RECORD: Darwin, C. R. 1877. [A biographical sketch of an infant, in Spanish]. Revista contemporánea vol. III, tomo XI (September-October): 279-90.

REVISION HISTORY: Transcribed by Christine Chua and edited by John van Wyhe 5.2022. RN1

NOTE: See record in the Freeman Bibliographical Database, enter its Identifier here. This is a translation of F1779.


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BOSQUEJO BIOGRÁFICO DE UN NIÑO

La interesantísima relacion del desarrollo mental de un niño, hecha por Mr. Taine, y traducida en el último número de Mind ( p. 252 ), me sugirió el vol ver á pasar la vista por un diario que escribí treinta y siete años há, y en el cual me refería á uno de mis hijos. Estaba yo á la sazon en circunstancias de hacer ciertas atentas observaciones y escribir al punto todo lo que observaba. Era mi principal objeto la expresion, y me serví de estas notas en el libro que dediqué á dicho asunto; mas como hube de fijar mi atencion en algunos otros puntos, acaso tendrán mis ob servaciones algun interes al lado de las de Mr. Taine, y de otras que sin duda han de hacerse de aquí en adelante. Estoy seguro, por lo que he visto en mis propios hijos, de que el período de desarrollo de las diversas facultades ha de resultar que difiere considerablemente en distintos niños.

Durante el primer setenario, varias acciones reflejas, á saber, estornudos, hipo, bostezos, esperezos, y por supuesto, mamar y llorar, fueron bien ejecutadas por mi niño. Al séptimo dia toqué la desnuda planta de su pié con un pedacito de papel, y lo sacudió léjos de sí, torciendo al mismo tiempo los dedos como los chicos de mucha más edad cuando les hacen cosqui-

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llas. La perfeccion de estos movimientos reflejos nos muestra que la extremada imperfeccion de los voluntarios no es debida al estado de los músculos, ó al de los centros de coordinacion, sino al del asiento de la voluntad (seat of the will). En este tiempo, y no obstante ser tan pronto, parecióme claro que el contacto de una mano caliente y suave en su cara le daba ganas de mamar. Debe considerarse esto como una accion sustantiva ó refleja, pues no es posible creer que la experiencia y asociacion del contacto del pecho materno se ejercitaran tan luégo.

Durante la primera quincena asustábase á menudo al oir cualquiera ruido repentino, y cerraba los ojos. Este mismo hecho observé en algunos de mis otros hijos durante la primera quincena En cierta ocasion, y cuando ya tenía 66 dias, sucedió que estornudó y se asustó grandemente; se enfurruñó, mostróse amedrentado y lloró mucho; despues, durante una hora siguió en un estado, que se hubiera calificado de nervioso en persona de más edad, pues con el menor ruido se asustaba. Pocos dias antes de esta misma fecha, asustóse por primera vez con motivo de haber visto de pronto un objeto; pero mucho tiempo despues los ruidos le causaban susto, y le hacían cerrarlos ojos con mucha más frecuencia que las sensaciones de la vista; así, por ejemplo, contando 114 dias, sacudí una caja de confites cerca de su cara, y se asustó, miéntras que la misma caja, estando vacía, o cualquiera otro objeto, se podía sacudir tan cerca, ó más cerca aún, de su cara, sin que le produjera efecto ninguno. Lícito es inferir de estos diversos hechos que el pestañeo, que sirve evidentemente para proteger los ojos, no lo había aprendido de la experiencia. Aunque era tan sensible como ya hemos dicho, al sonido, generalmente hablando, era incapaz aún á los 124 dias, de reconocer de dónde venía, lo mismo que de convertir los ojos al sitio de donde había partido.

Respecto de la vision, fijos estaban sus ojos en una luz muy temprano, como que ya los fijaba al noveno dia, y hasta que tuvo 45, ninguna otra cosa parecía atraerlos tanto; pero á los 49 llamó su atencion una borla de vivos colores, como lo demostraron sus ojos, que en ella se fijaron, y el cesar losmovimien

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tos de sus brazos. Sorpresa causaba ver cuán lentamente adquirió la facultad de seguir con los ojos un objeto cuando se balanceaba con rapidez, pues no pudo hacerlo bien ni aun cuando ya contaba siete meses y medio. A la edad de 32 dias percibía el seno materno á distancia de tres o cuatro pulgadas, como lo probaba el estirar los labios y fijar los ojos; mas dudo mucho que todo esto tuviera relacion con la vista, aunque sin duda ninguna no había tocado el seno. Si le guiaba el olfato, ó la sensacion de calor, ó si se guiaba él por asociacion con la postura en que le tenían, es lo que absolutamente ignoro.

