina, ó fogon separado. Este es el motivo de que en las casas de los Araucanos haya tantos fuegos, quantas son las mugeres que habitan en ellas. Por lo qual para preguntar á uno quantas mugeres tiene, se usa como mas civil, de esta frase: mivu cuthalgeimi, ¿quántos fuegos tienes? Cada muger es obligada tambien de dar al marido todos los años, á mas del vestido necesario, una de aquellas mantas que ya hemos dicho se llaman ponchos, los quales hacen uno de los principales ramos del comercio Araucano.

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Es singular la atencion que estas mugeres tienen en el aseo de sus casas, las barren, y sus patios muchas veces al dia. Apenas han usado qualquiera alhaja, al instante la limpian, y lavan, por lo qual gustan tener abundancia de agua corriente en sus casas. La misma limpieza acostumbran consigo mismas. Se peynan dos veces al dia, y todas las semanas se lavan la cabeza con una xabonada hecha de la corteza del quillay (a) la qual les mantiene limpios sus cabellos. En su ropa nunca se vé la menor mancha, ó suciedad. Los hombres son igualmente amantes del aseo, se peynan indispensablemente todos los dias, y acostumbran tambien lavarse la cabeza.

El baño es comunísimo entre aquellas gentes, como lo era entre todas las naciones antiguas, los quales la creian necesario para conservar la salud, y para fortificar el cuerpo. Y así para poderlo hacer á su comodidad, procuran establecerse en las riberas de los rios. En las estaciones cálidas se bañan muchas veces al dia. En tiempo de invierno es raro aquel que dexa de bañarse á lo menos una vez: mediante este diario exercicio se hacen excelentes nadadores, dando pruebas admirables de su habilidad en este genero. Nadan ya con la

(a) Quillaja Saponaria. La usan tambien mucho los Españoles, particularmente los que habitan en el campo.

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cara hácia abaxo, como se practíca comunmente, ya sobre uno ú otro lado, ya de espaldas, y ya con el cuerpo derecho, y con las manos extendidas fuera del agua, como si caminasen por la tierra. Nadan tambien entre dos aguas, pasando así los rios mas anchos, de cuyo exercicio resultan valientes buzos.

Las mugeres gustan igualmente bañarse muy amenudo, lo que hacen siempre lejos, apartadas de los hombres, para cuyo fin buscan los lugares mas sombrios y solitarios. El dia mismo en que paren un hijo, lo conducen al rio, lo lavan, se lavan ellas tambien, y dentro de poco tiempo vuelven á las acostumbradas ocupaciones domésticas, sin sentir alguna incomodidad: tan cierto es que la naturaleza humana no es delicada por sí misma, sino porque se acostumbra á serlo. Paren con suma facilidad, lo que se debe atribuir á su natural robustez; de donde proviene que tambien en Europa las mugeres plebeyas, segun los cálculos del Doctor Bland, registrados en las Transaciones Filosóficas, paren mas felizmente que las señoras, y están menos sujetas á las consiguientes incomodidades.

Sea por el cuidado que tienen de dar hombres fuertes al estado, ó mas bien guiadas de la simple naturaleza, crian á sus hijos de una manera muy diferente de la que se usa en los paises cultos. Luego que lo han lavado en

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agua corriente, como hemos dicho antes, no lo faxan, ni lo ciñen de ningun modo; pero poniendolo en una cuna colgada, llamada chigua, cubierta de suaves pieles, lo cubren con una simple manta, y de quando en quando lo menean por medio de una larga cuerda, pendiente de la misma cuna: de este modo ellas permanecen mas libres para atender á sus ocupaciones domésticas.

Quando estas criaturas principian á caminar, lo que hacen muy presto, no les ponen ni corpiños ni otras ataduras, los tienen ligeramente vestidos, los dexan andar por todas partes, y comer de todas cosas. Formandose así por ellos mismos, resultan bien hechos, robustos, y menos expuestos á las enfermedades que trae consigo la delicadeza de la educacion. En efecto los males que reynan entre aquellos nacionales son pocos, ó por lo mas se reducen á las fiebres ardientes, originadas, ó del demasiado beber, ó del excesivo exercicio que hacen alguna vez.

Si la educacion física de los niños Araucanos es en cierto modo laudable, la educacion moral, que se dá á los mismos, no será ciertamente aprobada de todos. Sin embargo ella es conforme á las ideas que aquel indomito pueblo se ha formado en quanto á la innata libertad del hombre, y qual se puede esperar de una gente rustica. Sus padres se con-

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tentan de instruirles en el manejo de las Armas y de los caballos, y en la práctica de hablar con elegancia la propia lengua. Por lo demas los dexan en libertad de hacer todo aquello que les parece, y agrada; y los aplauden quando los ven cometer insolencias, porque dicen que así aprenden á ser hombres. Rarísima vez los corrigen, ó los castigan, siendo máxîma constante entre ellos, que el castigo no puede hacer sino hombres viles y cobardes.

CAPITULO X.

ALIMENTOS, MUSICA, Y
otros divertimientos.

La comida ordinaria de los Araucanos es muy frugal. Ellos se mantienen por la mayor parte de granos, y de legumbres que guisan de muy diferentes maneras. Estiman sobre todo el maiz, ó sea el grano de india, y las papas, de las quales cultivan mas de treinta especies, diversas desde tiempo inmemorial, apreciandolas como un nutrimento sanísimo, segun se los ha demostrado la experiencia de tantos siglos. Aunque tienen volátiles, y animales grandes y pequeños en cantidad, todavia comen poca carne, y esta simplemente cocida ó asada. Con la misma parsimonia acostumbran comer

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puerco, del qual saben tambien hacer salchichas, y morcillas. Los mares de aquellas costas, y sus rios, abundan de peces delicados, y tampoco hacen gran caso de este genero de alimento.

En lugar de pan, que no acostumbran hacer sino quando tienen algun convite, comen tortas, ó papas, cocidas con un poco de sal. Sus bebidas ordinarias consisten en varias especies de cerbezas y de sidras, que preparan con el grano de india, y con miel, y otros frutos del pais. Sin embargo son muy codiciosos del vino, que compran á los Españoles; pero hasta ahora, ó sea por miras políticas, ó mas bien por su descuido, no se han dedicado á propagar las vides, las quales, como se ve por los indicios, se producen muy bien en todas sus provincias.

El dueño de casa come con toda su familia en una misma mesa, sobre la qual no se pone mantel, ni servilleta. Sus platos son de barro, y las cucharas y vasos de cuerno, ó de madera. Los Ulmenes suelen tener plata labrada para el uso de sus mesas, pero no se sirven de ella, sino para obsequiar algun forastero de calidad, siendo ellos naturalmente inclinados á lucir, y á ser reputados por ricos. Con la pimienta de Guinea, con el madi, y con sal, forman todas sus salsas. En el estío gustan comer baxo de los árboles que siem-

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pre plantan con este objeto al rededor de sus casas. No usan eslabon para sacar fuego, pero se sirven, lo mismo que los Kamstchadales, de dos palitos secos, que introducido el uno sobre el otro, lo estregan con las manos, como se bate el chocolate, hasta que sale el fuego, que aparece en breve tiempo. Ademas de la comida y la cena, todos los dias hacen indispensablemente almuerzo y merienda, que consisten en un poco de harina de maiz tostada, y disuelta en agua caliente por la mañana, y fresca por la noche.

Pero de esta doméstica frugalidad se alejan muchas veces en las ocasiones de públicos convites que se hacen los unos á los otros, por motivo de funerales, de bodas, ó de otros notables sucesos: entonces no se repara en gastos: todo se disipa por contribuir al regocijo. En cada uno de tales banquetes, á los quales concurren por lo comun trescientas personas, se consumen mas animales, mas granos, y mas licores, que aquellos que podria necesitar una familia entera para sustentarse dos años. Estos convites, que suelen durar dos ó tres dias, se llaman cahuin, ó circulos, porque al rededor de un gran ramo de canela se sientan en circulo á comer y beber.

Semejantes comilonas se hacen gratuitamente, y es permitido á qualquiera que sea participar de ellas sin el menor interes. No suce-

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de así en quanto á los mingacos, ó aquellas comidas que acostumbran hacer quando quieren cultivar la tierra, sembrar los granos, hacer una casa, ó qualquiera otra obra que requiera los esfuerzos combinados de mucha gente. Entonces todos aquellos que quieren gozar de ellas deben trabajar, hasta que la labor sea concluida. Pero así como aquella gente abunda de ocio, así los operarios concurren en tanto número, que en pocas horas se acaba el trabajo, y emplean despues el resto del dia en embriagarse. Los Españoles campesinos han adoptado tambien este método, prevaliendose de la misma industria para concluir sus labores de campo.

Las bebidas fermentadas, segun el juicio de aquellos naturales, forman la estimacion principal de un convite. Por lo qual quando estas no son superabundantes, aunque los comestibles lo sean con prodigalidad, se muestran descontentos, diciendo golingelai, mala fiesta, no se ha bebido. A la verdad como estos bacanales se suceden los unos á los otros, quasi sin interrupcion en todo el año, porque cada hombre de conveniencias tiene á honor el darlos en su casa, se puede afirmar que los Araucanos, quando no estan empeñados en la guerra, pasan la mayor parte de la vida en embriagarse, y en divertirse, ó como ellos dicen, en variar de ideas, caduamn.

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La música, el bayle, y el juego forman sus comunes diversiones. Pero la primera apenas merece este nombre, no tanto por la imperfeccion del sonido de sus instrumentos, que son los mismos de que se sirven en la guerra, esto es, las flautas y los tambores, quanto por su canto, que tiene por lo comun un no se qué de tétrico, y desagradable al oido, quando este no está acostumbrado á él desde algun tiempo. Los bayles, de los quales tienen muchas especies, son mas alegres, mas armoniosos, y mas variados. Las mugeres pocas veces son admitidas á danzar junto con los hombres, ellas forman por lo comun coros aparte, donde baylan al son de los mismos instrumentos.

Si acaso es verdad, como escribe el célesbre Leibniz, que los hombres jamas han demostrado mayor talento que en los diferentes juegos que han inventado, los Araucanos pueden lisonjearse de no ser inferiores en esta prerogativa á las demas naciones. Los juegos hallados por ellos se dividen en sedentarios, y en ginnasticos. Estos son muchísimos, y por la mayor parte ingeniosos. Es digno de reflexîon, que entre los primeros se encuentre allí en uso, desde tiempo inmemorial, el artificioso juego del agedrez, al qual dan el nombre de comican. El quechu, que aprecian infinito, tiene una grande analogía con el juego

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detablas, pero en lugar de dados se sirven de un triangulo de hueso señalado con puntos, que echan por un arillo sostenido de dos palillos, como era quizá el fritillo de los antiguos Romanos.

La juventud se exercita amenudo en la lucha, y en la carrera. Aman tambien el juego de la pelota, que llaman pilma, la qual hacen de una especie de junco. Pero entre todos los juegos ginnasticos, que son aquellos que requieren fuerza, el peuco, y el palicán son los mas acomodados á su genio, porque sirven como de preludio para la guerra. El primero, que representa el asedio de una fortaleza, se hace de la manera siguiente. Doce ó mas personas, agarrandose de las manos, forman un circulo, en el centro del qual está en pie un niño. Los contrarios en número igual, ó mayor, procuran con el arte, ó con la fuerza, romper el circulo, y hacerse dueños del muchacho, en lo que consiste la victoria. Pero esta no es tan facil como parece. Los defensores, para sostenerse estrechamente unidos, hacen esfuerzos increibles. Por lo qual los asediantes, aunque robustos, á la par de aquellos, se ven obligados muchas veces por el cansancio á abandonar la empresa.

El palicán, que los Españoles llaman chueca, se asemeja al arpasto, ó sferomachia de los Griegos, y al juego del calcio de los Flo-

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rentinos. Este juego, que tiene toda la apariencia de una batalla ordenada, se hace con una bola de madera llamada pali, en una llanura larga, media milla, poco mas ó menos, y cuyos límites están señalados con ramos de árboles. Los combatientes, en número de treinta, armados de bastones curvos hácia la punta, se ordenan en dos filas, dispuestas de manera, que cada uno de ellos tenga delante su contrario. Quando los árbitros destinados para esto dan la señal, los dos contrarios, que se hallan en el octavo puesto, sacan con sus bastones la bola de un hoyo hecho en la tierra, procurando adelantarla hácia la mitad de su partido. Los otros la impelen ó rechazan, segun la direccion favorable ó contraria que ella toma, cuya victoria consiste en conducirla al término de su banda. De aquí nacen peleas entre los unos y los otros, de manera que en ocasiones no basta un medio dia para acabar una partida.

Este juego tiene sus leyes invariables, cuya observancia miran cuidadosamente los árbitros. No obstante de esto suceden muchas desgracias. Los valientes jugadores se adquieren una fama inmortal, y son convidados á todos los partidos considerables que se hacen en el pais. Quando dos provincias, como sucede muchas veces, se desafian la una á la otra, esta diversion viene á ser un espectáculo pú-

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blico. Concurre á ella un inmenso pueblo, y se hacen muy gruesas apuestas. Los campesinos de las colonias Españolas han adoptado este juego, que se ha hecho una de sus mas apreciables diversiones, á pesar de los bandos publicados de tiempo en tiempo por el gobierno contra aquellos que se atreven á promoverlo. Todas las familias campesinas estan divididas, en quanto al tal juego, en dos facciones, que se llaman plazas, y lampas.

Todo esto que hemos dicho hasta aquí de los Araucanos, se debe entender con alguna modificacion de los Puelches, ó sea de los habitantes del quarto Uthaumapu, situado en la cordillera, los quales, aunque procuren conformarse á las costumbres de aquellos, se muestran todavia mas rusticos, y mas salvages. El nombre de ellos significa hombres orientales. Son de alta estatura, y aman la caza. Por eso mudan amenudo de habitaciones, y extienden sus colonias, no solamente á las faldas orientales de los Andes, pero aun al rededor del lago Naguelguapi, y hasta las riberas del mar del norte, en las grandes llanuras Patagónicas. Los Araucanos hacen grande aprecio de estos Montañeses, por los importantes servicios que reciben de ellos en tiempo de guerra, y por la fidelidad con que siempre se han mantenido en su alianza. Pero ya es tiempo de volver á tomar el hilo de nuestra Historia.

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LIBRO TERCERO.

CAPITULO I.

1550.

LOS ARAUCANOS CONDUCIDOS
primeramente por Aillavilu, y despues por Lincoyan, atacan á los Españoles
: Valdivia hace correrias en su estado, y funda en él las Ciudades Imperial, Villarica, Valdivia, y
Angol, con algunas otras plazas.

Los Araucanos resueltos como hemos dicho al fin del Libro primero á enviar socorro á los habitantes de Penco, que se hallaban oprimidos por los Españoles, dieron órden al Toqui Aillavilu, de conducirse allí prontamente con 40 hombres. Este General, pasado el gran rio Biobio, que divide las tierras Araucanas de las de los Pencones, presentó valerosamente la batalla á los nuevos enemigos, que le habian salido al encuentro en las riberas de Andalien.

Despues de la primera descarga de la mosqueteria, que los Araucanos sufrieron sin atemorizarse, ni desconcertarse, mostrando desde luego el poco caso que harian de ella con el tiempo, Aillavilu, con rapido curso se arrojó de flanco y de frente sobre el exército Espa-

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ñol. Este, formado en batallon quadrado, y sostenido de la caballería, se dedicó á rechazar con su acostumbrado valor, los furiosos ataques de los enemigos, matando muchos de ellos, y perdiendo no pocos de los suyos. La batalla se mantuvo indecisa por muchas horas, con algun desórden de los Españoles, y con gran peligro del General, á quien le mataron el caballo, hasta que Aillavilu, llevado de un temerario ardor, cayó mortalmente herido. Los Araucanos, habiendo perdido junto con su Xefe, los mas valientes Oficiales, se retiraron en buen órden, abandonando el campo á los Españoles, los quales no tuvieron por conveniente seguirlos.

Valdivia, que se habia encontrado en muchas batallas, así en Europa como en América, confesó no haberse visto nunca en tanto peligro de perder la vida como en este encuentro, y admirado del valor, y de la pericia militar de aquella gente, se dedicó al instante á construir una buena fortaleza cerca de la ciudad, creyendo dentro de poco tiempo volver á ser de nuevo asaltado. En efecto, los Araucanos, sabida apenas la muerte de su General, dirigieron contra él otro exercito mas numeroso, baxo la conducta de Lincoyan, el qual por su estatura gigantesca, y por un cierto valor aparente, se habia adquirido la reputacion de valiente entre los demas Oficiales,

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pero él era naturalmente tímido, irresoluto, y nacido mas bien para ser subalterno que para tener el supremo mando.

1551.

El nuevo Toqui, divididas sus tropas en tres lineas, vino á atacar á los Españoles; estos, confesados y comulgados, (tal era el terror que habian concebido) lo esperaron baxo el cañon de la plaza. Pero aquel, despues del primer encuentro, que le fué poco favorable, temiendo perder el exército fiado á su mando, hizo tocar precipitadamente la retirada, con grande admiracion de Valdivia, que sospechoso de alguna estratagema prohibió á sus soldados el alcance. Quando estos vieron que la retirada era de veras, comenzaron á atribuir la fuga á favor especial del cielo, y en el fervor del entusiasmo no faltaron algunos que aseguraron que habian visto al Apostol Santiago sentado sobre un caballo blanco aterrar á los enemigos con una espada refulgente. La deposicion de ellos fué facilmente creida. Todo el exército de comun acuerdo hizo voto de fabricar una capilla en el lugar de la batalla, la qual efectivamente se dedicó algunos años despues. Pero este pretendido milagro, que á fuerza de ser copiado se ha hecho mas increible, no provino sino del carácter del circunspecto Lincoyan.

El General Español, libre en algun modo de la sujecion que le causaban los Arau-

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canos, se aplicó con todo ahinco á la fábrica de la nueva ciudad. Aunque hubiese destinado la de Santiago para Metrópoli de la colonia, con todo, manifestaba mayor afecto á este establecimiento marítimo, mirandolo como el centro de la comunicacion, que debia abrirse con el Perú, y con España. Aquí quiso fixar su familia, señalando para su habitacion un sitio cómodo, y adjudicandose en el repartimiento de las tierras la fertil península situada entre las bocas de los rios Biobio y Andalien. Como esperaba poder subyugar brevemente el estado Araucano, destinó tambien para sí las dos contiguas provincias de Arauco, y Tucapel, las quales queria pedir á la Corte con el título de Marques, en recompensa de sus servicios.

Habiendo crecido en poco tiempo los edificios de la ciudad, baxo su inspeccion, empleó el resto del año en arreglar la policía interna. A este fin publicó quarenta y dos capitulos, ó estatutos, entre los quales se observan algunos muy prudentes, y humanos, en quanto al buen tratamiento de los nacionales, que todavia dexaba sujetos, como otras veces, al dominio privado de los ciudadanos. Deseando, pues, abatir enteramente el orgullo de los Araucanos, porque despues de la segunda infructuosa expedicion no se habian movido, determinó atacarlos en su estado, con nuevas fuer-

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zas que le habian venido del Perú.

1552.

Pasado con esta mira Biobio, se introduxo rápidamente por las provincias de Encol, y de Puren; y á pesar de las lentas operaciones de Lincoyan junto á las riberas de Cauten, que divide en dos partes casi iguales el dominio Araucano, fundó sobre el confluente de este rio, y el de las Damas, otra ciudad, á la qual dió el nombre de Imperial, en honor de Cárlos V, ó como otros quieren, con motivo de haber encontrado allí aguilas de madera de dos cabezas, levantadas sobre los techos de las casas. Esta ciudad, que vino á ser durante el poco tiempo que pudo subsistir, la mas florida de Chile, yacía en un lugar amenísimo, y abundante de todas cosas. Su situacion sobre un gran rio navegable hasta sus muros, la hacia capaz para exercitar un Vasto comercio, y para procurarse poderosos socorros en caso de un asedio. Los Geógrafos modernos hablan de ella como de una ciudad no solo exîstente, pero aun fortísima, y adornada de silla Episcopal, quando justamente hacen dos siglos que yace sepultada en sus ruinas.

Valdivia, engolfado en la embriaguez que causa una inesperada fortuna, mostró aquí toda aquella liberalidad, que puede tener un hombre, quando se encuentra en estado de dar aquello que nole cuesta nada. Congratulandose con sus Oficiales de la felicidad con que

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pretendia haber domado la mas valerosa nacion de Chile, les asignó provisionalmente las vastas comarcas que lo circuian. Francisco Villagran, su Teniente-General, tuvo en donativo la belicosa provincia de Maquegua, que los Araucanos llaman la llave de su estado, con 30 habitantes que debian contarse despues de la conquista (a). Los demas Oficiales obtuvieron qual ocho, y qual doce mil nacionales (b) con

(a) La Isla de Maquegua, despues de la muerte de Francisco de Villagran, se repartió entre los conquistadores, tocando una buena parte al Capitan Juan de Ocampo San Miguel, y otra á Andrés Matencio; pero con motivo de haberse sublevado los Indios, disfrutaron muy poco ó nada de estas encomiendas. Ocampo, por sus distinguidos servicios, obtuvo el Corregimiento de la ciudad de la Serena, y el de Mendoza y San Juan en la provincia de Cuyo: en este último mereció tambien una encomienda de Indios, la misma que despues cedió á S. M.:fué uno de los mas valerosos Capitanes que pasaron á Chile voluntarios desde el Perú; oriundo de Salamanca, de familia muy ilustre, y pariente del primer Obispo de la Imperial.
(b) Entre los demas agraciados por Valdivia fué comprehendido el Capitan Pedro Olmos y Aguilera, á quientocó la suerte de unos diez á doce mil Indios de encomienda. Este conquistador, que ademas de muy esforzado, era muy christiano, hizo una representacion al Obispo de la Imperial, Don Fr. Antonio de San Miguel, el año 1573, haciendo presente las ventajas que habia proporcionado á los Indios de su reduccion y encomienda; y sin embargo que no eran pocas, todavia quiso suplicar á su Ilustrísima, por si no habia llenado todos sus deberes, que le multase en lo que deberia hacer en favor de ellos, y el Obispo acordó que hiciese siete iglesias parroquiales, y un hospital, en los pueblos de su repartimiento, señalandole al mismo tiempo la materia y forma de sus fábricas, y los fondos que se debian destinar para sus subsistencias. Luego Aguilera puso en planta estas obras, y por obligarse mas, otorgó de ellas escritura ante Juan Rodriguez. Notario público. ¡Que bella vindication contra los maldicientes de los conquistadores de la América!

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los terrenos correspondientes á proporcion del favor que gozaban cerca del General. Gerónimo Alderete fué enviado con 60 hombres á establecer una Colonia sobre las riberas del gran lago Lavquen, á la qual dió el nombre de Villarica por la gran copia de oro, que se encontraba en sus contornos.

El mismo Valdivia, recibido otro socorro de gente, se encaminó hácia el mediodia, teniendo siempre á la vista á Lincoyan, el qual buscaba una ocasion oportuna de atacarlo, sin poder jamas encontrarla conforme á los deseos de su tímida prudencia. Así el General Español corrió con poca pérdida todo el estado Araucano, del septentrion al mediodia, pero arribado al rio Callacalla, que divide los Araucanos de los Cuncos, encontró que este último pueblo estaba en arma para prohibirle el paso. Mientras deliberaba sobre el partido que debia tomar, se le presentó una muger del pais nombrada Recloma, la qual movida ó del interés, ó del deseo de impedir la efusion

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de sangre humana, prometió hacer retirar toda aquella gente. En efecto, pasado el rio, habló con tanta eloqüencia en favor de los extrangeros al General Cunco, que este sin prevenir las conseqüencias, les dexó el paso libre. Los Cuncos forman una de las mas valerosas tribus de Chile. Ellos habitan lo largo del mar en aquel espacio de pais que yace entre el susodicho rio Callacalla, ahora dicho Valdivia, y el Archipielago de Chiloe. Son aliados de los Araucanos, y enemigos mortales de los Españoles: se dividen en varias tribus, las quales dependen, como entre las demas tribus Chilenas, de sus respectivos Ulmenes.

El Comandante Español, transportadas sus tropas á la otra banda del rio, fundó sobre la ribera austral la sexta ciudad que nombró de su nombre, siendo el primero entre los conquistadores de la América, que haya querido eternizar la memoria de su familia. Este establecimiento, del qual ahora ho queda mas que la fortaleza, se elevó en pocos años á un grado considerable de prosperidad, ho ménos por el oro purísimo, que se saca de sus minas, por cuyo motivo mereció el privilegio de tener casa de moneda, sino tambien por la excelencia de su puerto, que es uno de los mas bellos, y de los mas seguros del mar del Sur. El rio que forma allí, no solo este, pero varios otros puertos al rededor, ese muy ancho, y tan profun-

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do que los navios de linea anclan á pocos pasos de la ribera.

1553.

Valdivia, contentandose por ahora con las conquistas, ó mas bien con las correrias hechas, volvió atras, y en el nuevo tránsito que hizo por las provincias de Puren, de Tucapel, y de Arauco, construyó en cada una de ellas una fortaleza, para asegurar la posesion de todas las demas. El bien advirtió que en estas solas provincias podia suscitarse alguna revolucion funesta á sus establecimientos. Efectivamente en el dominio de Pilmayquen, dependiente del de Tucapel, vivia entonces aquel que dentro de poco debia cortar el hilo de sus victorias, y de su vida. Ercilla, autor contemporaneo, escribe, que los Españoles en esta expedicion tuvieron que sostener muchas batallas de parte de los nacionales, lo que es muy creible, porque de otra manera no se puede alcanzar como Lincoyan hubiese podido conservarse en el mando, sin hacer nada en defensa del estado.

Pero estos hechos de armas, mal continuados por la cobarde circunspeccion del General estuvieron muy lejos de servir de útil reparo al torrente que inundaba las provincias. Valdivia, sin arrepentirse de ningun modo de la temeridad de haber ocupado un pais tan vasto con pocas fuerzas, llegado que fué á Santiago mandó á Francisco de Aguirre, con dos-

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cientos hombres á conquistar las provincias de Cuyo, y Tucuman, situadas al oriente de la Cordillera. Aunque es verdad, que en aquellos dias le habia llegado por mar, del Perú, Martin Avendaño con un cuerpo considerable de tropas, y 350 caballos de remonta; pero estos refuerzos eran de poca consideracion respecto del gran número de pueblos que se querian tener sujetos.

No obstante de esto el Comandante Español infatigable en la execucion de sus vastas ideas, que le resultaban bien en apariencia, retornó hacia las provincias Araucanas, y en la de Encol fundó la septima, y última ciudad, en un terreno fecundo de excelentes vinos. Le dió, sin penetrar lo futuro, el nombre de ciudad de los Confines. Sus ruinas yacen efectivamente en los confines de la parte de Chile, que habitan al presente los Españoles. Fué ciudad comerciante, y rica: sus vinos se conducian á Buenos Ayres, por un paso que dexa allí la cordillera. En la Enciclopedia está descripta baxo el nombre de Angol, que le fué dado en seguida por los Españoles, como una ciudad exîstente.

Despues de haber dado la forma conveniente á esta poblacion, Valdivia se restituyó á su predilecta ciudad de la Concepcion, donde creó los tres Oficiales Generales, que hasta ahora presiden al Real exército en Chile, es

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á decir, el Maestre de Campo, el Sargento Mayor, y el Comisario (a). Luego envió á España á Gerónimo Alderete, con una gran suma de oro, y con una relacion circunstanciada de sus conquistas, encargandole de hacer lo posible para obtener el gobierno perpetuo del Reyno, y el título de Marques de Arauco. Al mismo tiempo expidió á Francisco Ulloa con un bastimento para observar diligentemente el estrecho Magallánico, por donde deseaba abrirse una comunicacion directa con la Europa, sin dependencia del Perú.

CAPITULO II.

CAUPOLICAN CREADO TOQUI,
expugna las plazas de Arauco, y Tucapel
: el exército Español es enteramente
deshecho, y Valdivia muerto
.

Mientras Valdivia atendia á estas grandiosas empresas, sin siquiera imaginarse el reves que la fortuna le estaba preparando, un viejo

(a) De estos tres empleos, solo subsisten el de Maestre de Campo, que reside en la Concepcion, y se llama tambien Intendente, y el de Sargento Mayor; este último se ha dividido en dos, uno de caballería, y otro de infantería. El de Comisario no exîste mas que en los cuerpos de Milicias Urbanas.

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Ulmen de la provincia de Arauco llamado Colocolo, dexando por amor de la patria el retiro, á el qual mucho tiempo antes se habia entregado, corria las provincias Araucanas, solicitando los ánimos, aturdidos con las desgracias, para elegir un General capaz de desalojar á los Españoles de los puestos ocupados por la mala conducta de Lincoyan. Este Régulo se habia adquirido en todo el pais la reputacion de hombre sabio, é inteligente en los negocios del gobierno; su mucha edad y experiencia le conciliaban la estimacion de toda la nacion, y á él se recurria en las ocasiones de mayor importancia.

Los Ulmenes, que eran ya todos del parecer de Colocolo, se juntaron prontamente, segun la costumbre, en un prado, y despues del comun banquete, comenzaron á tratar de la eleccion. Muchos aspiraban á la gloria de ser los redentores de la patria oprimida, pero entre todos se distinguian Andalican, Elicura, Ongolmo, Rencu, y Tucapel. Este último, que mereció por su valor dexar el propio nombre á la provincia, de la qual era Apo-Ulmen, tenia un gran partido; pero la parte mas prudente de los electores se le mostraba contraria, porque era dp un carácter furioso, y capaz de apresurar la ruina del estado.

La disension se adelantó tanto, que los partidos opuestos estaban ya á punto de venir á

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las manos, quando el respetable Colocolo, levantandose en pie, aplacó de tal manera los ánimos irritados, con un enérgico discurso, que todos de comun acuerdo dexaron á su arbitrio la eleccion de Comandante. El buen viejo, depuesta toda mira, nombró sin detenerse al Ulmen de Pilmayquen, llamado Caupolican, el qual, por aquella modestia que caracteriza los grandes hombres, no se habia mezclado en el número de los Candidatos.

Toda la nacion aplaudió el juicio de Colocolo, porque el electo era hombre grave, paciente, sagaz, valeroso, y en suma, dotado de todas las qüalidades que forman un gran General. Su alta estatura, su fuerza prodigiosa, y la magestad de su rostro, aunque desfigurado por el defecto de un ojo, (lo que él tuvo comun con otros famosos Generales) daban un gran realce á los apreciables dotes de su ánimo. Empuñada que hubo la hacha distintiva de su dignidad, creó inmediatamente los Oficiales que debian comandar baxo de él, entre los quales admitió todos sus competidores, y aun al mismo Lincoyan; pero el empleo de Vice-Toqui lo reservó para Mariantu, del qual tenia plena satisfaccion. El violento Tucapel, que anhelaba al supremo mando, no se desdeñó de ser subalterno de su vasallo, mostrando en esto, que su ambicion no procedia verdaderamente de otro motivo que del deseo de servir á la patria.

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Los Araucanos reputandose invencibles baxo los auspicios del nuevo Toqui, querian al instante ir desde el mismo congreso á embestir á los Españoles; pero Caupolican, no ménos político que guerrero, contuvo con razones prudentes este ardor, exhortandolos entretanto á proveerse de buenas armas para estar prontos á la primera órden. Hecha, pues, la revista del exército, halló conveniente comenzar las operaciones por medio de un estratagema, que el accidente le habia sugerido. Habiendose convenido aquella mañana misma con los auxîliares de los Españoles, que conducian forrages á la vecina plaza de Arauco, mandó allí, en lugar de ellos, ochenta valientes soldados, baxo la conducta de Cajuguenu, y de Alcatipay, á los quales mandó llevar las armas escondidas entre los haces de yerba, y que se apoderasen de la puerta de la fortaleza, hasta tanto que él pudiese llegar á socorrerlos con todas sus tropas.

Los disfrazados forrageros hicieron con tanta cordura su deber, que sin dar la menor sospecha fueron admitidos dentro de la plaza. Luego, sacadas prontamente las armas, pasaron á hacer su estrago en el cuerpo de guardia, y á matar á todos aquellos que se les ponian delante. Los restantes Españoles, que baxo el mando de Francisco Reynoso estaban allí de guarnicion, corriendo bien armados al tumul-

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to, se opusieron vigorosamente á sus progresos, y despues de una obstinada pelea, los echaron fuera de la puerta en el mismo momento que arribaba el exército Araucano: de modo que apenas tuvieron tiempo de alzar el puente levadizo, y de ocurrir á la defensa del muro. Caupolican, aunque burlado de sus esperanzas, creyó todavia poder aprovecharse del desconcierto interno, y animando á sus soldados, asaltó por todas partes la fortaleza, á pesar del continuo fuego que hacian los sitiados con seis piezas de campaña, y dos cañones. Pero viendo, pues, que perdia mucha gente, se puso á bloquearla con resolucion de tomarla por hambre, ó de otra qualquiera manera.

Los Españoles, despues de varias salidas infructuosas, en las quales habian perdido no pocos de sus compañeros, determinaron abandonar la plaza, y retirarse á la de Puren. Este partido era tanto mas necesario, quanto que ya los víveres empezaban á faltar, y no habia allí alguna esperanza de socorro. Montados, luego que pasó la media noche, sobre sus caballos, abrieron improvisamente la puerta, y corriendo á rienda suelta, escaparon por medio de los enemigos. Los Araucanos, creyendo que esta fuese una de sus acostumbradas salidas, no se previnieron á oponerse á la fuga de ellos.

Caupolican, aterrada esta fortaleza, con-

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duxo sus tropas á expugnar la plaza de Tucapel. Martin Erizar, Oficial de reputacion, que estaba en ella de guarnicion con quarenta hombres, se defendió valerosamente por algunos dias, pero cansado de los continuos asaltos del enemigo, y hallandose desproveido de víveres, resolvió retirarse á la misma plaza de Puren, lo que executó, ó en virtud de una capitulacion hecha con Caupolican, ó con la misma estratagema que resultó tan bien al Comandante de Arauco.

El General Araucano, libre ya de los fuertes que le daban mayor cuidado, se quedó con su exército en el sitio mismo de la destruida fortaleza, á fin de esperar allí á los Españoles, los quales, como presumia, no debian tardar mucho en venir contra él. En efecto, Valdivia, que se hallaba entonces en la Concepcion, apenas supo el asedio de Arauco, quando se puso en camino hácia aquella parte, con todas las fuerzas que pudo recoger, á pesar del aviso de los mas acreditados, entre los Oficiales, que le pronosticaban lo mismo que despues sucedió.

Los historiadores de aquel tiempo, á proporcion del mayor ó menor empeño que tenian de disminuir la pérdida de sus compatriótas, varían mucho en la designacion que hacen del número de Españoles y de auxîliares que lo acompañaron en esta infausta ex-

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pedicion. Segun algunos, no conducia consigo mas que doscientos de los primeros, y cinco mil de los segundos. Otros, pues, reducen aun este número, á la mitad solamente; no faltan otros que no quisieran darle mas de sesenta Españoles. La misma incertidumbre, por conseqüencia, se encuentra en quanto al número de enemigos, que algunos hacen ascender á nueve, y otros á mas de diez mil. Si los dos partidos contrarios nos hubiesen dexado documentos históricos, podriamos, confrontando sus relaciones, deducir un cálculo probable, pero las Memorias, de las quales nos servimos, vienen todas de un mismo manantial. No obstante de esto, reflexîonando sobre las funestas conseqüencias de aquella jornada, no se puede creer, á ménos que se desprecie toda conjetura, que la pérdida no fuese mas considerable de lo que se pretende.

1553.

3 de Diciembre.

Sea lo que fuere, Valdivia, estando á pocas millas de distancia de los acampamentos enemigos, mandó delante á Diego del Oro, con diez caballos, para observar la positura de ellos. Pero estos cayendo en las correrias Araucanas, fueron despedazados cruelmente, y colgados en los árboles, sobre el camino real. Las tropas Españolas llegadas á este lugar, se quedaron horrorizadas á la vista de un espectáculo tan inopinado, y á pesar de su acostumbrado valor, deseaban volver atras. EL mismo

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Valdivia, por presagio de su suerte, comenzó á arrepentirse de no haber seguido el consejo de los mas sensatos; pero inducido de las jactancias de los jóvenes Oficiales, los quales á despecho del exemplar que tenian delante de los ojos, decian, que diez de ellos eran mas que suficientes para poner en fuga á todo el exército Araucano; caminó á delante, y avistó el campo enemigo. La fortaleza arruinada, el órden bien entendido de los esquadrones contrarios, los escarnios insultantes de los enemigos, que en alta voz los llamaban ladrones, é impostores, infundian un terror mezclado de ira en los ánimos de sus soldados, acostumbrados hasta entonces á mandar, y á ser temidos y respetados.

Los dos exércitos estuvieron largo tiempo contemplandose el uno al otro, hasta que Mariantu, que mandaba la ala derecha de los Araucanos, se movió contra la opuesta de los Españoles, conducida por Bobadilla, el qual hecho su encuentro con un destacamento, quedó arrollado, y destruido del todo. El Sargento Mayor que envió Valdivia á socorrerle con otro destacamento, tuvo la misma suerte. Tucapel, que estaba en la ala siniestra Araucana, principió tambien el ataque por su lado, con su acostumbrada impetuosidad. La accion entonces se hizo general. Los Españoles, guarnecidos de armas superiores, y animados del

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exemplo de su valeroso Xefe, que hacia no ménos de General que de soldado, trastornaban las filas enteras de los enemigos. Pero estos, á pesar de la carnicería que hacian las armas de fuego, volvian á formar muy presto su lineas. Tres veces se retiraron en buen órden fuera del tiro de fusil, y otras tantas, tomado nuevo vigor, volvian á la refriega. Por último, perdiendo siempre mas gente, comenzaban ya á desordenarse y á rendirse. En vano Caupolican, Tucapel, y el impavido viejo Colocolo, que se encontraba tambien en la batalla, se esforzaban para impedirles la fuga, y para reanimarles el valor. Los Españoles gritaban victoria, y molestaban furiosamente á los fugitivos.

En este aprieto, un jóven Araucano, de quince á diez y seis años, llamado Lautaro, que Valdivia en sus correrías habia tomado, bautizado, y hecho su page, abandonando la parte victoriosa por la vencida, se puso á improperar altamente á sus compatriótas su cobardia y á exhortalos á la perseverancia, asegurandoles que los Españoles, ya cansados y heridos, no estarian en estado de hacer mayor resistencia. Empuñada luego una lanza, se vuelve contra su mismo amo gritando: seguidme compatriótas, seguidme, la victoria nos espera con los brazos abiertos. Los Araucanos avergonzados de ser menos que un muchacho, se arrojan con tal furia sobre los enemigos esqua-

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drones, que al primer lance los ponen en derota, haciendo pedazos á los Españoles y auxîliares, de tal modo, que de todo aquel exército no quedan mas que dos Promaucaes, los quales tienen la fortuna de poderse esconder en un bosque vecino.

El General Español, perdida toda esperanza, se habia retirado al principio del estrago, con su Capellan, para prepararse á la muerse; pero seguido, y preso por los vencedores, fué conducido á la presencia de Caupolican, á el qual, en demostracion conveniente á su actual situacion, pidió en gracia la vida, implorando la intercesion de Lautaro, y prometiendo con repetidos juramentos partirse de Chile con toda su gente.

El Comandante Araucano, naturalmente generoso, y rogado de Lautaro, estaba ya dispuesto á hacerle la gracia. Pero entretanto que se trataba de esto, un viejo Ulmen, de gran autoridad en el pais, encolerizado de oir hablar de perdon, despedazó con un furioso golpe de maza, la cabeza al infeliz prisionero, diciendo ser locura creer á un enemigo ambicioso, el qual, escapado que fuese de aquella crítica coyuntura, se burlaria de sus juramentos y de la estupidez de ellos. Caupolican hubiera castigado severamente este atentado, si la mayor parte de los Oficiales no se hubiese opuesto á su justo resentimiento.

T 2

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Este fué el trágico fin del conquistador Pedro Valdivia, hombre sin contradicion dotado de ánimo incomparable, y de grandes talentos políticos y militares, de los quales todavia deslumbrado por el espíritu romancesco de su siglo, no supo hacer uso oporituno. Hubiera sido feliz en todas sus empresas, si hubiese sabido medir sus fuerzas; ó sino dexandose seducir del exemplo del Perú, hubiese despreciado menos á los Chilenos. La historia no le improperará con alguna de aquellas crueldades, de las quales son acusados los demas conquistadores sus contemporaneos. Aunque es verdad que en las Crónicas de los Franciscanos son aplaudidos dos de aquellos Religiosos por haberlo apartado con sus humanos consejos de las crueldades que hacia en los principios contra los naturales del pais. Pero este rigor no debió ser tan excesivo que mereciese particular mencion entre los historiadores. Algunos lo tachan de avaro, y pretenden que en pena de este vicio fuese sufocado por los Araucanos con oro fundido vertido en la boca: pero esta es una historieta indubitablemente copiada de la antigüedad.