Los movimientos de sus miembros y cuerpo (limbs and body) fueron largo tiempo inciertos y sin objeto, y los ejecutaba á menudo á modo de sacudimientos; mas tuvo esta regla una excepcion, á saber: que desde muy temprano, mucho ántes sin duda que contara cuarenta dias, podía llevarse la mano á la boca. Teniendo setenta y siete dias cogía con la mano derecha el biberon, del cual en parte se alimentaba, lo mismo descansando en el derecho que en el izquierdo brazo de su nodriza, y no pudo cogerlo con la izquierda sino una semana despues, aunque trate deconseguirlo; por manera que la mano derecha tuvo sobre la izquierda ventaja de una semana. Este niño mostraba, sin embargo, más adelante alguna tendencia á ser zurdo; lo cual sin duda heredaba, pues su abuelo, su ma dre y un hermano habían sido ó eran zurdos. Estando el niño entre los ochenta y noventa dias de edad, llevábase á la boca toda clase de objetos, y en dos ó tres semanas logró hacer este movimiento con alguna destreza; pero se tocaba a menudo la nariz con el objeto, y luego se lo llevaba a la boca. Repitióse esta accion varias veces, y no era sin duda casual, sino racional. Fueren, pues, muy anteriores los movimientos intencio nales de manos y brazos á los del cuerpo y piernas; aunque los movimientos sin objeto de estas últimas fueron desde muy temprano usualmente alternados, como se hace al andar. A los cuatro meses de edad se miraba a menudo curiosamente así como miraba tambien otros objetos cercanos, уy al hacerlo, volvíansele mucho los ojos para dentro, de modo que muchas veces torcía la vista de un modo horrible. Quince dias despues ( á los ciento treinta y dos dias de edad ), si se le

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ponía un objeto tan cerca de la cara como sus manos, trataba de cogerlo, pero erraba á menudo, mas no hacía otro tanto respecto de más distantes objetos. Creo que muy ligera es la duda que cabe de que la convergencia de sus ojos servíale deguía y le estimulaba á mover los brazos. Aunque este niño em pezó, como se ve, á servirse muy pronto de las manos, no diómuestra de especial aptitud en este punto, pues cuando tenía dos años y cuatro meses, cogía lápices, plumas y otros objetos con mucha menos destreza que su hermana, la cual no tenía más que catorce meses y mostraba mucha aptitud para mane jar las cosas.

Ira. Difícil sería decidir qué edad tenía cuando se sintió ai rado; á los ocho dias se enfurruñó; pero acaso esto fué debido á la pena ó la angustia y no á la ira. Tenía próximamente diez semanas cuando le hicieron tomar un poco de leche fría más bien que caliente, y tuvo arrugado el ceño todo el tiempo que estuvo mamando, de tal suerte, que parecía una persona mayor que con enojo se ve obligada á hacer lo que no quisiera. Tenía próximamente cuatro meses, y quizás mucho menos, y no cabía duda al ver el modo con que la sangre le subía al rostro, de que se dejaba arrastrar fácilmente por una violenta pasion. Bastábale una pequeña causa; así, teniendo poco más de siete meses, lloraba rabiosamente cuando un limon se le iba de las manos y no podía cogerlo con facilidad. Contaba once cuando si un mal juguete le daban, lo rechazaba y gol peaba; y presumo que el golpearlo era instintiva señal de ira, como el movimiento de las quijadas en un cocodrilo recien salido del huevo, y no porque creyera hacer daño al juguete. A los dos años y tres meses de edad, hízose muy hábil en arro jar libros, bastones, etc., á cualquiera que le ofendía, y así lo hacía con algunos de mis otros hijos. De otra parte, es lo cierto que nunca pude advertir semejante aptitud en mis ni ñas; y esto me hace suponer que la tendencia á arrojar objetos es hereditaria en los varones.

Miedo. Este sentimiento es probablemente uno de los pri meros que experimentan los niños, como lo muestra el susto que les causa cualquier repentino ruido cuando no tienen más

que algunas semanas y el llanto que les produce. Antes de que

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aquel á quien estas páginas se refieren tuviera cuatro meses y medio, habíame acostumbrado á hacer cerca de él muchos fuertes у extraños ruidos que eran siempre admitidos como excelentes bromas; mas en aquel período ronqué una vez fuertemente, de modo tal que nunca anteriormente lo había hecho; tornóse al punto grave el niño y comenzó á llorar. Dos ó tres dias despues, hice por olvido ese mismo ruido con igual resultado. En aquel tiempo, poco más ó ménos, (á los 137 dias) me acerqué á él vuelto de espaldas y quedéme inmóvil; miróme muy serio y con mucha sorpresa y habría llora do, á no volverme hacia él; lo cual le hizo al punto sonreir.

Sabido es cuán intensamente experimentan chicos de más edad vagos é indefinidos terrores procedentes de la oscuri dad, ó que les produce el pasar por el oscuro rincon de una estancia, etc. Puedo presentar como ejemplo, que llevé al niño al Jardin Zoológico y gozó viendo todos los animales que erancomo los que él conocía, tales como ciervos, antílopes, etc. y todos los pájaros, inclusos los avestruces; pero se alarmó mucho al mirar los animales de más tamaño que en sendas jaulas había. Decía muchas veces despues de lo sucedi do, que deseaba volver, mas no para ver «animales en casas» y no pudimos en manera ninguna desterrar este miedo. ¿ No es acaso de sospechar que los vagos pero muy positivos terro res de los niños, que son del todo extraños á la experiencia son heredados efectos de verdaderos peligros y abyectas supers ticiones de remotos salvajes tiempos? Está completamente de acuerdo con lo que sabemos acerca de la trasmision de caracte res bien desenvueltos en otro tiempo, el que aparezcan en edad temprana y luego desaparezcan.

Sensaciones agradables. Es de presumir que los niños ex perimenten un placer mientras maman, y la expresion de susojos parece indicarlo así. El niño en quien me ocupo, sonreía á los cuarenta y cinco dias, y otro que tuve, á los cuarenta y seis, y eran éstas, á que me refiero, verdaderas sonrisas que indicaban placer; pues los ojos les brillaban, y se cerraban ligeramente. Sonreían, principalmente, cuando miraban á su madre, y estas sonrisas tenían, pues, probablemente un orígen mental; pero el niño á quien me refiero, sonreía á

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la sazon y durante algun tiempo despues, á causa de algun interno placer, pues nada acontecía que pudiera en manera alguna excitarle ó divertirle. A los ciento diez dias regocijábase mucho cuando de pronto descubría mi rostro y lo acercaba al suyo. Hacía entonces un leve ruido que era incipiente risa. En la sorpresa consistía entonces la diversion, como acontece en alto grado con los chistes de personas mayores. Era para elélun suave pellizco en su nariz yу mejillas, broma agradable. Sorprendióme al principio que así se regocijara un niño de poco más de tres meses; pero es de recordar en cuán temprana edad empiezan a jugar los cachorros y los gatitos. A los cuatro meses demostraba inequívocamente que le agradaba oir tocar el piano, y esta fué la primera señal que dió de sentimiento estético, á no ser que la atraccion de los colores brillantes á que mucho ántes respondía, deba tenerse por tal.

Afeccion. Despertóse ésta probablemente muy temprano, si es que hemos de atenernos á las sonrisas con que acogía á los que cuidaban de él, cuando contaba dos meses, poco más ménos. Tenía próximamente cinco, y claramente daba á co nocer el deseo de estar con su nodriza: mas no dió espontá neamente muestras de cariño de un modo explícito hasta que tuvo algo más de un año, lo cual hizo besando varias veces á su nodriza que había estado ausente algun tiempo. Respecto de los sentimientos conexos de simpatía, dió de ellas claras muestras á los seis meses y once dias, por su aspecto melancó lico y marcada depresion de los extremos de la boca siempre que la nodriza fingia ganas de llorar. Claramente dió señales de celos cuando hacía yo caricias á una grande muñeca y cogía en brazos á su hermana; y en aquel tiempo tenía quince meses y medio: si tenemos en cuenta cuán fuerte es en los perros el sentimiento de los celos, conseguiríase verlo demostrado por los niños en más temprana edad, si se intentara en forma adecuada.