La victoria alcanzada al entrar la noche, fué celebrada el dia siguiente con todo genero de juegos y de convites, en un prado ceñido de árboles sombrios, sobre los quales se veian colocadas, á manera de trofeos, las ca-

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bezas de los enemigos. Inmenso fué el pueblo que de los lugares comarcanos concurrié á observar con sus propios ojos el estrago de aquel exército, creido hasta entonces invencible, y á gozar de las festivas diversiones. Los Oficiales vencedores comparecieron allí vestidos en señal de triunfo, con los vestidos de los Españoles, y el mismo Caupolican se vistió el arnés, y la casaca de Valdivia, que estaba toda bordada de oro.

CAPITULO III.

LOS ESPAÑOLES ABANDONAN
á Puren, Angol, y Villarica
: Caupolican sitia
á la Imperial y Valdivia
: Lautaro deskace
el exército Español en Mariguenu, y
destruye la Concepcion.

Fenecidos los espectáculos, Caupolican, conduciendo de la mano al jóven Lautaro, lo presentó al Congreso nacional, que se habia reunido para tratar de los negocios de la guerra, y despues de haberle hecho un gran elogio, en el qual le atribuia todo el éxîto de la jornada precedente, lo creó su Teniente-Toqui extraordinario, con la facultad de mandar en Xefe otro exército que debia formarse para cubrir las fronteras del estado de las invasiones

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de los Españoles. Esta disposicion fué aplaudida y aprobada de todos los circunstantes, porque Lautaro, á mas del incomparable servicio hecho á la patria, y la nobleza de su familia, que pertenecia al órden de los Ulmenes, era dotado de singular belleza y afabilidad, y de un valor superior á sus años.

Los pareœres sobre las operaciones de la próxîma campaña fueron diversos; Colocolo con una gran parte de los viejos Ulmenes, queria que antes de todo se limpiase el estado de los establecimientos extrangeros que todavia permanecian en pie. Pero Tucapel, seguido de los mas osados, entre los Oficiales, se oponia á este sentir, diciendo, que en las circunstancias presentes no habia otro partido que tomar que el de atacar en derechura á los Españoles, ya consternados, en el centro de sus colonias, esto es, en la misma ciudad de Santiago, y perseguirlos, si fuese posible, hasta España, aunque ni él, ni alguno de los presentes supiese donde este reyno estuviese situado. Caupolican, aplaudido el consejo de Tucapel, que quizá era el mas útil, se adhirió á la primera opinion, recomendandola como mas segura, y mas ventajosa á la patria.

Mientras se deliberaba en quanto á estos importantes objetos, Lincoyan, que corria la campaña con un destacamento de tropas, atacó y deshizo catorce Españoles que venian de

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la Imperial, en socorro de Valdivia, cuya muerte no se habia aun divulgado. Estos al hacer frente al enemigo que esperaban poner luego en fuga, se lamentaban de no ser dos menos para poderse llamar, segun las ideas caballerescas de su siglo, los doce de la fama. Pero sus votos fueron atendidos demasiado, porque al primer encuentro no quedaron de aquel número mas que siete, los quales prevaliendose de la ventaja de los caballos, de cuyo beneficio carecian los contrarios, se refugiaron, gravemente heridos, en plaza de Puren (a).

Habiendose esparcido con la venida de ellos la nueva de la total derrota del exército Valdiviano, los habitantes Españoles de la ciudad de los Confines, y de Puren, creyendose poco seguros dentro de sus murallas, se retiraron á la Imperial. Lo mismo hicieron los de Villarica, los quales abandonadas todas sus cosas, corrieron á refugiarse en Valdivia. Así á los Araucanos no les quedaba que expugnar mas que estas dos plazas. Caupolican se encargó de sitiarlas, dexando á Lautaro el cuidado de defender las fronteras del estado por la parte del septentrion. El Joven Vice-Toqui se fortificó sobre el alto monte de Mariguenu,

(a) Ercilla dirige el Canto IV á estos valerosos catorce soldados.

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que yace en el camino que conduce á la provincia de Arauco; imaginandose, como efectivamente sucedió, que los Españoles deseosos de vengar la muerte de su Comandante, vendrian por aquella parte en busca de Caupolican. Este monte, que en varias ocasiones ha sido funesto al nombre Español, tiene sobre la cima una bella llanura con algunos árboles, que á trechos le hacen sombra. Sus faldas están llenas de despeñaderos y precipicios, especialmente las que miran á poniente, donde el mar bate con gran violencia, y las que se ven á levante, las quales estan cubiertas de un bosque impenetrable. No se puede llegar á la cumbre, sino es por una senda escabrosa, que conduce por el lado del septentrion.

Los dos auxîliares Promaucaes, que habian solamente escapado, como hemos dicho, del entero exterminio del exército Español, llegados á la Concepcion, habian llenado aquellos ciudadanos de terror. Calmada que fué la consternacion se abrió un pliego, que Valdivia antes de partir habia entregado al cabildo, en el qual se encontraron destinados para sucederle, por órden en el gobierno, en caso de muerte, Gerónimo Alderete, Francisco Aguirre, y Francisco Villagran. Pero hallandose el primero en Europa, y el segundo en la Provincia de Cuyo, el supremo mando fué devuel-

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to á Villagran (a). Este Comandante, menos temerario que Valdivia, hechos los preparativos necesarios, se puso en marcha tomando la vuelta de Arauco, con un buen número de tropas Españolas y auxîliares.

1554.

Pasado sin oposicion Biobio, se encontró á poca distancia con un cuerpo de Araucanos,

V

(a) En la capital de Santiago, sabida que fué la muerte de Pedro Valdivia, se juntó el Ayuntamiento compuesto de los Alcaldes Ordinarios Juan Fernandez Alderete, y Rodrigo de Azaya, y de los Regidores Juan Godinez, el Capitan Juan Bautista Pastene, y Alonso de Escobar, los quales por sí, y en nombre de los vecinos y moradores de ella, como cabecera de gobierno, en atencion á los peligros en que este se hallaba, y mientras S. M. mandaba otra cosa, nombraron por Capitan General y Justicia Mayor del Reyno á Rodrigo de Quiroga, el que como tal se recibio. Pero poco-despues, llegados que fueron los Capitanes Diego Maldonado, y Juan Gomez de Almagro, con la noticia de que todo el exército habia elegido en la frontera, inter S. M. daba nuevas disposiciones, á Francisco de Villagran: tuvo á bien el Cabildo de comisionar á la prudencia del Regidor perpetuo, conquistador y descubridor, Diego Garcia de Cáceres, la transacion de estas diferencias, enviandolo, con poder especial para que tratase con Villagran, el modo de que quedase con el Gobierno de las armas, dexando á Quiroga el mando del distrito de Santiago, entretanto S. M. resolvia lo mas conveniente: despues se le dió la misma comision y poder á Garcia de Cáceres, para notificar á Francisco de Aguirre, que no fuese con gente de guerra á la dicha capital, estando ya Villagran en posesion del supremo mando, por evitar escandalos. Lib. I. del Cabildo de Chile.

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que procuraban oponersele vigorosamente en un paso estrecho. Pero habiendo acertado á desbaratarlos despues de una vivísima accion tres horas, los rechazó siempre combatiendo, hasta la falda de la cumbre, donde Lautaro, defendido por una fuerte estacada, lo esperaba inmobil con el, resto del exército. Tres compañias de caballería Española, que por su órden se habian esforzado para superar la dificil subida del monte, llegadas, despues de gran, trabajo, á poca distancia de la cima, fueron rechazadas con una cantidad de piedras, de flechas, y demas armas arrojadizas que incesantemehte llovian sobre sus cabezas. Villagran entre tanto, observando que del campo enemigo partian varios destacamentos con la idea de cercarlo, hizo avanzar los mosqueteros, y disparar seis piezas de campaña que habia colocado en un sitio oportuno.

La montaña se cubria de humo, y retumbaba con el estrépito de las balas, que se cruzaban por todas partes. Pero Lautaro, en medio de tanto ruido, mantenia constante su puesto; solamente viendo que el mayor daño le venia de los cañones, ordenó al Capitan Leucoton que fuese con su compañia á apoderarse de ellos, mandandole, con aquella autoridad que le daba, no su edad, sino su mérito, que no osase volver á verlo sin haber practicado su órden. El brayo Oficial, desafiando

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á la muerte, se arrojó con tal resolucion sobre los artilleros, que despues de una furiosa oposicion, llevó triunfante todas las seis piezas.

En este intermedio de tiempo, Lautaro, para impedir á los Españoles el socorro que podian llevarles por aquella parte, se echó con precipitacion sobre ellos, con todas sus tropas, y los despeñó hasta el baxo, de manera, que precipitando los caballos y infantes juntos, no pudieron volver á ponerse en órden, ni pensar en otra cosa que en la fuga. Sobre el campo quedaron unos tres mil muertos, entre auxîliares y Européos. El mismo Villagran, caido en tierra, hubiera quedado prisionero, si trece de sus soldados, haciendo prodigios de valor, no lo hubiesen arrebatado de las manos de los enemigos, y restituido á su caballo. Los Españoles restantes, siempre perseguidos de los vencedores, huian espoleando furiosamente sus caballos ya cansados, pero llegados al paso estrecho, donde se habia comenzado la batalla, lo encontraron cerrado por órden de Lautaro, con troncos de árboles. Aquí la pelea se encendió de modo, que no hubiera escapado ninguno del miserable resto del exército deshecho, si Villagran, haciendo el último esfuerzo, no hubiese abierto el paso con gran peligro de su vida. No obstante de esto, los Araucanos, aunque hubiesen ya perdido cerca de setecientos hombres, no dexaron de seguirlos por largo es-

V 2

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pacio de tiempo; pero encontrandose extremamente fatigados, y no pudiendo á pie alcanzar los caballos, se quedaron con ánimo de vadear el dia siguiente á Biobio.

Los pocos Españoles que se libraron del estrago, causaron en la Concepcion una amargura, y una consternacion inexplicable. No habia allí familia alguna, la qual no tuviese algun pariente que llorar. El espanto se aumentó mayormente con la nueva del próxîmo arribo de Lautaro. Villagran, considerando imposible la defensa de la ciudad, hizo embarcar precipitadamente los viejos, los niños, y las mugeres, en dos bastimentos, que por fortuna se encontraban en el puerto, ordenandoles que conduxesen parte á la Imperial, y parte á Valparaiso. El se encaminó por tierra, con el resto de los habitants para Santiago.

Lautaro, entrado en la ciudad, hizo en ella un botin tanto mas considerable, quanto que el comercio, y las minas la habian elevado á una grande opulencia, y los ciudadanos, atendiendo mas á salvar la vida, que las riquezas, no se habian entretenido en llevar consigo sino algunos pocos víveres. Los edificios quadaron consu midos de las llamas, y la fortaleza destruida hasta los fundamentos. El vencedor volvió con sus tropas á celebrar su triunfo en Arauco.

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CAPITULO IV.

VILLAGRAN HACE LEVANTAR
el sitio de la Imperial, y de Valdivia
: las
viruelas se introducen entre les Araucanos
:
Lautaro vuelve á destruir la Concepcien, que
habia sido reedificada
: se encamina contra
Santiago, y es muerto
.

Entretanto los Comandantes de las ciudades. Imperial y Valdivia, estrechamente sitiados por Caupolican, pidieron socorro al Gobernador, el qual, aunque abatido por la anterior derrota, no dexó de introducirles, con toda la celeridad posible, un competente número de gente. El General Araucano, creyendo dificil en tales circunstancias, la toma de aquellas dos plazas, levantó el asedio, y vino á unirse con Lautaro, para tentar con las fuerzas combinadas alguna otra empresa de mayor importancia.

Villagran, prevaliendose de la ausencia del enemigo, saqueó todos los paises vecinos á la Imperial, quemó las casas, y los sembrados, y hizo transportar á la ciudad todas las vituallas que no fueron incendiadas. Los pretendidos derechos de la guerra lo obligaron á poner en obra estos iniquos medios, los quales ordina-

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riamente no producen otros efectos, que los de hacer padecer á los mas débiles. El por otra parte era de un carácter humano, y enemigo de la violencia, su generosidad era alabada de los mismos enemigos. Durante su gobierno ninguno fué maltratado, ó muerto, fuera del campo de batalla.

A las terribles calamidades, que lleva consigo la guerra, se añadió la de la pestilencia. Algunos de los soldados, que se encontraron en la susodicha correria, estando aun infectos, ó salidos frescamente de las viruelas, esparcieron por la primera vez en todas aquellas provincias este mortal contagio, el qual hizo allí tanto mayor estrago, quanto era menos conocido. Entre los varios distritos, habia uno que habitaban doce mil personas, de las quales no quedaron con vida mas que unas ciento(a). Es-

(a) Referiremos una anecdota que hace conocer el horror que tomaron los Indios á las viruelas. Quando pasó, provisto por el Virey Marques de Montes Claros, el Gobernador Juan Xaraquemada, de Lima á Chile, llevó consigo botijas de polvora, de miel, de vino, de aceytunas, y de varias simientes, entre ellas de lentejas; al descargar estas, se rompió una botija, los Indios del servicio, que todo lo observaban, creyeron que eran Viruelas que conducia el Gobernador para sembrar en aquellas provincias, y por este medio exterminarlos. Inmediatamente se participaron unos á otros la noticia, para impedir toda comunicacion, y por consiguiente se pusieron en arma, matando quarenta Españoles que se hallaban entre ellos con el seguro de la paz. El Gobernador entró para vengarse en el estado de Arauco, y he aquí por una bárbara sospecha encendida la guerra, hasta que llegó de España el P. Valdivia, y volvió á entrar segunda vez en el mando del Reyno Alonso Rivera.
Gerónimo Quiroga, Memor. de los suces. de la guerra de Chile, cap. 74.

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ta pestilencia, que por su continuacion ha sido mas perniciosa que ninguna otra al género humano, se habia introducido poco antes en los lugares boreales de Chile, donde de tiempo en tiempo no ha cesado de volver á aparecer con gran daño de aquellos nacionales. Las provincias australes, en mas de un siglo, han sido exêntas por las precaucions que usan aquellos habitantes, de impedir toda comunicacion con los paises infectos, como se practíca en Europa en tiempo de peste.

1555.

Mientras Villagran ocupaba toda su ateneion en sostener, quanto era posible, en dominio Español en aquellas partes, y hacer frente á los victoriosos enemigos, que procuraban aniquilarlo, se vió muy próxîmo á volver las armas contra sus mismos compatriótas. Francisco Aguirre, que habia sido nombrado Gobernador en segundo lugar, como hemos dicho, informado de la muerte, y de la última disposicion de Valdivia, abandonó el Cuyo, donde parece que no habia hecho nada de particular, y con sesenta hombres que le quedaban, se restituyó á

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Chile con ánimo de tomar posesion del gobierno: de grado, ó por fuerza. Esta pretension hubiera, pues, ocasionado infaliblemente una guerra civil entre él, y Villagran, con gran perjuicio de la conquista, si por la interposicion de sus comunes amigos, no se hubiesen remitido ambos al arbitrio de la Audiencia Real de Lima. Este Magistrado, cuya jurisdicion se extendia entonces á toda la América meridional, no creyó conveniente dexar el gobierno ni al uno, ni al otro, y en lugar de ellos ordenó que mandasen los Corregidores de las ciudades, cada uno en su distrito, hasta nueva providencia.

Los pobladores, previendo los inconvenientes que debian resultar de esta poliarquia, máxîme en tiempo de guerra, hicieron su representacion á la Audiencia, la qual enterada de sus razones, dió el mando general á Villagran, como mas práctico que Aguirre en los negocios del Reyno, pero con solo el título de Corregidor, ordenandole que procurase reedificar la destruida ciudad de la Concepcion. Aunque él viese la inutilidad de esta comision, con todo, por manifestar su obediencia, se encaminó á ella prontamente (con ochenta y cinco familias, las quales dexó establecidas, y defendidas de una competente fortaleza.

Los nacionales, indignados de verse otra vez sujetos al yugo extrangero, recurrieron á

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sus comunes protectores los Araucanos. Caupolican, que en todo este intervalo de tiempo, ó fuese por ignorancia de lo que pasaba entre los Españoles, ó por qualquiera otro motivo, no se habia movido de su acampamento, mandó en socorro de ellos dos mil hombres, baxo las órdenes de Lautaro, ya práctico en tales expidiciones. El jóven Comandante irritado contra la que él llamaba obstinacion, pasó sin detenerse Biobio, y atacó á los Españoles, los quales fiandose demasiado en su valor, lo esperaban en campaña abierta. El primer encuentro decidió la suerte de la batalla. Los ciudadanos, deshechos, se retiraron al fuerte con tanta precipitacion, que no se previnieron siquiera de cerrar las puertas. Los Araucanos, entrados juntos con ellos, mataron un buen número. Los restantes, dispersos, parte se embarcaron en una nave que estaba en el puerto, y parte se refugiaron en los bosques, desde donde por caminos ocultos, se volvieron á Santiago. Lautaro, saqueada y quemada, como habia hecho antes, la ciudad, volvió lleno de despojos á su acostumbrado puesto.

Este feliz suceso hizo renacer en el ánimo de Caupolican el designio de tentar otra vez la expugnacion de las plazas de la Imperial, y de Valdivia. Las gloriosas empresas de su Lugar-Teniente lo estimulaban á seguir asuntos

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de la mayor importancia, y dignos de su supremo empleo. Lautaro se encargó de hacer una diversion á las fuerzas Españolas, encaminandose la vuelta de Santiago, cuya toma no le parecia dificil, no obstante el grande espacio de terreno que debia atravesar antes de llegar á aquella ciudad. Sus continuas victorias lo habian animado de manera, que ninguna creia dificil á sus esfuerzos.

Para poner en execucion esta peligrosa empresa, no queria llevar consigo mas de quinientos hombres escogidos á su eleccion. Pero el número de aquellos que deseaban militar baxo sus estandartes victoriosos, era tan grande, que se vió obligado á recibir otros ciento. Así se separaron los dos Generales, entre los mas dichosos anuncios de la nacion, la qual, sin pensar en los reveses de la fortuna, se prometia el éxîto mas feliz de estas dos expediciones.

Lautaro corrió á la cabeza de sus seiscientos campeones todas las provincias que yacen entre Biobio y Maule, sin hacer el menor agravio á los habitantes comarcanos, que lo llamaban su libertador. Pero pasado este último rio, comenzó inhumanamente á destruir las tierras de los aborrecidos Promaucaes, los quales, tratados con beinignidad, tal vez se hubieran separado de los Españoles, y unido á su partido. El intempestivo deseo de la venganza

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no le dexó preveer los buenos efectos que de esta oportuna reconciliacion podian resultar en favor de la causa comun.

Despues de haberse vengado, en algun modo, como él decia, de los traidores de la patria, se fortificó en el mismo pais, en un puesto ventajoso, sobre las riberas de Rio-Claro, con la mira probablemente, ó de informarse antes de pasar adelante del estado de la ciudad que queria expugnar, ó de esperar allí á los Españoles para deshacerlos poco á poco. Esta dilacion inoportuna fué utilísima á los habitantes de Santiago, los quales luego que se esparció la primera noticia de su venida, no podian persuadirse que fuese tan temerario que hiciese un viage de mas de trescientas millas para venir atacarlos. Pero desengañados por los desterrados de la Concepcion, que conocian por propia experiencia el carácter emprendedor de este mortal enemigo de la potencia Española, juzgaron aproposito tomar algun expediente útil á su defensa. Pero antes de todo enviaron á Juan Godinez con veinte y cinco hombres al pais de los Promaucaes, con el fin de que viese si las noticias eran verdaderas, y observase los movimientos y designios del enemigo, y que diese pronto aviso. Pero él no pudo practicar mas que una parte de dichas comisiones, porque asaltado improvisamente de un destacamento Araucano,

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volvió precipitadamente con su gente disminuida y asombrada á darles la nueva. Los vencedores se apoderaron en esta ocasion de diez caballos, y de algunas armas, de las quales se sirvieron despues en las siguientes acciones.

El Corregidor Villagran, que se encontraba entonces incomodado, dió á su primo Pedro Villagran la incumbencia de marchar con aquellas tropas que pudieron juntarse contra Lautaro. El entretanto hizo fortificar del mejor modo posible la ciudad, cerrandole las entradas con buenos reparos. Aquel Comandante atacó en su fuerte á los Araucanos, estos instruidos del Xefe que los conducia, fingieron una fuga: pero entrados que fueron los Españoles en el abandonado recinto, hicieron frente, y se echaron encima de ellos con tanto ímpetu que los derrotaron. Los caballos solos pudieron sacarlos del peligro de quedar todos despedazados.

Pedro Villagran, recibidos nuevos socorros de gente, volvió á acometer por tres veces el campo Lautarino; pero habiendo sido siempre rechazado con pérdida, se alojó en un prado baxo, á orillas del rio Mataquito. El General Araucano, ocupada una montaña vecina, intentó inundar de noche los quarteles Españoles, echando sobre ellos un brazo de rio. Pero este atrevido designio, que hubiera

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sido la ruina de aquel exército, no tuvo efecto, porque Villagran, advertido en tiempo por un espia que habia observado los preparativos, se retiró poco antes de la execucion con toda su gente á Santiago.

1556.

El viejo Villagran, restablecido de su indisposicion, y solicitado con vivas demostraciones de aquellos ciudadanos, que á cada momento creian ver los Araucanos á sus puertas, se puso finalmente en marcha con 196 Españoles, 1 auxîliares, en busca de Lautaro. Pero acordandose de la derrota de Mariguenu, resolvió no atacarle sino por sorpresa. Dexado con tal mira el camino real, se dirigió secretamente por la playa del mar, donde guiado de una espia, caminó por un sendero oculto á embestir los alojamientos al amanecer.

Lautaro, que en aquel momento se habia adormecido, despues de haber estado en vigilia, como acostumbraba toda la noche, saltó de la cama al primer al arma de las centinelas, y se encaró á las trincheras para observar el enemigo. Pero en el mismo instante, un dardo, despedido de uno de los auxîliares de los Españoles, le atravesó el pecho de parte á parte, de manera, que sin dar la menor señal de vida cayó desangrado entre los brazos de los circunstantes. Parece que la fortuna, siendole siempre propicia, quisiese ahor-

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rarle, con una muerte tan improvisa, el rubor de verse vencido por la primera vez, si es que debia rendirse en esta ocasion. Su genio fecundo de expedientes, le habria facilmente sugerido algun industrioso recurso para hacer inutil la sorpresa de los asaltadores, sino hubiese sido sorprendido de este fatal accidente.

Animado Villagran con un suceso tan inopinado, asaltó por todas partes los quarteles enemigos, y penetró en ellos á pesar de la furiosa resistencia de seiscientos Araucanos, los quales, acantonados en un ángulo de las trincheras, resolvieron mas bien dexarse hacer pedazos, que rendirse á los homicidas de su valeroso Xefe. En vano el General Español ofreció diversas veces darles quartel. De esta gracia no quisieron aprovecharse sino algunos pocos de aquellos Indios vecinos, que por accidente se encontraban los mismos alojamientos. Todos los Araucanos cayeron, hasta el último, con tanta obstinacion, que se ensartaban ellos mismos en las lanzas de los Españoles, para poder llegar á matarlos.

La victoria, que habia costado muy cara á los vencedores, se celebró por tres dias consecutivos en Santiago, y en las demas colonias Españolas, con todas aquellas demostraciones que suelen practicarse en las ocasiones de los mas prosperos sucesos públicos. Aquellos colonos se felicitaban recíprocamente de hallarse

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por último libres de un enemigo, que en la temprana edad de diez y nueve años habia ya conseguido tantas victorias sobre su nacion, y que era muy capaz de arruinar enteramente todos sus establecimientos en Chile, y aun de inquietar los del contiguo Perú, como él mismo se lisonjeaba quererlo hacer, luego que hubiese puesto en libertad el pais natural.

Pero despues que este jóven heroe cesó de ser temido, la generosidad de la opinion sucedió, como casi siempre acaece, al espíritu de partido. Sus enemigos mismos aplaudian altamente su valor, y sus talentos militares, parangonandolo con los mas célebres Generales del mundo. Llamabanlo por antonomásia el Annibal Chileño, por ciertas relaciones que creian encontrar entre el mismo, y el Africano, aunque en cierto modo el renombre de Scipion le fuese mas adaptable. "No es justo, dice uno de sus historiadores(1), deprimir aquel que ensalzariamos al grado de heroe si hubiese sido nuestro. Si celebramos con razon las proezas de un Viriato Español, no debemos disimular las de un Lautaro Americano, quando ambos combatieron en favor de la patria por las mismas causas, y con el mismo valor."

Los Araucanos al contrario, lloraron lar-

(1) Oliv. Hist. de Chile, lib. 2. cap. 24.

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gamente la pérdida de su valiente compatriota, al qual debian todos los felices sucesos de sus armas, y en cuya conducta y valor tenian puesta la esperanza de la readquisicion de la propia libertad. Sus canciones heroycas hacen resonar hasta ahora su nombre, y sus hechos se proponen á la juventud para imitarlos como los mas gloriosos modelos. Pero Caupolican, mas que todos, sintió una desgracia tan funesta. Así como él amaba sinceramente á la patria, así muy lejos de pensar haber salido de un ribal, creyó antes bien haber perdido su principal cooperante en la gloriosa empresa de salvar á su nacion. Luego que tuvo la triste noticia, abandonó el sitio de la Imperial, que habia ya reducido á los extremos, y retornó con todas sus tropas á las fronteras para cubrirlas de las incursiones de los enemigos, los quales por medio de sus espias, sabia que esperaban un gran convoy de gente y de municiones de guerra del Perú, con un nuevo Comandante.

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CAPITULO V.

DON GARCIA DE MENDOZA
arriba á Chile con un refuerzo de tropas
: sus expediciones contra Caupolican.

El General Araucano no fué mal informado. Felipe II, que habia sucedido en los dominios Españoles al gran Cárlos V su padre, sabida la muerte de Valdivia, habia encargado á su Agente Gerónima Alderete, el Gobierno, y la conquista de Chile, dandole para este efecto 600 hombres de tropa reglada. Mientras él navegaba con toda esta gente, una hermana suya, que gustaba leer en la cama, pegó por accidente fuego á la nave en las inmediaciones de Portobelo. De este incendio no se salvaron mas que tres soldados, y el mismo Alderete, el qual poco despues murió de pesadumbre en la pequeña Isla de Taboga, sobre el golfo de Panamá.

El Marques de Cañete, Virey del Perú, noticioso de esta desgracia, confirió el empleo vacante, á su hijo Don Garcia Hurtado de Mendoza. Pero como este cargo se habia hecho en aquellos tiempos muy peligroso, se determinó á no dexarle partir, sino fuese acompañado por un cuerpo de tropas capaces de sostenerlo, y

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de hacerle tambien obtener, si fuese posible, la gloria de terminar la obstinada guerra con los Araucanos. Con esta mira hizo hacer numerosas levas de gente en la vasta extension de su Vireynato. El Perú, acabadas las disensiones civiles, abundaba entonces de aventureros aguerridos, que deseaban encontrar algun empleo; por lo qual en breve tiempo se juntó un número considerable de soldados, los quales, parte por continuar su genio belicoso, y parte por dar gusto al Virey, se ofrecieron á militar baxo las banderas de su hijo.

1557.

La infantería, con el numeroso aparato militar, se embarcó en diez naves, baxo el mando del mismo D. Garcia, y la caballería se dirigió por tierra, baxo las órdenes, del Maestre de Campo Garcia Ramon. La flota llegó en el mes de Abril á la desierta Bahia de la Concepcion, dió fondo vecino á la Isla Quiriquina, la qual, como mas segura, habia sido escogida para colocar en ella el quartel general. Aquellos pocos habitantes que se encontraban allí intentaron, con increible audacia, impedir el desembarco. Pero desbaratados brevemente por la artillería, se retiraron en sus piraguas al continente. El Gobernador, arrestados algunos de los mas lentos en huir, mando dos ó tres á los Araucanos, con orden de informarles de su venida, y del deseo que tenia de hacer una paz estable con ellos.

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Los Ulmenes reunidos para recibir esta embaxada, fueron generalmente de opinion que no debian escucharse las proposiciones de un enemigo que retornaba con mayores fuerzas, siendo imposible que ellas no fuesen ó insidiosas, ó poco honestas. Pero el viejo Colocolo, que era el alma de aquella junta, dixo, que no tenia nada de malo oir los ofrecimientos del General Español. Antes era esta una oportuna ocasion para espiar sus designios, y observar sus fuerzas; que por tanto él creia útil mandarle una persona prudente, y inteligente, 1a qual con pretesto de felicitar al nuevo Gobernador sobre su arribo, y de darle gracias por el deseo que decia tener de venir á un convenio, indagase todo aquello que creyese conducente para arreglar la conducta de ellos.

Caupolican adhirió con la mayor parte de los viejos Oficiales á este sabio consejo, y confió esta comision de tanta importancia á Millalauco, en el qual concurrian todas las qüalidades que pedia Colocolo. Este embaxador, pasado el angosto estrecho, que separa la Isla de la Quiriquina del continente, se presentó con aquella gravedad que es propia de su nacion, á los Españoles, los quales en recompensa, para darle una grande idea de su poder, lo recibieron formados en órden de batalla, y lo conduxeron, en medio del ruido de la artillería, al pavellon del General. Millalauco, sin

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alterarse por todas estas apariencias, cumplimentó, á nombre de Caupolican, al Gobernador, y expuso en pocas palabras la voluntad que el, y toda su gente tenian de cooperar al establecimiento de una paz honrosa, y ventajosa, á las dos naciones, añadiendo que hacian esto, no por temor de su poder, sino inducidos de los estímulos de la humanidad.

Don Garcia, poco contento de estos ofrecimientos vagos, y contrarios á sus miras, hizo las mismas protestas generales sobre la paz, y despues de haber regalado magnificamente al embaxador, ordenó á sus Oficiales que lo conduxesen por todos los alojamientos, á fin de intimidarlo con la muestra del poderoso militar apresto que habia llevado consigo. Millalauco, que no deseaba otra cosa, lo observó todo con atenta indiferencia, y despidiendose de los Españoles, se restituyo á su pais. Los Araucanos, enterados de su circunstanciada relacion, pusieron centinelas en toda costa para observer los movimientos de los enemigos, y comenzaron á preparase para la guerra, que creian próxîma, é inevitable.

Pero Don Garcia se mantuvo casi todo el invierno en la isla esperando la caballería que le venia del Perú, y las tropas de refuerzo que habia pedido á todas las ciudades de su jurisdicion. La noche del seis de Agosto finalmente desembarcó en secreto 130 hombres, con

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varios ingenieros, sobre la playa de la Concepcion, y ocupado en el momento mismo el monte Pinto, que domina la marina, construyó en él un fuerte, guarneciendolo de muchos cañones, y de un buen foso.

Las espias Araucanas no dexaron de informar luego á Caupolican de quanto pasaba en la vecina costa de los Pencones. Este General, reunidas prontamente sus tropas, pasó Biobio á, del mismo mes, y al amanecer del dia siguiente, que fué memorable tambien en Europa por la derrota de los Franceses en San Quintin, atacó por tres partes la fortaleza, habiendo enviado adelante gastadores para llenar con faginas y troncos de árboles los fosos. El asalto se siguió con aquel furor y constancia que son naturales en aquella gente. Muchos llegaron á colocarse sobre los parapetos, y algunos saltaron hasta dentro del recinto del muro, destruyendo todo lo que se les ponia delante. Pero la mosqueteria y los cañones dirigidos por manos maestras, hacian un estrago tan horrible, que el foso se llenaba de cadáveres, los quales ya servian de puentes á los nuevos combatientes, que sucedian intrépidamente á los muertos. Tucapel, llevado de su increible temeridad, se echó dentro del fuerte, y habiendo matado allí quatro de los enemigos con su formidable clava, escapo velozmente por un precipicio, en medio de las

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balas, que le fulminaban de todas partes.

Mientras se peleaba con tal ardor al rededor de la fortaleza, los Españoles que habian quedado en la Isla, viendo el peligro en que se encontraban los sitiados, se transportaron á tierra firme, y ordenados en batalla marcharon en su socorro. Caupolican, observado el desembarco, expidió inmediatamente contra ellos parte de sus tropas. Pero estas, despues de un terrible combate de algunas horas, fueron rechazadas hasta el monte, de modo, que los asaltadores quedaron entre dos fuegos. Sin embargo no descaecieron de ánimo, y continuaron combatiendo hasta medio dia. Entonces, sumamente fatigados de la larga pelea, se retiraron hácia Biobio con ánimo de haser nuevas levas para volver al asedio.

Reforzado brevemente el exército, Caupolican se puso de nuevo en marcha la vuelta de la Concepcion, pero habiendo sabido por el camino, que los Españoles habian recibido un gran socorro de gente, se quedó en la ribera de Biobio, todo confuso, por no poder practicar aquello que Lautaro habia hecho dos veces con tanto aplauso de la nacion. El dia antes efectivamente habian llegado á la Concepcion dos mil auxîliares, juntos con la caballería del Perú, que consistia en mil hombres bien armados, y de la Imperial asimismo habia venido otro esquadron de caballería Española.

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Don Garcia, dado el reposo necesario á su exército, determinó finalmente ir á buscar los Araucanos en sus tierras. Pasó Biobio en barcos bien equipados, seis millas antes de su embocadura, donde aquel rio tiene 1500 pasos de anchura. Caupolican no se arriesgó á impedir el desembarco, porque los cañones colocados sobre los barcos dominaban toda la ribera opuesta, pero habia ocupado un puesto no muy lejano, espaldeado de espesos bosques, los quales podian facilitarle la retirada en caso de desgracia.

La batalla principió por una escaramuza favorable á los Araucanos. Los corredores Españoles, habiendose encontrado con los de Caupolican, fueron rechazados con pérdida, á pesar del socorro que les llevó el Maestrede Campo Ramon. Alonso Reynoso, que igualmente corrió con cincuenta caballos en su ayuda, tuvo la misma suerte, dexando algunos de los suyos muertos en el campo. Los dos exércitos finalmente se hicieron frente. Los Araucanos animados de la ventaja obtenida, procuraron mezclarse con los enemigos, sin embargo del gran fuego que hacian ocho piezas de campaña colocadas al frente del exército Español. Pero llegados á tiro de fusil no pudieron avanzar mas, ni resistir á las descargas de la densa mosquetería, que era bien servida por los veteranos del Perú. Por lo qual, despues de

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muchos vanos esfuerzos, comenzaron á retroceder, y desórdenarse á proporcion del vacío que dexaban aquellos que caian victimas de su constancia. La caballería acabó de derrotarlos, haciendo en ellos una gran carnicería hasta los bosques.

Don Garcia era, ó por índole, ó por sistéma, inclinado al rigor. El fué el primero que introduxo en aquella guerra, contra el parecer de la mayor parte de sus Oficiales, el uso inhumano de mutilar, ó de hacer morir á los prisioneros; esta deliberacion podrá ser, quizá buena para contener uni pueblo vil, ó acostumbrado á la servidumbre. Las naciones generosas detestan la crueldad, se exâsperan con ella, y se hacen irreconciliables. Entre los, prisioneros hechos en esta ocasion hubo uno llamado Galbarino, mas atrevido que todos los demas, el qual habiendole sido por órden del Gobernador cortadas las manos, volvió á sus nacionales, y mostrandoles los brazos mancos, chorreando sangre, los encendió en tal furor contra los Españoles, que todos juraron de no hacer jamas la paz con ellos, y de matar á qualquiera que fuese tan vil que la aconsejare. Hasta las mugeres mismas, llevadas del deseo de la venganza, se ofrecieron á tomar las armas y á servir junto á sus maridos, como hicieron en las siguientes batallas(1).

(1) Ercilla Arauc. Cant. XXII.

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De aquí tal vez tuvo origen la fábula de las Amazonas Chilenas, que algunos autores colocan en las comarcas australes de aquel Reyno.

El exército victorioso se introduxo en la provincia de Arauco, siempre seguido de los campos volantes de los Araucanos, que no les dexaban un momento de reposo. Don Garcia, llegado que fué á Melipuru, hizo poner en tortura varios de aquellos nacionales que habian caido en las manos de sus soldados, con la mira de tener nuevas de Caupolican; pero á pesar de los mas terribles tormentos, ninguno quiso jamas descubrir el lugar donde estaba. El General Araucano, advertido de todo, le hizo saber por medio de un mensagero que él estaba poco distante, y que el dia siguiente vendria á encontrarlo. Los Españoles, que no podian entender el motivo de tal embaxada, pasaron toda la noche sobre las armas, temerosos que esta fuese una espia.

Pero al venir el dia apareció Caupolican con su exército dividido en tres lineas. La caballería Española se arrojó con gran furor contra la primera linea que era conducida por el mismo Caupolican, el qual ordenó á sus piqueros sostener con las picas caladas el ímpetu de los caballos, y á los maceros apalear con las pesadas clavas las cabezas de los mismos. Puesta así en desórden la caballería, el General Araucano, seguido de su gente, lle-

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gó á penetrar hasta el centro de la infantería Española, haciendo en ella por todas partes estragos, y matando él mismo por su propia mano cinco enemigos. Tucapel, adelantandose por otra parte con su batallon, derribó en el primer lance á un Español, y sacada prontamente la espada mató otros siete, quedando tambien él cubierto de heridas. No obstante de esto, habiendo encontrado un globo de enemigos que tenian circundado al valeroso Rencu, se echó con tal furia sobre ellos, que despedazando un buen número, libró á su antiguo rival, y lo sacó fuera de peligro.

La victoria, largo tiempo indecisa, se declaraba ya por los Araucanos, quando Don Garcia, viendo que los suyos finalmente tomaban la fuga, mandó á un esquadron de reserva, que embistiese el batallon de los enemigos conducido por Lincoyan y Ongolmo. Esta órden seguida á tiempo, salvó á los Españoles de su total ruina. El batallon Araucano desbaratado, volviendose sobre sus compatriotas victoriosos, los puso en desórden de manera, que Caupolican, despues de varios esfuerzos inutiles, desesperando de poder mas reunirlos, tocó la retirada, y cedió á los enemigos una victoria, que tenia por segura. Su exército hubiera sido hecho pedazos, si el bravo Rencu, acantonandose con un esquadron de valerosos jóvenes, en un bosque vecino, no hubie-

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se llamado allí, la atencion de los vencedores, los quales seguian á los fugitivos con aquel furor mortal, que caracteriza la gente de guerra de aquel siglo. Despues de haber sostenido el fiero ataque todo el tiempo que creyó necesario para que sus compatriotas se pusiesen en salvo, él se retiró con sus compañeros por un sandero oculto, dexando burlados á los enemigos.

CAPITULO VI.

DON GARCIA HACE AHORCAR
doce Ulmenes: funda la ciudad de Cañete:
Caupolican intenta sorprenderla, y es
deshecho enteramente.

El General Español, antes de partir de Melirupu, hizo ahorcar en los árboles situados al rededor del campo de batalla doce Ulmenes que se encontraban entre los prisioneros. Al mismo suplicio fué condenado tambien el infeliz Galbarino, el qual, no obstante su impotencia, habia vuelto con el exército Araucano, y durante la batalla jamas habia cesado de incitar á sus paisanos á combatir vigorosamente, enseñandoles sus brazos mancos, mientras él con los dientes, y con los pies se esforzaba para hacer todo el mal que podia á

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los enemigos. Uno de los Ulmenes destinados á la muerte, preocupado del temor, pidió en gracia la vida, pero Galbarino le echó en cara con tanta eficacia su cobardía, y lo animó de tal modo, que rehusando el perdon que se le habia otorgado, se ofreció á morir el primero en pena de su debilidad, y de la afrenta que habia hecho al nombre Araucano (1).

Despues de esta inutil execucion Don Garcia se encaminó hácia la provincia de Tucapel, y llegado al lugar, donde Vaidivia habia sido derrotado, fundó allí, en menosprecio de sus vencedores, una ciudad que llamó Cañete, del nombre titular de su familia. Como este establecimiento era en el centro de la guerra, tuvo por conveniente fortificarlo con una buena estacada, foso, terraplen, y numerosa artillería, dexando en él por Comandante á Alonso Reynoso con una escogida guarnicion. Creyendo, pues, que los Araucanos, vencidos en tres batallas consecutivas, no se hallarian mas en estado de hacer frente á sus armas vence-

(1) A la entrada de un monte, que vecino
Está de aquel asiento, en un repecho,
Por el qual atraviesa un gran camino,
Que al valle de Lincoya va derecho,
Con gran solemnidad, y desatino
Fué el insulto, y castigo injusto hecho,
Pagando allí la denda con la vida
En muchas opiniones no debida.
ERCILLA ARAUC. Cant. XXVI.