Asociacion de ideas, razon, etc.-La primera ocasion en que observé cierto género de práctico raciocinio fué una en que le ví deslizar su mano á lo largo de mi dedo de modo que tu viera la punta en la boca, lo cual sucedió á los ciento catorce dias. Contaba cuatro meses y medio, y ya sonreía repetida

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mente ante mi imágen y la suya, que un espejo reflejaba, y no me cabe duda que las confundió con objetos reales; mas demostró sentido al sorprenderse visiblemente cuando oyó mi voz, que tras de él resonaba. Como todos los niños, complacíase mucho en mirarse, y en menos de dos meses distinguió perfectamente las imágenes de las personas, pues si me ocurría hacer en silencio alguna mueca, volvía al punto la cabeza para mirarme. Desconcertose, sin embar go, á la edad de siete meses, cuando hallándonos fuera me vió en lo interior del ancho cristal de una ventana, pues claramente dió á entender que dudaba si era aquello mi persona ó mi imágen. Otro de mis hijos, una niña, no se mostraba tan perspicaz al año de edad y se la veía perpleja del todo cuando le presentaban la imágen de una persona en un espejo que por detras era á ella acercado. Los mejores monos con que ensayé el efecto de un espejo, condujéronse diversamente; ponían la mano detrás del cristal, y al ha cerlo así, evidenciaban su sentido; mas lejos de complacerse en mirarse, se mostraban airados y no querían verse más.

A los cinco meses, fijáronse en la mente del niño ideas aso ciadas que se despertaban independientemente de toda enseñan za; así, tan luego como tenía puestos el sombrero y el abrigo,se encolerizaba si inmediatamente no le sacaban fuera. Tenía justamente siete meses cuando dió el gran paso de asociar á su nodriza el nombre de ésta; por manera que cuando yo pronunciaba, al punto miraba alrededor en busca de ella. Otro niño solía divertirse moviendo de un lado la cabeza; celebrábamosle entonces, y le decíamos: «muévela»; y cuando tuvo siete, hacíalo á las veces, cuando que lo hiciera se le de cía. Durante los cuatro meses siguientes, el primero de estos niños asociaba muchas cosas y acciones con palabras; así, cuando se le pedía un beso, estiraba los labios y se Estaba quieto; del mismo modo que movía la cabeza, y decía con faz adusta «jah!» cuando veía las cosas que era enseñado á tener por sucias. Debo añadir que, faltándole pocos dias para cumplir nueve meses, asociaba su propio nombre á su imágen, reflejada en el espejo; así, cuando le llamaban, volvíase hacia el espejo, aunque estuviera á cierta distancia de él. Contando ya[page] 286

algo más de nueve meses, aprendió por sí mismo que cuando una mano ú otro objeto cualquiera producía una sombra en la. pared que en frente estaba, tenía que mirar hacia atras. Al año de edad, bastaba repetir dos o tres veces, á ciertos intervalos, algun breve dicho, para que en su mente quedara firmemente impresa alguna idea con aquél asociada. En el niño á quien Mr. Taine ha descrito, la edad en que las ideas fácilmente se asocian, parece que llegó mucho más tarde, á no ser que no se anotaran anteriores casos. La facilidad con que ideas asociadas que suministran la instruccion y otras que espontáneamente se forman, son adquiridas, parecióme la más notable entre todas las diferencias que son de advertir entre la mente de un niño y la del más inteligente perro, ya plenamente desarrollado, que nunca ví. ¡ Qué contraste presentan la inteligencia de un niño y la del lucio descrito por el profesor Mobius (1) que durante tres largos meses lanzábase hasta aturdirse sobre una vidriera que le separaba de algunos pececillos hasta que convencido al fin de que no podía atacarlos impunemente, se le puso en un aquarium con los mismos pececillos, á los cuales dejó ya de atacar del modo más persistente y absurdo.

La curiosidad, como Mr. Taine observa, aparece en los niños cuando aún son de tierna edad, y es importantísima en el desarrollo de la inteligencia; mas no hice yo ninguna observacion especial en este punto. De igual manera aparece la imi tacion. Cuando nuestro niño no tenía más de cuatro meses, parecióme que trataba de imitar los sonidos; pero quizás me engañé, pues no me convencí de que tal hiciera hasta que tuvo diez meses. A los once meses y medio de edad, érale fácil imi tar toda clase de gestos, como, por ejemplo, sacudir la cabeza y decir: «¡ Ah!» cuando veía cualquier objeto sucio, así como otras análogas demostraciones, y era cosa de ver la ex presion de regocijo que en él se notaba, luego de hacer alguna de estas cosas.