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doras, se partió para la Imperial, donde fué recibido como en triunfo.

Despues envió á los habitantes de la nueva ciudad un grueso convoy de víveres, baxo la escolta de un buen cuerpo de tropas, las quales fueron derrotadas por otro cuerpo de Araucanos, en El estrecho paso de Cayucupil. Pero habiendose estos entretenido, fuera de proposito, en tomar El bagage, los Españoles pudieron escapar de sus manos con poca pérdida, y llegar á la plaza destinada. Aquellos ciudadanos los acogieron con las mayores demostraciones de alegria, por el auxílio que podian recibir de ellos en el caso que Caupolican tentase, como se vociferaba, desalojarlos de aquel puesto. Estos rumores no eran mal fundados. El infatigable General Araucano, al qual las desgracias mismas parece que le infundian mayor valor, dió poco despues un terrible asalto á la plaza, en el qual sus tropas, dignas de tener mejores armas, sostuvieron por el espacio de cinco horas continuas el vivísimo fuego de los enemigos, ya escalando la estacada, ya arrancando, ó quemando los leños. Pero conociendo que no bastaba el valor para acertar en aquella dificil empresa, determinó suspender la execucion, y buscar entre tanto otra deliberacion para conseguir el fin.

Con esta mira persuadió á uno de sus Oficiales llamado Pran, que tenia reputacion de

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hombre astuto, que se introduxese como desertor en la plaza, y encontrase en ella el modo de facilitarle la entrega. Pran, observando pues con profunda disimulacion cada cosa, procuró hacer amistad con uno de aquellos Chileños que servian baxo los Españoles, llamado Andrea, el qual le parecia idóneo para el acierto de sus ideas. Un dia este, ó por malicia, ó por linsonjear al amigo, mostró condolerse de las desgracias de su patria. Pran, que no se habia aun explicado, tomó con demasiada codicia esta ocasion de hacerlo, descubriendole el motivo de su fingida desercion, y rogandole encarecidamente le ayudase á la execucion de su intento, que era introducir en la plaza las tropas Araucanas en el tiempo en que los Españoles, cansados de las veladas nocturnas, se retiraban á dormir la siesta. El engañoso Andrea, aplaudiendo altamente el proyecto, se ofreció tener él mismo abierta una puerta el dia destinado para la sorpresa. El Araucano lleno de alegria, corrió á llevar la noticia á Caupolican, que no estaba muy lejos, y Andrea pasó al instante á descubrir la trama al Comandante Español, el qual le ordenó continuarla, para hacer caer á los enemigos en la propia red.

Caupolican, dego del ardiente deseo que tenia de acertar en aquella empresa, prestó fé con una facilidad indigna de su acostumbra-

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da prudencia, á este mal urdido manejo, y para tomar mejor sus medidas quiso abocarse con el traidor. Este, llamado prontamente de Pran, se presentó con aquel ayre lisonjero que caracteriza á los malvados en su negocio, y despues de haberse desatado en improperios contra los Españoles, que decia haber siempre detestado, le renovó sus promesas mostrandole facil y segura la execucion. El General Araucano, recomendandole el patriotismo, lo colmó de finezas, y prometió darle, caso que cumpliese su empeño, un Ulmenato, y el empleo de primer Capitan en sus tropas (1). Luego lo llevó á ver la reseña del exército, y destinado el dia siguiente para la execucion del proyecto, lo despidió con las mayores demostraciones de estimacion y de benevolencia. Los Españoles, advertidos de todo, emplearon aquella noche en hacer los oportunos preparativos para sacar la mayor ventaja posible de la intriga de su aliado.

Quando los primeros Oficiales del exérci-

(1) El traidor pertinaz, que atento estaba
A quanto el General le prometia,
No la oferta ó premio le mudaba
De la fea maldad que cometia;
Bien que algun tanto tímido dudaba,
Viendo de aquel varon la valentía,
El ser gallardo, y el feroz semblante,
La proporcion, y miembros de gigante.
ERCILLA ARAUC. Cant. XXXI.

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to Araucano se impusieron de los manejos de su General, los desaprobaron enteramente como deshonrosos, é indignos de la generosidad de la nacion, rehusando acompañarlo en aquella empresa. No obstante de esto, Caupolican, preocupado de su designio, se puso en marcha al amanecer con tres mil hombres para la ciudad, en cuya inmediacion se mantuyo oculto, hasta que llegada la hora señalada, Pran vino á prevenirle de parte de Andrea que todo estaba pronto. Las tropas Araucanas entonces se acercaron en silencio á la ciudad, y encontrando el ingreso libre, comenzaron á introducirse en buen órden. Pero los Españoles, habiendo dexado entrar una parte competente, cerraron de improviso la puerta, y en el mismo instante dispararon toda su artillería cargada á metralla contra aquellos que habian quedado fuera. El estrago fué tanto mas horrible quanto era menos previsto.

La caballería prevenida salió por otra puerta, y acabó de exterminar aquellos que se habian apartado del mortal estruendo de las armas de fuego. Caupolican tuvo la fortuna, ó por mejor decir, la desgracia de escapar del universal destrozo de su gente. El se retiró con algunos pocos á los montes, desde donde esperaba salir muy presto con un nueva exército á mantener la campaña. Mientras que la caballería exercitaba su furor con los de fuera,

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la infantería Española se enfurecia contra los miserables que estaban encerrados dentro de los muros, los quales, perdida toda esperanza de salvarse, quisieron mas bien dexarse despedazar que rendirse. El crédulo Pran, conocido su error, se arrojó entre los primeros contra los enemigos, y evitó con una honesta muerte los improperios merecidos por su necedad. Entre los pocos que quedaron prisioneros habia trece Ulmenes, los quales atados á las bocas de los cañones fueron arrojados al ayre.

CAPITULO VII.

VIAGE DE DON GARCIA AL
Archipielago de Chiloe
: fundacion de
Osorno
: Caupolican es preso y
empalado
.

Don Garcia, teniendo ya por acabada la guerra Araucana despues de esta fatal jornada, mandó que se fabricase por tercera vez la destruida ciudad de la Concepcion, y deseoso de añadir á los laureles de guerrero, los de conquistador, tan apreciados en aquel siglo, marchó con un cuerpo respetable de tropas contra los Cuncos, que no habian aun probado las armas Españolas. Este pueblo, luego que supo el arribo de los extrangeros, se pu-

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so á deliberar, si debia someterse, ó bien resistir á sus fuerzasvictoriosas. Un desterrado Araucano nombrado Tunconobal, que se encontraba en la junta, reconvenido á dar su parecer dixo "guardaos de tomar el uno, ó el otrp partido: vasallos, soreis pisados, y llenos de fatigas: enemigos, quedareis extorminados para siempre: si quisiereis libertaros de estos malos huespedes, mostraos los mas pobres de los mortales: ocultad vuestros haberes, y en particular el oro: ellos no se quedan sino donde esperan encontrar este único objeto de sus deseos. Enviadles un regalo que manifieste vuestra indigencia, y entre tanto retiraos á los bosques (1)."

Los Cuncos aplaudieron el sabio parecer del Araucano, y le encargaron que junto con otros nueve nacionales, llevase el indicado presente al General Español. Tunconobal vestido de miserable andrajoso, á la par de sus compañeros, se presentó temblando delante de Don Garcia, y despues de haberlo cumplimentado con términos groseros, le entregó una cestilla, en la qual habia lagartiias asadas, con algunas frutas silvestres. Los Españoles, que no

(1) Ercilla Arauc. Cant. XXXIII (a).

(a) En la edicion de Sancha, Madrid 1776, es el Cant. XXXIV.

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podian contener la risa á vista de los Embaxadores, y de su regalo, comenzaron á disuadir al Gobernador de aquella empresa, que segun todas las apariencias debia ser infrutuosa. Pero él, aunque estuviese persuadido de la miseria de aquellos pueblos, sin embargo, por no mostrar haberse determinado ligeramente, los exhortó á proseguir el viage empezado, diciendo que mas adelante se debia encontrar, segun las noticias que tenia, una region abundante de toda suerte de metales: que no era raro en América encontrar despues de horribles desiertos paises riquísimos: Inago preguntó á los Cuncos qual era el mejor camino para ir hácia el medio dia. Tunconobal señaló el de occidente, que á la verdad era el mas fragoso; y pedidole una guia, destinó uno de sus compañeros, al qual encargó conduciese el exército por los lugares mas escabrosos de la costa. La guia siguió con tanta puntualidad las instruciones del Araucano, que los Españoles, acostumbrados en sus conquistas á sobrellevar con gusto las mas duras fatigas, confesaban no haber trabajado minca tanto en una marcha tan penosa como aquella. La impaciencia de ellos se aumentó mucho mas, quando despues de quatro dias de viage se vieron abandonados del pretendido conductor, sin poder encontrar salida entre los espantosos peñascos que los circuian. Toda su admirable constancia no hubie-

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ra sido suficiente para hacerlos caminar adelante, si Don Garcia no los hubiese incesantemente sostenido con la lisonjera esperanza de llegar dentro de poco á la feliz comarca que les habia prometido.

Habiendo superado finalmente todos los obstáculos, llegaron á descubrir desde la cima de un alto monte el grande Archipielago de Ancud, nombrado mas comunmente de Chiloe, cuyos canales estaban surcados de una infinidad de barquillos que navegaban á vela y remo. Este inesperado prospecto los colmó de alegria: molestados ya muchos dias de la hambre corrieron hácia la ribera, y tuvieron bien presto el contento de ver acercarse una barca montada de quince personas decentemente vestidas, las quales, saltando sin miedo en tierra, y saludando con gran cordialidad, les preguntaron quienes eran, donde iban, y si tenian necesidad de alguna cosa. Los Españoles pidieron víveres. El Capitan de aquella buena gente hizo luego sacar todas las provisiones que llevaba sobre la barca, y sin querer admitir la menor paga, se las distribuyó amigablemente, prometiendo hacerlas venir en mayor copia de las Islas circunvecinas.

En efecto, apenas los hambrientos aventureros se habian acampado, quando arribaron de todas partes piraguas cargadas de maiz, de frutas, y de peces, que fueron del mismo mo-

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do presentadas, sin ningun interés. Los Españoles, siempre regalados por aquellos Isleños, costearon el archipielago hasta el seno de Reloncavi, y algunos de ellos pasaron á las islas vecinas, donde encontraron la tierra muy cultivada, y las mugeres empleadas en hilar lana mezclada con plumas de los páxaros marinos, de lo qual hacian sus vestidos. El famoso poeta Ercilla que era de la comitiva, queriendo tener la gloria de haberse introducido al mediodia mas que ningun otro Européo, pasó el susodicho golfo de mac, y sobre la ribera opuesta dexó escrito en verso en la corteza de los árboles su nombre, y la data de su descubrimiento, que fué á 31 de Enero de este año.

Don Garcia, contento de haber sido el primero en descubrir por tierra el archipielago de Chiloe, volvió atras tomando por guia uno de aquellos isleños, el qual lo conduxo felizmente hasta la Imperial por el pais de los Guillichis, que por la mayor parte es llano, y abundante de víveres. Los habitantes, que se asemejan en todo á los Cuncos, con los quales confinan por el poniente, no se opusieron á su pasage. Entre ellos fundó, ó reedificó, como quieren otros, la ciudad de Osorno, la qual se aumentó notablemente, no menos por las manufacturas de paños y de telas que habia en ella, que por el excelente oro que se sa-

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caba de sùs minas, hasta que fue destruida poe el Toqui Paillamasu.

Durante eta expediclon Alonso Reynoso, Comandante de Cañete, despues de haber solicitado largo tiempo, ya con premios, ya con tormentos la entrega de Caupolican, en contro nno mas debil que las demas, el qual prometió descubrir el lugar donde se habia acantonado despues de su derrota. Un destacamento de caballería conducido por esta espia se apoderó al venir el dia, de la persona de aquel grande hombne, no sin mucha resistencia de parte de diez de sus mas fieles soldados que jamas habian querido abandonarlo. Su muger, que no habia, cesado dupante la pelea de exhortarlo á dexarse matar antes que rendirse viendolo preso le tiró ponda, cara, toda enfurecida, su pequeño hijo, diciendo, que no que ria tener nada de un cobarde.

El destacamento, habiendo entradon en la ciudad entre los aplausos del pueblo, entregó su prisioneroá Reynoso, este luego lo condenó á morir empalado y asaeteado. Caupolican, sin al terarse, ni faltar á su decoro le dixo: "De mimuerte, ó General, no podreis sacar otro fruto que el de inflamar mucho mas el odio ya demasiado encandido de mlis compatriotas contra vuestra nacion. Ellos estan muy lejos de desmayarse por la pérdida de un Xefe infeliz, De mis cenizas se levantaran cambien muchos

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otros Caupolicanes, quizá mas afortunados queyo. Al contrario, si quisieses dexarme la vida, yo podré con la grande autoridad que tengo en todo el pais, ser util á los intereses de vuestro Soberano, y á la propagacion de vuestro culto, que por lo que dices, es el único fin de esta desgraciada guerra. Pero si finalmente estais decidido en matarme, enviadme á Espana donde, Isiempre que vuestro Rey juzgue por conveniente el condenarme, acabaré mis dias sin causar disturbios enmi patria."

El desgraciado General se fatigaba en vano. Reynoso cuyo nombre se ha hecho detestable, no solo entre los Afaucanos, pero aun entre los mismos Españoles, que siempre han censurando su conducta como contraria á los principios de generosidad, tan propia de la nacion, se mantuvo inflexîble en, medio de tales expresiones, y mandó que fuese prontamente executada la sentencia. Un Sacerdote llamado para catequizar el prisionero, pretendió haberlo convertido, y se apresuró á administrarle el Bautismo.

Acabada esta ceremonia, fué conducidoo entre un gran tropel de gente, á un tabladoe elevado, donde habiendo visto el instrumento del suplicio, que no comprehendió al principio, y un negro destinado para executarlo, quedótan irritado, que de un furioso puntapie echó

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abaxo del tablado al verdugo, diciendo en alta voz: no hay una espada, y otra mano mas digna de hacer morir un hombre de mi carácter. Esta no es justicia, es vil venganza. Pero tomado por fuerza, y hecho sentaren el agudo. palo, espiró atravesado de muchas saetas(1).

CAPITULO VIII.

VICTORIA DE CAUPOLICAN II:
Asedio de la Imperial: batalla de Quipeo
fatal á los Araucanos
: Caupolican se mata
él mismo
: fin del gobierno de
Don Garcia.

Las predicciones del gran Caupolican se verificaron muy presto. Los Araucanos, estimulados de increible furor, pasaron luego á elegir un Toqui capaz de vengar la ignominiosa muerte de su desgraciado General. El fie-

(1) Pareceme que siento enternecido
Al mas cruel y endurecido oriente
De este bárbaro caso referido,
Al qual, Senor, no estuve yo presente,
Que á la nueva conquista habia partido
De la remota, y nunca vista gente;
Que si yo á la sazon alií estuviera,
La cruda execucion se suspendiera.
ERCILLA ARAUC. Cant. XXXIV.

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ro Tucapel, pareció á la mayor parte de los electores adaptable en las presenter circunstancias para sostener aquel empleo. Pero al viejo Colocolo no agradó esta eleccion. El se declaró por el jóven Caupolican, hijo primogénito del precedente, en el qual se advertian los dotes de su insigne genitor. Su opinion fué seguida y ratificada por todos los viejos Ulmenes. Tucapel, viendo que el afecto de la nacion se habia vuelto á su competidor, tuvo tambien otra vez la generosidad de ceder el supremo puesto. Solamente pidió al electo, para si, eí empleo de Vice-Toqui, lo que le foé concedido.

El nuevo General, recogidas prontamente algunas tropas, pasó el Biobio con ánimo de expugnar la ciudad de la Concepcion, la qual, por lo que se decia, solo estaba defendida de pocos soldados. Reynoso, sabido su intento, lo siguió con 500 hombres, y habiendolo alcanzado en Talcaguano, lugar poco distante de aquella ciudad, le presentó la batalla. El jóven Comandante, animando con la voz y con el exempto á sus soldados, embistió con tanto vigor á los Españoles que los deshizo enteramente. Reynoso, acomeddo y herido de Tucapel, y tuvo la suerte de poder volver á pasar el Biobio con algunos pocos caballos que habian escapado del estrago. Luego hizo venir mas gente, y retornó á asaltar el campo Arau-

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cano, pero con la misma desgracia que antes, por lo qual se vió obligado á abandonar su empresa.

Al acabar esta segunda accion, Millalauco, aquel que fué enviado á cumplimentar á los Españoles en la Quiriquina, llegó con la nueva que Don Garcia, salido de la Imperial con muchas tropas, devastaba las provincias circunvecinas. Caupolican, diferido por corisejo de Colocolo el asedio de la Concepcion, corrió á llevarles socorro, dexando á Millalauco la incumbencia de oponerse á las tentativas de Reynoso. Pero Don Garcia informado de su marcha, se retiró á la Imperial despues de haber dexado en emboscada doscientos hombres de a caballo sobre el camino por donde él debia pasar. El General Araucano, asaltado improvisamente de estos, se defendió con tanto valor y presencia de ánimo, que no solo salió salvo de sus manos, pero aun hizo pedazos una buena parte, y siguió el resto hasta las puertas de la Imperial, la qual ciñó con un estrecho asedio.

Entre tanto Reynoso, y Millalauco, que venian á menudo á las manos, se convinieron en terminar con un duelo la porfia que tenian, de, ser uno superior al otro. Estos combates particulares se habian hecho muy freqüentes en aquella guerra. Los dos campeones combatieron largo tiempo con incierta ventaja, hasta que

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cansados y heridos, se separaron de comun acuerdo, y volvieron á las acostumbradas escaramuzas.

El sitio de la Imperial se ptoseguia con gran vigor. Caupolican habia dado algunos asaltos, esperando ser socorrido de losauxîliares de los Españoles, á los quales, sin mirar la desgracia de su padre, solicitaba por medio de Tulcomaru, y de Torquin. Pero estos dos emisarios, habiendo sido descubiertos, fueron empalados á la vista del exército Araucano, al qual no cesaron de recomendar la defensa de la patria, hasta que dieron el último suspiro. Ciento y veinte auxîliares ahorcados en las Almenas de los muros quitaron la gana á los demas de favorecer la empresa de sus compatriótas.

Sin embargo el General Araucano, deseoso de señalarse con la expugnacion de una plaza sitiada dos veces en vano por su padre, le dió otro asalto mas terrible que los pasados, en el qual se expuso al mas manifiesto peligro de perder la vida. Escaló en persona algunas veces el muro, y llegó tambien aquella noche á intemarse dentro de la ciudad, seguido de Tucapel, y de otros valientes jóvenes: pero rechazado por Don Garcia, que como cuerdo Comandante acudia á todas partes, se retiró siempre combatiendo á un baluarte, desde donde cubierto de sangre enemiga mas que

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de la propia, dió un furioso brinco, y se restituyó á sus tropas, que temian haberlo perdido. Enfadado finalmente de una empresa demasiado lenta para su vivacidad, resolvió abandonarla, y emplear sus armas contra Reynoso para vengar la muerte de su padre. Pero Don Garcia habiendose unido á este Oficial hizo vanos todos sus esfuerzos.

1559.

Mas memorable que las otras. fué la campaña siguiente por las continuas batallas que se dieron el uno y el otro exército, las quales así como no acarrearon alguna mudanza considerable á el estado de los negocios, así no trataremos de referirlas especificamente (1). Aunque muchos de estos encuentros hubiesen sido favorables á los Araucanos, Caupolican con todo se determinó á dilatar la guerra, porque conocia muy bien que sus tropas, expuestas de continuo á las armas de fuego, se iban diariamente minorando; al contrario las de los Españales, se acrecentaban siempre mas, con motivo de los freqüentes refuerzos que les venian

(1) Hubo allí escaramozas sanguinosas,
Ordinarios rebatos, y emboscadas,
Encuentros, y refriegas peligrosas,
Asaltos, y batallas aplazadas,
Raras estratagemas engañosas,
Astucias, y cautelas nunca usadas,
Que aunque fueron en parte de provecho,
Algunas nos pusieron en estrecho.
ERCILLA ARAUC. Cant. XXXIV.

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del Perú, y de la Europa. Con este designio se fortificó entre las ciudades de Cañete y de la Concepcion, en un hugar dicho Quipeo ó Cuyapu, el qual con pocas fuerzas podria ser defendido de qualquiera enemigo que no se sirviese de la artillería.

Don Garcia advertido de esto, se trasladó luego allí con todas sus tropas á desalojarlo: pero observada la naturaleza del lugar, se entretuvo algunos dias antes de veoir á un ataque general, esperando quizá poderlo sacar fuera de su recinto, para aprovecharse mejor de la ventaja de los caballos. Entre tanto las escaramuzas eran freqüentísimas por una y otra parte. En uno de estos encuentros quedó prisionero el célebre Millalauco, el qual, no reflexîonando en su actual situacion, echó en cara con tanta aspereza al General Español su manera rigorosa de hacer la guerra, que este sumamente indignado lo hizo al instante empalar (1).

Durante el asedio el péfido Andrea tuvo la temeridad de ir por órden de Don Garcia á amenazar á Caupolican con los mas horrendos suplicios, si luego no se rendia á la obediencia del Rey. El General Araucano, extremamente irritado á la vista del traydor de su padre, le mandó retirar al momento de

(1) Santistevan, Contin. de Ercilla.

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su presencia, diciendole, que si no fuese que en respetaba el carácter de Enviado, lo habria hecho morir entre las mas crueles tormentos. Pieto el dia siguiente el mismo Andrea, tornado en aptitud de espia, fué colgado por los pies de un árbol, y sufocado á fuerza de humo.

1560

Don Garcia finalmentecomenzó á batir los quarteles Araucanos con toda su artillería. Caupolican instigado de sus soldados, que deseaban hacer una vigorosa salida, se echó con tanto ímpetu sobre los Españoles, que en el primer encuentro mató cerca de quarenta, y continuó haciendoles estrago hasta que estos hecha una pronta evolucion le cortaron la retirada, y lo rodearon por todas partes. Sin embargo él valerosamente ayudado de su intrépida multitud mantuvo por el espacio de seis horas la batalla indecisa, hasta que viendo muertos en el campo á Tucapel, Colocolo, Rencu, Lincoyan, Mariantu, Ongolmo, y otros de sus mas valientes Oficialcs, procuró retirarse con los pocos restos de su exército: pero alcanzado por un destacamento de caballería se quito él mismo la vida, por no tend la funesta suerte de su padre.

Aunque los sucesos posteriores hubiesen hecho ver á Don Garcia, que se habia engañado, quando se persuadió, despues de la terrible matanza de Cañete, que habia domado

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enteramente el orgullo Araucano, esta vez todavia pensó tener mayores fundamentos para creer totalmente acabada la guerra. La batalla de Quipeo le paracia á todas, miras decisiva. Los primeros. Oficiales que sostenian el valor de los enemigos, habian todos perecido en aquella fatal jornada. La nacioa quedaba sin tropas, y sin Xefes, y se mostraba sumisa á discretion de los vencedores. Inducido, pues, de estas ideas lisonjeras, se dedicó á toda su comodidad á reparar los daños ocasionados de la guerra. Reedificó las plazas destruidas, y en particular las de Arauco, y Angol. Restituyó sus. habitantes á Villarica. Hizo volver abrir las minas abandonadas, y descubrir otras nuevas. Procuró que se erigiese una silla Episcopal en la capital del Reyno, y habiendose transportado á esta ciudad, recibió en ella al primer Obispo, que fué un Religioso de San Francisco nombrado Fray Fernando Barrionuevo.

Encontrándose despues con un buen número de tropas aguerridas, expedió una parte de ellas baxo el mando de Pedro Castillo para terminar la conquista de Cuyo, ya principiada por Francisco de Aguirre. Mediante la sabia conducta de aquel Oficial reduxo los Guarpes, antiguos habitadores de esta provincia, al dominio Español, haciendo fundar en las faldas orientates de la cordillera las ciuda-

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des de San Juan, y de Mendoza, dando á esta última el nombre propio de su familia. Esta vasta y fertil comarca, que desde entonce quedó sujeta al gobierno de Chile, ha sido ahora adjudicada al Vireynato de Buenos Ayres, al qual pertenece por su natural situation.

Mientras él se aprovechaba de este modo de la aparente caima que reynaba en el pais, supo como habia arribado á Buenos Ayres el sucesor que se le habia destinado de la Corte. En conseqüencia de este aviso partió inmediatamente del reyno, confiando entretanto el Gobierno á Rodrigo de Quiroga, y se restituyó al Perú, donde en premio de sus servicos fué promovido al brillante empleo que habia ocupado su padre.

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LIBRO QUARTO.

CAPITULO I.

EL TOQUI ANTIGUENU
vuelve á empezar la guerra
: sus sucesos contra
el Gobernador Francisco Villagran
: ruina
de Cañete
: asedio de Arauco, y de la
Concepcion
: batalla de Biobio.

El Gobernador destinado en lugar de Don Garcia, foé su mismo predecesor Francisco Villagran, el qual habiendo venido á Europa, 1561. despues que le foé quitado el Gobierno, mereció de la Corte ser repuesto en su primer empleo. Luego que llegó á Chile, creyendo no tener nada que hacer con los Araucanos, pues segun los informes de Don Garcia, y de Quiroga, no estaban ya en estado de moverse, dirigió sus miras á la readquisicion de la provincia del Tucuman, la qual se habia sujetado al Virey del Perú despues de haber sido sometida por él al Gobierno de Chile en 1549. Gregorio Castañeda, encargado de esta empresa, venció en batalla campal al Comandante Peruano Juan Zurita, que habia sido el autor de este desmembramiento, y volvió á poner aquel pais baxo la obediencia de los Capitanes

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Generales de Chile. Sin embargo estos no le poseyerpn largo tiempo, porque á fines del siglo fueron obligados por la Corte á cederlo de nuevo al gobierno, del Perú.

Pero ni Don Garcia, ni Quiroga, á pesar del largo tiempo que habian guerreado en Chile, se habian formado una idea adequada de la índole del Pueblo que pretendian haber conquistado. El indomito Araucano es incapaz de ceder á los mas fuertes reveses de la fortuna. Las pérdidas mismas, tan lejos de abatirlo ó desmayarlo, antes parecen infundirle mas vigor, y mas valor. Uno solo que quede, dice el experto historiador Tesillo, no dudar á de oponerse á los progresos de nuestras armas. Esta constancia, ó llamese contumacia si se quiere, es ciertamente maravillosa, por no decir heroyca. Los pocos Ulmenes escapados de las derrotas precedentes, resueltos mas que nunca á continuar la guerra, se reunieron luego, despues de la derrota de Quipeo, en un bosque, donde de comun acuerdo eligieron por Toqui un baxo Oficial nombrado Antiguenu, que se habia señalado en las últimas batallas. Este, aceptado con buena voluntad el supremo mando, representó á los electores, que habiendo perecido quasi toda la juventud del estado, le parecia conveniente el retirarse en algun lugar seguro hasta tanto que se pudiese formar un exército suficiente para poder mantener, la campaña. Este prudente pa-

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recer fué de todos aprobado. Antiguenu se acantonó, con los pocos saldados que habian quedado, en los inaccesibles pantanos de Lamaco, llamados por los Españoles la Rochela, donde hizo construir tablados, elevados para preservar su gente de la demasiada humedad de aquella opaca mansion. Los jóvenes que de uno en otro se iban alistando, aqí se instruian en el manejo de las armas. Los Araucanos se consideraban todavia libres, porque tenian un Toqui.

Luego que Antiguenu se vió en estado de poder hacerse temer, salió. de su rincon, y comenzó á hacer correrias en los territorios Españoles, así para adiestrar su gente, como para alimentarla á expensas del enemigo. Habiendo llegado á Santiago la inesperada noticia de estos movimientos, causó un grandísimo afan en el ánimo de Villagran, pues como práctico de los ardides de aquella nacion, preveia todas las funestas conseqüencias que podian resultar Por lo qual solicitó sufocar en los principios aquel renaciente incendio, mandando adelante hácia aquellas partes, á su hijo Pedro con todas las tropas que pudieron prontamente juntarse, y él poco despues se puso igualmente en marcha con mayores fuerzas.

Los primeros encuentros entre los dos exércitos fueron poco favorables á Antiguenu. El asedio que habia hecho poner á la ciudad de

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Canete, no tuvo aun el menor efecto. Sin embargo, atribuyendo él estos infaustos sucesos á la poca experienria de su gente, procuraba buscar todas las ocasiones de acostumbrarla al manejo de las armas. Finalmente sobre las colinas de Millapoa tuvo la satisfaccion de manifestarles, que podia vencer, habiendo deshecho un cuerpo de Españoles mandado por Arias Pardo.

1562

Para continuar con mas viveza el ardor que este suceso habia suscitado en los ánimos de sus soldados, fué á apostarse sobre la cima del monte Mariguenu, que era de feliz agüero para su nacion. Entre tanto Villagran, porque se encontraba incomodado de la gota, y porque no queria acometer en un lugar que debia renovarle la memoria de su derrota, dió á su hijo la incumbemcia de ir á desalojarlo de aquel peligroso puesto. Este jóven temerario, y emprendedor, asaltó con poca precaucion las trincheras Araucanas, que quasi todo su exército, compuesto de la flor de la tropa Española, y de un gran número de auxîliares, foé hecho pedazos, y él mismo quedó muerto al ingreso del acampamento enemigo.

Antiguenu, despues de esta señalada victoria, se encaminó la, vuelta de Cañete, cuya ciudad, como él bien se imaginaba, no se hallaba en aquellas circunstancias capaz de hacer-

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le mas resistencia. Pero Villagran, que conocia igualmente la imposibilidad de defenderla, lo previno, haciendo salir de ella toda la gente, la qual se retiró parte á la Imperial, y parte á la Concepcion. Así los Araucanos, que tantas veces habian sufrido terribles desastres al rededor de esta plaza, no tuvieron ahora otro trabajo que el de desmantelarla, y pegarla fuego, el qual en breve tiempo consumió todos los edificios.

En este intermedio, el buen viejo Villagran, mas fatigado de los efectos del ánimo que de la gota, acabó sus dias. con gran sentimiento de aquellos colonos; estos perdieron en él un Comandante sabio, humano, valeroso, y á cuya conducta debian la conservacion de sus conquistas. Antes de morir destinó para su sucesor en el gobierno, por particular comision de la Corte, á su primo Pedro Villagran, que no le era inferior en las qualidades del ánimo.

1563

La muerte del Gobernador pareció á Antiguenu una ocasion favorable para hacer alguna empresa de importancia. Habiendo dividido su exército, que era compuesto de quatro mil hombres, en dos cuerpos, destinó uno baxo el mando de su Vice-Taqui Antunecul al asedio de la Concepcion, quizá para estar alií á la mira de los Españoles, y con el otro se dirigió contra la plaza de Arauco, la qual

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estaba defendida con buena guarnicion por Lorenzo Bernal. Antunecul, pasado el. Biobio, se acampó en un lugar dicho Levkethal donde, habiendo sido asaltado por dos veces del Gobernador, no solamente se defendió con vigor, pero aun lo rechazó con pérdida, y lo siguió hasta la ciudad, la qual bloqueó toda al rededor compartiendo sus tropas en seis divisiones. El asedio duró dos meses continuos, en los quales no pasó dia que no fuese distinguido con algun gallardo asalto. Pero habiendole resultado inutiles todos sus esfuerzos, porque no podia impedir los freqüentes socorros, que llegaban por mar á los sitiados, se partió finalmente con ánimo de volver á tomar en mejor tiempo la empresa.

La defensa de Arauco entre tanto se continuaba con gran calor. Antiguenu, habiendo observado en todos los asaltos que daba á la plaza, que los auxîliares de los Españoles señalaban con el dedo á sus mas valientes Oficiales, los quales eran precisamente el blanco de la artillería enemiga, determinó tomar aspera venganza de ellos. A este efecto hizo entender, por medio de sus emisarios al Comandante del presidio, que los auxîliares maquinaban entregarle la fortaleza. Bernal dió tanto crédito á esta falisa relacion, que impaciente y fuera de sí, mandó al instante echar fuera a quellos infelices á pesar de sus lamentos

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y de sus razones. El General Araucano, cuyas miras no se dirigian á otra cosa los hizo á todos matar cruelmente á la vista de los Españoles, quedando estos enfurecidos por haberse dexado tan neciamente burlar de un bárbaro.

Como el asedio iba largo, Antiguenu quiso concluirlo con matar, si posible fuese, al Comandante Español, con este intento lo desafió á batirse en duelo. Bernal, sin embargo de las protestas de sus soldados, aceptó el desafió, tenienda por segura la victoria. Los dos adversarios combatieron cerca de dos horas sin poderse ofender el uno al otro, hasta que fueron separados por ambos partidos. Pero lo que la fuerza no habia podido conseguir, lo efectuó la hambre. En vano algunos barcos cargados de víveres se habian acercado en diversas ocasiónes á la ribera, para socorrer á los sitiados. Las lineas Araucanas oponian á sus tentativas un obstáculo insuperable. De modo que Berral se vió obligado á abandonar la plaza. Los Araucanos, dexada salir libre la guarnicion, se contentaron con aterrar los muros, y quemar las habitaciones.

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La toma de Angol, despues de la de Cañete, y de Arauco, pareció tan facil á Antiguenu, que dió la comision á uno de sus sub-alternos. Este, habiendo deshecho en la mitad del camino á un cuerpo de Españoles

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mandado por Zurita, fué recíprocamente puesto en derrota cerca de Mulchen, por Diego Carranza, á quien el Magistrado de aquella ciudad habia mandado salir á su encuentro. Antiguenu, deseoso de conservar la reputadon de sus armas, se trasladó en persona con cerca de dos mil hombres para terminar aquella empresa, pero habiendose acampado antes de venir al asalto sobre el confluente de los rios Biobio, y Vergara, fué embestido allí por todo el exército Español conducido de Bernal. Los Araucanos, sirviendose con mucha inteligencia de los fusiles que habian tomado en la derrota de Mariguenu, sostuvieron el asalto por tres horas continuas. Habian ya caido 400 auxîliares, y algunos Españoles, la infantería de estos mal conducida comenzaba aflojar, y darse á la fuga. Bernal, no encontrando otro modo de detenerla, dió órden á la caballería de matar los fugitivos. Este severo mandato, puesto en execucion, contuvo el desórden. La infantería obligada á combatir atacó con tanto vigor las trincheras enemigas, que por último las forzó, y penetró dentro de ellas. Antiguenu se oponia valerosamente al ímpetu de los asaltadores, pero empujado por algunos de sus soldados, que huian, cayó en el rio de una altura considerable, y se ahogó. Su muerte decidió la batalla. Graníisimo fué el estrago de los Araucanos. El rio tambien se llevó un

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gran número de aqueilos que se habian echado en sus cortienties. Los Vencedores mismos quedaron quasi todos heridos, perdiendo mucha gente, pero recuperaron 41 fusiles, 21 corazas, y 15 yelmos, con muchas lanzas y otras armas cortantes.

Mientras se combatia al rededor de Biobio, Lillemu, enviado por Antiguenu á saquear las provincias de Chillan, y de Itata, deshizo un destacamento de 80 Españoles al mando de Pedro Balsa. Peto el Gobernador, partido de la Concepcion con 150 soldados, destrozó una parte de sus tropas, que devastaban el territorio de Chillan. Lillenau, noticioso de esto, corrió al instance en socorro. de ellas, y encontrandolas derrotadas, procuró salvar el resto haciendo frente con blgunos valerosos jóvenes en un paso estrecho Su gente se puso en salyo, peno él quedó muerto con sus valerosos compañeros.

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CAPITULO II.

ELECCION DEL TOQUI
Paillataru
: gobierno de Rodrigo de Quiroga:
conquista del archipielago de Chiloe:
descripcion de sus habitants.

A Antiguenu le fué dado por sucesor Paillataru, hermano ó primo del célebre Lautaro, pero de un carácter totalmente opuesto. Lento, y demasiado circunspecto en sus operaciones, se contentó en los primeros años de su mando, con mantener vivo entre sus nacionales el amor de la independencia, conduciendolos de quando en quando á haoer cerrerias en el pais enemigo En el mismo tiempo los Espanoles tuvieron cotro Gobernador. Rodrigo de Quiroga, nombrado para este empleo por la Audiencia de Lima, dió principio á su gobierno con hacer arrestar y mandar prisionero al Perú, por motivos que los autores señalan con variedad, á su predecesor.

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Luego, recibido un refuerzo de 300 hombres, entró en el estado de Arauco, reedificó la fortaleza de Arauco, y la ciudad de Cañete, construyó un nuevo castillo en el famoso puesto de Quipoe, y hizo correrias en todas las provincias circunvecinas. Al acabar del año si-

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guiente mandó al Mariscal Rui Gamboa con 60 hombres á les habitantes del archipielago de Chiloe el qual, habiendo entrado sin resistencia, fundó en la isla principal la ciudad de Castro, y el puerto de Chacao.

Las islas de este archipielago, que llegan al numero de ochenta y dos, deben ciertamente, como la mayor parte de todas las demas islas, su formacion á los terremotos originados del gran numero de volcanes que ardieron allí en los tiempos pasados. Se ven por todas partes indicios nada equívocos de incendios. Algunos montes de la gran isla llamada Chiloe, de la qual ha tomado el nombre el archipielago, son compuestos de basalto columnario, el qual, aunque se diga lo contrario, parece que no pueda provenir sino de la operacion del fuego.

Los habitantes nativos, aunque descendientes de los demas Chilenos del continente, como sus semblantes, sus costumbres, y su lenguage nos lo dan á entender, son sin embargo de un carácter pacifico, ó mas bien timido No hicieron ninguna oposicion, como hemos dicho, á los pocos Españnoles desembareados allí para subyugarlos, con todo que fuesen, segun se dice, cetca de sesenta mil, jamas tentaron sacudir el yugo hasta el principio de este siglo, en cuyo tiempo hubo una sublevacion de poca conseqüencia. Al presente se cuentan poco mas de on--

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ce mil Son divididos en setenta y seis distritos ló Ulmenatos, la mayor parte de los quales esta sajeta á los Encomenderos Españoles con la obligacion de servirles personalmente cincuenta. dias del año, segun las que no obstante de estar abolidas mucho tiempo hace en el resto del reyno, se observan en ella con todo su vigor.

Estos isleños son generalmente de buen ingenio, y aprenden con gran facilidad quanto se les eniseña. Aman las artes mecánicas, y especialmente de carplntería, de evanista, y de tornero, con motivo de las freqüentes ocasiones quetienen de excercitarlas, por ser todas sus iglesias y casas de madera. Trabajan bien el lino y la lana, con la qual mezclan plumes de páxaros marinos, y hacen bellos cobertores paracames Fabrican tambien ponchos ó mantas de diversas suertes, ya listadas, ó bordadas de seda ó de hilo. Crian gran cantidad de puercos, con los quales bacen excelentes jamones, que son los mas estimados de la América meridional.

Así como todas aquellas islas estan hasta ahora ocupadas de densos bosque, no obstante la gran cantidad de maderas que anualmente se saca de ellas así las lluyias son allí freqüentísimas, y los campos cultivados permanecen humedos todo el año. De aquí se sigue,

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del aquellos habitantes, aunque tengan bueyes, no se sirven de ellos para. arar la tierra, pero la labran con un método muy extraño, Cerca de tres meses antes de sembrarla, conducen alli para dormir sus ganados, cambiandoles de sitio cada tres ó quatro noches. Quando el campo está bien estercolado, siembran el granp sobre la yerba y sobre el estiercol Hecho esto, un hombre de los mas robustos se pone á surcar aquel terreno con el medio de dos gruesos bastones de palo duro agudos, los quales tormados juntos, y. apoyados sobre el pecho, los empuja para cavar la tierra, y cubrir la esparcida simiente. Apesar de este defectuoso trabajo, el trigo les rinde diez ó dorce por uno. Cosechan tambien mucha cebada, habas, lentejas, frixoles, quinoa, y papas, que son las mas gruesas, y las mejores de aqueilas partes. La uva, por la excesiva humedad, no llega á madurar bien para poder hacer el vino. Suplen este defecto con varias suertes de sidra, que hace, ó de miel ó de otros frutos silvestres del pais.

La necesidad que tienen de navegar muchas vedes de une á Otra isla, donde el marciertamente no merece el título de pacifico, los hace buenos, marineros. Sus piraguas son compuestas de tres ó cinco grandes tablas cosidas juntas, y calafateadas con una especie de resina que cogen de un pequeño árbol. En

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todo el archipielago se ven en gran número, y se gobiernan á vela y remo Con estos fragiles barquillos se arriesgan aá venir hasta la ciudad de la Concepcion (1).

Son muy dedicados á la pesca, á la qual los convida la abundancia de peces que produce aquel mar. De estos sacan una gran cantidad, que envian á paises distantes. Desecan tambien los testaceos, y especialmente los choros, las thacas, y los piures (a). Estos los extienden en una larga zanja, cubiertos por debaxo y por encima con la gran hoja del pangiie (b). Cubren estas hojas con piedras, sobre las quales hacen un gran fuego por el espacio de seis ó siete horas. Despues sacan de sus nichos los animales ya asados t los ensartan en una cuerda, y los cuelgan por algun tiempo al humo. De esta manera se conservan muy bien, y son conducidos hasta Cuyo, y otros parages distantes del mar.

Los Chilotes abrazaron sin dificultad la Religion Christiana, luego que les fué predi-

(1) Sobre le qual yo observé que lor Indios que forman el, mayor número de marineros en estas mares (del Sur) son muy diestros, muy dociles, muy laboriosoś, y muy buenos hombres de mar para estos climas suaves y templados.
Voyag. de Georg. Anson, tom. 2. lib. 2. pag. 465.

(a) Murex.

(b) Panke tinctoria.

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cada, y se mantienen en ella hasta el dia de hoy, fieles y obedientes. Dependen en lo espiritual del Obispo de la Concepcion, y en lo temporal de un Gobernador que manda allí el Capitan General de. Chile (a). Los Españoles establecidos entre ellos llegan al número de 15 Su comercio se hace al arribo de tres ó quatro embarcaciones que van todos los años de los puertos del Perú y Chile. A estas por lo comun venden 100 tablas de cedro roxo, y 4 maderos para construir carruages, 2200 ponchos de varias clases, 4 jamones; sardinas, testaceos secos un buen numero de caxas de cedro blanco, de manteles, faxas bordadas, y un poco de ambar gris que recogen sobre sus play as, &c. En cambio reciben vino, aguardiente, tabaco, azucar, yerba del Paraguay, sal, y varias mercaderías de la Europa.

(a) El gobierno temporal de estas islas actualmente pertenece al Vireynato de Lima.

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CAPITULO III.

ESTABLECIMIENTO DE LA
Real Audiencia
: gobierno de Don Melchor
Bravo de Saravia
: operaciones militares de
Paillataru, y de Paynenancu su sucesor
:
supresion de la Audiencia: segundo gobierno
de Quiroga
: fundacion de Chillan: noticia
de los Pehuenches
.

1567.

La continuacion de la guerra, no menos que la importancia de la conquista, obligaron finalmente al Rey Felipe II á erigir en Chile una Corte de Real Audiencia, independiente. de la del Perú, á la qual confió, no solo la administration políca, sino tambien la militar del reyno. Este supremo Tribunal, compuesto de quatro Jueces legistas, y de un Fiscal, hizo á 13 de Agosto su solemne entrada en la ciudad de la Concepcion, donde fixó su residencia. Luego que empezó sus funciones removió del gobierno á Quiroga, y dió el mando del exército, con el tíulo de General, á Rui-Gamboa.

Este Comandante, habiendo sido advertido que Paillataru se disponia para asaltar la ciudad de Cañete, corrió allí prontamente, y habiendolo encontrado en un puesto no muy

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leios de la plaza, donde se habia alojado, lo atacó, y lo desbarató despues de un largo y obstinado combate. Esta derrota proporcionó á los vencedores, por el espacio de casi un año, la facilidad de devastar todo el pais, llevando consigo un gran número de mugeres y de niños que fueron hechos esclavos. En vano el General; Español se ofreció varias veces para hacer un tratado de paz. Aquellos nacionales, anteponiendo siempre todos los males posibles á la pérdida de su libertad, rehusaron constantemente prestar oido á las proposiciones.

1568

Así como la suspirada tranquilidad, tan necesaria para los progresos de las colonias, siempre mas se alejaba, así no se omitia ningun medio, ó proyecto, que pareciese propio para restablecerla. El gobierno militar de la Real Audiencia no pareció muy conducente á este fin. Se creyó mas útil volver á mandar allí un Xefe supremo, condecorado con los especiosos títulos de Presidente, Gobernador, y Capitan General del reyno de Chile, segun las diversas incumbencias que le eran confiadas; esto es, de presidir á la Audiencia Real, de gobernar en lo civil, y de mandar las armas. Don Melchor Bravo de Saravia, revestido de este triple carácter, era tanto mas acto para exercitar los dos primeros cargos, quanto era menos capaz de administrar el último.

Sin embargo él deseaba ardientemente ve-

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nir á las manos con el enemigo, y señalar con alguna ruidosa victoria el principio de su gobierno. Así habiendo entendido que Paillataru, tomadas nuevas fuerzas, habia ocupado la fatal cumbre de Mariguenu, la qual no sabemos porque los Españoles jamas han pensado fortificar, se puso luego en marcha contra él, á la cabeza de 300 Européos, y de un considerable número de auxîliares. Paillataru tuvo aun la gloria de ennoblecer esta montaña con la total derrota del exército Español. El Presidente, escapado por una feliz combinacion, del peligro de quedar prisionero, se retiró precipitadamente, con los pocos restos de sus tropas, á la cludad de Angol. Aquí enteramente acobardado renunció el mando de las armas en el Mariscal Gamboa, y en el Maestre de Campo Velasco, á los quales ordenó que evacuasen prontamente el tantas veces construido y destruido fuerte de Arauco.

1569

Estos dos Oficiales, mientras conducian la gente de aquella plaza á la ciudad de Cañete, tuvieron un encuentro favorable con una division del exército enemigo, la qual derrotar ron. Sin embargo Paillataru, expugnado el puesto de Quipoe, se dirigió dos dias despues á la ciudad con ánimo de bloquearla; el Mariscal le salió al encuentro con todas las tropas que se pudieron juntar. La batalla, que duró mas de dos horas, fué de las mas sangrientas que han acaecido en aquel reyno. Los

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Españoles, aunque maltratados, quedaron dueños del campo. Pero Paillataru, repuesto en breve de su pérdida, volvió á hacer frente al Mariscal, que habia entrado con todo el exército en sus tierras á saquearlas, obligandole á retirarse de ellas con algun daño.

1570

Despues de este suceso, las dos naciones beligerantes observaron por el espacio de cerca de quatro años, esto es, hasta la muerte de Paillataru, una especie de tregua, ó suspension de armas, á la qual quizá dió motivo la general consternacion ocasionada de un gran terremoto que se hizo sentir en todas aquellas partes, con mucho perjuicio de los establecimientos Españoles, y especialmente de la Conception, la qual quedó enteramente destruida. Los Españoles, procurando siempre consolidar y ennoblecer mucho mas sus conquistas erigieron en este año otro Obispado en la ciudad de la Imperial, á el qual asignaron por Diócesi el vasto espacio de pais situado entre el rio Maule, y los confines australes de Chile. El primer Obispo fué otra Religioso Franciscano natural del Perú, llamado Fray Antonio de San Miguel.

Los mestizos, ó sea los descendientes mixtos de los Españoles, cerca de estos tiempos se habian multiplicado mucho. Los Araucanos, reflexîonando las ventajas que podian sacar de sa alianza, se imaginaron atraerlos á su

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partido con hacerles ver que eran reputados como nacionales. Con esta mira confirieron el vacante empleo de Toqui á uno de ellos llamado Alonso Diaz, el qual tomado el nombre Chileño de Paynenancu, hacia diez años que militaba. en sus tropas, donde se habia hecho distinguir por su valor, y por su habilidad. Si su predecesor tuvo el defecto de ser demasiado circunspecto, este, por evitar aquella nota, fué de tal modo atrevido y temerario, que atacó casi siempre á los Españoles con tropas inferiores en número á las de ellos, por lo qual todas sus expediciones tuvieron el exîr to que naturalmente debian tener.

1574

Luego que fué revestido del supremo mando pasó el Biobio., quizá con ánimo de expugnar la Concepcion, pero antes, de llegar á ella fué derrotado por el Maestre de Campo Bernal, dentro de sus trincheras, á pesar del gran yalor con que las defendió largo espacio de tiempo, Entre los prisioneres hechos en esta ocasion, fueron halladas algunas mugeres con las armas en la mano, la mayor parte de las quales se quitaron ellas mismas la vida la noche siguiente. Paynenancu, escapado del estrago, se movió contra Villarica, en cuyas vecindades fué igualmente deshecho por. Rodrigo Bastidas, Comandante de aquella plaza.

1575

Mientras de nuevo se iba así encendiendo la guerra, llegó al reyno el Licenciado

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Calderon, enviado de la Corte catroel título de Visitador, el qual suprimió el Tribunal de la Audiencia, no por otro motivo que por ahorrar gastos al Real Erario. Los Oidores fueron vueltos á enviar al Perú, y en lugar del; Presidente Sarabia, fué encargado del gobierno, por órden de Felipe ll el mismo Rodrigo Quiroga, que pocos años antes lo habia exercido por nombramiento de la Audiencia de Lima.

1576

Este expertb Comandante, juntado el mayor cuerpo de tropas que pudo levantar en aquellas circunstancias, se transfirió inmediatamente á la frontera para oponerse á los progresos de Painenancu, el qual, aunque desbaratado dos veces, no cesaba de infestar los, territories de los establecimientos Españoles. Pero no habiendolo podido encontrar, se contentó con hacer correrias en las campañas concernientes á todo el pais.

1580

Habiendole llegado en este intermedio, un refuerzo de 2 hombres; de España, dió órden a su suegro; Rui-Gamboa, de fundar al pie de la cordillera, entre las ciudades de Santiago y de la Concepcion, una colonia, la qual ha tomado el nombre de Chillan, del Rio què la baña, y. se ha hecho capital de la festil provincia del mismo nombre. Poco despues de la ereccion de este establecimiento el Gobernador terminó su vida en edad muy avanzada,

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habiendo antes nombrado por su sucesor al susodicho Gamboa. Este empleó. los tres años que duró su gobierno en oponerse por una parte á las tentativas de Paynenancu, y por otra á las irrupciones de los Pehuenches y de los Chiquillanes, quienes solicitados de los Araucanos habian principiado á molestar las colonias Españolas.

Los Pehuenches, tribu numerosa, habitan aquella parte de la cordillera Chilena que yace entre los 34 y 37 de latit. mer ó sea al oriente de las provincias Españolas Colchagua, Maule, Chillan, y Huilqtiilemu. El vestido de ellos no es diverso del de los Araucanos, solamente que en lugar de bragas se enrollan á la cintura, comolos Japones, una manta que dexan caer hasta las rodillas. Lievan una especie de botines, ó zapatos, todo de una pieza, hechos con la piel que cubre las piernas posteriores del buey de las corvas abaxo, las quales amoldan á los pies quando están frescas, dexandoles el pelo por dentro, despues de haberlas cosido en la punta. La piel de la pantorrilla misma sirve de talon. Estos calzados, con el uso resultan tan blandos, y bellos, que parecen de cuero curtido.

Aunque estos Montañeses hayan sido en ocasiones valerosos y bravos soldados, con todo gustan de adornarse lo mismo que las mugeres. Llevan pendientes en las orejas, y ma-

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nillas de cuentas de vidrio en los brazos: con las mismas entretexen sus cabellos, y cuelgan al rededor de la cabeza cascabeles. Aunque tengan numerosas manadas de bueyes y de carneros, no se alimentan por lo comun sino de carne de caballo, la qual prefieren á todas las demas viandas como los Tartaros, pero mas cultos que estos acostumbran siempre comerla cocida, ó asada.

Habitan á la manera de los Arabes Scenitos, baxo toldos de pieles, que disponen en circulo, dexando en el centro un campo espacioso, donde pacen sas bestias mientras hay yerba. Quando esta empieza, á faltarles, transportan. sus barracas á otro sitio, y asi de lugar en lugar van corriendo los valles de la cordillera. Esta vida errante no es privada de placeres. Con este medio se adquieren nuevos vecinos, nuevas comodidades, y nuevas perspectivas.

Cada aduar le gobierna un Ulmen, ó príncipe hereditario. Su lengua y religion no son diversas de las de los Araucanos. Aman la caza, y por eso corren á menudo las inmensas llanuras que yacen entre el gran rio de la Plata, y el estrecho Magallánico. Con estas correrias llegan hasta Buenos Ayres, cuyas campañas saquean. algunas veces, y atacan las caravanas de mercaderias que de allipasan á Chile. Los buenos sucesos los han ani-

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mado de tal modo, que al presente, segun se dice, el comercio en aquellas partes, por causa, de ellos, está casi enteramente interrumpido (a) Estas hostilidades sin embargo ha mu-

(a) Diremos alguna cosa á este proposito de lo que observamos en nuestro tránsito por estas. regiones. El 27 de Abril de 1783. partimos en posta de Mendoza para Buenos Ayres, luego supimos de las gentes que encontrabamos, que los Indios Pehueneches habian salido á sus correrias, y poco despues nos dieron la funesta noticia de los estragos que cometieron en el Pago de la Magdalena. Con este motivo no habia casa de posta donde no se hablase melancolicamente de lo expuesto que estaban á sus insultos, y efectivamente vimos algunas casas desamparadas por temor de ellos. En el año anterior, cerca de 300 Indios, tendidos sobre los lomos de los caballos, con las picas arrastrando hácia tras, para hacer creer que era manada casual de yeguas de las que se suelén ver en aquellas Pampas, se aparecieron en la posta de Gutierrez, y no se atrevieron á atacarla por ser una de las mas bien reforzadas, sin embargo que solo se les presentó á la vista con. su fusil el único hombre que habia en ella. Este hombre conoció que los caballos venian gobernados, por la union y direccion que traian, aunque no advirtió los ginetes hasta que estuvieron muy cerca, y despues tuvo la buena precaucion de no dispararles, con cuya reserva tal vez entrarian en rezelo de mayor fuerza, lo que les hizo abandonar la empresa, dirigiendo sus furias contra los infelices moradores de aquellas campañas. No tuvo tan buena suerte el maestro de postas Amatrain, que mataron el mismo año, y un negro que le acompañaba. Algunas postas tienen murallas de palizada, ó de tapia, con su foso y pueute levadizo. En la posta de Gutierrez nos contemplabamos muy seguros porque teniamos á la vista los peltrechos, que se compondrian de media arroba de polvora, y un número correspondiente de balas, y en la pared puestas con órden y mucha limpieza diez escopetas. Si todas las postas de la carrera estuvieran tan fortificadas como esta, y en menos distancia unas de otras, esto es, de dos á tres leguas, interponiendo quatro ó cinco fuertes, siguiendo la misma linea, en los lugares mas peligrosos que hay en la extension de las 200 leguas hasta la Punta de San Luis, en la forma que los que hay establecidos guarnecidos por invalidos; los viageros en posta, los que trafican á mula, que llaman en arria, y las tropas de carretas, estarian con este respetable cordon á cubierto de sus insultos. En este caso convendria establecer las postas mas á lo interior de las Pampas, para no perder tantos terrenos como se han abandonado, y no hacer el semicirculo que hacen los que viajan á Chile por la costa. La poblacion tambien se aumentaria con la consiguiente tranquilidad.

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chos años que se abastienen de cometer en los terminos de Chile en tiempo de paz, quizá por el interes que encuentran en su tráfico; ó por el temor de ser malamente correspondidos de aquellos paisanos. Sus armas favoritas son los laques que ya hemos descrito, los quales llevan siempre atados á la cintura. Es muy probable que aquellos diez Americanos conducidos por el valeroso Orellana, (nombre sin duda corrompido) de cuyo estupendo valor habla el Autor del viage del Lord Anson, hayan sido de esta tribu.

A pesar de su genio inquieto y vagabundo son los mas laboriosos, y mas comerciantes entre todos los salvages. En sus toldos jamas estan ociosos. Las mugeres fabrican man-

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tas de varies colores. Los hombres se aplican ya á texer bellísimos cestos, y á hacer otras bellas obras de madera, de madera, de plumas, ó de pieles, que son muy buscadas de sus vecinos. Todos los años entran en las confinantes provineias Españolas, donde tienen una especie de feria que suele durar 15 ó 20 dias; conducen sal fosil, yesa, brea cobertores de cama, ponchos, pieles, lana, riendas de curero perfecttamente entretexidas, canastos, vasijas de madera., plumas, y huevos de avestruz, caballos, novillos, &c. y en cambio reciben trigo, vino, y mercerías de Europa. Son habilmos en el tráfico. y dificilmente se dexan engañar. Por temor de ser robados de aquellos que creen lícito todo lo que es contra los infieles, jamas se ponen á beber todos á un mismo tiempo, pero se dividen en muchas tropas, y mientras los unos estan de guardia, los otros entretanto se dan á los placeres del vino. Son por lb demas humanos, complacientes, amantes de hacer bien, y tienen todas aquellas otras buenas qualidades que produce, ó perfecciona el Comercio.

Los Chiquillanes, que algunos tienen felsamente por un aduar de los Pehuenches, habitan al N. E. de estos, sobre las faldas orientales de los Andes. Estos son los mas bárbaros, y por conseqüencia los menos numerosos de todos los Chilenos, pues es cosa cier-

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ta que el estado de la vida selvática es tanto menos propicia á la poblacion, quanto es mas rústica. Andan casi desnudos, ó se cubren de pieles de guanaco Se ba bbservado que todos los Chilenos habitantes en los valles orientales de la cordillera, no sold de esta, sino tambien de las tribus de los Pehuenches, de los Puelches, y de los Guilliches son mas rubios que los demas sus compatriótas situados al poniente de aquella montaña. Todos estos Montañeses orientales se visten de pieles, se pintan la cara, viven por lo comun de la caza, y llevan una vida vagabunda, Estos son, como hemos dicho otra vez, aquellos renombrados Patagones, que se dexan ver hácia el estrecho Magallánico, ya como gigantes enormes, ya como hombres de una corporatura un poco superior á la comuh. Pero lo cierto es, que ellos son, generalmente hablando, de alta estatura, y de notable robustez.

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CAPITULO IV.

GOBIERNO DEL MARQUES DE
Villa-hermosa
: sus sucesos contra Painenancu:
prision y muerte de este General
: empresas del
Toqui Cayancura, y de su hijo Nangoniel
:
desembarco de los Ingleses en Chile:
operaciones del Toqui Cadeguala.

1583

Llegada que fué á España la noticia de la muerte de Quiroga, el Rey expidió para el Gobierno de Chile á Don Alonso de Safamayor con 600 hombres de tropa reglada, el qual se conduxo por Buenos Ayres á Santiago, Luego mandó á su hermano Don Luis, dandole el nuevo cargo de Coronel del reyno, á Socorrer las plazas de Villarica, y Valdivia, bioqueadas por los Araucanos. El hizo levantar el asedio, despues de haber derrotado dos veces á Painenancu, que habia tentado impedirle el paso. No obstante de esto el atrevido Toqui volvió antes sus armas contra Tiburcio Heredia, y despues contra Antonio Galleguillos, que corrian el pais con un grueso cuerpo de caballería, de los quales fué igualmente derrotado, pero la victoria costó muy cara á los vencedores.

Entre tanto el Gobernador, echados los

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Pehuenches, que infestaban el territorio de la nueva colonia de Chillan, entró en el estado Araucano con 700 Españoles reforzados de gran número de auxîliares, muy resuelto de seguir mas bien el severo sistema de hacer la guerra adoptado por Don Garcia, que el método humano y generoso de los demas sus predecesores. La provincia de Encol fué la primesra que probó los efectos de su rigor. Todo foé puesto en ella á fierro, y fuego. Los prisioneros, ó eran ahorcados, ó se volvian á enviar con las manos cortadas para atemorizar á sus connacionales(1). Las provincias de Puren de Ilicura, y de Tucapel, hubieran sido igualmente devastadas, si los habitantes puestos en seguro á la llegada del exército, no hubiesen anticipadamente quemado sus casas y sus sembrados. En la última provincia solamente se pudieron tomar tres de aqueilos aldeanos los quales fueron empalados (2). Con todo eso en este tiempo se pasaron al partido de los Araucanos muchos mestizos, mulatos, y algunos Españoles, entre los quales se adquirió gran fama Juan Sanchez.

El General Araucano impelido, ó de su natural audacia, ó de la desesperacion por verse decaido de la estimacion de los nacionales,

(1) Oyalle Histor. lib. 6. cap. 1.

(2) Id. ibid.

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hizo frente en los confines de la provincia de Arauco al numeroso exército Español con solos ochocientos hombres. Sin embargo, estos pelearon con tanta resolucion que los Españoles no pudieron romperlos, sino despues de una fuerte oposicion que duró algunas horas, en la qual no perdieron poca gente. Los Araucanos perecieron casi todos. Paynenancu quedó prisionero, y fué prontamente ajusticiado. El Gobernador victorioso, hecha reedificar la fortaleza de Arauco, dexando en ella por Comandante al Maestre de Campo Garcia Ramon, se acampó en la ribera del rio Carampangui.

1585.

El valor Araucano, desmayado por la mala conducta del mestizo General, se animó conla elevacion al supremo puesto de uno de sus propios nacionales Cayancura, el qual eta Ulmen del distrito de Mariguenu. Ciento y cincuenta mensageros provistos de las simbólicas flechas fueron enviados á diversas partes en busca de socorro. Todo se puso en movimiento, y en poco tiempo se juntó un exército competente. El nuevo Toqui resolvló atacar despues de media noche el campo Español, que ocupaba todavia el puesto de Carampangui, de cuya posicion estaba prevenido por medio de una espia. A este efecto dividió su gente en tres lineas, dando el mando de ellas á los valerosos Oficiales Lonconobal, Antuleou, y Tarochina.

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Estos, introducidos por los tres caminos, en los quales estaba el campo repartido, hicieron pedazos á los auxîliares, que fueron los primeros que se opusieron á sus progresos. A los Españoles favoreció la luna que empezoó á elevarse en el momenta mismo del asalto; por cuyo motivo, despues de un breve desórden, en que cayeron algunos de ellos, pudieron formarse, y hacer frente á los asaltadores, los que perseguidos por todas partes de la mosquetería, comenzaron á perder terreno y á retirarse. El Gobernador, acudiendo con su compañia de veteranos, acabó de rechazarlos no sin gran derramamiento de sangre de ambos partidos.

Cayancura, que se habia quedado en el ingreso de los alojamientos para sostener el ataque, viendo volver sus tropas cansadas y maltratadas, las dexó reposar el resto de la noche, y al amanecer volvió al asalto. Los Españoles les salieron al encuentro á campo descubierto. La batalla fué obstinadísima, y muy sangrienta por una, y otra parte. Pero los Araucanos oprimidos de los cañoness, y de los carballos, tuvieron precision de ceder el campo. Los autores, de los quales nos servimos, se contentan con decir que la victoria costó cara á los Españoles sin especificar el número. de muertos. El Gobernador mismo la llama sangrientísima en una patente dada en favor de Nuño Hernandez. Pero el mayor indicio de

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su pérdida es, que el mismo Gobernador inmediatamente despues de la accion, levantó el campo, y se retiró hácia las fronteras, donde febricó dos fuertes, esto es, el de la Trinidad sobre la ribera austral de Biobio, y el del Espiritu Santo sobre la ribera septentrional del mismo Rio. Luego envió al Sargento Mayor á hacer las reclutas posibles en todas las colonias, el qual le conduxo 2 caballos, y un número considerable de infantería.

E1 General Araucano, á pesar de las pérdidas precedentes, determinó aprovecharse de la retirada del Gobernador para expugnar la plaza de Arauco. A fin de asegurar mejor el éxîto de esta empresa, procuró hacer diversiones por todas partes á las armas Españolas. Con esta mira ordenó á Guepotan infestar el territorio de Villarica, desde el fuerte de Liben, donde se habia sostenido por algunos años. Cadeguala, que despues ocupó el primer puesto, fué encargado de molestar á los habitantes de Angol. A Tarochina se dió la incumbencia de custodiar las riberas de Biobio. Melillanca y Catipillan fueron enviados contra la Imperial. Estos Oficiales tuvieron varios encuentros ya adversos, ya prosperos, con los Españoles. Guepotan perdió el fuerte de Liben, que fué expugnado por el hermano del Gobernador. Tarochina se hizo dueño de muchos barcos que por el Biobio conducian socorro de

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te y de armas á los fuertes nuevamente erigidos sobre este rio.

1586.

Entre tanto Cayancura dió principio al señalado asedio ciñendo la plaza toda al rededor con lineas de circunvalacion, y contravalacion. De estos preparativos los sitiados arguyeron, que á lo largo debian ó rendirse, ó perecer de hambre, por lo qual resueltos mas bien de morir combatiendo, que de reducirse á aquellos estremos, atacaron con tanto vigor las lineas enemigas, que despues de un horrible combate de cerca de quatro horas, las forzaron, y las obligaron á darse á la fuga. Cayancura sumamente enfadado por-la mala resulta de su empresa, se retiró á su tierra, dexando el mando de las armas á su hijo Nangoniel, jóven de grandes esperanzas, y muy querido de la nacion.

Este, recogidas inmediatamente algunas compañias de infantería, y ciento y cincuenta caballos (que desde entonces en adelante comenzaron á numerarse entre las tropas Araucanas) volvió á bloquear la misma plaza de Arauco, cuyos contornos no dexó de infestar, hasta tanto que los Españoles, faltos enteramente de vituallas, fueron obligados á evacuarla. Animado con este feliz suceso se encaminó contra el fuerte de la Trinidad, el qual aseguraba el pasage á los refuerzos que por Biobio llegaban al enemigo; pero habiendo pe-

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leado en el camino con un cuerpo al mando de Francisco Hernandez, perdió en la riña un brazo, despues de haber recibido otras varias heridas peligrosas. Este contratiempo le obligó á estarse quieto en un monte vecino, donde acometido en una emboscada, por el Sargento Mayor, quedó muerto con cincuenta de sus soldados, á pesar del gran valor con que se defendió por largo espacio de tiempo. El mismo dia fué aclamado Toqui por sus Oficiales el susodicho Cadeguala, el qual se habia adquirido gran nombre en el exército por su valor, y conducta militar.

1587.

Mientras los Araucanos se esforzaban para oponerse á los progresos de la Potencia Española en sus comarcas, los Ingleses intentaron tambien inquietarla en aquellas remotas playas. El Caballero Thomas Candish, partido con tres baxeles de Plimouth á 21 de Julio de 1586 corrió el año siguiente las costas de Chile: desembarcó en el desierto puerto de Quintero, donde procuró entablar correspondencia con los naturales del pais. Pero no pudo sostenerse alli largo tiempo, porque, asaltado por el Corregidor de Santiago Alonso Molina, se vió obligado á abandonar aquellas costas con pérdida de algunos soldados y marineros.

Entretanto Cadeguala, que habia ya señalado los principios de su mando con algu-

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nas venturosas correrias, determinó prevalerse de esta oportuna diversion para sorprender la ciudad de Angol, donde tenia inteligencias secretas. Por medio de estas induxo á aquellos Chilenos que estaban al servicio de los Españoles, que pusiesen fuego á las casas de sus señores á cierta hora determinada de la noche, en la qual él debia acercarse secretamente á las puertas. Habiendo entrado á merced del incendio en la plaza, ocupó con mil infantes, y cien caballos todos los quarteles, y empezó á hacer horribles estragos en aquellos habitantes, los quales huyendo de las llamas caian en sus manos. En vano se oponian á sus progresos las tropas que componian aquella guarnicion. Ninguno hubiera escapado en aquella fatal noche del mortal fierro, si por un feliz accidente el Gobernador no hubiese entrado dos horas antes en la ciudad: este, corriendo por todas partes á la cabeza de su guardia, recogió con singular presencia de ánimo los ciudadanos dispersos, y los escoltó hasta la ciudadela. Luego salió con los mas valerosos, y hizo frente al enemigo, hasta que le obligó á retirarse al venir el dia. Los Araucanos se habian hecho menos escrupulosos en la forma de hacer la guerra. Cadeguala no fué abandonado de ninguno de sus Oficiales como Caupolican I. cerca de Cañete, en la fraudulenta sorpresa de esta ciudad.

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Aunque esta atrevida expedicion no hubiese tenido todo el éxîto que se prometia el General Araucano, con todo, sin desmayarse emprendió el asedio de la plaza de Puren, la qual por estar internada en el pais le parecia mas facil de expugnar. La bloqueó regularmente con 4 hombres divididos en quatro cuerpos, cuyo mando confió á Guanalcoa, Caniotaru, Relmuantu, y Curilemu, que eran los mas valientes Oficiales de su exército. El Gobernador, avisado del peligro de la plaza, acudió al instante con un poderoso socorro; pero Cadeguala saliendole al encuentro con ciento y cincuenta lanzas, se le opuso con tal vigor, que despues de un largo combate en el qual quedaron algunos Españoles muertos, le obligó a retroceder.

Ensoberbecido por este suceso, hizo proponer á los sitiados dos partidos, que decia serles sumamente ventajosos, esto es, ó de partirse libres baxo de su palabra, ó de quedar á su servicio. Con sumo desprecio fueron desechados ambos. Del segundo solamente se prevalió un tal Juan Tapia, este, pasado al campo Araucano, fué en él bien acogido, y promovido en la milicia. Habiendose reducido á votos este designio, Cadeguala resolvió abreviar con un golpe decisivo el tiempo del asedio. Se presentó delante del muro en un soberbio caballo que habia quitado al mismo Gobernador,

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y desafió á batalla singular en el témino de tres dias al Comandante de la plaza, que era el mismo Garcia Ramon ya echado de Arauco. Aceptado el desafio, el atrevido Toqui compareció en el campo el dia prescrito con moderado séquito que dexó aparte. El Comandante Español le salió al encuentro con quarenta hombres, que igualmente colocó en alguna distancia. Los dos campeones, aplicando las espuelas á los caballos, se acometieron con tal furia que el primer golpe decidió de la batalla. Cadeguala, atravesado de parte á parte por la lanza de su competidor, cayó moribundo en tierra; no obstante de esto, rehusando confesarse vencido, tentó volverse á poner á caballo, pero la muerte se lo impidió. Sus soldados corrieron á levantar el cuerpo, el qual conduxeron consigo despues de alguna oposicion que tuvieron de los Españoles. El exército se retiró de la plaza con ánimo de volver á ella quando se hubiese creado un nuevo Xefe.

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CAPITULO V.

EL TOQUI GUANOALCA SE
apodera de los fuertes de Puren, de la Trinidad,
y del Espiritu Santo
: empresas de la
belicosa muger Janequeo
: batallas de
Mariguenu, y de Tucapel.

Guanoalca, electo Toqui, volvió muy presto á bloquear la misma plaza de Puren, con tanta mayor esperanza de tomarla, quanto que sabia por las informaciones de Tapia que los víveres escaseaban en ella, y que los defensores se habian dividido en dos facciones. Efectivamente estos, privados de todo socorro de fuera, y descontentos de la conducta de sus Oficiales, no tardaron mucho en retirarse á la ciudad de Angol. Los Araucanos, usando de su ordinaria política de dexar el paso libre al enemigo fugitivo, no los inquietaron en su retirada.

1588.

Luego Guanoalca se movió contra otro fuerte que los Españoles habian poco antes construido en las vecindades del monte Mariguenu: pero habiendole entrado á tiempo un considerable refuerzo, resolvió emplear en otra parte sus fuerzas con mayor esperanza de feliz suceso. Por tanto se volvió contra los dos

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1589.

presidios de la Trinidad, y del Espiritu Santo, situados sobre la ribera de Biobio. El Gobernador, temiendo no poderlos conservar, ó no creyendolos bastante útiles, sacó toda la gente, y la transportó á otra fortaleza que habian hecho edificar sobre el rio Puchanqui para cubrir la plaza de Angol. Así la guerra se habia casi toda reducido á la construccion y demolicion de los fuertes.

El Generalato de Guanoalca se hizo mas célebre por las militares expediciones de la heroina Janequeo que por las suyas propias. Ella era muger de aquel valiente Oficial Guepotan, que defendió, como hemos dicho, tan largamente la roca de Liben. Despues de la pérdida de este importante puesto, él se habia acantonado en la cordillera, donde nunca habia cesado de instigar á aquellos pueblos á la defensa de la patria. Deseoso, pues, de tener consigo la muger, descendió á la llanura en busca de ella; pero sorprendido por los Espafioles, que deseaban muchísimo haberlo á las manos, quiso mas bien dexarse hacer pedazos que rendirse prisionero.

1590.

Janequeo, transportada de un furioso deseo de vengar la muerte del marido, se puso en compañia de su hermano Guechiuntureo á la cabeza de un exército de Puelches, con los quales comenzó á hacer correrias en todos los establecimientos Españoles, matando á todos

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aquellos que encontraba de esta nacion. El Gobernador, reforzado con un regimiento de soldados, que le habia venido del Perú, se puso en marcha contra ella, pero esta, ocupando siempre los lugares eminentes, y asaltando de improviso ya la vanguardia, ya la retaguardia de su exército, le obligo á retirarse despues de haber perdido inutilmente mucho tiempo, y algun número de gente. Así como él era de opinion, que para abatir el orgullo de aquella gente se debiese adoptar el rigor, así hizo ahorcar los prisioneros hechos en aquella correria. Entre estos hubo uno, que pidió le colgasen del árbol mas alto, á fin de que el sacrificio que hácia de sí mismo á la patria, se hiciese mas visible á sus compatriotas, y los animase mucho mas á defenderla.

Habiendose defendido así la audaz muger de las fuerzas de un General, que era sin contradicion buen soldado, y que con singular honor habia militado en Italia, en Germania, y en los Paises Baxos, se encaminó contra la fortaleza de Puchanqui, no lejos de la qual deshizo, y mató al Comandante Aranda, que le habia salido al encuentro con parte de la guarnicion. Pero no habiendo podido expugnar aquel fuerte, se retiró al empezar la mala estacion hácia las montañas de Villarica, donde se fortificó en un lugar escarpado, que le parecia muy seguro. Desde alli iba diariamen-

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te á infestar las inmediaciones de aquella plaza, de manera que ninguno se atrevia á salir fuera de ella.

El Gobernador, movido de los lamentos de aquellos ciudadanos, envió á su hermano Don Luis con la mayor parte de otros dos refuerzos que le habian traido del Perú los Capitanes Castillejo, y Peñalosa. La intrépida Janequeo lo esperó valerosamente en su reparo, rebatiendo con singular presencia de ánimo los diferentes asaltos de los Españoles, hasta tanto que disipada su gente con la artillería, se vió obligada á ponerse en salvo. Su hermano, cogido en la fuga, obtuvo de los vencedores la vida, habiendose obligado con juramento de hacer estar quieta á su hermana, y de conducir á la amistad de ellos á sus vasallos, y adherentes. Pero mientras trataba de este negocio en una junta nacional, fué matado por el Ulmen Catipiuque que aborrecia toda especie de reconciliacion.

1591.

El viejo Toqui Guanoalca, muerto al fin de este año, tuvo por sucesor á Quintunguenu, jóven atrevido, y ambicioso de gloria. Este, tomado que hubo de asalto el fuerte de Mariguenu, se acampó con dos mil hombres sobre la cumbre de aquella famosa montaña, esperando hacerse en ella tan célebre como Lautaro con alguna insigne victoria. El Gobernador no se dexó amedrentar por la funesta

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memoria de las desgracias padecidas en aquel mal presagioso sitio. Habiendose puesto á la cabeza de 1 Españoles, y de un competente número de auxîliares, al instante se dirigió allí con ánimo de desalojar al enemigo, ó á lo menos de tenerlo sitiado.

Despues de haber dado las disposiciones necesarias, al venir el alba comenzó á desfilar para la dificultosa subida, conduciendo en persona la vanguardia, al frente de la qual habia colocado veinte Oficiales reformados, y prácticos de aquella guerra. Apenas habia llegado á medio camino, quando se vió en un momento asaltado de Quintuguenu con tal furor, que qualquier otro Xefe menos hábil hubiera sido infaliblemente trastornado con toda su gente. Pero él animando á los suyos con la voz, y con el exemplo, sostuvo mas de una hora el terrible encuentro del enemigo, hasta que ganando paso á paso el terreno llegó á volverlos hacer entrar en sus atrincheramientos, pero sin haber podido romperlos.

Los Araucanos, exhortandose recíprocamente á adquirir una muerte gloriosa, defendieron todo el resto de la mañana con increible valor su campo. Al medio dia Don Cárlos Irrazabal, despues de una obstinada oposicion, forzó finalmente con su compañia las lineas de la parte siniestra, y al mismo tiempo penetraron con sus brigadas por el frente, y por la

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diestra el Maestre de campo, y Don Rodulfo Lisperger, valeroso Oficial Aleman, cuya descendencia se conserva aun en Chile. Quintuguenu, aunque embestido por todas partes, mantuvo la batalla indecisa largo espacio de tiempo, conteniendo á su gente en órden, y conjurandola de no manchar con una ignominiosa derrota la gloria de aquel lugar ennoblecido con tantos trofeos por sus antecesores. Mientras él se conducia de uno á otro flanco, haciendo siempre frente á los asaltadores, cayó traspasado de tres heridas mortales dadas por el Gobernador mismo, que le habia puesto la mira. El último acento proferido de su boca fué el poderoso fanatismo de la libertad.

Sus soldados, viendolo muerto, parte se dexaron despedazar desesperados, y parte se dieron á la fuga. Los auxîliares perecieron cuasi todos: de los Españoles se dice que solo quedaron muertos en el campo veinte. Entre estos se numera un Caballero portugues del habito de Christo, el qual habiendose encontrado en muchas batallas en Europa, se burlaba poco antes de las operaciones de aquellos enemigos, entre quienes no veia ni uniformes ni cañones; pero habiendo quedado muerto en el principio de la pelea no tuvo tiempo de retractarse de su opinion. Se señalaron de la parte de los Españoles, ademas de los ya nombrados, Vargas, Roa, Jofre, Diaz, Luna, Godoy,

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Castillejo (a), y entre los Araucanos Cariantu, Apillan, Kelentaru, y Archiguala.

El Gobernador contentísimo de haber si do el primer vencedor de los Araucanos en el formidable Mariguenu, conduxo sus tropas hácia la, marina, donde fueron saludadas con repetidas descargas de la artillería de la flota del Perú, la qual corriendo entonces aquella costa en busca de los Ingleses habia sido espectadora de la victoria. A estas demonstraciones de comun alegria él hizo corresponder con freqüentes disparos de la mosquetería, y con los ordinarios jubilos militares. Prevaliendose, pues, de la ocasion, mandó al Perú en la misma flota, al Maestre de Campo, con el fin de que se te transportasen los socorros posibles de gente para continuar la guerra en la campaña siguiente.

Entre tanto, abandonado el antiguo lugar

(a) El curioso que quisiere saber los nombres de otros muchos Españoles que antes de este hecho se distinguieron en la conquista de Chile, vea la Historia del Abate Olivares, la qual el autor sigue en la mayor parte. Esta dá amplia noticia de ellos, refiriendo los nombres de los Oficiales que pasaron de Lima á Chile con Valdivia, y de los soldados que perecieron con él en el llano de Tucapel: tambien de los que se distinguieron en la gloriosa batalla de todo un dia en la cuesta de Villagran: en la defensa del fuerte de la Concepcion, que hizo fabricar el Gobernador Hurtado de Mendoza: en la derrota de 14 Indios con 800 hombres en el estado de Arauco: en la defensa de la ciudad de Cañete y en otras muchísimas acciones.

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de la fortaleza de Arauco, la fabricó en otro mas cómodo sobre la ribera del mar, para que pudiese ser mas facilmente socorrida. Colocolo era dueño de aquel terreno, hijo del famoso viejo de este nombre, pero de una índole muy diversa. Indignado de ver sus tierras ocupadas por el enemigo, procuró echarlos fuera, pero batido, y quedado; prisionero, pidió, y obtuvo la vida baxo la condicion de someter á la obediencia de los Españoles sus varsallos, que se habian retirado á las montañas. Estos exhortados por su muger Millayene á ratificar la promesa de su señor respondieron, que habiendo él padecido aquella desgracia poramor de la patria, sobrellevase con valor correspondiente á su nacimiento todas las fatigas: que ellos estimulados de su exemplo harian frente á todos los peligros para defenderla, y para vengar los ultrages que les fuesen hecho. El Príncipe, irritado por esta respuesta se consagró del todo al servicio de los Españoles, á los quales sirvió de guia para dar caza á sus subditos.

1592.

En este tiempo vivia entre los Araucanos un Español que habia quedado prisionero en una de las precedentes batallas, el qual habia sabido con sus buenos modos ganarse la estimacion y confianza de los principales de la nacion. Este, ó por gratitud, ó por impulso del Gobernador, comenzó á entablar un tra-

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tado de paz con grande esperanza de conseguirla, pero no habiendo agradado las condiciones preliminares á ninguna de las partes, todos sus manejos fueron infructuosos. E1 Gobernador indignado del mal suceso de sus proposiciones, se encaminó con todo el exército hácia la provincia de Tucapel, destruyendo á fierro, y fuego quanto encontraba en ella.