No sé si vale la pena de mencionar como muestra de lo que es el poder de memoria en un niño de poco tiempo, que éste á quien nos referimos, teniendo tres años y veintitres dias,

(1) Die Bewegensgen der Thiere, etc. 1873, pág. II.

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luego que le mostraban á su abuelo en un grabado, y no obstante no haberle visto hacía seis meses, reconocíale al punto y citaba hechos ocurridos cuando le visitó, y que nadie había recordado desde entonces.

Sentido moral. Fué advertida la señal primera de sentido moral en este niño, cuando tenía próximamente tres meses. Díjele en aquella ocasion. «El niño no quiere dar un beso á supapá-ipícaro niño!» Sin duda ninguna, estas palabras le mo lestaron algun tanto, y cuando volví á mi silla, estiró los labios como indicándome que estaba dispuesto á besarme, y sacudió la mano con ira hasta que me puse cerca de él y me besó. Una escena parecida ocurrió al poco tiempo, y pareció agradarle tanto la reconciliacion, que varias veces fingió despues estar incomodado, y me pegaba para insistir luego en besarme. Este es un toque de arte dramático, pronunciadísimo en casi todos los niños. Por este tiempo fué fácil ya obraren sus sentimientos y obligarle á hacer cuanto queríamos. A los dos años y tres meses de edad, daba á su hermanita el último pedazo de pan que le quedaba, y despues exclamaba con marca da satisfaccion: «Qué bueno es Doddy! ¡ Qué bueno es Doddy!»

Dos meses despues, hízose extremadamente susceptible a las burlas, y era tan suspicaz, que a menudo se figuraba que cuan do las gentes hablaban y reían entre sí, estaban riéndose de él. Algo despues, á. los dos años y siete meses y medio de edad, le ví venir del corredor con los ojos muy encendidos y aspect receloso; por lo cual entré en aquella habitacion, donde ví que había estado tomando azúcar, no obstante habérsele din cho que no lo hiciera. Como nunca le habían castigado, su inquietud no procedía sin duda del miedo, y presumo que era la suya una excitacion producida por el placer en lucha con la conciencia. Como este chico fué educado únicamente por me dio del desarrollo de sus buenos sentimientos, llegó pronto á ser todo lo veraz, sincero y bondadoso que podía desearse.

Inconsciencia, despego. Nadie que haya podido observer de cerca á los niños, dejará de haber notado la fijeza con que miran siempre las caras nuevas; una persona mayor sólo puede mirar de este modo á un animal ó á un objeto inanimado. Yo

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creo que esto se explica' teniendo en cuenta que los niños no piensan poco ni mucho en ellos mismos, y no son, por consecuencia, esquivos, aunque a menudo les den miedo los extraños. Advertí el primer síntoma de despego en mi niño, cuan do tenía próximamente dos años y tres meses; dió de ella muestras con respecto á mí, despues de una ausencia de diez dias, y lo conocí principalmente en que apartaba ligeramente sus ojos de los mios; pero muy pronto se me acercó, se sentó en mi rodilla y me besó, desapareciendo de esta suerte toda huella de esquivez ó despego.