Paillaeco, electo Toqui en lugar de Quintuguenu, no creyendose bastante fuerte para oponerse abiertamente al enemigo victorioso, resolvió hacerlo caer en una emboscada. Para este efecto dexó en el ingreso de un bosque, donde se habia escondido con el resto de sus tropas, cien hombres á caballo, con órden de aparentar fuga á la primera vista de los Españoles. Estos los siguieron efectivamente, pero reflexîonando en tiempo que podria ser estratagema, volvieron atras, fingiendo tambien ellos su huida, para sacarlos fuera del bosque, y atacarlos en campaña abierta. Los Araucanos, sin advertirse del engaño, corrieron en su alcance, pero acometidos por todas partes fueron hechos pedazos juntos con su General, despues de haber vendido muy caras sus vidas. Los restantes se refugiaron en ciertos pantános donde se pusieron á cubierto de la furia de los vencedores.

1593.

Estas repetidas victorias, de las quales se congratulaban tanto los Españoles, fueron los

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preludios de los mas lamentables desastres que ellos hayan sufrido en aquel reyno. No obstante de esto, parece no poderse poner en duda que el Gobernador las hubiese comprado á costa de mucha sangre, porque contra su costumbre se retiró á Santiago despues de la última accion, con la mira de esperar allí el refuerzo que debia venirle del Perú, y de hacer las posibles reclutas en las provincias septentrionales del pais. Los refuerzos no tardaron mucho en llegar, pero no pareciendole suficientes para continuar con ventaja la guerra, se transfirió él mismo al Perú para solicitarlos mas considerables, habiendo encomendado entretanto el Gobierno Militar al Maestre de Campo, y el Político al Licenciado Pedro Viscarra. Llegado á Lima se encontró con el sucesor que se le habia destinado de la Corte. Este era Don Martin Loyola, sobrino de San Ignacio, y Oficial de merito, el qual se habia adquirido la gracia del Virey Toledo, por haber preso en las montañas de los Andes, al último Inca del Perú, Tupac Amaru, de cuyas resultas tuvo en premio no solo este Gobierno, sino tambien la Princesa Clara Beatriz Coya, hija única y heredera del Inca Sayri Tupac. El arribó á Valparaiso con un respetable cuerpo de tropa, é inmediatamente se trasladó á Santiago, donde fué recibido con aclamaciones extraordinarias de todos aquellos ciudadanos.

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CAPITULO VI.

EL TOQUI PAILLAMACHU
mata al Gobernador Loyola, y destruye todos
los establecimientos Españoles en el
estado Araucano
.

Despues de la muerte de Paillaeco los Araucanos dieron el mando de sus tropas al Toqui hereditario del segundo Uthanmapu, llamado Paillamachu, hombre de edad muy avanzada, pero de una actividad admirable. La fortuna, creida comunmente poco propicia á los viejos, favoreció de tal modo las empresas de este, que superó en la gloria de las armas á todos sus antecesores, lisonjeandose de haber restablecido en su pais el antiguo estado de independencia. Luego que fué revestido de la suprema dignidad nombró para los importantes cargos de Vice-Toqui á Pelantaru y Millacalquin, ambos Oficiales de merito nada inferior al suyo, derogando en esto los estatutos, que solo asignan un Lugar-Teniente al General. Así como el exército se habia notablemente disminuido, así él, imitando el exemplo de Antiguenu, se retiró á los pantános de Lumaco, donde se dedicó á formar un exército capaz de desempeñarle en sus vastas ideas.

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Loyola, despues de haber ordenado el gobierno civil de la capital, se encaminó á la Concepcion para atender á los negocios de la guerra. Paillamachu no se descuidó en esta ocasion de enviar, con pretexto de cumplimentarle, un Oficial que indagase su carácter, y sus designios. Antipillan, encargado de la comision, no se mostró indigno de la confianza de su General. El Gobernador en las freqüentes conferencias que tuvo con él, se ingenió en darle una grande idea del poder del Soberano, insinuandole la necesidad de venir á un acomodamiento. El Araucano manifestandosa, persuaidido le respondió: "La grandeza de vuestro Príncipe, que abraza el oriente, y el occidente, no puede sernos desconocida. Pero no debeis despreciarnos, porque aunque formemos un pueblo muy pequeño, con todo eso hemos sabido hasta ahora resistir á una potencia tan enorme. Vuestras ideas, pues, acerca de lapaz son muy diferentes de las nuestras. Porpaz nosotros entendemos una absoluta cesacion de hostilidades, la qual sea seguida deuna renuncia entera de todo pretendido derecho sobre nosotros, y de la restitucion de todos aquellos terrenos que habeis ocupado en nuestras provincias. Vosotros al contrario, baxo de este nombre quereis nuestra sujecion, la qual, jamas consentiremos mientras nos quede sangre en las venas."

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1594

El Gobernador como era de animo generoso, no pudo menos que admirar la noble altan de Antipillan, por lo qual lo despidió con las mayones demostraciones de estimacion. Pero múy lejos de abandonar las plazas establecidas en el territoria Araucano pasado Biohio fundó allíaina nueya ciudad á poca distancia del mismo rio, dandbla el nombre de Coya, en honor de la Princesa su muger. La fabricó en una situacion adaptada no solopara servir de reparo á la vecina plaza de Angol, sino tænbien para cubrir las vicas minas de oro de kilacoyan. La adormó de un Mágistrado Municipal, y de varias iglesias y monasterios. Para haoerla, pues, mucho mas segura, construyó enfrente de ella dos castillos que Hamó de Jesus, y de Chivicura los quales cubrian una y otra ribera del rio.

1595.

1596.

Paillamacha, ansioso de aterrar este naciente establecimiento que deshonraba su Generalato, dió al Capitan Loncothegaa la incumbencia de apoderarse del fuerte de Jesus; pero este, despues de haber quemado una parte de él y de haberse internado dos veces por otra, quedó allí muerto antes de terminar la empresa. Luego el General Araucano comenzo abiertamente á infestar con freqüentes correrias los distritos de las poblaciones Españolas, así para susentar sus tropas, como para acostumbrarlas á los manejos de la gurra. En

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vano el exército Real se puso en marcha contra él: este evitó siempre todos los encuentros, reservando sus fuerzas para mejor ocasion.

1597.

No encontrandose otro medio para contenerlo, Loyola hiza levantar al rededor de los alojamientos de él dos fortalezas, una en el antiguo sitio de la destruida plaza de Puren, y la otra sobre las mismas márgenes de los pantános de Lumaco, en los quales dexó la mayor parte de un curpo de tropas que en quellos dias le habia llegado del Perú. Entretanto envió el resto á fundar una colonia en la provincia de Cuyo, con el nombre de San Luis de Loyola, la qual subsiste hasta ahora, aunque en miserable estado, á pesar de su ventajosa situacion.

Paillamachu, tomada en breve de asalto la fortaleza de Lumaco, dexó el cuidado de expugnar la de Puren á Pelantaru y á Millacalquin; estos, habiendo reducido en el espacio de diez dias la guarnicion á los extremos, se retiraron, segun las instrucciones de su General, á la llegada del socorro conducido por Pedro Cortes, Oficial de gran nombre en aquella guerra. Sin embargo el Gobernador, que se habia tambien transferido allí con el resto del exército, hizo demoler las fortificaciones, y transportar la gente á la ciudad de Angol, por no dexarle expuesta á encontraf la suerte de la de Lumaco. Despues se enca-

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minó la vuelta de la Imperial, para proveerla en el mejor modo posible contra las crecientes fuerzas de los enemigos.

1598.

22 de Noviembre.

Despues de haber reparado, no solo las fortificaciones de esta plaza, sino tambien las de Villarica y Valdivia, volvió hácia el Biobio escoltado de cerca de 300 hombres, los quales hizo volver atras luego que le pareció que estaba en lugar seguro, reteniendo solamente en sucompañia, ademas de la propia familia, sesenta Oficiales reformados, y tres Religioso de San Francisco. Paillamachu, que le habia venido observando los movimientos secretamente con 200 soldados, creyó haber encontrado la ocasion para el logro de sus designios. Efectivamente viendole alojado en el ameno valle de Curalava, se le echó encima mientras dormia, y lo mató con toda comitiva.

Parece que el General Araucano tuviese esperanzas bien fundadas del suceso de esta atrevida empresa, pues al tenor de sus precedentes instruceiones en menos de quarenta y ocho horas se pusieron en arma no solo las provincis Araucanas, sino las de los Cuncos y de los Gnilliches hasta el archipielago de Chiloe, matando á rodos los Espanñoles que se hallaban fuera de las plazas fuertes, y estrechado pol asedio las ciudades de Osorno, Valdicia, Villarica, Imperial, Cañ Angol, Coya, y la fortalaza de Arauco. No contento

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con esto Paillamachu, pasó sin perder tiempo Biobio, y quemó las ciudades de la Concepcion, y de Chillan, saqueó las provincias que dependian de ellas, y se restituyó cargado de botin á su patria.

1599.

Quando llegó la nueva del tragico suceso á la capital del rey no, aquellos vecinos abandonados á la desesperacion, resolvieron de comun acuerdo dexar el pais, y retirarse al Perú, pero confiados alguna cosa en Pedro de viscarra, se juntaron en Conseio, y le obligaron á encargarse del gobierno, hasta que la Corte, sabida la muerte de Loyola, lo dispusiese en favor de algun otro. Este Oficial, que contaba mas de 70 años de edad, se puso en marcha hácia la frontera con las tropas que enroness pudó alistar, y tuvo valor de pasar el Biobio para recoger, como lo hizo, los habitantes de Angol, y de Coya, á vista de las huestes enemigas que los sitiaba. Con estos repobló las quemadus ciudades de la Concepcion y de Chillan. Pero su gebierno duro mas que seis meses. Ill Virey del Perú informado del peligroso estado del reyno, mandó por Gobernador á Don Francisco Quinones con un poderoso refuerzo de soldados, y de municiories de guerra.

Este tuvo varios encuentros indecisos con Paillamachu sobre las riberas boreales de Biobio, donde aquel General

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menudo para poner en contribucion, ó dar el saco á las provincias Españolas. El mas famoso fué el de las llanuras de yumbel. El emprendedor Toqui volvia con una gruesa presa de animales del territorio de Chillan á la cabeza de dos mil hombres. Quiñones intentó cortarle la retirade con otres tantos soldados por la mayor parte Européos. Los dos exércitos se hicieron frente con igual resolucion. Los Españoles procuraron en vano tener lejos á los enemigos con el continuado fuego de ocho pieras de campaña, y de toda su mosqueteria. Ellos muy presto vinieron á las armas cortas. La batalla duró con increible furor mas de dos horas, ni se terminó hasta la noche. Paillamachu se prevalió de la obscuridad para volyer pasar Biobio. Las Memorias de las qules nos servianos, dicen en general, que de los Araucanos perecieron muchos, y de los Españoles no pocos. El Gobernador, queriendo dar un infrutuoso exemplo de severidad, hizo desquartizar los prisioneros, y suspender los de los á boles contra ellparecer de los mas cuerdos Oficiales, los quales por humanidad, y por propio interes de aconseiaban no suministrase á los enemigos un pretexto para usar de se temer prevaleció en su ánimo. El abandono de la plaza de la plaza de Arauco, y de la cindad de Cañete, fué una de las conseseaüencias de este

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hecho de armas. La gente se retiró á la Concepcion.

24 de Noviembre.

Entre tanto Paillamachu estaba en continuo movimiento: tan presto iba á acalorar los sitios de las ciudades que quedaban en pie, como corria las provincias Españolas situadas á esta parte de Biobio con notable daño de aquellos vecinos. Habiendo despues sabido que se habia levantado el sitío de Valdivia, se encaminó allí solícitamente con quatro mil hombres, parte de infantería, y parte de caballería, entre los quales habia sesenta armados con los arcabuces quitados á los Espanñoles en las últimas batallas. Pasó de noche á nado el granrio Callacalla, ó sea de Valdivia, entró de asalto al amancer en la plaza, hizo un botin de cerca de dos millones de pesos, quemó las cases, y mató un gran número de aquellos habitantes, acometió las naves ancladas en el puerto, donde se habian recogido los restos que ni asi hubieran podido escapar de susmanos, si no se hubieran dado prontamente á la vela, y volvió triunfante con toda la artillería, y con mas de 400 prisioneros á unirse con Millacalquin á quien habia confiado la custodia de las riberas de Biobio.

Diez dias despues de la ruina de esta ciudad, arribó á ella, del Parú, el Coronel Francisco Campo, con un refuerzo de 300 hombres, pero habiendola encontrado en cenizas,

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1600.

se esforzó inutilmente de introducir aquel socorro en las sitiadas plazas de Osorno, de Villarica, y de la Imperial. En medio de tantas desgracias, los Holandeses, Hegados á aquellas costas con cinco naves de guerra, saquearon las Islas de Chiloe, y mataron toda la guarnicion Española. No obstante de esto, la gente de su capitana, desembarcada en la pequeña Isla de Talca, ó Santa María, fué rechazada con pérdida de 23 hombres, por los Araucanos, que habitaban allí, los quales quizá los tendrian por Españoles.

Quiñones, enfadado de una guerra que no prometia ningun éxîto feliz, pidió y obtuvo la dimision de su empleo. Le fué substituido el antiguo Maestre de Campo Garcia Raman, del qual se esperaban grandes cosas por la larga experiencia que tenia de los enemigos. Pero él justamente, porque los conocia, quiso mas bien mantenerse sobre la defensiva, que arriesgar la parte del Reyno, que todavia quedaba sujeta al dominio Español, aunque, hubiese recibido un regimiento de tropas escogidas, que le conduxo de Lisboa Don Francisco. Ovalle, padre del Historiador de este nombre. Sin embargo su gobierno no fué de larga duracion. El Rey mandó en su lugar, con otro regimiento de soldados veteranos, á Alonso Ribera, Oficial muy nombrado en las guerras de los Paises-Baxos. Este fortificó con

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buenos castillos las riberas de Biobio, y reanimó aquellos habitantes, los quales no habian olvidado del todo el pensamiento de abandonar á Chile.

1602.

1603.

Despues de un asedio de dos años y once meses, Villarica, ciudad muy poblada y opulenta, cayó al fin en poder de los Araucanos. La misma suerte, con poco intervalo de tiempo, tuvo la Imperial, metrópoli de las colonias australes, cuya ruina se hubiera anticipado algunos meses, si una heroina Española llamada Ines Aguilera, no la hubiese retardado con su valor. Esta Señora, viendo la guarnicion desanimada, y próxîma á capitular, la disuadió de la entrega, y dirigió todas las operaciones, hasta que encontrada una favorable coyuntura, se salvó por mar con el Obispo y una gran parte de los habitantes. Ella habia perdido en aquel sitio el marido y los hermanos. Su valor fué premiado del Rey con una pension vitalicia de 2 pesos.

Osorno, ciudad no menos rica y populosa que las dos precedentes, no pudo resistir mas largo tiempo su destino. Ella fué subyugada del mismo modo por los obstinados esfuerzos de los sitiadores, quienes libres de los otros asedios, aplicaron á este todo el podar de sus armas. Así quedaron destruidas, en el espacio de poco mas de tres años, todas las poblaciones que Valdivia y sus snoesores habian

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establecido y conservado con tantas guerras en el vasto pais que yace entre Biobio y el archipielago de Chiloe, ningua de las quales se ha podido hasta ahora reedificar, porque la que al presente se llama Valdivia no es otra cosa que una fortaleza ó un presidio.

Las incomodidades que sufrieron los sitiados no son muy inferiores á las que se refieren de los mas famosos asedios. La hambre los obligó á nutrirse de comidas asquerosísimas. Un pedazo de cuero cocido era un regalo para los mas delicados habitantes de Villarica y de Osorno. Las ciudades tomadas fueron arruinadas, de manera que al presente apenas se distinguen los vestigios, los quales son mirados por los nacionales como unos objetos de abominacion. Aunque en la defensa hubiesen perecido muchísimos de aquellos ciudadanos, con todo los prisioneros de cada sexó y condicion, se encontraron en tanto número que fué rara la familia Araucana á la qual no tocase alguno. Las mugeres pasaron á aumentar los serrallos de los vencedores. Sin embargo á los casados se permitió, por la mayor parte, retener sus mugeres, y á los solteros desposarse con las del pais. Los mestizos, ó sea los nacidos de estos ambiguos manimonios, fueron, lo que es muy de notar, en las guerras subseqüentes los mas terribles enemigos del nombre Español.

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Se permitió tambien el rescate, y el cambio de prisioneros. Por este medio salieron muchos de la esclavitud. Otros, inducidos del amor de los hijos, quisieron quedarse hasta la muerte. Algunos tambien haciendose amar de sus amos por sus buenas qualidades, ó por su industria en las artes, establecieron allí su fortuna. Entre estos se adquirieron gran nombre en el pais Don Basilio Roxas, y Don Antonío Bascuñan, ambos de nobles familias, los quales nos han dexado memorias interesantes de los sucesos de su tiempo. Algunos otros que cayeron en manos brutales tuvieron mucho que padecer. Paillamachu no pudo gozar largamente de los aplausos de sus connacionales. El mució á fines de este año, dexando por sucesor á Huenecura, su discipulo en la escuela Lumaco.

CAPITULO VII.

SEGUNDO GOBIERNO POCO FELIZ
de Garcia Ramon
: restablecimiento de la
Audiencia Reál
: negociaciones infructuosas
de paz.

1604.

1605.

Mientras Alonso Ribera se habia dedicado enteramente á contener los progresos de los vencedores Araucanos, fué removido del Go-

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bierno de Chile, y mandado á administrar el del Tucuman por haberse casado sin Real permiso con la hija de la célebre Aguilera. Tuvo órden de sucederle en el mando su predecesor Garcia Ramon, el qual junto con las patentes Reales recibió de la Europa mil soldados, y de México doscientos y cincuenta. Por esta razon encontrandose con un exército de tres mil hombres de tropa arreglada, á demas de los auxîliares, volvió á invadir el estado. Llegado sin particular oposicion á la provincia de Boroa, levantó en ella una fortaleza, la qual dexó guarnecida de buena artillería, y de trescientos hombres á las órdenes del Aleman Lisperger.

1606.

Huenecura esperó que el exército se partiese para atacar el nuevo establecimiento. Mientras se dirigia por aquella vuelta, se encontró con el Comandante Lisperger, que habia salido con ciento sesenta de aquellos soldados para recibir un convoy, y lo hizo pedazos junto con toda su gente. Luego dio tres furiosos asaltos á la plaza, en cuyo foso combatió por el espacio de casi dos horas. Pero Egidio Negrete, que precedia á la defensa en vez del muerto Comandante, lo rechazó siempre con tanto valor y conducta, que se vió obligado a convertir el asedio en bloqueo. Este duro hasta que el Gobernador retiró la guarnicion, y abandonó la plaza.

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1607.

1608.

Consecutivamente el exécito Español se dividió en dos cuerpos para hacer mal en el pais enemigo: el primero mandaba el Maestre de Campo Alvaro Pineda, y el segundo Don Diego Saravia. Huenecura acometió al uno despues del otro, y deshizo á los dos de manera que no hubo allí alguno que no quedase mierto ó prisionero. Ast en breve tiempo se disipó todo aquel exército del qual se tenian las mas lisonjeras esperanzas. En conseqüencia de estas desgracias la Coste ordenó que sobre las fronteras Araucanas se mantuviese siempre un cuerpo de dos mil hombres pagados, asignando para este efecto en el erario del Perú la considerable suma de 292279 pesos anuales, lo que comenzó á practicarse hácia la mitad de este año.

1609.

1610.

El Tribunal de la Real Audiencia, despues de haber sido suprimido treinta y quatro años, se restableció á ocho de Septiembre con grande alagria de aquellos habitantes, en la ciudad de Santiago, donde hasta al presente se mantiene con singular reputacion del justicia, y de integridad. Garcia Ramon, que por esta nueve providencia habia agregado á los títulos de Gobernador, y Capitan General, el de Presidente, volvió á paser Biobio á la cabeza de cerca de dos mil hombres Huenecura le salió al encuentro en las gargantas de los pantános de Lumaco. La batalla fué sangrienta,

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y obstinadia. Los Españoles sa vieron en gran peligro de ser enteramente deshechos. Pero el Gobernador, colocado en das primeras filas, los animó de modo, que pudieón romper al enemigo. Por últimó murió en la Concepcion á diez y núeve de Agosto con muchísimo sentimiento de aquellos habitantes, que lo amaban por sus excelentes qualidades, y por el largo tiempo que les habia acompñado. Fuétambien muy alabado de los Araucanos mismos, cuyos prisioneros trató siempre con particular estimacion, y con humanidad que le haria honor en este siglou.

1611.

La administracion del Gobiemo, segun las Reales disposiciones, tocó al Decano de los Oidores Don Luis Mevlo de la Fuínte. Cerca del mismo tiempo acabó cambien sus dias, ó por enfermedad, ó por la herida cecibida en la última accion, el Toqui Huenecura, al qual fué dado por sucesor Aillaoilu II. De este Toqui afirma Don Basilo de Roxas, auto contemporaneo, que fué uno de los mas insignes caudillos de los Araucanos, y que tuvo muchas batallas con Merlo, y con su sucesor Don Juan Xaraquemada, pero no especifica, ni los lugares, ni las circumstancias de ellas.

Entre los Misione los encargados la conversion de los Chileños, habia allí en esta época un Jesuita llamado Luis Vallivla ell qual viendo que era imposible el catequizar á los

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Araucanos durante el tumulto de las armas, vino á España, y expuso con vivas rasones á Felipe III, entonces reynante, el grave dañoque resultaba de ello al aumento de la Religion. Este piadoso Soberano, que tenia mas impresos en el corazon los progresos del Evangelio, que los de aumentar sus propios dominios, mandó que dexada luego la guerra, se procurase hacer una paz permanente con aquel pueblo, destinando por frontera de una y otra nacion el Biobio. Y á fin de que sus órdenes fuesen mejor observadas, resolvió elevar á la dignidad Episcopal al zeloso Misionero, ericargandole el Gobierno. Pero el no quiso aceptar otra cosa que la gracia de nombrar en su lugar un Gobernador adicto á sus miras. Este fué el mismo Alonso Ribera, que habia sido desterrado al Tucuman, como ya hemos dicho.

1612.

El P. Valdivia, contento con el buen éxîto de su viage, volvió á Chile con una carta dirigida pon el Rey mismo al Congreso Araucanos, acerca del establecimiento de paz, y de la Religion Y habiendose trasa dado sin tardanza aá las fronteras, hizo divulgar por medio de algunos prisioneros Araucanos que habia conducuco consigo del Perú, las de ellas, mirando-

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las como asechanzas inventadas para alucinarle, y sorprenderle. Pero habiendo poco despues renunciado su empleo, ó fenecido susdias, su suceson Ancanamon, juzgó conveniente informarse de la verdad. Con esta idea dió al Ulmen Carampangui la incumbencia de hablarse con Valdivia, y de exâminar sus proposiciones en una junta de otros Ulmenes.

El Misionero, convidado de este Oficial, se transportó baxo la escolta del Ulmen Lancamilla á Nancu, lugar principal de la provinca de Cutiray, donde á la presencia de 50 de aquellos Régulos expuso el suceso, y la substancia de sus negociaciones, leyó los Despachos del Rey, y habló largamente sobre el motivo de su viage, que coutenia el bien general de su armas. El Congreso le dió las gracias por sus cuidados, y prometió dar una respuesta favorable al General.

Carampangui quiso acompañar á. Valdivia hasta la Concepcion. Aquî encontró al Gebernador Ribera, el qual, de acuerdo con él envió á Ancunamon la carta del Rey, por medio del Alferez Pedro Melendez, suplicandole de su parte viniese á P aioavi, donde tendrian juntos las conferencias preliminares de la futura paz. Ancanamon no trado mucho en transferirse con una guardia moderada de quarenta soldados y algunos Ulmnes. Se encontraban tambien en su séquito vacios prisioneros

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Españoles de las primeras femilias, á los quales él dió la libertad. El Gobernador, Valdivia, y los demas Oficiales del estado mayor le salieron á recibir, y lo conduxeron entre el ruido de la artillería á sus alojamientos. Aquí se volvieron á ventilar los artículos de la paz, los quales eran en suma, que Biobio serviria de barrera al uno y al otro pueblo, de manera que á ninguno seria lícito el pasarlo con exército: que se entregarian recíprocamente en lo sucesivo los desertores: y qua se permitiria á los Misioneros predicar la Religion Christiana (1).

El General Araucano pidió por preliminar la evacuacion de los fuertes de Paicavi y de Arauco, nuevamente construidos sobre la ribera del mar. El Gobernador abandonó el primero, y prometió hacer lo mismo luego que la paz fuese concluida con el otro. Para la ratificacion de ella, se necesitaba el consentimiento de los Xefes de los quatro Uthanmapus. Ancanamon se encargó de irlos á buscar en persona, y de conducirlos al campo Español.

Las negociaciones habian ya llegadoa á este punto de madurez, quando un impensadó accidente desconcertó todas las medidas Entre sus mugeres tenia Anacanamon una dama

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(1) Ovalle lib. 7. cap. 3.

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Española, la qual prevaliendose de su ausencia, se refugió cerca del Gobernador con dos pequeños hijos, y otras quatro mugeres parte esposas, y parte hijas de su mismo marido, á las quales habia persuadido hacerse christianas. No se puede facilmente imaginar la indignacion que él tuvo, no tanto por la fuga de sus mugeres, quanto por la cortés acogida que les habian hecho los Españoles. Luego que fué advertido de ello, dexó todo pensamiento de paz, y vuelto atras las hizo pedir al Gobernador El negocio se puso en deliberacion. Los Oficiales, muchos de los quales eran contrarios á la paz, por interes que sacaban de los prisioneros de guerra, resolvieron por la mayor parte de no entregarselas, por no exponerlas á abandonar la fé que habian recibido. Ancanamon, despues de muchas inutiles embaxadas, se reduxo, á pesar de su nesentimiento, á pedir solamente sus hijas que amaba tiernamente. Se le respondió que en quanto á la primera, no siendo todavia christiana, podriacon mas facilidad ser satisfecho, pero que acerca de la segunda no se podria tan facilmente complacerlo, supuesto que ella habia ya recibido el agua Bautismal.

Mientras las cosas estaban en este crítico estado, compareció sobre la escena otro personage, el qual revivió las esperanzas ya perdidas del deseado acomodamiento. Utaflame,

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Archi-Ulmen de la provincia de Ilicura, habia sido siempre el enemigo mas terrible del nombre Español. Este se lisonjeaba de haber guerreado prosperamente con todos los Gobernadores, desde el primer Villagran hasta Ribera. Habia siempre rehusado rescatar los hijos, ó los parientes prisioneros, por huir toda suerte de comercio con los enemigos. Pero en esta ocasion, habiendole Valdivia enviado uno de sus hijos tomado en guerra, se mostró tan contento y obligado, que vino en persona á verlo en el fuerte de Arauca; y en pago de las atenciones que recibió de él, y del Gobernador, se ofreció á recibir Misioneros en su provincia, y á inducir á Ancanamon á la paz con los Españoles. Sin embargo añadió, que ante todas cosas era necesario restituirle sus mugeres, lo que podia bien hacerse sin peligro de ellas, obteniendo primerode él un salvo conducto en favor de las mismas. Este era tambien el parecer de Valdivia. Utaflame, tomado sobre sí el cuidado de todo el negocio, se pautió conduciendo consigo los tres Misioneros Oracio vacchi, de Sena, primo del Papa Alemandro VII; Martin Aranda, Chileno; y Diego Montalban, Mexicano; compañeros de su benefactor.

1613.

1614.

1615.

1617.

Apenas el irritado Toqui supo el arribo de los Misioneros á Ilicura, quando se dirigió allí corriendo con doscientos caballos, y sin

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querer escucharles sus razones los hizo matar á todos juntos con su introductor Utaflame, el qual habia tentado defenderlos. Así vinieron á terminar todos los proyectos de la pacificacion. En vano Valdivia se esforzó varias veces para volver á ordenar su plano. Los Ofificiales y los soldados, interesados en el manejo de las armas, trastornaron todas sus ideas, gritando que se debia tomar venganza de la sangre esparcida de los Religiosos. El buen Gobernador Ribera se vió obligado á ceder á sus instancias. La guerra, contra las pias intenciones del Rey, se volvió á comenzar con mayor furor que antes. Ancanamon, deseoso por su parte, con mas ahinco de vengarse del agravio recibido, jamas oesó de infestar las colonias Españolas. Su sucesor Loncothegua continuó las hostilidades con igual pertinacia. Ovulle, que vivia en quel tiempo, dice, que este dió furiosas hatallas al mismo Gobernador, y á sus subalternos, de las quales no nos han dexado mas que una imperfecta relacion. Ribera musió en la Concepcíon habiendo antes nombrado para ocupar su puesto al Oider mas antiguo. Fernando Talaverano, al qual despues de diez meses de gobierno sucedió Lope de Ulloa.

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CAPITULO VIII.

ATREVIDAS EMPRESAS DEL
Toqui Lientur, y Putapichion.

1618.

1619.

El supremo mando de las armas Araucanas, por renuncia de Loncothegua, fué conferido á Lientur. Las expediciones militares de este fueron siempre rápidas é improvisas, de manera que los Españoles no lo conocian sino con el sobrenombre de duende. Hizo Tenien te General suyo á Levipillan, del qual fué perfectamente seguido en la execucion de todos sus designios. Aunque Biobio estuviese coronado de centinelas, y de fortalezas, él con todo eso encontró siempre modo de pasarlo y repasarlo sin recibir algun daño. La primera de sus empresas fué el llevarse consigo quatrocientos caballos destinados para la remonta de la caballería Española. Luego puesta á saco la provincia de Chillan, derrotó furiosamente al Corregidor que le habia salido al encuentro, con muerte de éste, dos hijos suyos, y algunos otros del Ayuntamiento de aquelle Ciudad.

Cinco dias despues de esta accion volvió al territorio de la plaza de S. Felipe de Austria, ó sea Yumbel, con seiscientos infantes, y

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quatrocientos caballos, los quales expidió en varias divisiones para saquear los paises inmediatos, dexando solamente doscientos en la custodia del estrecho paso de las Cangrejeras. Rebolledo, Comandante de la Plaza, irritado de su temeridad, mandó setenta caballos para guardar el susodicho paso y cortarle la retirada, pero ellos fueron recibidos de los Lienturianos con tanta resolucion, que se vieron obligados á refugiarse en una colina, despues de haber perdido diez y ocho de sus compañeros con el Capitan Aranguren. Rebolledo envió en socorro de ellos tres compañias de infantería, y el resto de la caballería. Lientur, que habia ya llegado con toda su gente, formandose prontamente en batalla, se echó sobre los Españoles, á pesar del continuo fuego de sus mosquetes, y al primer encuentro puso en fuga la caballería. Los infantes, quedando abandonados, fueron por la mayor parte destrozados. El vencedor se llevó consigo treinta y seis prisioneros, los quales distribuyó en las diversas, provincias del estado.

1620.

Si él hubiese entonces embestido á la plaza, se hubiera infaliblemente apoderado de ella, pero difirió, no se sabe porque motivo, la expugnacion para el año siguiente, la qual no pudo llevar al fin por la valiente defensa que hizo el Comandante Ximenez. Esta pérdida, fué recompensada por la presa de Necul-

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guenu, donde matada la guarnicion Española, se llevó consigo á todos los auxîliares, que habitaban al rededor. Todos estos sucesos fueron seguidos de otros muchos igualmente favorables, por cuyo motivo (segun los escritores de aquel tiempo, que se contentan con hacer mencion de ellos en general) él se reputaba como el hijo primogénito de la fortuna.

1621.

1624.

Ulloa, fatigado mas de la pena que le causaba la audacia de Lientur, que de sus privadas indisposiciones, terminó sus dias á 20 de Noviembre. Entró en su lugar, segun la costumbre ya establecida, el Decano de los Oidores Christoval de la Cerda, natural de México, el qual para mayor defensa de las riberas de Biobio fabricó allí la plaza, que hasta hoy tiene su nombre. Muy amenudo vino á las manos con Lientur, y tuvo bastante que hacer para poner á cubierto aquellas poblaciones Españolas en el corto espacio de su gobierno, que solo duró un año. Su sucesor Pedro Sores Ulloa, continuó la guerra con la misma fortuna hasta su muerte acaecida el 11 de Septiembre. Le sucedió su cuñado Francisco Alava, que no cubrió este cargo mas que seis meses.

1625.

Lientur, fatigado de los años, y de las continuas expediciones, renunció el supremo mando en Putapichion, jóven que por el valor, y por la conducta le era muy semejante, el qual

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habia pasado el primer tiempo de su juventud entre los Españoles, cerca de un tal Diego Truxillo, á quien sirvió en qualidad de esclavo. Los Españoles tambien tuvieron al mismo tiempo otro Xefe dotado de singular valor, y prudencia militar. Este fué Don Luis de Cordoba, Señor del Carpio, y sobrino del Virey del Perú, cuyo tio le proveyó abundantemente de municiones de guerra, y de soldados, ordenandole, en nombre de la Corte, que no se contentase con la guerra defensiva, sino que atacase en derechura por varias partes el estado Araucano.

1626.

Llegado que fué á la Concepcion, emprendió antes de salir á campaña la reforma de la tropa, á la qual hizo pagar exâctamente susueldo. Confirió los empleos vacantes á los criollos, ó sea á los descendientes de los conquistadores, que por la mayor parte estaban olvidados, con lo qual se ganó la estimacion, y la benevolencia de todos aquellos habitantes. Despues de haber establecido el órden político, mandó á su primo Alonso de Córdoba, á quien habia dado el puesto de Maestre de Campo, que hiciese una correria con seiscientos hombres en las provincias de Arauco, y de Tueapel.

Este no pudo tomar mas que ciento y quince prisioneros de todos sexôs, y algun número de bestias, porque aquellos habitantes

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se habian puesto en salvo con sus femilias y haberes sobre las montañas: ocho solamente se opusieron á su marcha, los que pagaron con la vida su temeridad.

1627.

Entre tanto Putapichion tentó señalar los principios de su Generalato con la toma de una de las mas fuertes plazas que tuviesen los Españoles sobre Biobio. Esta era la del Nacimiento, la qual ocupaba la cima de un alto y escarpado monte, bien guarnecida de artillería y de soldados, de modo que por el arte y por naturaleza parecia inexpugnable. Estas consideraciones no amedrentaron el audaz animo del jóven General. El se dexó caer allí de improviso, y en un momento, superada la dificultosa subida, y ocupado el foso, abrasó con flechas encendidas la estacada, y las habitaciones de los defensores. Estos, acogidos en el único baluarte que las llamas habian perdonado, hicieron un fuego tan violento, que Putapichion desesperando, despues de algun espacio de tiempo, de poderse sostener, se retiroó conduciendo consigo doce prisioneros y algunos caballos.

Luego, pasado Biobio, asaltó el puesto de Quinel, defendido por seiscientos hombres; pero habiendole resultado vana tambien esta tentativa, se volvió contra la siempre hostigada provincia de Chillan de donde llevó consigo una gran cantidad de campesinos, y de anima-

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1628.

les, no obstante los esfuerzos, que hizo el Sargento Mayor para contenerlo en su rápida marcha. El Gobernador deseosa de vengarse, resolvió invadir por tres partes las provincias Arancanas: las marítimas asignó al Maestre de Campo; las subandinas al Sargento Mayor; y las del medio se reservó para sí mismo. El se dirigió al frente de mil doscientos veteranos, y de las correspondientes compañias de auxîliares, corrió las provincias de Encol y de Puren, haciendo por todas partes gran presa de hombres y de ganados, y pasado el rio Cauten saqueó del mismo modo la abundante comarca de Maquegua.

1629.

Mientras se volvia tan contento del buen éxîto de su expedicion, se le presentó Putapichion con tres mil hombres en órden de batalla. El primer encuentro fué de tal modo violento, que habiendo caido no pocos de los Españoles, los restantes se vieron enteramente desbaratados. Pero reordenados por los valientes Oficiales que mandaban en el exército, obraron de manera que la pelea se hizo mas regular, y el estrago fué igual por una y otra parte. Putapichion, que habia recuperado el botin, y hecho algunos prisioneros durante el tumulto, no creyó conveniente aventurarlos á la suerte de la batalla, por lo qual sin esperar el éxîto hizo tocar la retirada.

Quando el Gobernador llegó á la Concep-

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cion encontró en ella ya de regreso al Sargento Mayor, y al Maestre de Campo. El primero no habia podido hacer cosa particular, porque los enemigos se habian refugiado en las montañas. El otro asegura que habiendo tomado doscientos hombres, siete mil caballos, y mil bueyes, habia despues tenido la desgracia de perderlos casi todos con motivo de una horrible borrasca que le sobrevino en el camino.

1630.

Entretanto llegó al reyno el sucesor destinado de la Corte para gobernar en lugar de Cordoba. Este fué Don Francisco Laso, natural de las montañas de Santander, Oficial de crédito en las guerras de los Paises-Baxos, donde habia pasado la mayor parte de su vida. Al principio él creia demasiado exâgerado el valor de los Araucanos, pero despues, instruido por la experiencia, confesó ingenuamente su error. Quiso primeramente venir á un ajuste. Para este efecto envió á sus paises, con particulares instrucciones, á todos los prisioneros de guerra que encontró en los, presidios. Pero los ánimos aun no estaban dispuestos para desear la paz. La gloria de hacerla apetecer estaba reservada á su sucesor. Sin embargo él le preparó el camino con sus victorias, y con diez años de guerra continua que hizo al enemigo en conseqüencia de la repulsa de sus proposiciones.

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Laso, con todo, en los principios de sus operaciones militares, no fué muy favorecido de la fortuna. El Maestre de Campo Córdoba, que se preparaba por su órden para invadir con mil trescientos hombres las provincias marítimas, fué enteramente derrotado en Piculgue, pequeño distrito situado no lejos da la plaza de Arauco. Putapichion, dexada una parte de sus tropas en asechanza, le provocó astutamente á venir á batalla en un lugar poco favorable. La caballería Española, que formaba la vanguardia, no pudo sostener el encuentro de la Araucana, la qual en estos tiempos se habia hecho bravísima en el manejo de los caballos. La infantería abandonada, y embestida por todas partes, fué destrozada despues de una pelea de mas de cinco horas, en la qual hizo prodigios de valor para sostenerse contra el terrible ímpetu de los enemigos. En la accion pereció el mismo Comandante con cinco Capitanes, y otros Oficiales de merito.

Luego que el Gobernador fué informado de esta derrota, se puso en marcha con un buen cuerpo de tropas en busca de Putapichion. Pero este, burlada la vigilancia del Sargento Mayor Rebolledo, que habia prometido de no dexarlo pasar Biobio, atravesó este rio con trescientos hombres, y aprovechandose de la ausencia del exército Real, puso á saco las circunvecinas provincias Españolas. La-

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so llamado atras, procuró primero ocupar con sus tropas los pasages conocidos del rio, y luego llevando consigo otros tantos soldados quantos sabia que eran los enemigos, se dedicó á seguir con toda la brevedad posible sus huellas. Llegado á un lugar llamado Robleria, sobre la ribera del rio Itata, fué atacado por el General Araucano con tanta resolucion, que su gente se vió enteramente derrotada. En el primer encuentro cayeron quarenta Españoles con algunos de sus Oficiales. Los restantes se salvaron mediante el valor de su Xefe, el qual con aquella frialdad de sangre que caracteriza los grandes hombres, no solamente los reordenó, sino que los puso tambien en estado de rechazar con pérdida al enemigo.

Putapichion, contento del suceso, y mucho mas de llevar consigo la capa de grana del mismo Gobernador, volvió á pasar Biobia sin ser perseguido. Habiendo sido recibido del grueso de su exército con las mayores demostraciones de júbilo, quiso divertirlo con la renovacion del sacrificio del pruloncon, ya largo tiempo olvidado. Un soldado Español tomado en las batallas precedences fué la victima del bárbaro espectáculo. El Ulmen Maulican, costrenñido por el General, lo descalabró despues de las acostumbradas ceremonias, con un golpe de clava. Esta cruel accion, que cada uno querrá escusar con el derecho

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de represália, deshonra todas las gloriosas empresas de Putapichion. El suplicio de un inocente prisionero de guerra, de qualquier modo, y por qualquier pretexto que se mire, es un atentado de lesa humanidad. El tétrico divertimiento no fué del gusto de toda la nacion. Muchos de los circunstantes, como afirma Don Franciso Bascuñan, testigo ocular, compadecieron la suerte del infeliz soldado. El mismo Maulican, al qual por razon de honor fué dada la infame comision, protestó haberla practicado con el mayor desagrado posible, y unicamente por no enemistarse con su superior.

1631.

El Gobernador, dexada al Maestre de Campo Fernando Sea, la incumbencia de cubrir con mil y trescientos Españoles, y seiscientos auxîliares las riberas de Biobio, se retiró á Santiago, donde hizo levantar dos compañias de infanteria, y una de caballeria. Al mismo tiempo recibió del Perú quinientos soldados veteranos. Con esta gente, y con la que se encontraba en la frontera, formó un competente cuerpo de exército, y se trasladó solícitamente á la plaza de Arauco, que sabia estaba amenazada por Putapichion. En efecto, el incansable General se habia ya puesto en marcha hácia aquella parte con siete mil combatientes escogidos, á cuyo valor nada creia que fuese capaz de resistir. Pero ellos amedren-

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tados por ciertas supersticiosas observaciones del viejo Extoqui Lientur, que habia querido participar de la gloria de la empresa, lo abandonaron por la mayor parte antes de llegar al témino de la expedicion. No obstante de esto, él, diciendo no haber mejor agüero en la guerra que la gana de vencer, pasó adelante con tres mil doscientos valerosos que quisieron seguirlo, y se acampó á poca distancia de la plaza. Algunos le aconsejaban de embestirla aquella misma noche, pero él rehusó hacerlo, así para dar algun reposo á sus tropas, como por no ser acusado de los enemigos de que se prevalia en sus operaciones de las tinieblas, á manera de ladrones.

1632.

El Gobernador, resuelto de presentarle el dia. siguiente la batalla, hizo que su gente, siguiendo su exemplo, se dispusiese, del modo que fuese posible, con los auxîlios de la iglesia. Aquella noche él tuvo una escaramuza con algunos campos volantes del exército enemigo, que se habian acercado demasiado á la muralla, y habian quemado las cases de los auxîliares. Al venir el alba condexo sus tropas á ocupar el ventajoso puesto de la Albarrada, el qual estaba circuido de dos profundos torrentes. La caballería, mandada por el Maestre Campo Sea, se formó á la diestra, y la infantería se puso á la siuiestra, baxo las órdenes del Sargento Mayor Rebolledo.

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Putapichion observado el movimiento de los Españoles, se presentó á ellos con su exército en tan bello órden, que el Gobernador no pudo menos que aplaudirlo. Los soldados llevaban vistosos penachos en la cabeza, y se manifestaban tan alegres comos si fuesen llevados á un festin. Los dos exércitos quasi de comun acuerdo estuvieron algun tiempo contemplandose el uno al otro, hasta que Quepuantu, como Vice-Toqui, dió por órden, del General la señal del ataque. Entonces el Gobernador, diciendo demos gusto á Quepuantu, mandó á la caballería adelantarse; pero ella fué muy maltratada de la caballería contraria, que con precipitada fuga se abrigó tras de la retaguardia. En el mismo tiempo la ininfantería. Araucana rompió la Española, de manera que Laso se creyó perdido enteramente. Pero en el momento mas crítico, habiendo caido muerto Putapichion, se aprovechó del desconcierto ocasionado por la falta de él, pata reordenar su exército, y para cargar con ventaja á los enemigos, que solo atendian á llevarse consigo el cadaver de su General. Ellos consiguieron su intento, pero fueron totalmente derrotados. En vano Quepuantu, matando algunos de los suyos por su mano, se esforzó en volverlos á la pelea. El estrago de los fugitivos perseguidos hasta la distancia de seismillas, fué grandísimo. De los Españoles mu-

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rieron tambien muchos, pero no se sabe de cierto el número por la discordancia de los autores.

CAPITULO IX.

CONTINUACION DE LA GUERRA:
nueva expedicion de los Holandeses contra
Chile
: se concluye la paz con los Araucanos:
su corta duracion: empresas del Toqui Clentaru:
série de los Gobernadores Españoles
hasta el año 1720.

Desde la muerte de Putapichion hasta el fin del Gobierno de Don Francisco Laso, los Toquis creados por los Araucanos continuaron la guerra con mas temeridad que conducta. Ninguno de ellos tuvo la sangre fria de Antignenu, ó de Paillamachu, para ponerse en estado de reparar las pérdidas, y de contrabalancear el poder de los Españoles. Quepuantu, desde el grado de subalterno elevado al supremo mando, se acantonó despues de la batalla de la Albarrada en un valle cubier to densos bosques, donde se construyó una casa con quatro puertas correspondientes pata poderse poner en salvo en caso de ser atacado. El Gobernador, que deseaba ardientemente quitarselo delante, habiendo descublerto el

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1633.

lugar de su retiro, dió al Maestre de Campo Sea la incumbencia de sorprenderlo con quatrocientos hombres armados á la ligera. Al improviso arribo de estos, Quepuantu se refugió, como habia pensado, en el bosque, pero avergonzandose de su fuga, volvió á salir con cerca cincuenta hombres que habian acudido en ayuda, y embistió desesperado á los asaltadores. Despues de una media hora de combate, habiendo ya perecido casi toda su gente, aceptó batirse en duelo con Loncomallu, Xefe de los anxîliares, del finalmente fué con gran trabajo muerto.

1634.

1635.

1636.

La misma suerte encontró su sucesor y pariente Loncomilla, combatiendo con poquísima gente contra una numerosa division del exército Español. Guenucalquin despues de haber hecho algunas felices correrias, perdió la vida en una batalla que dií en la provincia de Ilicura á un cuerpo de seiscientos Españoles. Curanteo, electo Toqui en el calor de accion, tuvo la gloria de terminarla con la derrota de los enemigos, pero poco despues quedó muerto en otro hecho de armas. Curimilla, mas atrevido que todos sus predecesores, saqueó varias veces las provincias situadas de esta parte del Biobio, emprendió el asedio de Arauco, y de todas las demas plazas de la frontera, y por último fué muerto por Sea en Calcoimo.

1638.

En tiempo de este Toqui los Holandeses

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intentaron segunda vez hacer alianza con los Araucanos para apoderarse de Chile. Pero esta expidicion no tuvo mejor éxîto que la primera. La flota de ellos, compuesta de quatro bastimentos, fué dispersa por una borrasca á su arribo en aquellas costas. Uno de estos envió una barca bien armada á la isla Mocha, que se eleva en el estado Araucano. Los habitantes creyendose acometidos, se apoderaron de ella, y mataron toda la gente que la montaba. Otro tuvo la misma desgracia en la pequeña isla de Talca, ahora de Santa María. Este pueblo, como hemos notado otra vez, se desconfia igualmente de todos los Européos; si tiene, pues, ó no razon, es un problema no dificil de resolverse. No obstante de esto el Caballero Narborough emprendió algunos años despues el mismo proyecto por órden de Cárlos II Rey de Inglaterra; pero antes de pasar el estrecho Magallanico, perdió toda su flota, que estaba mejor equipada que la de los Holandeses.

El Gobernador, aprovechandose de la imprudencia de los Comandantes Araucanos, no cesó en todo este tiempo de devastar sus provincias. Habia ordenado por un edicto que se quitase la vida á todos los prisioneros capaces de llevar armas que se hiciesen en estas correrias, pero despues movido de sentimientos mas humanos, mandó que fuesen conducidos al Pe-

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rú. Sin embargo esta pena para ellos era mas acerba que la muerte. Quando estaban á vista de tierra, como de ordinario se navega en aquellas aguas, no dudaban echarse al mar con la esperanza de escapar á nado, y volver á supais. Muchos tuvieron la fortuna de ponerse en salvo de esta manera. Aquellos, pues, que no habian podido eludir la vigilancia de los marineros, luego que etan desembarcados en la isla, ó en el puerto del Callao, se exponian á todos los peligros para hacer la fuga, y volver á ver la amada patria, costeando para este efecto, con increibles trabajos, el inmenso espacio de mar que yare entre aquel puerto, y el rio Biobio. Sus parientes mismos mas solícitos en libertarlos de las incomodidades del destierro, que de la muerte quando eran condenados á pena capital, enviaron varias veces embaxadas al Goberriador para procurar su rescate; pero este se negó á consentir en él, siempre que no quisiesen deponer las armas, y someterse á sus órdenes.

Tenia impresa en el corazon la promesa, que á la par de varios otros de sus predecesores, habia hecho al Rey de concluir aquella guerra. Así ponia en obra todos los medios posibles para conseguir, el fin. A la verdad ningun otro hubiera sido mas capaz de lograrla sino hubiese debido contrastar con una nacion indomable. No obstante él hizo por su parte

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quanto el arte militar le sugeria para subyugarla, ya procurando humillarla con sus victorias, ya poniendo á fierro y fúego sus paises, y ya refrenandula con las fortalezas que hizo construir en diferentes lugares. Fundó tambien una ciudad no lejos de las ruinas de Angol, á la qual dió su segundo apellido, llamandola San Francisco de la Vega. Esta colonia, que habiæ guarnecido de quatro compañias de caballera, y dos de infantería, fué tomada y destruida por el Toqui Curimilla en el mismo año de su fundacion.

1639.

Una guerra tan obstinada no podia menos que consumir mucha gente. El exército Español se habia disminuido mas de la mitad, sin embargo del gran número de reclutas que anualmente arribaban del Pern. Por esto Laso envió á España á Don Francisco Avendaño para pedir mevos refuerzos de tropas, prometiendo acabar la guerra en el término de dos años. Pero la Corte, que instruida de lo pasado tenia poca esperanza detal suceso, le destinó por sucesor al Marques de Baydes, Don Francisco Zuñiga, el qual habia dado pruebas nada equivocas de sus talentos políticos y militares en Italia, y en los Paises-Baxos, donde habia servido en qualidad de Maestre de Campo.

1640.

Este Señor, sea por instrucciones privadas que tuviese del Ministerio, sea por su pro-

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pio impulso, luego que arribó á Chile, se abocó con Lincopichion, al qual los Araucanos, despues de la muerte de Curimilla habian confiado el mando de sus armas. Por fortuna ambos Comandantes eran de la misma índole, y aborrecian igualmente aquella guerra destructiva, por lo qual facilmente se convinieron sobre los artídulos mas dificiles de la paz. Sefinó para la conclusion de esta, el dia 6 de Enero del año subsiguiente, y el lugar de Quillin situado en la provincia de Puren.

1641.

El Marques, llegado que fué el término prescipto, se encontró en el indicado lugar del Congreso con una corte de cerca de diez mil personas que de todas partes del reyno quisieron acompañarlo. Lincopichion, que se habia cambien conducido alli á la cabeza de los quatro Toqui hereditarios, y de un gran número de Ulmenes, y de otros nacionales, abrió las conferencias con un bien formado discurso: despues, matado, ségun la costumbre, un camello Chileño, roció con su sangre el ramo de canela que se habia de presentar en señal de paz al Presidente. Luego se propusieron y se ratificaton los artículos del tratado, los quales fueron aquellos mismos que habian sido aceptados de Ancanamon. El Marques pidió solamente de nuevo que no se permitiese el desmbarco en aquellas costas, ni se suministrase algun socorro á ninguna gente extrange.

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ra, lo que siendo conforme á las máxîmas de la nacion fué por los Araucanos facilmente concedido. Este grande negocio, que debia poner fin á una guerra de noventa años, se terminó con un sacrificio de otros veinte y ocho camellos, y con una eloqüente arenga que pronunció Antiguenu, Señor de aquel distrito, sobre las ventajas que aquella paz podia acarrear á uno y otro pueblo. Los dos Xefes se abrazaron cordialmente, felicitandose del buen éxito de sus cuidados, y habiendo comido juntos se hicieron recíprocos regalos, los quales fueron seguidos de grandiosas fiestas que se continuaron por tres dias consecutivos.

En conseqüencia de este tratado, todos los prisioneros de guerra fueron puestos en libertad. Los Españoles tuvieron el consuelo de recibir entre otros quarenta y dos de aquellos que habian quedado en esclavitud desde el tiempo de Paillamachu. El comercio, inseparable de la buena armonía de los pueblos, se estableció entre las dos naciones, y las tierras abandonadas por las continuas correrias de los enemigos, volvieron á poblarse, y á reanimar con regulares productos la industria de sus tranquilos posesores. Los Misioneros tambien comenzaron a exercitar, libremente sus ministerios.

A pesar de estas y otras ventajas que debian esperarse de la paz, hubo entre los Arau-

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canos y entre los Españoles algunos espiritus inquiets, los quales procuraron con razones de especiosa política estorbar su execucion. Los primeros decian que ella no era otra cosa que una maquina inventada para apartarlos del manejo de las armas, y luego sorprenderlos con mas seguridad. Los otros al contrario, mostraban temer que cesando la guerra se multiplicasen demasiado aquellos formidables nacionales, y se hiciesen muy poderosos para destruir los establecimientos Espanñoles que todavia quedaban en Chile. Así algunos entre estos tuvieron el atrevimiento de gritar al arma, y de instigar á los auxîliares para volver á empezar las hostilidades en el tiempo mismo de las conferencias. Pero el Marques justificandose con los unos, y reprimiendo los otros, dió la última mano á su gloriosa empresa, la qual fué aprobada y ratificada de la Corte.

1643.

De quanta utilidad fuese para los Españoles el artículo añadido por él tratado de paz, se vió en el último esfuerzo que dos años despues hicieron los Holandeses para echarlos de Chile. Las medidas de estos habian sido tambien tomadas, que por poco que los Araucanos use hubiesen prestado á ayudarles, hubieran infaliblemente conseguido el deseado intento. Partidos del Brasil, que ya tenian sojuzgado, con una numerosa flota, bien provista de gente y de artillería, ocuparon el ex-

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celente puerto de Valdivia, que hacia mas de quarenta años que estaba desierto, desde donde pensaban hacer escala para someter el resto del reyno, y tambien el contiguo Perú. Con tal idea se dedicaron luego á construir tres buenas fortalezas á la entrada de aquel rio para asegurarse en la posesion.

Los Araucanos, convidados con seducientes promesas á abrazar el partido de ellos, no solamente no lo consintieron, pero sujetandose á las estipulaciones de Quillin, no quisieron ni siquiera proveerles de víveres, de los quales absolutamente carecian. Los Cuncos, á quienes pertenecia el ocupado territorio, siguiendo el consejo de sus aliados, rehusaron tambien de tratarlos, y de socorrerlos. De mo do que los Holandeses constreñidos de la hambre, y mucho mas del aviso que tuvieron, del próóxîmo arribo de las fuerzas combinadas de los Españoles, y de los Araucanos, abandonaron el pais tres meses despues de su desembarco. El hijo del Virey del Perú, Marques de Mancera, habiendo, pues, llegado allí con diez baxeles de guerra en busca de ellos, fortificó aquel puerto, y especialmente la isla que conserva hasta ahora el nombre titular de sufamilia.

1647.

Terminado que hubo Baydes el sexto año de su pacifico gobiernó, fué llamdo de la Corte. Don Martin Muxica, sobstituido en su lu-

Oo

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gar, procuró conservar el reyno en aquel estado de tranquilidad que lo habia encontrado; no tuvo otro disturbio que el de un gran terremoto, por el qual fué en parte destruida á 8 de Mayo la ciudad de Santiago. La suerte de su sucesor Don Antonio Acuña fué muy diferente. El vió encenderse de muevo la guerra entre los Españoles y los Araucanos, por motivos que no nos han manifestado los autores contemporaneos.

1655.

1656.

Clentaru, Toqui hereditario de Lauquemapu, electo General á plenitud de votos, señalo su primera campaña con la total derrota del exército Español mandado por el Sargento Mayor, el qual pereció en ella con toda su gente. Esta victoria fué seguida de la toma de las fortalezas de Arauco, Colcura, San Pedro, Talcamavida, y San Rosendo. El año siguiente el General Araucano, pasado Biobio, derrotó tambien furiosamente al Gobernador Acuña en los campos de Yumbel, destruyó las plazas de San Christoval y de la Estancia del Rey, y quemó la ciudad de Chillan.

1665.

1686.

En esta época acaba con mucho sentimiento nuestro el detalle de todas las memorias, de las quales hasta ahora nos hemos servido. Los sucesos mismos de Clentaru, que hemos referido, solo son indicados por incidencia. Sabemos en general solamente, que esta guerra se continó con gran furor por es-

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pacio de diez años baxo el gobierno de Don Pedro Portel Casanate, y Don Francisco Meneses. Este último que era de nacion Portugues, tuvo la gloria de terminarla en mil seiscientos sesenta y cinco con una paz mas permanente que la de Baydes. Pero él despues de haberse desocupado de los Araucanos, se tomó la moléstia de reñir con los Ministros de la Real Audiencia, los quales no habian querido aprobar su matrimonio con la hija del Marques de la Pica, por ser prohibido por reales ordenanzas. La contienda pasó tan adelante, que la Corte se vió obligada á mandar allí, con plena autoridad, al Marques de Navamorquende. Este Ministro, tomadas las debidas informaciones, envió á Meneses al Perú, y se quedó en posesion de su empleo. Despues de él hasta fin del siglo fueron encargados sucesivamente de aquel gobierno: Don Miguel Silva, Don Josef Carrera, Don Josef Garro, y Don Tomás Marin de Poveda, los quales, segun nos parece, vivieron en buena armonía con los Araucanos. Garro solamente estuvo á punto de romper con ellos, con motivo de haber transportado los habitantes de la isla Mocha, á esta parte de Biobio para quitar toda comunicacion con los enemigos de fuera.

Los principios del siglo presente fueron señalados en Chile con la deposicion del Go-

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1712.

bernador Don Francisco Ibañez, con la rebelion de los habitantes del archipielago de Chiloe, y con el comercio de los Franceses. Ibañez fué desterrado, como Meneses, al Perú, por haber favorecido, segun se dice, el partido contrario á la reynante casa de Borbon en la guerra de sucesion. Su empleo hasta el año de 1720 fué ocupado por Don Juan Henriquez, Don Andres Uztariz, y Don Martin Concha. Los Isleños de Chiloe volvieron bien presto á la obediencia mediante la sabia conducta del Maestre de Campo, General del reyno, Don Pedro Molina, el qual habiendo sido mandado contra ellos con un buen cuerpo de tropas, quiso mas bien ganarlos con buenos modos que con inutiles victorias.

Los Franceses en virtud de la susodicha guerra de sucesion, se encargaron de todo el tráfico externo de Chile desde 1707 hasta 1717. Los puertos estaban llenos de sus bastimentos. Ellos se llevaron consigo sumas increibles de oro, y plata. Muches de ellos enamorados del pais se establecieron en él, y han dexado una numerosa descendencia. Con esta ocasion el docto Minimo Feuillée, que permaneció allí tres años, hizo sus observaciones botánicas y astronómicas en la mayor parte de aquellas costas: se mereció el amor de aquellos pueblos, y su memoria se conserva Indeleble en sus ánimos.

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CAPITULO X.

BREVE NOTICIA DE LAS
guerras del Toqui Vilumilla y Curiñancu
:
Gobernadores Españoles hasta el presente
año de 1787.

1722.

Los Araucanos haciía ya algun tiempo que estaban muy descontentos con la paz. Veian que esta daba á los Españoles la facilidad de formar nuevos establecimientos en su pais. Sufrian tambien de mala voluntad la insolencia de aquellos que se atribuian allí el título de Capitanes de amigos, los quales habiendose introducido con el pretexto de escoltar los Misioneros, se abrogaban una especie de autoridad sobre los nacionales. Eh conseqüencia de estos resentimientos determinaron crear un Toqui General, y correr á las armas.

1723.

La eleccion cayó sobre Vilumilla, hombre de baxa esfera, pero muy conocido por su juicio, por su valor, y por sus proyectos. El no maquinaba menos que echar á los Españoles de todo Chile. Para acertar en esta ardua empresa era menester ganarse todos los Chilenños que habitaban desde los confines del Perú hasta Biobio. Una idea tan vasta le parecia facil execucion. Habiendo matado en

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una escaramuza tres ó quatro Españoles, y uno de los pretendidos Capitanes de amigos, envió, segun la costumbre, un dedo de estos, exhortandolos á tomar inmediatamente las armas luego que viesen fuegos encendidos sobre las cumbres de los mas altos montes. A 9 de Marzo de 1723 dia destinado para la solemne intimacion de la guerra, se vió efectivamente el fuego sobre las montañas de Copiapó, de Coquimbo, de Quillota, de Rancagua, de Maule, y de Itata. Los nacionales sin embargo, ó por considerarse pocos en número, ó por la incertidumbre del éxîto, no se movieron.

No obstante de esto Vilumilla nada se perturbó por haber quedado en humo su proyecto. Declarada que hubo la guerra, se puso al instante á la cabeza de sus tropas para atacar los establecimientos Españoles. Pero antes de ponerse en marcha, usó la atencion de dar aviso á los Misioneros, para que evitasen, al salir del estado, el ser maltratados de sus campos volantes. El fuerte de Tucapel fué el primero que cayó en sus manos. La guarnicion de Arauco, temiendo encontrar la misma suerte, le dexó libre aquella plaza. Demolidas estas dos fortalezas se volvió contra la de Puren, donde creia poder entrar sin resistencia. Pero el Comandante Urrea se le opuso con tanto vigor que le fué necesario emprender el

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asedio. En breve los defensores fueron atormentados de la hambre, y de la sed. El aqüeducto que les suministraba agua, habia sido destruido por los enemigos. El Comandente hizo una salida para repararlo, pero quedó en ella muerto con varios otros de sus soldados.

Las cosas estaban en este crítico estado, quando llegó allí el Gobernador Don Gabriel Cano, que habia sucedido á Concha, con un cuerpo de cinco mil hombres. Vilumilla acantonandose detras de un torrente dispuso sus tropas en órden de batalla, creyendo deber venir luego á las manos. Pero Cano, aunque varias veces provocado, halló por mas conveniente el abandonar la plaza, y retirarse con la guarnicion. La guerra, pues, se reduxo toda á escaramuzas de poca conseqüencia, las quales fueron terminadas por la paz celebrada en Negrete, lugar situado sobre el confluente de los rios Biobio, y Laxa, aquí se volvió á confirmar el tratado de Quillin, y las Capitanias de amigos fueron del todo abolidas (1).

1742.

1753.

1759.

Cano, despues de haber gobernada con suma moderacion el Reyno por el espacio de

(1) Esta (la paz) se concertó entre unos y otros, quedando por límites fixos la corriente del rio Biobio, y concediendoseles á los Indios la reforma de los Capitanes de amigos, por cuyos desórdenes habia sido encendida esta guerra. Ulloa Viag. Part. II. tom. IV. Resum. hist. pag. 150. n. 222.

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quince años, lo que no habia acaecido á ninguno de sus predecesores, acabó de vivir en la ciudad de Santiago. Le sucedió por disposicion del Virey del Perú, su sobrino Don Manuel Salamanca, el qual procuró conformarse en todo con las máxîmas humanas del tio. Don Josef Manso, enviado desde España para gobernar en su lugar, tuvo orden del Rey para reducir á vida sociable los numerosos habitantes Españoles de aquellas campañas. Para este efecto fundó las Villas de Copiapó, de Aconcagua, de Melipilla de Rancagua, de San Fernando, de Curicó, de Talca, de Tutubén, y de los Angeles. En premio de este servicio fué promovido al brillante empleo de Virey del Perú. Sus sucesores continuaron en formar nuevas colonias, las quales no han tenido el suceso de las primeras. Don Domingo Rosas hizo construir Santa Rosa, Guasco-alto, Casablanca, Bella-Isla, Florida, Coulemu, y Quirigua. El envió tambien habitadores á la isla grande de Juan Fernandez, que hasta entonces habia estado desierta con notable, perjuicio del comercio marítimo, porque los corsarios encontraban en ella un abrigo seguro para poder asaltar las naves mercantes. Don Manuel Amat, que despues fué Virey del Perú, fundó sobre la frontera Araucana Santa Barbara, Talcamavida, y Gualqui.

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1766.

Don Antonio Guill, Gonzaga tentó hacer mas que sus predecesores. El quiso reducir los Araucanos á construirse ciudades. Las personas prácticas del pais se reian de este químerico proyecto. Las demas lo creian posible. Se tuvieron muchos acuerdos para encontrar los medios mas conducentes al buen éxîto de la empresa. Los deseos de lograrlos hizo parecer fácil cada cosa. Los Araucanos informados de todo por sus espias, considerando el peligro que podia resultar contra su amada libertad, deliberaron en secreto sobre el partido que debian tomar para eludir las tentaivas de sus vecinos, sin llegar á las armas. Las resoluciones tomadas en sus juntas fueron: primera, llevar á lo largo el negocio con equívocas promesas: segunda, pedir quando fuesen instados, los instrumentos y auxîlios necesarios para la construccion: tercera, recurrir á las armas á la hora que viniesen por fuerza á obligarlos al trabaio, pero de modo que las solas provincias esforzadas se declarasen por la guerra; las otras entretanto debian mantenerse neutrales, á fin de poder ser mediadoras de la paz. Quarta, venir a un rompimiento general quando la mediacion de aquellas no fuese aceptada: Quinta, dexar partir los Misioneros sin incomodarles, porque ellos no tenian otro defecto que el de ser Españoles. Sexta, elegir al instante un Toqui General el qual

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tuviese la incumbencia de cuidar de execucion de los susodichos reglamentos, y de tener prontas todas las cosas necesarias para salir á campaña, luego que las circunstancias lo pidiesen.

En virtud de este último articulo la eleccion se hizo el mismo dia. Todos los sufragios se habian reunido en favor de Antivilu, Archi-Ulmen de la provincia de Maquegua, el qual tenia una grande influencia en la junta, pero habiendose escusado con motivo de la neutralidad que segun los pactos debia observar su provincia, fue destinado á ocupar aquel empleo Curiñancu, hermano de un Ulmen de Encol, en el qual concurrian todas las qualidades que podian desearse en semejantes coyunturas.

En el primer Parlamento el Gobernador propuso su plano baxo todos aquellos aspectos que podian hacerlo agradable. Los Araucanos en conseqüencia de sus convenciones repugnaron, concedieron, tergiversaron, y pidieron los auxîlios necesarios para emprender la obra. Destinaron los sitios que podian parecer mas á proposito para la ereccion de las nueyas ciudades. Se les envió un gran cantudad de hetas, dé viveres, y de huéyes para el transporte de las maderas. El trabajo sin embargo nada progresaba. El Maestre de Campo Cabrito, se transtrió allí con varias compañias de soldados,

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á fin de estimular á los lentos trabajadores. Se pusieron sobrestantes por todas partes. El Sargento Mayor Ribera se encargó de la construccion de Nininco, y el Capitan Burgoa de la de otra ciudad que debia fabricarse sobre las riberas de Biobio. El Maestre de Campo dirigia las operaciones desde su quartel general Angol.

Pero los Araucanos, empuñadas en vez de los azadones sus lanzas, mataron los sobrestantes, y reunidos en número de quinientos, baxo el estandarte de su Toqui, pasaron á sitiar á Cabrito en su acampamento. Burgoa, despues de haber sido muy maltratado, fué puesto en libertad por hacer agravio al Maestre de Campo, del qual se decia enemigo. El Sargento Mayor, escoltado de un Misio, nero, repasó á vista de los enemigos, que lo buscaban para matarlo, el, Biobio. Vuelto despues al frente de quatrocientos hombres libró á Cabrito del asedio, y lo puso en salvo. Otro Misionero, Don Pedro Sanchez, rogó al Oficial Araucano enviado para hacerle escolta, que perdonase á un Español, de quien habia sido poco antes gravemente ofendido: el Araucano le respondio él nada tiene que temer en vnestra compañia; ademas de que no es tiempos de pensar en venganzas privadas. Todos los Españoles que pudieron prevalerse de este asilo, evitaron la muerte.

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El Gobernador entretanto se confederó con los Pehuenches para atacar juntos á los Araucanos por varias partes Curiñancu, avisado de la venida de ellos, los sorprendió al salir de la cordillera, y habiendo hecho prisionero á su General Coliguru con su hijo, los quales hizo despues morir; puso todos los demas en derrota. Esta infamia, que parecia deber enagenar para simpre aquel pueblo de los Araucanos lo reconcilió totalmente con los mismos, tanto que desde entonces se ha hecho el mayor enemigo del nombre Español, para contribuir á las miras de aquellos Curiñancu se sirvió. de estos Montañeses, durante la guerra, para inquietar las provincias vecinas á la capital. Ellos se han dedicado desde esta época á atacar mas amenudo las caravanas Españblas, que de Buenos Ayres pasan á Chile. Todos los años se reciben funestas noticias de aquellas partes.

Gonzaga, que demasiado presto habia dado parte á la Corte del buen suceso de su grandioso designio, no pudo resistir á la pena de verlo enteramente desvanecido. Las crónicas indisposiciones, á las quales estaba sujeto, agravadas con este sentimiento, lequitaron la vida en segundo año de la guerra, con gran deslzon de aquellos habitantes que lo amaban por sus apreciables qualida des Le su cedió por nombramiento del Virey, Don Francisco Xa-

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vier de Morales. Las provincias neutrales, puestas de acuerdo, se habian ya declarado en favor de las otras. La guerra proseguia con vigor. Curiñancu por una parte, y su bravo Vice-Toqui Leviantu por la otra, tenian en continuo movimiento las tropas Españolas, las quales habian sido acrecentadas con varias divisiones enviadas allí desde España. No nos han señalado las circunstancias de los diferentes ataques que se dieron los unos á los otros. La fama de una sangrienta accion acaecida á principios del año 1773 llegó hasta Europa. A esta época la guerra habia costado un millon y setecientos mil pesos al Real Erario, y á los particulares.

1773.

El mismo año se decidió de venir á un convenio. Curiñancu, provisto por su nacion de amplia autoridad para concertar los artículos, pidió por preliminar; que las conferencias se tuviesen en la ciudad de Santiago. Aunque esta pretension fuese contraria al uso establecido, con todo fué acordada por los Españoles sin mucha dificultad. Quando, pues, se comenzó á tratar de las condiciones de la paz, el Plenipotenciario Araucano hizo otra proposicion que pareció mas extraordinaria que la primera. El pidió, que fuese permitido á sus nacionales tener un Ministro estable en la misma ciudad de Santiago. Los Oficiales Españoles que asistian al Congreso, se opusieron

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resueltamente á semejante demanda, pero el Gobierno creyó tambien útil el concederla, porque por este medio se podian mas facilmense ajustar inmediatamente las recíprocas diferencias. Sin embargo las dos proposiciones, atendida la índole, y el modo de vivir de aquellos nacionales, pueden dar motivo á muchas interpretaciones. Los demas artículos de la paz no encontraron la menor dificultad. Los tratados de Quillin, y de Negrete fueron de comun acuerdo revalidados. El enviado Araucano se alojó con su comitiva en el Colegio de San Pablo, habitado antes por los Jesuitas.

1787.

La Corte informada de la muerte de Gonzaga, mandó á gobernar aquel pais á Don Agustin Jauregui, el qual obtuvo despues, con aplauso universal, el relevante empleo de Virey del Perú Don Ambrosio Benavides que le ha sido subrogado, hace al presente felices aquellas poblaciones, con su prudente y benéfica administracion.

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CAPITULO XI.

ESTADO PRESENTE DE CHILE.

En la sucinta relacion que hemos dado de los sucesos ocurridos en Chile despues del descubrimiento del Nuevo Mundo, se ve que la posesion de este pais ha costado á los Españoles mas sangre y mas dinero que la del resto de la América. El Araucano, restringido en un pequeño canton, ha sabido en él, con armas débiles, no solo contrabalancear sus fuerzas, reputadas hasta entonces invencibles, pero aun ponerlos en peligro de perder las adquisiciones mas solidamente establecidas. Sus Oficiales fueron allí por la mayor parte desde la escuela de la guerra, esto es, desde los Paises-Baxos, y sus soldados tenian la reputacion bien merecida de ser los mejores de la tierra. Ellos estaban armados de aquellos rayos destruidores, con que habian hecho temblar los mas Vastos imperios de aquel continente.

Esto parecerá mas maravilloso, si se reflexîona la decidida superioridad que la disciplina Europea ha tenido en todas las partes de la tiera. Los Españoles mismos hicieron asombrar el mundo con la rapidez de sus conquis. Los pocos Portugueses arribados á la In-

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dia Oriental, se apoderaron de ella con una fecilidad quasi increible, á pesar del número, y de las fuerzas de aquellos nacionales, los quales se Servian de las armas de fuego. El General Pacheco con ciento sesenta de sus compatriotas, deshizo en varias ocasiones al poderoso Zamorino, que mandaba cincuenta mil soldados provistos de mucha artillería, sin perder siquiera un hombre. Brito, sitiado en Cananor, batió otro exército semejante con la misma fortuna. En nuestros dias Mr. de la Touche, circundado en Pondicheri de ochenta mil Indianos, los puso en fuga con trescientos Franceses, despues de haber muerto mil doscientos, sin perder mas que dos de los suyos. Pero á pesar de la fuerza y el arte, los Araucanos permanecen siempre en sus terrenos, lo que hace conocer el valor y constancia de este pueblo.

Los Españoles, perdidas las colonias que tenian en el estado Araucano, se han contentado, con mejor acuerdo, de establecerse solidamente en el espacio de pais que yace entre los confines australes del Perú, y el rio Biobio, ó sea entre los gr. 24 y 36½ de lat, merid. el qual han dividido en trece provincias llamadas Copiapó, Coquimbo, Quillota, Aconcagua, Melipilla, Santiago, Rancagua, Colchagua, Maule(a), Itata, Chillan, Pu-

(a) En el gobierno de Don Agustin Jauregui se dividió esta provincia capital Talca, en dos, sirviendo de térnino el rio Maule, quedando la antigua al norte de él con su nombre, y la nueva al sur, con el de su capital Cauquenes.
Ultimamente hácia el porte ha sido desmembrada la provincia de Maule de tres doctrinas ó curatos, esto es, dos de las Salinas, y el de Curico, para formar con varios terrenos quitados á la provincia de Colchagua, la nueva provincia de Curico La de Maule queda ahora reducida N. S. á el término que encierran los rios Maule, Lontue, y Mataquito. Estas divisiones es natural que al paso que influyan poco en el adelantamiento de las nuevas provincias, tambien causea la decardencia de las antiguas.

(a) La Junta de Real Hacienda de Chile, con vista de su Fiscal, émforme del intendente de la Concepcion, por Decteto de, de Agosto de 1700, ha erigido la huelva provincia de la Laxa, estableciendo su capital en la Villa de Angeles, plazza de armas fronteriza a los Indios Llanistas y Pehuenches.

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chiacay, Huilquilemu (a). Poseen tambien la plaza de Valdivia en pais de los Cuncos, el archipielago de Chiloe, y la isla de Juan Fernandez La Corte, como se ha visto en el curso de nuestra historia, manda para el Gobierno de todas estas provincias un Oficial de merito, que por lo comun tiene el grado de Teniente General, y reune los titulos de Presidente, Gobernador, y Capitan General del Reyno de Chile. Su residencia es en la Ciudad de Santiago, y solo depende del Rey, excepto en el caso de guerra, en el qual es menester que reconozca en ciertos punros

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la preeminencia del Virey del Perú.

En calidad de Capitan General manda el estado militar, y viene baxo de sí no solo los tres grandes Oficiales del reyno, que son el Maestre de Campo, el Sargento Mayor, y el Contisario, sino tambien los quatro Gobernadores de Chiloe, Valdivia, Valparaiso, y Juan Fernandez. Como Presidence, pues, y Gobernador General, él es el Supremo Administrador de la justicia, y preside á los dicasterios superiores establecidos en la misma capital, cuya autoridad juridica se extiende á todas las provincias sujetas al dominio Español en aquellas partes.

El principal de estos Tribunales es la Audiencia, ó sea el Sendo Real, el qual juzga en última instancia de todas las causas civiles y criminales de importancia. Por este motivo este cuerpo se divide en dos salass llamadas la una Civil, y la otra Criminal Ambas son compuestas de varios jueces respectables llamados Oidores, de un Regente, de un Fiscal, ó Procurador de los Indios. Todos estos Ministros son provistos por la Corte con gruesos estipendios Sus sentencias son finales, fuera de los casos contenciosos, en los quales se puede apelar al Supremo Consejo de las Indias, quando el asunto de la disputa excede la suma de 1 escudos La justicia, como hemos ya dicho, con unáníme consentimien-

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to de aquellos pueblos es administrada por ellos con, una integridad singular Los demas Tribunales Supremos son el de Hacienda, el de Cruzada, el de Tierras Vacantes, y el Consulado, ó sea el Tribunal del Comercio, independiente de qualquiera otro de este genero.

Las provincias son gobernadas por Prefectos, llamades anteriormente Corregidores, y ahora conocidos con otros nombres (a), los quales, segun su institucion, deben tener nombramiento Real, pero atendida la distancia de la Corte, son por lo comun creados por el Capitan General, del qual se dicen Lugar-Tenientes. La jurisdicion de ellos se extiende sobre lo político y sobre lo militar, y sus emoluments dependen de los inciertos de las propias cargas. En todas las capitales de las provincias hay, ó á lo menos debe haber, un Magistrado Municipal Ilomado Cabildo, el qual es compuesto, como en el resto de la Monarquía, de varios miembrbros perpetuos nombrados Regidores, de un Porta-Estandarte, de un Procurador, de un Juez Foraneo denominado Alcalde Provincial, de un Alguacil, ó justicia mayor, y de dos Cónsules ó

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(a) Subdelegados se llaman en el dia El nombramiento de estos ha mandado S. M., por punto general, que lo hagan los Intendentes y Capitanes Generales del reyno.

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Burgo-maestres dicho Alcaldes: estos últimos son electos entre la primera nobleza, por el mismo Cabildo, en el principio del año, y tienen jurisdicion tanto en las materias civiles como en las criminales de primera instancia.

Los habitantes de la campaña estan repartidos en regimientos los quales tienon obligacion de marchar á las fronteras, ó á la marina, en caso de guerra (a). Ademas de estas

(a) Se numeran en el Real Servicio 15856 plazas de Milicias Provinciales Regladas en los Obispados de Santiago, y de la Concepcion segun se vé por el Estado Num. 1. puesto al fin. La ereccion de estos Cuerpos Milicianos fué el año 1777, en el gobierno de Don Agustin de Jauregui: todos ellos son escogidos de la gente mas florida del reyno, Solo asisten á la decoracion de las funciones, y rara vez en, el servicio de rondas ó patrullas, gozaneo de guerra, para el qual continuamente se exercitan en el manejo de las armas.
Ademas de estas Milicias Regladas, hay un copiosíslmo número de Milicias Urbanas que estan sujetas á Comisanios, que hacen como de Gormeles, mandando unas. veces mas y otras menos, sin número determinado, segun la extension, de los territorios, cierta cantidad de compañias, y estas del mismo modo no tienen número fixo, las hay de mas de 100 hombres, y tambien de menos; de ellas se sacan, ó se escogen las faltas para reemplazar los curpos reglados Hacen el servicio de guardias de carcel, de condueir reos, y los demas que necesita la buena policía, sin dexar por esto de servir en la guerra quando la necesidad lo exîge, con cuyo motivo estan alistados todos los individuos capaces de llevar armas, excepto aquellos precisos para labrar la tierra, y cuidar los ganados.

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milicias el Rey mantiene allí, un cuerpo suficiente de tropas regladas para la defensa del reyno cuyo número habiendo sido acrecentado en estos últimos años, no lo podemos designar (a). Sabemos muy bien que en la Concepcion, ciudad puesta sobre la frontera Araucana, hay dos cuerpos, uno de caballería, y el otro de infantería. El primero es compuesto de ocho compañias, y el segundo de trece, inclusa una de Bombarderos. A la caballería preside el Brigadier Don Ambrosio Higgins, de nacion Irlandes, el qual por sus esclarecidas circunstancias se ha atraido la estimacion y la benevolencia de aquellos habitantes. El es al mismo tiempo Maestre de Campo, y Intendente del Departamento de la Concepcion (b). La infantería, como tambien la ar-

(a) El plano Num II manifiesta todo el exército de tropa veterana en Chile, que se compone de 1976 hombres.

(b) El 21 de Noviembre de 1787 se dignó conferirle S. M. los empleos de Gobernador, Presidente de la Real Audiencia, y Capitan General del Reyno de Chile, y el 19 de Septiembre de 1789, el de Mariscal de Campo de los Reales Exércitos Al presente desempeña estos cargos con aquella aplicacion que exîge la Real confianza, y que es caracteristica de su genio laboriosísimo Apenas entró en posesion del mando, quando se puso en camino hácia las provincias septentrionales del reyno, visitando todos aquellos pueblos para atenderles en justicia; contribuyendo al mismo tiempo con las mas bellas ideas para el fomento de las minas, de la agricultura, de la pesca, y del comercio; estableciendo tambien escuelas públicas. Fundando de nuevo las villas de Vallenar en el Guasco, de San Francisco de Borja en el valle de Combarbalá, y de los Andes en Aconcagua; dando sus activas providencias para la reedificacion ó repoblacion de las antiguas villas de San Rafael de Rozas en el partido de Cuzcuz, y de Santo, Domingo de la Ligua. en el partido de Quillota. Despues, regresado á la Capital de Santiago, no ha cesado de influir en los adelantamientos de su poblacion y buena policía; haciendo tambien componer los caminos de la cordillers y de la costa. Ultimamente se ha trasladado á las frontetas de Araucp á celebrar el Parlamento general con los Indios.