Medios de comunicacion. El ruido que hacen los niños al llorar, ó más bien al chillar, pues no vierten lágrimas hasta que pasa mucho tiempo, es sin duda instintivo, pero sirve para revelar lo que sufren. Despues de cierto tiempo el ruido es di ferente, segun la causa, que puede ser, por ejemplo, el hambre ó el dolor. Esto lo advertí cuando el niño en quien me ocupo tenía once semanas, y presumo que aún más pronto en otro niño. Pronto dió muestras de saber llorar cuando quería, y de dar á su rostro adecuada expresion cuando quería alguna cosa. A los cuarenta y seis dias de edad hacía á las veces débiles ruidos sin significacion para entretenerse y éstos fueron á la larga muy variados. Observóse en él una risa incipiente á la edad de ciento trece dias, pero mucho más pronto en otro niño. Creo que en esta fecha empezó á imitar, como ya se ha dicho, ciertos sonidos, como lo hizo indudablemente mucho más tarde. A los cinco meses y medio articuló el sonido da, mas sin que tuviera significacion alguna. Teniendo poco más de un año, solía servirse de gestos para expresar sus deseos: por ejemplo; cogió un pedacito de papel, y dándomelo me señaló el fuego, pues a menudo había visto y le gustaba ver pa pel ardiendo. A la edad de un año precisamente dió el gran paso de inventar una palabra para el alimento, á saber: mum; pero no pude averiguar lo que le sugirió tal cosa. En vez de llorar cuando tenía hambre usaba esta voz emostrativamente ó como verbo, cual si dijera «dadme alimento.» Corresponde esta palabra á la hom que usaba el niño de Mr. Taine en la edad más avanzada de catorce meses. Mas el mio tambien decía mum como sustantivo de amplia significacion; asi, llamaba al azú

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car shu-mum, y poco despues de haber aprendido la palabra negro (black) llamaba al orozuz black-shu-mum.

Llamóme particularmente la atencion el hecho de que cuando pedía alimento con la palabra mum, daba á éste, y copio ahora lo que escribí en aquel tiempo, un sentido de interrogacion fuertemente acentuado al final. Daba tambien á la interjeccion jah! que era la que principalmente usaba al reconocer una persona ó su propia imágen en un espejo, el sonido de una exclamacion, tal como hacemos nosotros para significar nuestra sorpresa. Veo en mis notas que el uso de estas in flexiones parecía haberse despertado instintivamente, y siento no haber hecho más observaciones sobre el particular. Hallo, sin embargo, en aquellas que en un período posterior, cuando tenía el niño de diez y ocho á veintiun meses, modulaba su voz al negarse resuelta mente á hacer alguna cosa, como si dijera «no quiero eso»; y al asentir, como si dijera «sí, eso es.Mr. Taine insiste tambien en los muy expresivos sonidos que profería su niña antes de que supiera hablar. El sonido de interrogacion que daba mi niño á la palabra mum cuando pedía alimento, es curiosísimo, como puede comprobarlo cualquiera que use una sola palabra ó breve frase de este modo, pues observará que el acento musical de su voz se Eleva considerablemente al final. Yo no comprendía entonces la relacion de este hecho con la idea que desplies sostuve en otra parte de que antes que el hombre usara un lenguaje articulado, profería notas en verdadera escala musical, como hace el mono antropoide hylobates.

Por último, las niños dan á entender primeramente sus necesidades por medio de gritos instintivos, que se modifican despues con el tiempo, y en parte inconscientemente, y voluntariamente en parte, á mi ver, como medios de comunicacion; danse á entender tambien por la inconsciente expresion del semblante por gestos, y muy particularmente por lo vario de la entonacion, y últimamente por palabras de general sentido que inventan, y por otras de más fijo sentido que imita de los que oye, las cuales son adquiridas rápidamente. Un niño entien de hasta cierto punto, y segun yo creo en período muy temprano, lo que le quieren hacer comprender por la expresion de

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las fisonomías. No cabe duda en el particular, respecto de las sonrisas; y llegué á creer que el niño, cuya biografía escribo, se hacía cargo de la expresion compasiva de las personas cuando tenía poco más de cinco meses. A la edad de seis me ses y once dias daba ciertamente muestras de simpatía á su nodriza cuando ésta fingia que iba a llorar. Cuando Estaba contento de haber hecho alguna nueva gracia, estudiaba evidentemente la expresion de los que le rodeaban. Probablemente dependía de la diferencia de expresion, y no sólo de la for ma de las facciones el que unas fisonomías le fueran más sim páticas que otras á la temprana edad de seis meses próxima mente. Aún no tenía un año y ya entendía inflexiones y gestos, así como algunas palabras y cortas frases. Unapala bra entendió, el nombre de su nodriza, cinco meses antes de que inventara su primera palabra mum, lo cual era de espe rar, pues es sabido que los animales más inferiores aprenden fácilmente á entender palabras.

CHARLES DARWIN.

(Mind.)


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Citation: John van Wyhe, ed. 2002-. The Complete Work of Charles Darwin Online. (http://darwin-online.org.uk/)

File last updated 24 August, 2023