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tellería, estan baxo el mando de dos Tenientes Coroneles. La ciudad de Santiago mantiene algunas compañias de Dragones para su guardia. Yo no me hallo en situacion de dar una relacion circunstanciada de las entradas, y de los gastos del Gobierno, los quales se han aumentado de algun tiempo á esta parte.

En quanto al Gobierno Eclesiástico, Chile está dividido en dos solas Diócesis vastísimas, esto es, en la de Santiago Santiago, y en la de la Concepcion, así llamadas de los nombres de las ciudades donde residen los Obispos, los quales son sufraganeos del Arzobispo de Lima. La primera Diócesis se extiende desde los confines del perú hasta el rio de Maule, y comprehende tambien la provincia de Cuyo, situada de esta parte de los Andes. La segunda abraza todo el resto de Chile con las is-

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las anexas, aunque la mayor parte de esta extension sea todavia habitada por paganos Las dos Catedrales son servidas por un competente número de Canónigos, cuyas rentas, como tambien las de los Obispos, dependen de los diezmos que allá estan en uso. El Tribunal del Santo Oficio establecido en Lima, mantiene en Santiago un Comisario con varies Ministros subalternos.

El conquistador Pedro Valdivia, introduxo consigo, los Religiosos de la Merced, y despues de haberse establecido allí, pidió tambien hácia el año 1553 los Dominicos, y Franciscos observantes. Los Agustinos llegaron en 1595, y los Hospitalarios de San Juan de Dios cerca del año 1615. Todos estos Ordenes Religiosos tienen muchos conventos, y los tres primeros forman provincias separadas. Los hermanos de San Juan de Dios tienen la incumbencia de los hospitales del pais baxo un Comisario dependiente del Provincial del Peruú. Estas son las únicas congregacions de Religiosos que se encuentran al presente en Chile. Los Jesuitas que entraron en aquel con el sobríno de su Fundador Don Martin de Loyola en 1593 tenian tombien una provincia separada. En diferentes tiembien una provincia separada. En diferentes tiempos otros regulares han procurada formar establecimientos, pero los Chileños se han opuesto siempre á la introducion de nuevos

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Ordenes Religiosos. Santiago, y la Concepcion son las solas ciudades, que tienen conventos de Monjas

Los Españoles han fundado sus ciudades en las mejores situaciones del pais. Pero muchas de ellas hubieran sido mejor colocadas sobre las riberas de los grandes rios, para facilitarles el Comercio. Este defecto es mucho mas de notar en las nuevas fundaciones. Las calles de estas ciudades son todas derechas, empedradas á escaque, ó sea en ángulos rectos, y tienen 36 pies de París de ancho. Las casas, aunque sean con motivo de los terremotes, por lo comun sin altos, sin embargo son cómodamente construidas, blanqueadas por fuera, y en la mayor parte pintadas por dentro. Tienen en su recinto amenos jardines regados por canales de agua perenne, que pasan por todas las habitaciones. Las casas de los nobles en particular, son amuebladas con mucha riqueza, y buen gusto. Habiendo aquellos habitantes observado que los edificiois antiguos fabricados de dos cuerpos se habian conservado ilesos, á pesar de los mas violentos movimientos de los terremotos, se han animado á habitar en alto, y ahora han principiado á construir sus casas á la manera de Europe Así aquellas ciudades tendrán mejor vista, tanto mas, quanta en vez de adobes, de los quales comunmente se servian, creyendolos de ma-

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yor seguridad contra los terremotos, van empleando en las nuevas fábricas la piedra y cal.

Las bodegas, los albañales, y los pozos, mas comunes de lo que son al presente, podrian hacerlos menos expuestos á este terrible desatre. Las iglesias son por lo ordinario, mas recomendables por la riqueza que, por la arquitectura. En la capital sin embargo, merecen ser observadas tambien en este punto la Catedral, y la iglesia de PP. Dominicos, las quales son enteramente fabricadas de piedra quadrada. La primera, construida á expensas Reales, baxo los auspicios del actual Obispo D. Manuel Alday, Prelado digno de toda alabanza, no menos por su piedad que por su cienria, muy conocida en el último Sinodo de Lima, es de magestuosa arquitectura, y tiene de largo 384 pies parisienses. Dos arquitectos Ingleses formaron el diseño y se encargaron de la obra. Pero llegados á la mitad de ella protextaron no querer seguir adelante si el pactado salario no fuese aumentado. Habiendose suspendido por este motivo la fábrica, se ofrecieron á concluirla dos de aquellos Indianos que trabajaban baxo los mismos Ingleses, los quales disimuladamente habian procurado instruirse en todos los ramos. de su arte Estos efectivamente la coducieron al fin con toda aguella perfeccion que se podia esperar de los

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mismos maestros (a). En la misma capital son tambien dignos de mencion el quartel de Dia-

(a) El Arquitecto Romano Don Joaquin Toesca dirige el frontispicio de esta Iglesia, en el qual se ha propuesto el buen gusto de la magnifica obra de San Juan de Letran. por diseño de la magnifica obra de San Juan de Letran por diseño del Borromini: toda ella hasta el presente año de 92, tiene de costo unos 6oo pesos. El mismo Arquitecto es el que. ha dirigido la fabrica de la casa de Moneda: su frente principal, que mira al norite, tiene 150 varas, es de órden dorico. La portada está adornada con ocho columnas que resaltan del vivo de la pared los dos tercios de su diametro, que es de vara y quarta, guardando la proportion del célebre Viñola; descansan estas sobre un zocalo de vara y quarta de alto, que gira por toda la circunferencia de la obra. Esta fachada tiene 18 ventanas inferiores, y 18 balcones superiores á ellas; su proportion es el duplo de su ancho, y entre una y otra está situada una pilastra con sus medias pilastras; las ventanas de los balcones tienen sus jambas y dinteles que las adornan, y sobre estos sus frontis, uno triangular y otro de porcion de circulo, y á su pie la delicada moldura que corre de una media pilastta á la otra; en el medio resalta todo el vuelo del ancho y largo del balcon. Los otros dos frentes caen el uno al Este, y el otro al Oeste; tienen 178 varas, y estan adornados del mismo órden de pilastras y balcones que la fachada principal; sobre el cornison de las ocho columnas se eleva un, frontis adornado de pilatritas con sus correspondientes molduras, entre estas varios geroglificos a lusivos á la fabrica. Esta se remata con una grande balaustrada, en cuyo medio se eleva el Escudo Real sostenido de dos famas, y sobre las otras columnas distintos trofeos de guerra. A toda la obra cireuye, sobre el cornison, un atico asimismo de balaustrada. Las oficinas interiores estan perfectamente distribuidas. costo se regula en mas de 800 pesos. Tambien ha dado los disepños para la fabrica de la casa de Cabildo, y Carcel publica Los Padres de San Francisco trabajan en el Conventillo una hermosa capilla dedicada á N. S. del Carmen, con el frontis de órden dorico, y lo interior del corintio. Los Hospitalarios de San Juan de Dios estan corintio estan construyendo, por direccion de este Arquiteco, un magestuoso y gracioso templo de tres naves: la portada adornada de pilastras, con dos grandes torres, sigue el órden dorico, y las obras interiores el jonico Este bello gusto se va propagando hasta los jonico Este bello gusto se va propagando hasta los edificios de los particulares.

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gones, la casa de Moneda nuevamente levantada por un arquitecto Romano, y el Hospital de los Huerfanos fundado por el Marques de Monte-pio, Don Juan Nic-Aguirre, y dotado del presente Soberano, que favorece con particular propension todos los establecimientos de pública utilidad.

La parte de Chile Española, mediante la liberad que el mismo Soberano se ha dignado conceder al comercio marítimo, se va repoblando con aquella napidez que exîgian lo agradable de su clima, y la abundancia de sus productos. Su poblacion en general es compuesta de Européos, de Criollos, de Indios, de Negros, y de Mestizos. Los Européos, fuera de algunos pocos Franceses, Ingleses, y Italianos, son todos Españoles, y por la mayor parte de las provincias septentrionals de España. Los Criollos, que forman allí el mayor número, son los descendientes de los Européos. El carácter de ellos, fuera de algunas pequeñas diferencias provenientes del respectivo clima.

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ó del gobierno, es enteramente semejante al de todos los demas Criollos americanos oriundos de qualquiera nacion Européa Las mismas ideas y los mismas qualidades morales se descubren en todos. Esta uniformidad, muy digna de reflexîon, no se que haya sido considerada por algun filósofo en toda su extension Por todo lo qual, lo que los viageros inteligentes y sin preocupacion han escrito en quanto á la índole de los Criollos Franceses ó Ingleses, se puede sin equivocacion aplicar á estos de Chile (1).

(1) Los Criollos son en general bien hechos. Apenas se vé uno solo afligido de aquellas deformidades que son tan comunes en los demas climas. Su intrepidez se ha señaiado en la guerra por una continus sétie de acciones brillantes No habria mejoses soldados, si ellos fuesen capaces de disciplina. La historia no les acusa alguna de las cobardias, de las traiciones, de las baxezas que manchan los anales de todos los puebles Apenas se citará un crimen vergonzoso que haya cometido un Criolla…
La disimulacion, los artificios, las sospechas jamas entran en sus ánimos Gloriosos de su franqueza, de la opinion que ellos tienen de sí mismos, y de su extrema vivacidad, apartan de su comercio estos misterios, y estas reservas, que ofuscan la bondad del carácter, apagan el espíritu social, y oprimen la sensibilidad.
Una imaginacion ardiente, que no puede sufrir alguna violencia, los hace independientes, é inconstantes en sus gustos. Ella los atrastra á los placeres con una impetuosidad siempre nueva, á la qual ellos sacrifican su fortuna, y todo su ser.
Una penetracion singular, una pronta facilidad para tomar todas las ideas, y para producirlas con fuego; la fuerza de combinar añadida al talento de observar; una mezela dichosa de todas las qualidades del espíritu, y del carácter que hacen al hombre capaz de las mas grandes cosas, les harán atreverse á todo quando la razon les estimule á ello Rayn. Hist. de las dos Ind. tom. V. lib. II. 31. §. pag. 315. edict. de Ginebra.

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Son estos generalmente dotados de buen ingenio, y tienen buen éxîto en todas las facultades, á las quales se aplican Harian progresos notables en las ciencias útiles, como los han hecho en la metafísica que se les enseñaba, si tuviesen aquellos estímulos, y aquellos medios que se encuentran en Europa. No se reconoce en ellos algun particular apego á las preocupaciones, y si alguua vez las tienen, se despojan de ellas facilmente, luego que advierten lo bueno, y lo útil. Pero los libros instructivos, y los instrumentos científicos son allí poco comunes, ó se venden á un precio exôrbitante. Así aquellos talentos, ó no se ilustran, ó se emplean en cosas frívolas. Los gastos de la imprenta son tambien excesivos, por lo qual pocos quieren aspirar á la fama de escritores. Entre ellos está en grande estimacion la ciencia de las Leyes Civiles y Canónicas. Muchos jóvenes Chileños, pues, acabado el curso de Filosofia, pasan á instruirse en la capital del Perú, donde aquella facultad se enseña con particular aplau-

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so. Un Vazquez, un Boza, un Urizar, un Gaux. un Mier, y el ya aplaudido Señon Alday, se han adquirido gran nombre en sal profesion.

Las bellas artes se encuentran en Chile en un estado miserable Las mecánicas tambien estan hasta ahora muy leios de au perfeccion Se delsen exceptuar sin embargo, las de carpintero, de herrero, y de platero, las quales han hecho algun progreso á merced de las buenas ces que comunicaron algunos artesanos Alemanes que pasaron allí condueidos por el P. Cárlos de los Condes de Flainhansen, en Baviera, que quiso emplearse en aquellas Misioners. Este benemérito Religioso, que murió en 1766, tenia unsingular amor á aquel pais, cuyas ventajas procuró siempre con el mismo ardor que hubiera podido tener el mas zelante nacional, pero no pudo efectuar todas sus benéficas ideas. La importante revolucion, que el Soberano va felizmente promoviendo en todo genero de útiles conocimientos, se ha propagado hasta aquellas partes. Las ciencias, y las artes, que antes no se conocian, ó estaban olvidadas, ahora se atraen la atencion de aquellos habitantes. Así es de esperar, que en breve todo mudará de semblante.

Los hombres civiles se visten á la francesa, y las mugeres á la manera del Perú, la qual es ya bien conocida por el viage del cé-

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lebre Don Antonio Ulloa, y por la description que hizo de ella el Señor Abate Raynal. Las Chileñas, pero coa mayor modestia, llevan la ropa mas larga. Por lo demas el luxo es el mismo. De Lima van á Chile todas las modas, como de Paris se extienden por toda la Europa. Las ricas personas se tratan con brillantez en vestidos, en libreas en caches, y en denominaciones bonoríficas. Hasta los titulos de Condes, de Marquesas, &c. han pasado allá con todas las demas modas Européas. Los titulados de la capital son los Marqueses Irrazabal, de la Pica; Encalada de Villa-Palma; Paveda, de Cañadahermosa; Aguirre, de Monte-Pia; Huidobro, de Casa-real; y los Condes: Mesía, de Sierrabella, Alcalde de Quinta-alegre; y Toro,, de la Conquista. Chile ha tenido la prerogativa sobre las demas provincias de la América, de ver dos de sus patricios, ensalzadbs á la dignidad de Grandes de España esto es, Don Fernando Irrazabal, Marques de Valparaiso nacido en Santiago: que fué Virey de Navarra, y Generalísimo del exército Español en tiempo de Felipe IV; y Don Fermin Cararvajal, Duque de San Cárlos, natural de, la ciudad de la Concepcion, el qual resided al presente en la Cotte de Madrid. Don Juan Covarrubias, nacido tambien en Santiago, habiendo pasado á principio de este siglo al ser-

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vicio de su Magestad Christianísima obtuvo de ella el título de Marques de Covarrubias, el habito del Santo Espíritu, y el grado de Mariscal de Francia.

Las gentes del Campo, aunque oriundas por la mayor parte, de los Espanñoles, visten quasi enteramente á la Arucana. Dispersas por aquellas vastas campañas, y lejos de muchas incomodidades, gozan de roda su libertad, y passan una vida tranquíla y alegce entre los dulces placeres que inspira aquel delicioso clima (1).Por eso son naturalmente festivos, y amigos de toda suerte de diversiones. Aman la musica, y componen versos á su modo, los quales, aunque rústicos, é inelegantes, no dexan de tener una cierta gracia natural, la qual deleyta mas que la afectada elegancia de los poetas cultos Son communes entre ellos compositites de repente, llamados en su lengua del pais Palladores. Así como estos son muy buscados, así quando conocen tener este talento, no se aplican á otros oficios En las cam-

(1) La mayor parte de estos hombres sanes y robustos, viven en sus haciendas esparcidas, y cultivan por sus propias manos un terreno mas ó menos vasto. Ellos son estimulados á estas loables labores por un cielo siemopre puro, y siempre sereno, por el clima mas agradablemente templado de los dos emisferios; sobre todo por un suelo cuya fertilidad admiran todos los viageros. Reynal lib. 8. pag. 263. V. Chili

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pañas depedientes. de las colonias Españolas, ordinariamente no se habla otra lengua que la Española. Los campesinos vecinos á las fronteras hablan tambien la Araucana ó Chileria.

El ayre saludable que respiran, y el continuo exercicio de andar á caballo, á que se acostumbran desde niños, los hace hombres robustísimos, y los preserva de muchas enfermedades. Las viruelas no son allí tan familiares como en Europa, por lo qual suelen hacer estragos quando les acomete, porque los encuentra ya en edad provecta. Este mal se introduxo en 1766 la primera vez en la provincia de Maule, donde comenzó á hacer un horrible exterminio. Uno die aquellos aldeanos, que se habia ya restablecido de ellas, tuvo la ocurrencia de curar á varios de aquellos infelices abandonados, con leche de vaca, la qual les administraba en bebidas, ó en ayudas. Con este solo remedio sanó á todos aquellos que cayeron en sus manos, mientras los Medicos con sus complicadas recetas salvaron poquísimos; He referido esta anecdota, porque confirma maravillosamente los felices sucesos que ha conseguido con la leche de vaca en la cura de las viruelas el Doctor Lassone, Medico de S. M. la Reyna de Francia, como él mismo informa al público en su Memoria impresa en los Actos Medicos parisienses año 1779.

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Pero nuestro campesino se sirvio de la leche simple, quando el Señor Lassone cree oportuno darla mezclada con una decoccion de raiz de peregil. Sea lo que fuere, estos efectos parecen demostrar que la leche por su calidad dulcificante tiene la singular propiedad de debilitar el miasma virolento, y de reprimir la impresion dañosa ú mortífera.

Los moradores de las campañas de Chile son en general de buen corazon: contentos con su propia subsistencia no saben, por decirlo así, que cosa sea el ahorro, ó la avaricia: de este vicio son raros aqueilos que estan infectos. Sus casas estan abiertas para todos los pasageros que se presentan, á los quales dan amigablemente alojamiento sin algun interés: así estas son las ocasiones en que se averguenzan de no ser bastantemente ricos para poder exercitar mejor la hospitalidad. Esta virtud es tambien comun en las ciudades (1). De ahí viene que aquellos vecinos no se han to-

(1)"En todo cl Reyno de Chile es extrema la caridad con los extrangeros; los pueblos son allí de una bondad sin exemplo, y yo experimenté tan grandes, y considerables beneficios, que no encuentro terminos bastantes significativos para exprimir sus liberalidades. Las desazones que ellos han recibido muchas veces de varios de nuestra nacion, jamas han podido disminuir sus bondades naturales." Feuillée tom. 2. pag. 310.

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mado hasta ahora el cuidado de erigir hosterias ó posadas públicas, las quales sin embargo serian necesarias en el caso que el comercio interno recibiese mayores aumentos.

Es bastante extensa la descripcion que hace el Autor del viage del Lord Anson, acerca de la destreza de los aldeanos de la América Meridional en el manejo del lazo, con el qual cogen á los animates selváticos, y aun á los domesticos que se han vuelto montaraces. Los campesinos de Chile llevan continuamente este lazo colgado en la silla del caballo, para tenerlo pronto en las necesidades, y á la verdad son habilísimos en su manejo. Una tira de cuero muy fuerte, y bien torcida, á modo de cordon, larga de muchas brazas, y terminada por un ojal fuerte de la misma piel, para que corra la cuerda, forma todo el artificio de este lazo. Se sirven del á pie, y á caballo, y quando lo practícan montados, les es indiferente que sea corriendo por bosques, ó por montes, y laderas casi perpendiculares, cuesta abaxo, que es lo mas dificil, para lo qual atan por el vientre con una extremidad de la susodicha cuerda á sus caballos, y con la otra forman el lazo, lo tiran con la mano derecha sobre el, animal que huye, y es muy raro el golpe de presa que se les escapa. Herodoto hace mencion de un semejante lazo empleado en la guerra de los Persianos Sagar-

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sos (1). Los Chiieños se han servido tambien de ellos, con buen suceso, contra los piratas Ingleses desembarcados en sus costas. Son así mismo habilísimos en el manejo de los caballos, y á juicio de los viageros que han tenido ocasion de observar la destreza de ellos, y su valor en tal exercicio, desde luego podrian formar uno de los mejores cuerpos de caballería del mundo. Se deleytan mucho en las carreras de los caballos, los quales hacen correr á la Inglesa, esto es, formando parejas de niños, muy practícos, montados en pelo.

Los Negros, que solo se han introducido en Chile por via de contrabando, estan sujetos á una servidumbre que puede decirse tolerable en parangon de aquella, á que estan sujetos en muchas partes de la América, donde el interés de las plantaciones de la caña-dulce, del cacao, &c. sufoca todos los sentimientos de la humanidad. Como estos ramos de comercio aun no se han establecido en este reyno, los esclavos se emplean en las ocupaciones do-

(1) "Sunt quidam nomades homines, qui Sagartii appellantur …. utentes reste è loris conferta, quafreti in prælium eunt. Est autem prælium eorum hominum hujusmodi Ubi cum hoste congressi sunt, injiciunt eas restes in summo laqueum habentes qui laqueus cum aut equum, aut hominem adeptus est, eumad se trahunt: ita illi illaqueati conficiuntur." Herod. Polymn. pag. 477.

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mésticas, donde con la asistencia y diligencia en el servir, se adquieren mas facilmente la benevolencia de sus amos. Los mas estimados son los que nacen en el pais, de padres Africanos, ó los mestizos mulatos, los quales provienen de una negra, y un bianco, ó viceversa, porque estos se aficionan mas á la familia, de la qual dependen

El Gobierno, ó la piedad de los habitantes, ha introducido un reglamento razonable en favor de los individuos de esta infeliz clase de gente. Aquellos que mediante su induslria, han juntado aquella cantidad que se requiere para comprar un esclavo, pueden rescatarse, entregando el valor al amo, el qual es obligado á recibirlo, y á darles la libertad: se encuentran machos libres de esta manera en todo el pais. Aquellos, pues, que son maltratados injustamente de sus propietarios, pueden pedirles carta de venta, esto es, un papel, con el qual pueden buscar quien los quiera comprar. En caso de negarseles tienen la facultad de recurrir al juez del lugar, el qual exâminados los motivos, debe concederles el permiso. Pero estos casos son muy raros, ó porque los amos se abstienen por su reputacion de reducir á sus esclavos á tales extremos, ó porque los mismos esclavos toman tal amor á sus dueños, que el mayor agravio que puede hacerseles es amenazarles de ven-

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derlos á otros. Así sucede amenudo, que aquellos que por sus buenos servicios han quedado en libertad, por via de testamento, no quieren prevalerse de ella, para no perder la proteccion de la casa donde sirven, y en la qual conocen tener asegurada para siempre su subsistence. Los amos tienen el derecho de padres de familia sobre los propios esclavos, por lo qual pueden castigarles sus faltas. La justicia misma los dexa á su arbitrio, quando estos se hacen merecedores de alguna pena legal inferior á la muerte. Semejante manera de servidumbre parece contraria al derecho natural, pero la sociedad saca. de ella grandes ventajas. Las familias no son expuestas á la instabilidad de las personas de servicio, las quales reputandose siempre como extrangeras jamas se aficionan á vuestra casa, y revelan todos los secretos de ella.

El comercio interno de aquellas colonias es hasta ahora de poca importancia, á pesar de la comodidad que presenta el pais para animarlo Pero falta allí la, industria, ó por mejor decir la necesidad, que es el principal manantial de ella. Un gran comercio es relativo á una gran poblacioh: á medida que esta crecerá, se aumentará tambien aquel (a). La co-

(a) Hasta ahora se puede decir que de los dos ramos, de los quales en general se forma el comercio, esto es, agricultura,é industria, solo el primero es el que anima el tráfico interior de este reyno, y aun el exterior que tiene con las provincias del Perú. El trabajo de minas ocupa tambien la atencion de muchas gentes en las provincias de Copiapó, de Coquimbo y de Quillota, y en algunos otros minerales de veta, y de lavadero que hay esparcidos por las montañas de las demas provincias. Pero la industria está tan extenuada que casi no merece este nombre. A pesar de la abundancia de sus frutos, y de las primeras materias, lana, lino, cañamo, pieles, y metales, que podrian en aquel pais proporcionar un floreciente comercio, este continúa con languidez. De modo que los habitantes solo se entretienen en las pocas manufacturas de ponchos, medias, calcetas, bayetas, alfombras, cobertores ó frazadas, pellones, sillas de montar, sombreros, y otras menudencias, que por la mayor parte sirven para el consumo de la plebe, ó de las gentes pobres, pues las de medianas proporciones gastan los efectos de Europa. Así estas pocas producciones, y sobre todo las considerables que se sacan de las matanzas de ganado vacuno, que las hacen prolixamente; de las tenerías, que tambien estan muy adelantadas; y los granos y vinos componen el comercio interior del reyno.
El exterior, que se hace con todos los puertos del Perú, particularmente con el Callao, se lleva los sobrantess de los frutos que se comsumen en el reyno; estos ascienden á setecirntos, mil pesos, sirviendo de un buen equivalente para contravalancear los efctos que se reciben de aqullas partes, quedando á beneficio de Chile cada año un ressultado de doscientos min pesos, segun los estados que tengo en mi poder, los quales coinciden con los que se han publicado en los periódicos de Lima.
El comercio que hace Chile con Buenos Ayres es enterameute desnivelado, pues solo para el artículo de la yerba del Paraguay necesita enviar trescicntos mil pesos en dinero todos los años. Otras varias especies que tambien se remiten, pueden servir de compensacion de algunas que igualmente se reciben.
Para el giro de España son muy pocos los frutos que se sacan. de Chile en cambio de mas de un millon de pesos que en efectos de Europa se reciben anualmente, ya en derechura, ó por la via de Buenos Ayres, y alguna cosa por Lima. El oro, la plata, y el cobre son las especies que unicamente hacen este Comercio, pues los cueros al pelo, y la lana de vicuña que se extrae hasta ahora, compone una cantidad muy pequeña.
El oro que se amoneda en la capital se regula cada año en cinco mil doscientos marcos, de modo que haciendo confrontacion de la salida con lo acuñado no se encuentra discrepancia, por lo qual se cree que no haya extraccion clandestina, ni aun en pasta, ni en las obras de uso se consume porcion considerable.
La plata que se saca de las minas se calcula en treinta mil marcos: de esta cantidad veinte y. cinco mil se sellarán anualmente, y los cinco mil restantes se emplearán en. las obras para el uso del servicio de mesa, ó en otras varias alhajas. El exceso que se observa en la salida de este metal, respecto del que se amoneda, consiste en el que. entra de Lima. Las remesas para España, de oro y plata, se hacen comunmente por Buenos Ayres; el primer metal, como menos voluminoso, lo conducen los correos mensuales en cantidad de dos a tres mil onzas, y para el segundo se hacen dos conductas en el verano, en las quales tambien se remite oro. De manera qae sumado el oro de las catorce, ó mas remesas, asciende á 656 pesos, y la plata á 244. El cobre que se extrae de las minas se regula de 8 á 10 quintales. Baxo de estos datos no sería dificil hacer por mayor un resumen de todo lo que produce Chile cada año.

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municacion por agua, que facilita sus progresos, se ha comenzado ya á establecer. En va-

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rios de aquellos puertos se fabrican barcos para el recíproco transporte de las mercaderías,

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las quales se conducian antes por tierra, á lomo de mulas, con gran trabajo, y gastos de los negociantes: esta feliz innovacion puede se seguida de otres mas importantes Se han construido tambien gruesos baxeles en el puerto de la Concepcion, y en la boca del rio Maule.

El comercio externo se hace con el Pe-

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Ya que por su situacion local, demasisdo distance de los Reynos de España, carece Chile de grandes poblaciones vecinas que le ayudasen á fomentar su comercio con la saca de sus muchas producciones, á lo menos era menester que los Chilenos trataran de unir mas directmente su giro con la Metrópoli. Generalmente las expediciones mercantiles que se han hecho hasta ahora desde Cadiz para este reyno, han sido por via de arribades, dexando por primera escala sus intereses en el puerto de Valparaiso, siguiendo en ocasiones al de Arica a descargar los que suelen conducir para el Perú, y de todos modos á Lima á hacer los acopios de los retornos necesarios para volver á Europa Este modo de gitar, es muy perjudicialísimo al comun de su comercio y poblacion, por cuyo motivo no ha progresado, como debia, en razon de su natural fecundidad, pues solo recibe el gravamen de los muchos efectos que se le introduce sin disfrutar las ventajas de la venta de los frutos que produce, cuyo beneficio precisamente experimentarîa sino hiciese este comercio tan pasivo.
Convendría, pues, que los retornos de estas expediciones se dirigiesen para España desde el puerto de Valparaiso; en este caso se encontraría un flate cómodo para la extraccion de los cueros, de la lana de carnero, del cobre, y aun del oro, y la plata; para lo qual solo tendrían, como los comerciantes de Lima, la prevencion de hacer subir desde Guayaquil, en tiempo oportune, aquellas cantidades necesarias de cacao, para completar sus cargamentos; lo mismo digo de qualquier otro fruto que les tuviese chenta Esta operacion fomentaría muchísimo la agriculture, é industria interiror: y qué sabemos si despues de algunos años avanzaría á tal punto de íncremento, que por lo poco costoso de estos viages, respecto de la abundancia de los víveres, se llegaría á transportar á España maderas, lino, azucar, algodon, y otros muchísimos artículos que en el dia, al parecer, no tienen cuenta? Lo cierto es que el comercio, como todos las cosas, va subiendo por grados, y que la industria del hombre, con el uso, suele á veces abrirse para el giro unos conductos favorables que se creian impracticables, los quales despues hacen prosperar aun los terrrenos menos fértiles Esta es una verdad constante de la qual vemos á cada paso mil exemplares.
Tambien seria intersante que se habilitase un buen puerto en la mejor de las caletas ó ensenadas que hay en el intermedio de Valparaiso á la Concepcion, pues siendo las provincias que promedian esta distancia, las mas feraces de Chile, por no haberse proporcionado un puerto para depositar á poca costa sus frutos, les es muy gravoso el remitirlos al dicho de Valparaiso ó al de Talcaguano de donde nance que se ven obligados á sembrar solamente lo poco que necesitan para el consumo de su poblacion La falta de ocupaciones hace parecer estas gentes desidiosas, pero yo, que hablo por experiencia, podria asegurar lo contrario, habiendolas visto trabajar con mas que regular aplicacion en sus haciendas domésticas, en el cultivo de sus campos, y en las manufactures que les proporciona su pequeña industria, particularmente las mugeres, que son muy laboriosas.

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ru, y con España En el primero se emplean 23, ó 24 bastimentos de 500 á 600 toneladas, parte de Chilenos, y parte Peruanos, los quales por lo comun hacen tres vaces al año aquel giro. Estos extraen de Chile trigo, vino, legumbres, almendres, nueces, cocos, conservas,

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carne seca, grasa, sebo, cordovanes, suelas, xarcias, maderas para construccion, cobre, &c. y dexan allí plata, azucar, arroz, y algodon. Los baxeles de España en cambio de las mercaderías de Europa reciben oro, plata, cobre, lana de vicuña, y cueros. El comercio de la India Oriental atraeríia mas utilidad á los Chilenos que ningun otro, porque sus mas apreciables efectos escasean, ó no se encuentran del todo en aquella abundante porcion de la Asia. El tránsito, ayudado de los vientos australes que dominan en aquellas mares sería facil, y expedíto. En Chile no se acuñan ni giran otras monedas que ora y plata. Las de cobre no tienen allí curso, lo que causa gran impedimento, y perjuicio al comercio interno La ínfima moneda de plata vale 6 sueldos y 3 dineros boloñeses. Los pesos, y las medidas son cuasi las mismas que se usan en Madrid.

FIN DE LA HISTORIA.

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IDEA

DE LA LENGUA CHILENA.

La lengua originaria de chile, llamda en general Araucana del nombre del pueblo que la habla con mas elegancia, es comunmente nombrada por los nacionales Chili-dugu, esto es, lengua Chilena Su alfabeto contiene las mismas letras que el latino, quitada la x, la qual propiamente no es que una letra compuesta. Hay allí gramáticos que quisieran separar la b, y la f, substituyendo la v consonante; pero la b ocurne á menudo en aquel modo de hablar, como se distingue en los derlvados, donde lse canbia en sus finales fuertes con la p. Así de lab (el espacio) vieffe la pumën (extender). La f aunque mas suave que la latina, se hace sentir muy bien en muchas palabras. La s, que por algunos es llamada con razon mas bien silvo que letra, no se encuentra sino en una veintena de voces, y jamas en el fin, donde alarga demasiado la pronunciacion. La z es allí mucho mas rara.

A mas de estas letras comunes, los Chilenos tienen una e muda, y una u particular como los Franceses y los Griegos. Ellos cambian freqüentemente esta u en i, como hacen los

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Griegos modernos La primera letra se nota con dos puntos, y la otra con acento grave para, distinguirla de la e y de la u ordinaria. Tienen ademas una g naritica, y una th, que pronuncian tocando el paladar con la lengua, y muchas veces por costumbre la mudan en ch; diciendo por exemplo chegua en vez de thegua (el perro). En todo el alfabeto de ellos no hay alguna letra gutural, ni vocal aspirada, lo que es muy de admirar en una nacion inculta, Por lo demas yo me he propuesto seguir en la exposicion de las voces Chilenas la ortografia italiana.

Los vocablos.todos fenecen en las seis vocales arriba dichas, y en las consonantes b, d, f, g, l, m, n, r, v. Por esta razon tienen. quince terminaciones muy distintas, las quales con su variedad hacen aquella lengua armoniosa y sonora. El acento se encuentra ordinariamente en la penultima vocal, algunas veces en la última, y jamas en la antepenultima. De este modo los pies dáctilos, ó esdrúxulos, que comunican tanta belleza á la lengua Italiana, son enteramente excluidos. Las raices propias, segun lo que se puede sacar de los vocabularios, que hasta ahora son muy imperfectos, llegan á 1973, y por la mayor paste son monosílabas Dixe raices propias porque algunos, toman impropiamente por raices todas aquellas voces que en al-

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gun modo producen otras. Llevados de un tan falso principio, dan á ciertas lenguas treinta á querenta mil raices, lo que se debe reputar como una paradoxa en la gramática. Las raices de una lengua son aquellas simplísimas voces primitivas, que ni mediatamente ni inmediatamente derivan de alguna otra, dan el ser á varios vocablos, los quales pueden consecutivamente extenderse en muchas diversas maneras. El número de tales raices es muy limitado aun en las lenguas mas ricas, quales son la griega y la latina, como puede facilmente aclararlo qualquiera que se tome la pena de investigarlo. Las voces radicales Chilenas, á lo que nos parece, no tienen ninguna analogía con las de los demas ídiomas conocidos. Por onomatopeya, ó por accidente se encuentran entre ellas las siguientes palabras griegas, y latinas poco cambiadas. Los vocablos italianos correspondientes exprimen la propia signification de los Chilenos.

VOCES CHILENAS GRIEGAS.

Chilenas. Griegas. Italianas. Castellanas.
aldún άλδειν aumentare aumentar.
ale έλη splendore esplendor.
amun άμων andare. andar.
allcux χεύειν udire oir.
cai χα e y.

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chepun χπος orto huerta.
dugu λόγος parola, ragione palabra, razon.
dùmën δμι sommergersi sumergirse.
ga γ invero en verdad.
gen γενέσθαι essere, o nascere ser, ó nacer.
lampaicon λμπιν risplendere resplandecer.
μ non no.
mùlan μύλλεν macinare moler.
nal να certo cierto.
pele πλς fango lodo.
pin είπεν dire decir.
recuma εμα corrente corriente.
reun εειν scorrere escurrir.
thepen τέρπειν rallegrare alegrar.
tùpun τνπεν flagellare azotar.

VOCES CHILENAS LATINAS.

Chilenas. Latinas. Castellanas.
am an quizá.
aren ardere arder.
cupa cupere desear.
dapin dapinare banquetear.
eja eja ea pues.
ejun ejulare llorar.
em hem ah!
en heu hay
hui hui hu

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lev levis veloz.
lúmúlmën lumen resplendecer.
lúv lux esplendor.
man manus mano diestra.
mu multus mucho.
munun munus dar.
no non no.
non no, as nadar.
petun petere recobrar.
petoícan petulcus lascivo.
punun penis rabo.
putun potare beber.
then tempus tiempo.
valin valere valer.
valën valere poder.
ve ve O!
velem vellem quisiera.
une unus uno.

N. B. No es muy fundada la opinion sostenida por algunos, que los Chilenos hayan tomado las susodichas palabras de la lengua Española, así porque ellas no estan por la mayor parte en uso en esta lengua, como porque se encuentran registradas en los primeros vocabularios hechos de su idioma.

Los nombres Chilenos se declinan por una sola declinacion, ó hablando con mas exâctitud todos ellos son indeclinables, porque con la

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union de varios artículos, ó partículas encliticas, se distinguen los casos, y los números. Estos últimos son tres, como entre los Griegos, esto es, singular, dual, y plural. He aquí un exemplo de esta declinacion.

Sing. N. Cara, la Ciudad. G. Cara-ñi D. Cara-meu. A. Cara. V. á Cara. Ab. Caramo.

Dual. N. Cara-egu, las dos Ciudades. G. Cara-egu-ñi. D. Cara-egu-meu. A. Cara-egu. V. á Cara-egu. Ab. Cara-egu-mo.

Plur. N. pu-cara, las Ciudades. G. pucara-ñi. D. pu-cara-meu. A. pu-cara. V. á pu-cara. Ab. pu-cara-mo.

En vez de pu, signo distintivo del plurar, se pueden usar las partículas ica, ó egën popuestas al nombre, ó que puesto entre el adjetivo y el substantivo, quando se encuentran juntos. Por lo qual Cara estará tambien en el número plural Caraica, ó Caraegën, ó Cumeque Cara (las buenas ciudades).

De donde se ve, que en la habla Chilena el artículo pospone al nombre, al contrario de lo que se practíca en las lenguas modernas de Europa. Esta especie de declinacion no era del todo incógnita á los Latinos, y á los Griegos, entre los quales se encuentran algunos nombres declinados casi del mismo modo, bien que con mas variedad. Efectivamente Musa se declina N. musa. G. musa-e, ó i. D. musa-e.

Vv

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A. musa-m. V. musa, &c. y en griego se dice N. soma. G. soma-tos. D. soma-ti, &c. Así Parece, que todos los nombres de las dos susodichas lenguas se declinasen primitivamente por via de partículas pospuestas, las quales contrayendose poco á poco vinieron casi á unirse con los mismos nombres, y á formar los diversos casos.

La lengua Chilena abunda de adjetivos así primitivos, como derivados. Estos últimos se forman con reglas invariables de todas las partes de la oracion, por exemplo de tue (tierra) viene tuetu (terrestre), de quimen (saber) quimchi (sabio), los quales se hacen negativos con la partícula no interpuesta; tuenotu (no terrestre) quimnochi (ignorante). Aunque todos estos adjetivos sean de diversas terminaciones, con todo no son susceptibles ni de números, ni de generos, á modo de los adjetivos ingleses. Lo mismo sucede á los participios, y á los pronombres derivados. Por lo qual se puede decir, que en este idioma no hay mas que un genero. Un tal defecto aparente, ó sea real, es recompensado por la seguridad que se tiene en el hablar, y en el escribir, sin incurrir en gramaticales discordancias. Pero quando es necesario distinguir los sexos, se toma para denotar el masculino la voz alca, y para el fememino domo.

Los comparativos se forman, como en la

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mayor parte de las lenguas vivas, preponiendo al positivo las partícu las jod, ó doi, que significan mas, y los superlativos con los adverbios cad,ó mu por exemplo doiliv (mas limpio); muliv (limpísimo). Faltan en este lenguage los diminutivos, y los aumentativos, pero se suple en él, como en el frances con los adietivos pichi (pequeño), y buta (grande) Tambien los diminutivos se forman alguna vez cambiando las letras menos suaves en otras mas dulces, v. gr. votun (hijo) vochiun (hijito). Los propios nombres primitivos son inche (yo) simi (tu), teye (aquel), tëve, ó vathi (este), vey (eso), quidu (lo mismo). &c. Los relativos, pues, son iney, (qui), chem (qué?), ta ó ga (que), cheu (del que), &c.

Los verbos acaban en el infinitivo en n, como los verbos alemanes y griegos, pero con la diferencia que los verbos alemanes terminan todos en la silaba en, y los griegos en in, sino quedan sujetos á alguna contraccion: al contrario, los verbos Chilenos fenecen en las sílabas an, en, ën, in, on, un, y ún. No obstante de esto, se gobiernan todos por una sola conjugacion sin irregularidad alguna. Tienen tres voces, esto es, Activa, PasivaImpersonal; y tres números, Singular, Dual, y Plural. Tienen todos los modos de los latinos, y tambien los tiempos, con tres, ó quartro demas, que pueden llamarse Aoristos, ó mas bien Mixtos.

V v 2

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Todos los tiempos del indicativo engendran participios y gerundios, así en activa, como en pasiva. Las terminaciones del presente de cada modo sirven para los demas tiempos del mismo modo, los quales se distinguen entre ellos con ciertas partículas caracteristicas, que son en el segundo presente que, en el imperfecto bu,, en el perfecto uye, y en el primer futuro a. Los tiempos compuestos y mixtos se forman con la respectiva union de las mismas partículas. Estas partículas caracteristicas son transcendentales á todos los modos, no menos de la voz activa que de la pasiva, y de la impersonal.

La voz pasiva es formada del verbo substantivo gen (ser) puesto entre la radical y la n final del verbo, y se conjuga con las mismas terminaciones de la activa. La voz impersonal pues, se hace con la partícula am añadida á la radical, ó á la caracteristica del tiempo. Este simple artificio aparece claramente en la conjugacion del verbo elun (dar), que servirá de modelo á todos los demas verbos sin alguna excepcion

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VOZACTIVA.

Indicativo.

Presente I.

Sing. Elun doy.
Eluimi das.
Elui da.
Dual. Eluyu nosotros dos damos.
Eluimu vosotros dos dais.
Eluigu aquellos dos dan.
Plur. Eluign damos.
Eluimën dais.
Eluigën dan.

Presente II.

Sing. Eluchen doy.
Elucheimi das, &c. (1)

Imperfecto.

Sing. Elubun daba.
Elubuimi dabas, &c.

Perfecto.

Sing. Eluuyen di.
Eluuyeimi diste, &c.

(1) El primer presente de todos los verbos se usa regularmente como el preterito compuesto; así elum significa yo doy, y he dado. El segundo presente es aquel que denota simplemente actualidad.

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Plusquam.

Sing. Eluuyebun habia dado.
Eluuyebuimi habias dado, &c.

Futuro I.

Sing. Eluan daré.
Eluaimi darás, &c.

Futuro II.

Sing. Eluuyean habré dado.
Eluuyeaimi habrás dado, &c.

Mixto I.

Sing. Eluabun habia de dar.
Eluabuimi habias de dar, &c.

Mixto II.

Sing. Eluuyeabun debria haber dado.
Eluuyeabuimi debrias haber dado, &c.

IMPERATIVO.

Sing. Eluchi dé yo.
Eluge dá tú.
Elupe dé aquel.
Dual. Eluyu demos nosotros dos.
Elumu dad vosotros dos.
Elugu den aquellos dos.
Plur. Eluign demos.
Elumën dad.
Elugën den.

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SUBJUNTIVO.

Presente.

Sing. Eluli si yo dé.
Elulmi si tú dés.
Elule si aquel dé.
Dual. Elulin. si nosotros dos demos.
Elulmu si vosotros dos deis.
Elulgu si aquellos dos den.
Plur. Elulign si demos.
Elulmën si deis.
Elulgën si den.

Imperfecto.

Sing. Elubuli si yo diese.
Elubulmi si tú dieses, &c.
Perf. Eluuyeli si habia dado, &c.
Plusq. Eluuyebuli si hubiese dado, &c.
Fut. 1. Eluali si daré, &c.
Fut 2. Eluuyeali si habré dado, &c.
Mixt. 1. Eluabuli si hubiese de dar, &c.
Mixt. 2. Eluyeabuli si debiese haber dado, &c.

Optativo, é Infinitivo.

El optativo se forma del subjuntivo, ó de los dos mixtos del indicativo con las partículas deseables velem vel, ó chi, pospuestas, p.

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e. eluli velem! (Dios quiera que yo dé!); eluabun chi! (Dios quisiese que yo diese!). El infinitivo afirmativo no se distingue de las primeras personas singulares de los tiempos del indicativo, como sucede en la mayor parte de las lenguas primitivas, y tambien en el idioma Inglés. Así todos los nuevos tiempos del indicativo tienen sus infinitivos peculiares. Quando ocurre hacer de ellos alguna distincion se anteponen algunas partículas determinativas.

Participios activos.

Pres. 1. Elulu aquel que dá.
Pres. 2 Eluchelu aquel que dá.
Imperf. Elubulu aquel que daba.
Perf. Eluuyelu aquel que dió.
Plusq. Eluyebulu aquel que habia dado.
Fut. 1. Elualu aquel que dará.
Fut. 2. Eluuyealu aquel que habrá dado.
Mixt. 1. Eluabulu aquel que habia de dar.
Mixt. 2. Eluuyeabulu aquel que debria haber dado.

Gerundio.

1 Pres. Eluyum dando.
Imp. Eluyubum quando daba, &c.
2 Pres. Elual por dar, &c. &c.

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VOZ PASIVA.

Indicativo.

Presente I.

Sing. Elugen yo soy dado.
Elugeimi tu eres dado.
Elugei aquel es dado.
Dual. Elugeyu nosotros dos somos dados, &c.
Imperf. Elugebum yo era dado, &c. &c.

Participio pasivo.

1 Pres. Elugelu dado.
Imp. Elugebulu que era dado, &c.
2 Pres. Eluel dado.
Imp. Elubuel que era dado, &c.

VOCES IMPERSONALES.

Indicativo.

Pres. 1. Eluam dan.
Pres. 2 Elucheam. dan.
Imperf. Elubuam daban.
Perf. Eluuyeam dieron.
Plusq. Eluuyebuam habian dado.
Fut. 1. Eluayam darán.
Fut. 2. Eluuyeayam habrán dado.

Xx

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Mixt. 1. Eluabuam habian de dar.
Mixt. 2. Eluuyeabuam debrian haber dado.
Imperat. Elupeam den.
Subjunt. Eluleam den.
Imperf. Elubuleam diesen, &c. &c.

N. B. En vez de esta voz se puede usar impersonalmente la tercera persona singular de los tiempos pasivos, como hacen los latinos.

La conjugacion susodicha se hace negativa recibiendo las partículas la en el indicativo, qui en el imperativo, pues entonces toma del conjuntivo las terminaciones; y no en el subjuntivo, y en el infinitivo, con las quales se varía por todas las voces y tiempos como en la afirmativa p. e. Elulan (no doy) elulaimi (no dá), &c. eluquili (que no dé), &c. Elunoli (si no dé) elunolmi (si tu no des), &c. elunon (no dar), &c. Esta conjugacion negativa es muy usada en todos los verbos; pero es menester observar, que quando concurren juntas dos aa, ú otras vocales monotonas, se pone en medio de ellas para evitar la cacofonía una y eufonica; por lo qual en el futuro negativo se dirá elulayan (no daré.). De este método provienen verbos muy curiosos: pilan, yo niego: gelan, no soy: pelan, no veo, &c. De aqui viene tambien lan morir, esto es, volverse nada: lalan no muero.

De quanto hemos expuesto hasta aquí, se

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ve, que casi toda la estructura de la conjugacion Chilena consiste en el uso de las partículas, las quales pueden llamarse temporales, porque ya solas, ó ya acompañadas varían, y modifican los tiempos. En el segundo caso hacen con singular precision las veces de los verbos auxîliares de las lenguas modernas. Así el plusquam perfecto participando en su significacion del imperfecto, y del perfecto, se compone de las partículas de ambos. El futuro perfecto igualmente se forma de las partículas caracteristicas del perfecto, y del futuro, puesto que encierra las nociones del uno, y del otro. Lo mismo se debe observar en quanto á los mixtos, los quales reciben las partículas, ó aumentos silábicos, de aquellos tiempos, á los quales mas se aproxîman en su signification, esto es, el primero, el del futuro, y del imperfecto; y el segundo los del perfecto, del futuro, y del imperfecto.

El mismo artificio, aunque menos aparente, con corta diferencia, se encuentra en las conjugaciones latinas. En efecto el plusquam perfecto amaveram, se compone, por lo que parece, del perfecto amavi, y del imperfecto eram. Así tambien amavero se forma del mismo perfecto, y del futuro ero, &c.

Se puede tambien observar, que esta lengua, aunque usada por gente bárbara, é inculta, tiene en su conjugacion todos los tiempos

Xx 2

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necesarios, lo que no se puede decir igualmente de muchas otras lenguas, sin exceptuar algunas de aquellas que se estiman cultas. Se sabe quanto la habla Inglesa sea defectuosa en sus conjugaciones. La lengua Alemana, que es la madre de ella, carece del preterito simple, del futuro del indicativo, y de todos los tiempos simples del subjuntivo. Yo no pretendo por esto anteponer el lenguage Chileno á las susodichas lenguas, ni menos igualarlo. Sé bien que este no está falto de defectos considerables; pero con todo no se puede negar, que el fondo sea bueno, y susceptible de perfeccion.

Registradas sucintamente las primeras inflexîones del verbo, diremos alguna cosa de las secundarias, en las quales no se muestra menos fecundo. Los verbales en or, se hacen, mudando la n final del infinitivo en voe, ó ve; eluvoe, ó eluve (el dador). Los de accion terminan en ue, al, om, un, y úm. Tambien el mismo infinitivo se hace nombre p. e. thecan (pasar y el paso). Aquellos que los latinos llaman verbales en bilis se forman con la partícula val interpuesta en el participio eluvallu (donable), ayuvallu (amable), y resultan negativos quando se les interpone la partícula no. Los nombres abstractos, de los quales abunda muchísimo esta lengua, acaban por la mayor parte en gen, ayùvalgen (amabilidad), butagen (grandeza). Los comprehensivos pues, que

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en latin terminan en etum, y en italiano en eto, como castagneto, aquí fenecen en ntu, rùmentu (lugar de junquillos), curantu (pedregal), millantu (mineral de oro).

Hemos hablado hasta ahora de la simple estructura del verbo. Si quisiesemos, pues, indicar todas las maneras de composiciones que este admite, necesitariamos hacer de él un prolixo tratado; supuesto que, como hemos insinuado, cada verbo simple se hace con la union de varias partículas, raiz fecunda de otros inumerables verbos. Entre estas partículas algunas anteponiendose hacen las veces de las preposiciones latinas. Otras, incluidas en el mismo verbo, aumentan ó varían graciosamente la significacion. Bastará señalar algunas de estas segundas composiciones para dar idea del tal artificio, sin separarnos del verbo Elun, del qual entre muchos otros derivan los verbos siguientes.

Eluclen, estar dando: eluguen, dar de mas: eluduamën, querer dar: elujecumen, venir dando: elullen, dar de veras: eluyaun, andar dando: elumen, ir á dar: elumon, menester dar: elupan venir á dar: elupen, dudar de dar: elupran, dar en vano: elupun, pasar dando: elurquen, parecer de dar: elurumën, dar repentinamente: elutun, volver á dar: eluvalën: poder dar: eluvalun, fingir de dar: elupin, prometer de dar: elumepran, ir á dar en vano: &c.

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Las mismas partículas unidas dos, tres, ó mas entre sí, forman largos verbos, que encierran un periodo entero, poe. Iduanclolavin (no quiero comer junto con él), pemepravin (en vano he ido á verlo). El primer verbo se compone de cinco vocablos, esto es, in (comer), duan (querer), clo (juntos), la (no), vi (el, ó lo), y se conjuga con todas sus partes puestas en órden como elun; iduancloavimi, iduamclolavi, &c. Esta especie de elegancia es muy comun en aquella lengua.

Tambien los verbos se unen entre Sí con particular energía para formar uno solo. Así de ayen (reir), y de thipan (salir), se hace ayethipan (salir riendo), quindugun (saber hablar), pepimedan (poder presentar), &c. Los verbos neutros resultan activos, y los activos relativos con las partículas ca, ica, , lel, ma, ú. Athum (fatigarse), athucan (fatigar), gen (ser), gein (dar el ser), jeguenman (venerarlo), &c. De aquí se puede inferir quanto los rasgos de eloqüencia y de poesía sean vivos y patéticos en esta lengua. Es menester oir arengar á un Araucano para formarse alguna idea de sus enérgicas expresiones, y de la abundancia de ellas.

Las preposiciones, los adverbios, las interjecciones, y las conjunciones, son copiosísimas en el idioma Chileno, al contrario de lo que se observa en los lenguages de otras naciones bárbaras, los quales escasean de tales partículas, uni-

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tívas del discurso. Es de notarse, que las mismas preposiciones que en latino se posponen al nombre, se ponen igualmente en Chileno despues del caso, como ple (hacia), cutu (hasta), vla (ergo pro causa). Los adverbios compuestos equivalentes á los adverbios italianos acabados en mente se hacen con añadir á los adjetivos, y tambien á los verbos gechi, ó quechi p. e. thepengechi (alegremente), cumequechi (buenamente), &c. Los quales resultan despues negativos con el antepuesto no, thepengenochi, &c. Los adverbios numerables acaban en chi, mel, omita; marichi (diez veces). Este adverbio se usa en un sentido infinito, como lo usaban los Pitagóricos; marichi ilayan (no comeré mas). De los múmeros cardinales, ordinales, distributivos, y de sus composicines hemos tratado suficientemente en nuestro compendio de la Historia natural lib. 4. pag. 334, hoy 379 de la traduccion castellana.

Muchas especies de interjecciones se cuentan por los gramáticos de esta lengua. Las principales son hue (ha!), lu, de alegria; ema, de afecto; veicu, de admiracion; eu de aflccion; athithi, de dolor; uya, de indignacion; tùtùí de desprecio; chioqui, de burla; sum, de aseveracion; ùeùm, silencio, &c. Entre las conjunciones hay cai (y aun); chei, cambe (o); tute tume (si); cam, am (quizá); rume (aunque); ca (con que); uelu (pero); petu (tam-

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bien); chemmo (porque); mai (si); no, , (no); ina-cai (ademas); deuma (despues que); ula(hasta que); &c. Tienen asimismo muchas de aquellas partículas que se llaman llenativas como chi, ga, magà, pichità, cachia, &c.

La sintaxîs Chilena no es muy diversa de la construccion de las lenguas de Europa. Las personas que hacen, ó las que padecen, se pueden poner adelante, ó despues del verbo: mi peñi aculai ó aculai mi peñi, (tu hermano no ha llegado); pevin Apó, ó Apó pevin, (he visto el Gobernador). El genitivo, ó á lo menos su artículo, se antepone por lo comun al nombre que lo rige; los adjetivos van siempre delante de sus substantivos. Se omiten á menudo los artículos, para mayor loconismo, ó por gracia, como millalonco (cabeza de oro): lig anca geimi (eres blanco de cuerpo). Alguna vez los mismos artículos obran solos en lugar de substantivos, como entre los Griegos: Columilla egën (los vasallos de Columilla.)

El verbo se pone freqüentemente en singular, aunque el nombre sea dual, ó plurar, como tambien se usa en griego, en quanto á los nombres neutros: pu cona cupai (los soldados vienen). El verbo substantivo añadido al infinitivo de los demas verbos, lo hacen resultar gerundio: gùmangei (es de llorar). Los mismos

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infinitivos antepuestos al nombre que los rige, se hacen gerundios de genitivo: pin antù (es tiempo de decir). Quando, pues, significa movimiento, reciben los artículos ñi, meu, ó mo: ñi pagitum cùpan, (vengo de cazar leones). Tambien se sirven de los participios pasivos para este fin con los mismos artículos.

El uso de los participios, y de los gerundios es freqüentísimo en esta habla, ó por mejor decir, ocurre casi en cada periodo amutualu pigeimi (moriturus natus es): pilan mithipiyal (no quiero tu partida, ó que tu te partas). De donde todas las oraciones de infinitivo, y de relativo se hacen ordinariamente por participio ó gerundio.

El laconismo es el primario carácter de la lengua Chilena. De aquí deriva la práctica casi constante de encerrar el caso paciente en su verbo, el qual así compuesto se conjuga en todo y por todo como quando está por sí solo. Un Chileno dirá raras veces elun ruca (doy la casa): para esprimirse con precision formará al instante de ambas palabras el verbo elurucan, que vale lo mismo. Así, hace tambien con los pronombres: eluun (me doy), eluen (te doy), eluvin (lo, ó los doy), &c. Este modo de acomodar los pronombres, que se inclina un poco al uso de los Hebreos, los quales se sirven como de ligazon, es llama-

Yy

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llegar á tiempo: anca, el cuerpo: ancan hacerse cuerpo: re (puro), relen hacer una cosa sola, &c. De esto viene que los libros européos se traducen facilmente en esta lengua, en la qual lejos de perder nada de la fuerza y elegancia, adquieren un no sé qué de mayor precision, como entre otros se puede ver en la version de los Pensamientos Christianos del célebre P. Bouhours, hercha en 1713. Las mejores pruebas que puedan buscarse de la riqueza de las lenguas, son las traducciones en las quales se manifiesta la respectiva copia ó pobreza de ellas.

Es tambien una propiedad notable de la lengua Chilena usar á menudo de las palabras abstractas en una manera muy particular. En vez de decir pu Huìnca (los Españoles), se dice comunmente huincagen la (españolidad); tamën cùiagen (vuestro ternario), esto es, requiere otros tres; epu tamën cajugen layai (dos de vosotros seis morirán), esto es literalmente dos de vuestra sextena. El verbo pin, que significa decir, se repite casi á cada clausula en las relaciones familiares, como se acostumbra hablar en el estilo comun Boloñes: pu aucà cùmegei, pi; dachelai, pi; dagechelai cai, pivin: (los Araucanos son buenos, dice; no hacen mal dice: con que no deben ser maltratados les dixe). Quando se hace una embaxada, ella se expone con las mismas palabras de aquel que la envia, como se

Yy 2

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usaba entre los Hebreos, y tambien entre los antiguos Griegos.

Muchas reflexîones se podrian hacer sobre el simple mecanismo de esta lengua, pero pudiendose estas facilmente formar por qualquiera que haya notado las observaciones fundamentales ya descritas, nosotros no trataremos mas de ellas. De todo se colige ya el genio de las lenguas primitivas orientales, como el de las antiguas, y modernas Européas. De su misma estructura se ve que ella es lengua primitiva, y por lo mas analoga. Sin embargo es muy singular que no haya producido algun dialecto particular, despues de haberse propagado, por un espacio de mas de 1200 millas, entre tantas tribus, sin estar subordinadas las unas á las otras, y privadas de todo comercio literario. Los Chilenos situados hácia los gr. 24 de lat. la hablan de la misma manera que los demas nacionales puestos cerca de los gr. 45. Ella no ha sufrido alguna alteracion notable entre los Isleños, los Montañeses, y los Llanistas. Solamente los Boroanos, y los Imperials cambian amenudo la v en s. Los Chilotes han adoptado varias palabras Españolas, mas por adular á sus amos, que por preferirlas á las del nativo idioma. esta fuese: una lengua pobre, podria aplicarse la causa de su inmutabilidad á la escasez de vocablos, los quales no siendo destinados, quando son pocos, mas que para exprimir ideas fa-

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miliares, y comunes, dificilmente se cambian: pero siendo abundante de vocablos, es admirable, que no se haya dividido en muchos idiomas subalternos, como ha sucedido á las otras madres-lenguas que han tenido alguna extension.

De esta breve noticia filológica podria el Señor Paw inferir, no ser verdadera su asercion, con la qual quiere dar á entender, que todas las lenguas americanas son por sí mismas asperas, y pobres de voces. Esta, y otras semejantes proposiciones suyas absolutas, quando aun fuesen hasta cierto punto veridicas, serian pero siempre susceptibles de mil excepciones. Habria debido mas bien reflexîonar, que para hablar decisivamente de las varias lenguas de un vasto continente era menesuer á lo menos haber consultado antes algunas de sus gramáticas, y jamas fiarse de las relaciones de los viageros, las quales deben estar llenas de imperfectísimas nociones, porque una lengua no se aprende de paso.

Ademas él levanta el grito, porque en estos idiomas no sabe encontrar algun vocablo capaz de significar el tiempo, la duracion, el espacio, la materia, la forma, ni algun otro ser metafísico, ó moral. Por no hablar de los otros lenguages americanos, si el Señor Paw hubiese entendido el Chileno, habria encontrado en él todas estas voces, exceptuada qui-

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zá aquella que significa la materia en sentido universal, la qual no me acuerdo bien si se encuentra allí; supongamos tambien que no la hubiese, no deberia causar maravilla, porque entre los latinos aun esta voz es metafórica, como lo es entre los griegos hile. Así en el mismo modo pueden los Chilenos formarla. Pero no ha hecho reflexîon este crudito filósofo, que en su nativo lenguage aleman se dice materie, y form, cuyas palabres, como tambien quasi todas las demas pertenecientes á las ciencias, y aun á los usos de la vida civil, son tomades prestadas del latino

Las mismas ideas acerca de la pobreza de las lenguas americanas se encuentran mucho mas exâgerados en el artículo América de la vieja, y de la nueva Enciclopedia. En él sedice que el Diccionario de ellas podria ser escrito en una pagina, paradoxa no solamente increible, pero repugnante á las primeras luces de la razon, ó indigna de tener lugar en una coleocion que debe honrar nuestro siglo. Efectivamente quién jamas se podrá persuadir que hombres que discurren, y obran, sean reducidos á una escasez de ideas, que no se encuentra ni aun en los niños de tres años? Este no es el único paralogismo que se lee en el susodicho artículo. Dexo aparte las noticias poco fundadas que se despachan allí con un se sabe. Tales entre otras la de un gran terremoto, que á 4

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de Abril de 1768 destrozó toda la tierra de la América. Nosotros estabamos aquel dia mismo en Lima, pais el mas sujeto de toda la América á los terremotos, y no se sintió el mas ligero movimiento. Partimos despues el 7 de Mayo del mismo año, y en este intermedio nunca oimos hablar de algun terremoto, no solo general, que es una quimera, pero ni aun particular, acaecido aqual año en alguna parte de la América. He querido hacer memoria de esta falsa relacion, porque es alusiva al sistema de la reciente formacion de aquel continente.

Yo no pretendo que entre las mas rústicas tribus americanas, no puedan encontrarse lenguas faltas de voces propias para exprimir las ideas demasiado compuestas, porque este es, y ha sido el carácter de todos los idiomas usados por las naciones incultas. Los lenguages mas copiosos y elegantes que se conocen, fueron escasísimos en sus principios, y no se enriquecieron, sino á medida que los conocimientos se propagaron entre los pueblos que los hablaban. Seamos imparciales, y confesemos que todas las naciones, sean Americanas, Européas, ó Asiaticas, han sido semejantísimas en el estado selvatico, del qual ninguna ha tenido el privilegio de exîmirse. Desaprobemos tambien la sorpresa de aquellos escritores que se admiran de las lenguas, y las

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costumbres de los salvages americanos, como si jamas hubiesen habido, ó no hubiesen al presente otros salvages en el antiguo continente, cuyos usos, é idiomas son igualmente reprehensibles. Apenas se hallará una costumbre entre los Americanos, que no se encuentre la misma, ó la ánologa en las demas partes de la tierra. Si el Dot. Robertson hubiese querido hacer esta confrontacion, no habria tenido ocasion de ponderar con exceso la rudeza y estravagancia de los salvages americanos. Basta lecr con alguna atencion la coleccion general de los viages para convencerse de esta verdad, la qual, por otra parte ha sido expuesta en toda su luz por el célebre Señor Conde Juan Rinaldo Carli en sus eruditas y filosóficas Cartas Americanas.

FIN.

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Num. I.

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Num. II.

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Num. III.

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INDICE

DE ALGUNOS VERBOS CHILENOS.

Aden formar.
adien parecer.
adman resistir.
adolen dar priesa.
airan apoltronar.
alin arder.
alpen endurecerse.
allepun alegrarse.
alvun herir.
amocan viajar.
ampelën desear.
ampin curar.
anelën amenazar.
anùn sentar.
apillën desear.
arcùn baxar.
arelën prestar.
aron tener sed.
aventun abominar.
Bonuan toser.
buren amargar.
bulen unir.
Cagen diferir.
cancan asar.

Zz

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canin fallar.
caran poblar.
catan agujerear.
cathin despedazar.
caulin arañar.
celën concebir.
chegnan equivocar.
cheguan pelear.
chelletun herrar.
chellun favorecer.
chethan arar.
chiyan perseguir.
chintun buscar.
cialin testar.
cilchin brotar.
vivën rebolcar.
clorinën roncar.
cogin segar.
cognin parir.
collen embriagar.
comun mirar.
conën entrar.
copun inclinar.
coren vengar.
corùn cocinar.
covën chamuscar.
cuden jugar.
cudun acostarse.
culmen necesitar.
cumen avergonzarse.

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cupilen tusar.
cuthanien compadecer.
cuven cansar.
cùden iluminar.
cùlin pescar.
cùlman lamer.
cùntan boyar ó nadar.
cùrin errar.
Dalchin observar.
dallun acusar.
damen adulterar.
dan perseguir.
deican descarnar.
dellen volver.
devtun encarcelar.
devun engrandecer.
deun acabar.
dicion ensartar ó enebrar.
dichemen probar.
digen apartarse.
dillun surcar.
dimin recoger.
din conseguir.
dollon horadar.
duamen pensar.
dugun platicar.
dullin elegir.
dupen mirar.
Ecun callar.
elcan esconder.

Zz 2

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elcen atrincherar.
elen crear.
ellan cautivar.
ellomen asomarse.
encon salir.
encùn toser.
entin tener hambre.
entun cavar.
epeun fabular.
eupun gritar.
eùn vender.
Femen hacer.
focian chupar.
focen mojar.
Gacan acortar.
gaican fregar.
gavùlen observer.
gecan haber.
gedun arrancar.
gelen engendrar.
gemen andar.
getun convertir.
genmanien esperar.
gepan venir.
gicun sangrar.
gilan vadear.
gillan pedir
gillacan comprar.
gintan pisar.
giulen guiar.

[page] 365

glamen aconsejar.
goigoin hacer ruido.
goiman descuidar.
goipun conturbar.
gojun olvidar.
golin embriagar.
gullen cambiar.
gusan delirar.
gùcian desafiar.
gùcin oprimir.
gùcun perder.
gùdalen enfadar.
gùdin cubrir.
gùjun exprimir.
guitun nombrar.
gùldan deshojar.
gùlen herir.
gùlcan cantar.
gùlin apretar.
gùllun plegar.
gùnan morder.
gùnen gobernar.
gùnelen enseñar.
gùpin reflexîonar.
gùren texer.
gùven aplacar.
gùvn desaparecer.
Idan afilar.
idcùn destilar.
ilcoin bruñir.

[page] 366

ilen inchar.
ilon comer.
ilùn extender.
illamen despreciar.
illugen fastidiar.
impolen revolver.
imùden ungir.
imùlcan rodar.
in comer.
inajen imitar.
inan seguir.
inarumen advertir.
incan ayudar.
ipùn barrer.
iron enmohecer.
ivun crecer.
Jajun enloquecer.
jancin temblar.
japen baylar.
japin animar.
javun esforzarse.
jeuen avergonzarse.
jelen llevar.
jen llevar.
jerclen regañar.
jovun arder.
julen envolver.
Lalcan matar.
laren destruir.
lelen dexar.

[page] 367

lelin guardar.
lemen cargar.
leven volar.
levtum embestir.
livetum respirar.
loden aclarar.
logen condensarse.
loican llagar.
lojum encogerse.
lolin resguardar.
loncon dominar.
lontum mencionar.
loun recibir.
lovtun insidiar.
loven arruinar.
lucan pleytear.
luciun desatar.
lucutun arrodillarse.
luden libertar.
lulun retumbar.
lùmun tragar.
lùpan agazaparse.
lùven arder.
Machin curar ó medicar.
magelen convidar.
magin empantanar.
majan penetrar.
majen negar.
maldun tocar.
malon sequear.

[page] 368

manen ser feliz.
mancùn dar coces.
magnun dar gracias.
mapun habitar.
maquin envidiar.
matun darse priesa.
maun llover.
men cagar.
mequen divertirse.
meclun dormitar.
mencun cargar.
merilen apoyan.
metan tomar.
mincan fletar.
mithicun huir.
melen demorar.
mogen vivir.
molgen durar.
mon merecer.
montun escapar.
mothin engordar.
mucian besar.
mudin escapar.
muin hincharse.
mujen probar.
munan ser mediocre.
mugnan comprehender,
mupiltun creer.
mucun sospechar.
mùgen asemejar.

[page] 369

mùlen fabricar.
mùn fornicar.
mùntun arrebatar.
mùgnan vaciar.
mùgnen mojar.
mùpun volar.
mùren ser pares.
mùrin ahogar.
mùtun salar.
muthumen publicar.
Nagen baxar.
najun ayrarse.
nalen litigar.
nalcan enamorarse.
naven bañar.
neculen correr.
negen mover.
nejun respirar.
nepen despertar.
nien tener.
nieven hacer gestos.
niven secar.
nomen pasar.
nonman superar.
nopin ganar
notun apostar.
noun avanzar.
noucan ensoberbecerse.
nucùren ceñir.
nugelen sonar.

Aaa

[page] 370

nuin machacar.
nullen huir.
numulcan almorzar.
numun oler.
nun tomar.
nuvun inclinar.
nùdolen mandar.
nùgen desmayar.
nùjùn temblar.
nùlan abrir.
nùmin recoger.
nùrin hechizar.
nùrun desarraigar.
nuthancan narrar.
Odumen agujerear.
ollan coser.
ollolen asediar.
opon llenar.
orcùn purgar.
ovcùn sorber.
oùn llover.
Padin cargar.
panen sembrar.
pataran plegar.
paven rebentar.
pecùnon imaginar.
pedan volver á hallar.
pelcan resbalar.
pelùmen albergar.
pepin poder.

[page] 371

percan enmohecer.
peulen torcer.
peuman soñar.
peun sospechar.
picun ventear.
pijen parecer.
pilelen persuadir.
pimon soplar.
piren nevar.
piulen hilar.
poelen volver á echar.
portun ensuciar.
poun bastar ó ser suficiente.
pran salir.
pramien alabar.
pualen delirar.
puelen fastidiar.
pun llegar.
punun ser profundo.
pùcon quemar.
pùsan suspirar.
pùthùn colgar.
pùnalen encolar.
pùnen usar.
pùnon apretar.
pùren ser la luna llena.
pùthumen teñir.
puthun abandonar.
Racùmen serrar.
ramtun juzgar.

Aaa 2

[page] 372

ranen apostar.
rapin vomitar.
raquin numerar.
raran hacer ruido.
recan asar.
regen distribuir.
reipun mezclar.
ren afrentar.
rian desgarrar.
rimùn esconderse.
rincùn punzar.
rithin tomar.
riven destocar.
rolthan empujar.
ron desollar.
rulican pulir.
rulpan disimular.
rumen pasar.
ruren cardar.
ruthen picar.
rùcùn ahorrar.
rùgan cavar.
rùgen engordar.
rùlen resfriarse.
rùlman dar priesa.
rùlun ahogar.
rùmun cubrirse.
rupùn desbastar.
rùpùn hacer camino.
rùvùtun transponerse.

[page] 373

Tacun cubrir.
tein deshacerse.
telan espesar.
titilen estañar.
tun tomar.
tucan coger.
tulcan infestar.
tuten sacudir.
tuun salir.
tùcun plantar.
tùvcun escupir.
thagen recibir.
thagon romper.
thalcan tronar.
thamen cansar.
thampalen despojar.
thanan majar.
thanman romper.
thanen caer.
thantun echar.
tharen corromper.
tharin atar.
thavdugun responder.
thautun encontrar.
thaun juntar.
thegen centellar.
thein madurar.
thelan disparar.
thelpon trotar.
thelun erutar.

[page] 374

themen crecer.
themgen envegecerse.
thepevcun maravillarse.
thepetun festejar.
thetin deslumbrar.
theven mover.
thinpin retumbar.
thithan arrebatar.
thochin medir.
thogin empujar.
thopan colorar.
thoven disparar.
thugen cesar.
thunan impugnar.
thuncon plegar.
thùcon devanar.
thùjùn gozar.
thùlen rebentar.
thùncun congelar.
thùnùn majar.
thùrulen igualar.
thùrtun copiar.
thùun calmar.
Vadcun evaporar.
vàin herbir.
vanen pesar.
veipin conceder.
ventenen ser suficiente.
villan escasear.
vin obtener.

[page] 375

virchen refrescar.
vitun fumar.
vocen humedecer.
volilen arraigar.
voneun subirse.
votumen parir.
vuceun burla.
vuitun cocer.
vunan podrirse.
vurenien perdonar.
vugnapuen odiar.
vùnen fructificar.
Uallen girar.
uedan hartar.
uelen ser infeliz.
uelcan renovar.
uelun cambiar.
uellin vaciar.
ueman principiar.
uerin pecar.
uimen habituarse.
uircan colorar.
uiven enderezar.
ujen olvidarse.
ujun salir.
ulen vender.
umagen dormir.
un andar.
upen olvidar.
uruan evaporar.

[page] 376

utulen derramar.
uthen hacer frio.
uthinen ver.
ùcalen dexar.
ùcun entretenerse.
ùdan dividir.
ùgelen esperar.
ùgen tardar.
ùguen despoblar.
ùguemen fiar.
ùlan abrir.
ùnan morder.
ùnen desvanecer.
ùmulun nombrar.
ùnvin hacer mal.
ùrcun cansar.
ùthan pacer.
ùvin exprimir.

[page] 377

CATALOGO

DE LOS ESCRITORES de las cosas de Chile.

Aguila (Don Melchor Jofre). Historia de Chile, impr. en 4.

Aguirre (Fray Miguel). Poblacion de Valdivia: sucesos de Chile hasta el año 1747, impr. fol. 1647.

Alava (Ab. Agustin). Breve noticia del alzamiento de los Indios de Chile sucedido el año 1766. Ms.

Anónimo. Descripcion, y cosas notables del reyno de Chile, y rompimiento de paces de sus Indios, y motivos que tuvieron. Ms. Libr. Real.

Anónimo. Relacion de los sucesos de Chile. Ms.

Anónimo. Relaciones y cartas diferentes del reyno de Chile, que contienen sus sucesos, y otras cosas muy importantes para la Historia de él, escritas desde el año 1545 hasta el de 1549. Ms. Archiv. de Simancas.

Anónimo. Relation del reconocimiento del estrecho, hecha de órden del General Pedro de Valdivia. Ms. Libr. de Barcia.

Bbb

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Anónimo. Relacion dp la victoria que tuvieron las armas Reales contra los rebeldes de Chile, Ms. ib.

Anónimo. Informacion y relacion de los sucesos de la guerra de Chile hasta el año 1598, Ms. Libr. R.

Anónimo. Compendio de algunas razones sobre la prudente resolucion de cortar la guerra de Chile señalando raya, &c. impr. Lima 1611.

Anónimo. Relacion de los progresos de Don Francisco Laso de la Vega en la guerra de Chile, desde 10 de Abril de 1633, hasta 20 de Marzo de 1634, Ms. Lib. de Barcia.

Anónimo. Tres relaciones de los sucesos de Chile desde 15 de Abril de 1635, hasta el mismo dia del año siguiente. Otra desde el año 1637 hasta el 38, Ms. ib.

Anónimo. Relacion de lo sucedido en la jornada del Marques de Baydes, Ms. Libr. R.

Anónimo. Relacion de la Campaña de Chile de 1659, Ms. ib.

Anónimo. Poema sobre las guerras de Chile, Ms. Libr. Barcia.

Anónimo. Resumen de la Historia general de Chile por un Religioso Dominico, Ms.

Anónimo. Compendio de la Historia Geografica, Natural y Civil del Reyno de Chile, impr. Bolonia 1776.

Bascuñan (Don Francisco). El Cautiverio feliz, Ms.

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Bel. (Padre Bernardo). Varones ilustres de Chile, Ms.

Bertonio (Padre Luis). De los sucesos del Perú y Chile 1613, Ms.

Brown (Arrigo). Viage á Chile, impr. 4. 1646.

Calderon (Melchor). Tratado sobre dar por esclavos los Indios de Chile, Ms.

Campino (Don Josef). Relacion del Obispado de Santiago, Ms.

Cano (Juan Ramirez). Descripcion de lo militar de Chile 1647. Ms. Libr. Barcia.

Chaparro (Padre Juan). Carta sobre el terremoto que hubo en Santiago de Chile en 1647, impr. fol.

Cortés (Pedro). Relacion de la guerra de Chile desde 1557, hasta 1613, Ms.

Ercilla (Don Alonso). Araucana, impr.

Estrella (Juan Calvete). Historia Peruviana, y Chilena, Ms.

Febres (Ab. Andres). Gramatica y Diccionario de la lengua de Chile, impr. Lima 1765.

Figueroa (Don Christoval Suarez). Hechos de Don Garcia Hurtado de Mendoza, impr. 4. 1613.

Figueroa (Don Pedro). Historia de la conquista de Chile, Ms.

Garcia (Ab. Josef). Viages de la cordillera, y á las tierras Magallánicas, Ms.

Garrote (Don Pedro). Gramatica de la len-

Bbb 2

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gua Chilena, Ms.

Halberstadt (Padre Bernardo). Gramatica Chilena, Ms.

Herrera (Lic. Juan). Memorial acerca del gobierno, y guerra de Chile, Ms. Lib. R.

Yañes (Isac). Historia del reyno de Chile, impr. en Flandes 1619.

Junco (Josef). Desengaño de la guerra de Chile, Ms. Libr. de Flores, Madrid.

Leon (Fr. Gregorio). Mapa de Chile, impr.

Leon (Fr. Francisco Ponce). Descripcion del reyno de Chile, Ms. 1644.

Marmolejo (Alonso Gongora). Historia de Chile desde el año 1536, hasta 1575, Ms.

Matienzo (Juan). Relacion del principio, y progreso del nuevo alzamiento de los Indios de Valdivia, Osorno, y Villarica, Ms. Lib. R.

Mendez (Andres). Discurso sobre la centinela del reyno de Chile, impr. Lima 1641 en 4.

Morales (Ab. Manuel). Observaciones sobre la cordillera y llanuras de Cuyo, Ms.

Naxera (Don Juan). Relacion de la guerra de Chile, Ms.

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Olivares (Ab. Miguel). Historia militar, civil, y sdgrada del Reyno de Chile, Ms. 2. tom. fol.

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Oña (Lic. Pedro). Arauco domado, Poema, impr. 1599 en 4.

Osorio (Don Diego Santistevan). Araucana Poem. impr. en 8.

Ovalle (P. Alonso). Breve relacion del reyno de Chile, impr. 1646.

Pinelo (Antonio Leon). Hazañas de Chile, Ms.

Prado (Damiano). Memoria de la batalla de las Cangrejeras, Ms.

Quiroga (Don Antonio). Memoria de los sucesos de Don Rodrigo Quiroga, Ms. Libr. R.

Ronquillo (Diego). De las cosas que los Indios de Chile hicieron, &c. Empieza desde Don Garcia Hurtado. fol. Ms. ib

Rosales (P. Diego). Historia general de Chile, Ms. en París.

Roxas (Don Basilio). Historia de su tiempo, Ms.

Salazar (Don Gaspar). Relacion de Chile desde el tiempo de Francisco Villagran. Ms. fol. Libr. R.

Sosa (Fr. Pedro). Memorial del peligroso estado de Chile, impr. fol.

Tesillo (Santiago). Guerra de Chile, impr. 1647 en 4.

Toledo (Don Fernando Alvarez). Puren indomito, Poema Araucana, Poem. Ms.

Toro (Luc. Andres). Sobre la guerra de-

[page] 382

fensiva de Chile, Ms. Libr. R.

Torres (Francisco Caro). Servicios de Don Alonso Sotomayor en Chile, &c. impr. 1620 en 4.

Ugarte (Pedro), Compendio de la Historia de Chile, Ms.

Valdivia (P. Luis). Gramática Chilena, impr. Lima 1606. Relacion de los sucesos de Chile, impr. ib. 1611. Relacion de la entrada del Presidente Ribera, impr. fol. 1617 ib.

Vega (P. Gabriel). Gramática y notas de la lengua de Chile, impr.

Vidaurre (Ab. Felipe). Hist. Geog. Nat. y Civil de Chile, Ms.

Vivar (Gerónimo). Secretario de Pedro Valdivia. Crónica del Reyno de Chile. Ms.

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Pagina. Linea. Dice. Leasé.
52 2 en los rios entre los rios
56 9 tabardos italicinos tabarros italianos
68 13 armada exército
69 19 Uthampu Butalmapu (y así en
las demas partes donde se halle esta voz.)
76 11 poético patético
87 5 Maulen Meulen
97 13 clavar lavar
113 25 cari-lemn cari-lemu
153 11 Azaya Araya
204 20 asaltó con poca asaltó con tan poca
205 12 efectos afectos
210 20 Quipoe Quipeo
218 25 Quipoe Quipeo
244 2 Archiguala Achiguala
248 3 Paillamachu Paillamacu (y así en
las demas partes donde halle esta voz.)
290 11 Lauquemapu Lauquenmapu
306 21 respectables respetables
316 31 atrastra arrastra
318 13 Flainhausen Hainhausen
322 8 ú mortífera ó mortífera
324 24 conferta, qua consertâ, quâ
336 2 lùmùlmën lumlùmën
344 13 Eluchelu Eluquelu
352 29 lo hacen lo hace
362 16 vivën civën
372 30 transponerse transponer
375 7 burla burlar

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Citation: John van Wyhe, editor. 2002-. The Complete Work of Charles Darwin Online. (http://darwin-online.org.uk/)

File last updated 30 March, 2014